Lo que Dios nos revela no tiene como objetivo descubrirnos datos de tipo científico, sino aspectos de nuestra existencia mucho más importantes
Una de las causas principales de la percepción de conflicto entre ciencia y fe, en mi opinión, es la facilidad que tenemos de hacernos un Dios a nuestra medida. Dicho con palabras parecidas a las empleadas en otros contextos por el Papa Francisco, tenemos dificultades para «dejarnos sorprender por Dios». Tendemos a encerrar a Dios en nuestras categorías mentales y no a abrirnos a la grandeza de Dios. El resultado es pensar un Dios muy pequeño.
Lo realmente desafiante es aceptar al Dios del que nos habla el mismo Dios. Cuesta aceptar a un Dios que nos habla de su creación, e incluso de su propia vida, con palabras humanas y, en el cristianismo, asumiendo la condición de un hombre de carne y hueso, que estuvo en el seno de una mujer como cualquier otro hombre, que murió violentamente en una cruz, y que se proclamó Hijo de Dios. Esto siempre ha sido escandaloso, y lo sigue siendo.
