Escribe Jaime Nubiola: Hay que tener ojos para ver y sensibilidad para admirar tanta belleza como hay en el mundo.
En mi despacho en la Universidad tengo un hermoso Ficus benjamina que me regaló hace años Marta Revuelta y una humilde violeta que florece periódicamente, pero sobre todo lo que tengo es un enorme ventanal que da al campus y llena la vista con los serios abetos, los verdes cedros y algunos otros árboles más alejados.
Esa luminosa ventana es siempre lo que más llama la atención de los visitantes. Suelo trabajar de espaldas a ella, pero cuando estoy cansado me doy la vuelta y admiro el verde de los árboles y los caprichos que trenzan las nubes en el cielo al atardecer.






