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martes, 11 de julio de 2017

Entereza

La fe como la de los Amián-Paramés es un apoyo que muchos hemos descartado sin saber, me temo, lo que realmente estábamos desechando.
Días atrás tuve la oportunidad (y también la suerte) de conocer brevemente a María Paramés y a José Amián. Fue en la función de fin de curso del colegio Nuestra Señora del Recuerdo, en la que intervenían su hija y mi nieto. José y María son los padres de José Amián, el joven de diecisiete años que se precipitó al vacío junto con Belén, su novia, al ceder la pared del ascensor en el que viajaban. Días después, María colgó en la Red una carta que se hizo viral. En ella adoptaba el punto de vista de su hijo para decir: «Me tengo que ir, mamá, me llaman desde arriba. No intentes entenderlo, no dolerá menos, me llevo compañía, no me voy solo, me voy con quien yo quiero…».

viernes, 21 de agosto de 2015

La fiebre de la prisa por vivir

La paciencia nos permite soportar las molestias inevitables que nos causan los bienes que tardan en llegar
Todos tenemos la experiencia de que los momentos más felices de la vida no suelen ser aquellos en los que, por fin, llegó lo que habíamos esperado, sino los que precedieron a ese desenlace. Pondré un ejemplo. 
La felicidad que nos proporciona una fiesta se suele obtener más en la víspera de esa fiesta que en el día festivo; para muchas personas lo mejor del domingo está en la espera del domingo. Esa espera genera ilusión, que es un ingrediente esencial de la felicidad. Debe subrayarse, por tanto, el valor de la espera y de saber esperar. Ser feliz consiste primariamente en ir a ser feliz. Es más importante la anticipación que la fruición actual (Julián Marías).

martes, 4 de marzo de 2014

Mirar al futuro


Serenidad, valentía, sabiduría


El tema del futuro o del destino aparece rara vez al hablar de ética en nuestro tiempo. Pero no ha sido así antes. Hegel escribe: “…el comienzo, el principio de la ciencia moral es el respeto que debemos tener al destino”. ¿Pero de qué sirve plantearse esto –se pregunta Spaemann en el último capítulo de sus Cuestiones fundamentales de Ética– si no podemos cambiar nuestro destino?




1. Responsabilidad y realidad

Si nos fijamos bien, observa Spaemann, hay aspectos del destino que dependen de nosotros, de lo que hagamos ahora o dejemos de hacer; y, en ese sentido, somos responsables. Esto deriva del hecho de que somos libres de actuar en un sentido o en otro, pero no somos libres de relacionarnos o no con la realidad –pasada, presente o futura– y, por tanto, con el destino. Esto lleva a la responsabilidad que tenemos en diversa medida, según nuestra situación y papel en el mundo. Así por ejemplo, un político siempre tiene la responsabilidad de actuar razonablemente, es decir, lo mejor que permiten las circunstancias.

sábado, 28 de enero de 2012

Serenidad y compromiso

Geoffrey Wynne, Navidad en Venecia bajo la nieve (acuarela)
   El cristiano, además de ponerse en las manos de Otro, acepta el sentido de la vida y con ello, se muestra conforme, hecho a la forma de, tolerante y paciente ante las adversidades, que está dispuesto a afrontar

      No sólo el comienzo del año, sino cualquier momento es bueno para examinar nuestra actitud ante el futuro. Lo hace Spaemann en el último capítulo de su libro Ética: Cuestiones fundamentales, a modo de conclusión. 

El respeto al destino, actitud de sabios
      ¿Por qué la Ética (reflexión práctica) se interesa por el destino, siendo así que no depende de nosotros? El hecho, aduce Spaemann, es que muchos pensadores de todos los tiempos se lo plantean, por ejemplo Hegel: «El principio de la ciencia moral es el respeto que debemos tener al destino»

      Esto es así, señala Spaemann, ante todo porque cada uno somos responsables de nuestro comportamiento. “No” somos libres para relacionarnos o no con la realidad, y ello dentro de un marco de condiciones exteriores e interiores: nuestro modo de ser, naturaleza y biografía. «No sólo la realidad es como es, sin nosotros, sino que, en alguna medida, nosotros mismo somos como somos sin poderlo modificar». A esto se añade que nuestra actividad influye también en el destino de los demás. Entonces, ¿en qué sentido somos responsables? ¿Cómo se puede actuar correctamente? ¿Y cómo se puede educar para la acción? 

martes, 24 de enero de 2012

Serenidad

Serenidad
Nadie puede evitar que en su vida sucedan cosas adversas pero sí puede evitar que éstas le dominen y le paralicen 

      Todos quedamos impresionados ante las imágenes del terremoto que asoló Japón en marzo de 2011 pero nos impactó más la forma de afrontar los japoneses esta catástrofe. Vimos un pueblo sereno, solidario, paciente y cívico. Las personas no se mostraban desesperadas y respondían al desastre con responsabilidad y entrega. En el transcurso de los días no se dieron saqueos o indicios de robo, ni siquiera para conseguir alimentos en momentos de penuria. 

      Al parecer, en la cultura japonesa, el sufrimiento es algo que pertenece a la intimidad de la persona y no se exhibe para evitar sufrimiento a los demás. El orden, la serenidad y la disciplina son valores que viven en tiempos normales ya que están enseñados desde la infancia. Y, por supuesto, la violencia y el robo están muy mal considerados, no se sostienen en la cultura japonesa, según la antropóloga Merry White. En el siglo Xll, el poeta y monje Kamo no Chōmei describió el gran terremoto de 1.185 como algo terrible, nunca visto y, tras hacer una descripción de lo sucedido, entendió que esa catástrofe era una oportunidad para meditar sobre la vanidad y el sinsentido del mundo.

sábado, 5 de febrero de 2011

CON EL ESPÍRITU TRANQUILO

   En la sociedad actual son más necesarias que nunca la serenidad y la paz. Estas reflexiones del profesor Mañu nos lo recuerdan. 

   Las personas perdemos la paz cuando perdemos el sentido de la vida, cuando no vemos qué sentido tiene el dolor, la dificultad o la muerte. Otras veces es la reacción ante las propias limitaciones y errores. Realmente para vivir un estado permanente de paz interior es preciso aceptar las propias limitaciones sin dejar de luchar serenamente por superarlas, saber pedir perdón cuando actuamos mal y tener la convicción que la vida es como una película en capítulos de la cual el último se ve en el cielo y es en el que todo encuentra sentido

   A veces confundimos el sentido de la palabra paz, acotándola a ausencia de problemas y dificultades, cuando en realidad se refiere sobre todo a la calma y sosiego interior, que es compaAlmudi.org - José Manuel Mañútible con contradicciones y contratiempos.

   Alguien muy lúcido la definió como “el sosiego en el orden”. Es decir, como el orden de los amores en el corazón. Porque cuando no se ama lo que se debe amar, se termina amando lo que no se debe… y los amores equivocados llevan a una profunda intranquilidad, que se puede acallar, pero no suprimir.

   Desde España, el educador José Manuel Mañú responde las preguntas de Hacer Familia para profundizar en el verdadero sentido de la paz.

¿Cómo define usted la paz? 

   La paz es por un lado un sentimiento interior de serenidad, pero para que esté bien fundamentada debe corresponder a una vida ordenada según la escala de valores. Como la auténtica escala de valores tiene que estar basada en la realidad de las cosas, será una vida virtuosa, acorde a la dignidad del ser humano.

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Escrito por Pía Orellana y Diego Ibáñez (Hacer Familia nº 166) / Almudí