Es necesario dar a los acontecimientos y a la misma materia su sentido original, espiritual
La familia que da origen el matrimonio se asienta en la naturaleza humana respondiendo a su verdad originaria y singular. El racionalismo moderno no soporta desconocer el fondo del hombre: su misterio. No acepta el misterio del hombre como una dualidad en la unidad. Unidad y dualidad. Esta es la verdad del hombre. Esta es la grandeza del matrimonio y de la familia.
Estamos viviendo épocas de atroz vulgaridad. Decía Chesterton que la vulgaridad es convivir con la grandeza y no darse cuenta. Convivimos los hombres sin descubrir la grandeza de ser hijos de Dios. ¿Nos tratamos los hijos de Dios como hijos de Dios y no como meros animales? Recuerdo a un profesor de Enseñanza Media a quien se le prohibió publicar, para el Instituto, un libro sobre “virtudes humanas”, incluso ni sustituirlo por el término “valores”. Acabó llamando a las virtudes: conductas pautadas para que se lo permitieran. El hombre tiene más miedo a la verdad que a la muerte ─como afirmaba Kierkegaard─ con razón. La mentira repugna menos que la verdad. La mentira causó el pecado original y la muerte es una consecuencia. Siempre prima la causa sobre lo causado.