Mostrando entradas con la etiqueta LITERATURA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LITERATURA. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de marzo de 2020

‘La escritura es un puente levadizo que permite darme a los demás’

Una conversación con Jesús Montiel para hablar sobre poesía y sobre la vida, aunque en el escritor ambas puedan considerarse un todo.
“Camino más belleza viajando menos rápido”. Este verso final del poema “A pie”, de Memoria del pájaro (Hiperión, 2016), es el leitmotiv de la obra de Jesús Montiel (Granada, 1984); un escritor que canta con admiración a la vida, ahonda en el misterio de la existencia, pausa nuestra acelerada época capturando el instante, ilumina las pequeñas cosas que nos rodean y auxilia a su contemporáneo recordándole su condición primigenia de homo contemplativus.

viernes, 28 de julio de 2017

Aprendiz de hombre

Escribe Ignacio Sánchez Cámara: «Abominar de estos textos por proceder de la época de Franco podría ser tan descabellado como abominar de los semáforos o la televisión o el fútbol por el mismo motivo. Entre los errores del franquismo no se cuenta precisamente el amor a España. Ni Quevedo queda mancillado porque lo seleccionara Torrente Ballester».

 La Providencia, lo que los descreídos llaman casualidad, ha vuelto a poner en mis manos, con motivo de traslados y mudanzas, un viejo libro escolar, lejano, pero no olvidado. Se trata de una obra publicada como libro de texto para el Segundo Curso del viejo Bachillerato de la asignatura denominada Formación del Espíritu Nacional. Para muchos, una despreciable antigualla franquista. Puede ser. Sus presuntos lectores contaban unos once años. 

sábado, 14 de julio de 2012

Ortega y Unamuno, dos filósofos agnósticos contra el laicismo grosero y agresivo



Unamuno
   “No soy católico, pero no estoy dispuesto a dejarme imponer los mascarones de proa de un arcaico anticlericalismo”.

   Así hablaba el filósofo agnóstico José Ortega y Gasset en un discurso pronunciado el 6 de diciembre de 1931 en el Cine de la Ópera de Madrid. El intelectual, pese a declararse no católico, criticó ese día el anticlericalismo que impregnaba el ambiente de la Segunda República.

Contra el laicismo radical
Quema de iglesias, saqueo de propiedades eclesiásticas, legislación antirreligiosa...este proceder (que se recrudecería en poco tiempo) hizo que el filósofo, una personalidad destacada del mundo republicano español, considerara desvirtuada la esencia de la república hasta el punto de exclamar: “¡no es esto, no es esto! La República es una cosa. El radicalismo es otra. Si no, al tiempo”.

viernes, 18 de mayo de 2012

Literatura y Conversión: el poder de la Belleza

Literatura y Conversión: el poder de la Belleza

   «El mejor modo de transformar el mundo es ser santo: hacer llegar a todos la experiencia del amor de Dios. Pero es necesario insistir siempre en la racionalidad de la fe. Para mí y para muchos conversos el camino hacia Dios ha venido precedido de un proceso intelectual, siempre acompañado de la sanación del corazón por la Gracia. Pero en un mundo post-racional, donde la cultura está impregnada de relativismo, probablemente el modo más eficaz para hacer llegar el mensaje cristiano sea la fuerza de la belleza. La contemplación de la belleza lleva al agradecimiento, y eso plantea la pregunta ¿a quién debo estar agradecido?, que es un primer paso que orienta hacia un modo correcto de pensar».

      Joseph Pearce decía estas palabras en el Colegio Mayor Moncloa en un coloquio titulado “Literatura y conversión: El poder de la Belleza”. El Profesor de la Ave Maria University de Florida, en USA, había participado esa tarde en un congreso sobre Chesterton. Joseph Pearce es conocido por sus biografías sobre C. K. Chesterton, Hillarie Belloc, Tolkein, Oscar Wilde, Solzhenintsyn, Shakespeare, etc. y una voluminosa monografía titulada Escritores conversos, principalmente británicos, del s. XX.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Czesław Milosz: azote de totalitarismos

Azote de totalitarismos
Su conciencia le impedía disociar realidad y verdad, y menos todavía confundir realidad con ilusión, tal y como habían hecho las ideologías en Europa durante los dos últimos siglos, con trágicas consecuencias

      Acaba de cumplirse el centenario del nacimiento del escritor polaco, premio Nobel de Literatura en 1980. Su existencia se movió bajo el signo de la incomprensión, dentro y fuera de su país. Se explica por no simpatizar con el nacionalismo chovinista, imperante en la Polonia de entreguerras, ni tampoco con el determinismo ciego del totalitarismo comunista. Pero lo que realmente le sublevaba a Czesław Milosz era la actitud de los intelectuales que habían renunciado a su espíritu crítico para acogerse a las prebendas del estalinismo. 

      Milosz siempre creyó en «la divina y maravillosamente compleja imprevisibilidad de la vida». En uno de sus poemas llegó a escribir que la moderación podía ser la mayor de las rebeldías. Era incapaz de violentar su conciencia para venderse a las ideologías del momento, y en una ocasión escribió a su compatriota Juan Pablo II que su principal preocupación era no ignorar la ortodoxia católica en sus creaciones. Karol Wojtyla, poeta como el propio Milosz, le respondió que él también compartía ese objetivo.

      Fue calificado de conciencia moral de Europa, después de publicar en Francia El pensamiento cautivo (1953), demoledora exposición sobre la actitud de los intelectuales que habían renunciado a su espíritu crítico para acogerse a las prebendas de los regímenes estalinistas. Tras la Segunda Guerra Mundial, y precisamente por ser "amigo de la razón", según se definió él mismo, Milosz soñaba con transformar la realidad polaca. 

      Sin embargo, el comunismo, hijo del racionalista Marx, se le reveló enseguida como un peligroso adversario de la razón. No podía ser de otro modo, dado el carácter escatológico de una teoría que buscaba el paraíso en este mundo. Lo peor es que, durante sus años de exilio en Occidente, en París o en el campus de Berkeley, Milosz encontró una irracional y peligrosa atracción de los intelectuales hacia las ideas comunistas. 

      Mucho tiempo después, un nonagenario Milosz arremetería contra la filosofía de Jacques Derrida, considerada como hija póstuma del marxismo, que tiene no poco de filología y de obsesión por liberarse de toda lógica racional. La deconstrucción, defendida por el filósofo francés, es muy útil para políticas de corte orwelliano, en las que el hombre queda reducido a un mero producto lingüístico. 

      A Milosz no le gustaban las ideologías negadoras de la realidad. En su discurso de aceptación del Nobel, planteó la similitud de la escéptica pregunta de nuestro tiempo: ¿Qué es la realidad?, con la no menos incrédula de Pilatos: ¿Qué es la verdad? Y es que la conciencia del escritor le impedía disociar realidad y verdad, y menos todavía confundir realidad con ilusión, tal y como habían hecho las ideologías en Europa durante los dos últimos siglos, con trágicas consecuencias. 

      Pese a todo, nuestro autor fue siempre un "catastrofista optimista", en expresión acuñada por un grupo de poetas lituanos que, en la década de 1930, presentían terribles amenazas para Europa. Lo fue durante la insurrección de Varsovia de 1944, en las cuatro décadas de comunismo y en la más cercana ampliación de la UE, a la que no consideraba como un riesgo para la cultura centroeuropea. 

      Quienes no podían contrarrestar sus argumentos solían recurrir a las descalificaciones personales. En su libro autobiográfico, Abecedario, Milosz enumera algunos de los calificativos que le hicieron en su vida: astuto, cómodo, adorador del dinero, esteta al que no le interesan las personas, vanidoso, arrogante, mujeriego... En realidad, era mucho más frágil de lo que pudiera pensarse, y sabía expresar abiertamente sentimientos de culpa y de vergüenza, pese a que en la sociedad contemporánea hay quien considere esto como una debilidad de la que conviene deshacerse. 

      En cambio, Milosz poseía la sabiduría profunda de reconocer que un mismo hombre es capaz de realizar los actos más heroicos y los más viles. Los hombres son seres divididos, por mucho que las utopías ideológicas hayan pretendido ignorarlo. Según el escritor, esa división podría explicar que la gente acudiera a las iglesias. Las ideologías les han enseñado que sólo existe una realidad material. Por el contrario, entrar en una iglesia, sobre todo en la misa del domingo, supondría la voluntad de encontrarse con una realidad diferente a la que se considera como la única verdadera. 

      Milosz comprendía bien el dicho evangélico de que no son los sanos, sino los pecadores, los que necesitan médico. El cristianismo, a diferencia de las ideologías elevadas a la categoría de religiones, no es para seres perfectos, personas con una fe incombustible, y versadas en lecciones teológicas. Los cristianos no acuden a la iglesia porque se consideren elegidos. Van porque se sienten necesitados, porque son pecadores y quieren acercarse a una dimensión trascendente. A este respecto, escribía nuestro autor: «Participando en la Misa, una vez más, negamos que el mundo carezca de sentido y compasión, entramos en una dimensión donde cuentan la bondad, el amor y el perdón».

Antonio R. Rubio Plo. Analista internacional
Cope.es  /  Almudí