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viernes, 5 de junio de 2015

A propósito de Irlanda: una reacción a tiempo

   La discriminación se da cuando a personas, o entidades iguales, de la misma naturaleza, se le dan tratamientos y derechos diferentes
   Después de las noticias sobre el resultado del referéndum irlandés acerca del así llamado “matrimonio” gay −y digo así llamado, porque esa unión u otras semejantes que se pudieran dar entre cualesquiera tipo de personas que no fueran hombre y mujer, no serán nunca matrimonio−, la reacción de la Santa Sede ha sido, sin duda, oportuna, además de necesaria. Y lo ha hecho por boca del card. Secretario de Estado.
   El card. Parolín ha comentado el hecho con estas palabras: “El referéndum irlandés es una derrota para la humanidad. Me quedé muy triste por el resultado, la Iglesia tiene que reforzar su empeño evangelizador”.
   Empeño que, lógicamente, en este campo, no es otro que el de reafirmar todas las palabras que el papa Francisco está diciendo en sus audiencias del miércoles sobre la familia, siempre formada por hombre y mujer, varón y hembra, si se quiere, y los hijos que nacen de esa unión.
Un conocido periodista francés, que declara tener tendencias homosexuales, apoya sin ambages al Papa, y ha osado −bendita osadía− decir textualmente en una entrevista:
“La Iglesia es la única que dice que hay un problema en la homosexualidad. La única que se atreve a decir lo que en realidad es, y a proponer un camino de felicidad para las personas con estas tendencias, es la Iglesia. La única que habla de nuestro sufrimiento y propone soluciones es la Iglesia. Yo jamás he sido rechazado por un sacerdote. La Iglesia te propone un camino, que es la continencia, sin imponértelo. La continencia no anula tampoco la belleza de la unión homosexual, pues hay bellezas que vienen de la amistad”.

viernes, 19 de febrero de 2010

El "caso irlandés"


Me han llamado la atención varios aspectos de la reunión que el Papa mantuvo en Roma, el 15 y 16 de febrero, con los obispos de Irlanda para tratar de la dolorosa cuestión del abuso de menores cometido por algunos sacerdotes en los pasados decenios.

Los sintetizo en estos tres: 1) la radicalidad con la que el Papa ha abordado el tema: no hay paños calientes ni consideraciones que puedan llevar a ocultar el dato objetivo de que se trata de crímenes; 2) el sentido de responsabilidad de los obispos irlandeses, que se asumen la culpa del fracaso para atajar eficazmente esos abusos (aunque en muchos casos, se trate de episodios lejanos en el tiempo); 3) la abundante cobertura informativa que se ha ofrecido de la reunión y la plena apertura a colaborar con la justicia civil.

Entre los numerosas crónicas y artículos publicados, me ha interesado lo que dice hoy Filippo di Giacomo en L'Unità, antiguo órgano del Partido Comunista Italiano. Se refiere a los prejuicios con que a veces se ha abordado el tema Iglesia y pedofilia, como si la culpa de los crímenes la tuviera el celibato. “En realidad, afirma, fuentes no confesionales fijan en el 0,3 por ciento el porcentaje de infamia para el clero católico, una cifra mucho más baja de la que afecta a otras categorías profesionales y a los ministros de otras religiones, los cuales al no ser católicos y al trabajar en tierras anglosajonas acaban –con toda justicia– ante los tribunales, pero son ignorados por la prensa, incluida la prensa católica”.

El veterano periodista Luigi Accattoli comentaba ayer en Liberal el dato positivo de que la Iglesia estuviera reaccionando, y enumeraba los pasos llevados a cabo por Benedicto XVI en estos casi cinco años de Pontificado. Anota Accattoli que ante el desolador panorama moral, la única institución que hace autocrítica es la Iglesia católica. Sin quitar nada a la gravedad de los casos, es significativo que “nuestra sociedad civil y política parece no advertir la corrupción omnipresente, el tráfico indecente y el prostíbulo que la están arrasando”.

Diego Contreras
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