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lunes, 10 de junio de 2019

¿Es un camino cerrado?

Para san Pablo: tanto el matrimonio como el celibato son dones de Dios, que hay que custodiar y cultivar con cuidado. (…) Ambos tienen un carisma específico; cada uno de ellos es una vocación, que el hombre, con la ayuda de la gracia de Dios, debe saber discernir en la propia vida".

−¿Entonces, solo somos libres para contestar que sí o que no?

Nosotros no decidimos nuestra vocación ni la elegimos, sino que la elige Dios. En ese sentido, es cierto que a la vocación se responde afirmativa o negativamente, pues la vocación es una llamada de Dios desde la eternidad.

miércoles, 27 de marzo de 2019

Quien da la vida por sus amigos


Escribe Carlos Villar: El secreto de un corazón célibe: dejar un amor en la tierra para llenar el mundo entero con la luz del Amor de Dios. 

El celibato no nace de consideraciones prácticas sobre la disponibilidad para la evangelización, sino de una llamada de Cristo. 
Es una invitación a vivir de modo particular el estilo de vida de su corazón: a amar como Cristo, a perdonar como Cristo, a trabajar como Cristo; más aún, a ser el mismo Cristo −ipse Christus− para todas las almas. Por eso, «las razones puramente pragmáticas, la referencia a la mayor disponibilidad, no bastan.