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sábado, 23 de mayo de 2015

Sobre el miedo y el amor

Es como si Dios nos dijera: “solamente cuando ames, sabrás lo que es el amor”; y nos lo pide porque antes nos da la capacidad para hacerlo, aunque esta capacidad supere nuestras propias fuerzas
Francisco no desea que nos quedemos bloqueados por el miedo, porque el miedo nos debilita, nos empequeñece, nos paraliza (cf.Homilía en Santa Marta, 15-V-2015). Por otra parte, Jesús nos manda amar. Pero ¿se puede mandar el amor? ¿Qué pensaríamos si alguien nos dijese: “te mando que me ames”? ¿Y si tenemos miedo a amar?

¿Puede amarse a alguien que no se ve?

La pregunta de si Dios puede mandar el amor plantea dos dificultades. Primera, ¿puede amarse a alguien que no se ve? Segunda, ¿se puede mandar el amor? Parece que, siendo el amor un sentimiento, no puede ser mandado porque no puede ser creado por la voluntad (cf. encíclica Deus caritas est, n. 16).
Veamos ante todo el contexto de ese mandato o mandamiento: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. (…) Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. (…) Esto os mando: que os améis unos a otros” (Jn 15, 9-17).