Conviene distinguir entre la exasperación nacionalista, tan torpe y ciega a veces, y la realidad evidente del sustrato solidario sobre el que se asienta y del que logra extraer poderosas energías.
La potencia del sentimiento nacional es un mentís a la pretensión racionalista de que el hombre es un ser que puede constituirse como guste, a partir de una plena autonomía individual.

