Escribe Juan Manuel de Prada:
Estimado Pablo: Me sobresaltó la noticia del nacimiento prematuro de tus hijos, Manuel y Leo; y desde entonces no he dejado de rezar por ellos, mientras los imagino en la incubadora –cachorrillos frágiles, livianos como un vilano, palpitantes como una estrella– y os imagino a Irene y a ti desvelados, custodiando su respiración.
Estimado Pablo: Me sobresaltó la noticia del nacimiento prematuro de tus hijos, Manuel y Leo; y desde entonces no he dejado de rezar por ellos, mientras los imagino en la incubadora –cachorrillos frágiles, livianos como un vilano, palpitantes como una estrella– y os imagino a Irene y a ti desvelados, custodiando su respiración.
He leído que Leo y Manuel nacieron con veintiséis semanas, apenas cuatro más que los niños que la ley española considera amasijos de células. Quienes hemos tenido hijos prematuros sabemos bien que no son amasijos de células, sino personas irrepetibles que nos interpelan.
