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domingo, 29 de mayo de 2011

El “cielo” de Hawking

   Hawking tiene realmente “razón”. Su “cielo” no existe.  Ese “cielo” que, en sus palabras, “es un cuento de hadas para los que tienen miedo a la muerte, para los que temen la oscuridad”.

   Efectivamente, ese “cielo”, el “cielo” de Hawking no existe. Y a Dios gracias. ¿Para que tenía que existir un “cielo” tan inútil?

   A los hombres jamás se les hubiera ocurrido inventarse un “cielo” para calmar sus temores a la muerte; sencillamente, porque si el Cielo no existiera, jamás el hombre hubiera tenido el mínimo temor a la muerte. Como no tiene “miedo a la muerte” ni la hormiga, ni el gato, ni el orangután, ni el jilguero, ni la mariposa, ni el pez más escuálido ni la ballena más voluminosa.

   ¿Por qué Hawking tiene esa preocupación de un “cielo” que no “existe”? Me viene a la cabeza un par de escolios de Gómez Dávila: “El ateo nunca le perdona a Dios su inexistencia”; “Es más fácil creer en los dioses del Olimpo o de los Indigitamenta que en la inexistencia de Dios”.

   Hawking es muy libre de seguir haciendo afirmaciones sobre “dios”, sobre “el cielo”. ¿Añora quizá el Cielo que sí existe, el Dios que sí existe? Quizá eso podría explicar que vuelva de vez en cuando sobre estos temas. ¿Busca acaso que alguien le convenza de que la existencia de Dios está fuera del alcance de sus fórmulas físico-matemáticas? Y que, por consiguiente más allá de la razón existe la Fe, una Fe tan llena de inteligencia como la razón misma.

   Reconozco que rezo para que Hawking abra su inteligencia, su prodigiosa inteligencia a la Fe. La Fe cristiana no se opone, en absoluto, al saber científico. Al contrario, la Fe amplía el horizonte de nuestro conocimiento y empuja el corazón del hombre a  conquistar cada más profundamente  el conocimiento del universo.

   “Dejadme ir a la casa del Padre”. Juan Pablo II, y con él muchos otros hombres y mujeres, no han tenido ningún miedo a la muerte. No se inventaron nada, ni tuvieron la más mínima necesidad de “cuentos de hadas”. ¿Qué sentido tiene inventarse algo que ya existe? Sencillamente descubrieron en el fondo de su corazón “lo que el Señor tiene reservado para quienes le aman”: el Cielo, el Amor de Dios.

   Quizá algún día Hawking amplíe el horizonte de su visión del mundo, de su visión de la Creación –que no cabe, ciertamente, en ninguna fórmula matemática. Y entonces se dará cuenta de que  el hombre es lo suficientemente inteligente para ser consciente de que su vida no acaba aquí.

   Y no necesitará ni temblar ante la muerte, ni buscarse un refugio en un “cuento de hadas”. Sencillamente dirá, con serenidad y paz: “Dejadme ir a la casa del Padre”.

 Ernesto Juliá Díaz
RELIGIÓN CONFIDENCIAL

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Dios no cabe en el universo de Stephen Hawking



Parece que Dios no cabe en el universo de Stephen Hawking, aunque sí que cabe —desde luego, con el buscado escándalo de su negación— en el plan de marketing de su último libro, "The Grand Design".

Sorprende un poco —a estas alturas del estado del mercado editorial y periodístico— que los Almudi.org - Hawkingperiódicos se hayan prestado al juego de promoción del último libro de Hawking.

No sorprende nada, sin embargo, que los agentes de promoción del libro se hayan aprovechado del posible escándalo y polémica que levanta una afirmación tan solemne. Sobre todo puesta en boca de un físico tan sentimentalmente valorado por su estado físico, aunque no se entienda ni lo que dice, ni las razones que presenta para decirlo.

Pero queda bien apoyar al minusválido físico que se supone sabio (como quien hace una obra de caridad), y queda chic apuntarse a negar rotundamente a Dios (como el mafioso o el señorito que agradece que un currante le haga el trabajo sucio).

El caso es que el asunto de Hawking con Dios es bastante viejo, y quizá demasiado corta la memoria de los periodistas. En beneficio del marketing del libro.

Porque como a los famosos (Hawking es simplemente eso, desde el punto de vista periodístico) no les hace falta acreditación profesional para ser escuchados en lo que dicen, y por eso casi nadie se preocupa de entrar al alcance del estatuto epistemológico de la física y asuntos colindantes. Basta el titular escandaloso del famoso, de modo que Dios —para que salgan las cuentas— resulta imprescindible en el marketing del libro. 

Parece que Dios no cabe en el universo de Stephen Hawkins. Pero Stephen Hawkins sí que cabe en el universo de Dios. Que es la realidad que realmente importa.

Juan José García-Noblejas
SCRIPTOR (ALMUDÍ)