La primacía de la persona, núcleo de la doctrina social de la Iglesia, no comporta ningún individualismo, porque afirma a la vez el carácter social y solidario de la condición humana.
No faltan historias de conversos del marxismo al liberalismo, como Federico Jiménez Losantos o Mario Vargas Llosa: un fenómeno bastante repetido en occidente, aunque algunos se empeñan en seguir concediendo viabilidad de futuro a lo que el historiador François Furet−–también antiguo comunista− llamó el pasado de una ilusión.




