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miércoles, 7 de noviembre de 2018

Alegría y coraje

La gloria de cada hombre y el destino de un país dependen del coraje de aquellos hombres y mujeres, que desterrando la tristeza y cultivando la alegría se olvidan de sí mismos para pensar en lo otro, en los otros, en el Otro.
Una sociedad está determinada por factores diversos; cultivados todos ellos crean la riqueza material y la fecundidad moral para sus miembros. En cada momento vamos siendo determinados por unas u otras de las realidades que forman su tejido, tendiendo a absolutizar una de ellas con olvido o negación de otras. 

lunes, 15 de septiembre de 2014

Encontrar el coraje para cambiar el mundo

Encontrar el coraje para cambiar el mundo
   Cualquier persona en cualquier lugar puede cambiar el mundo. Lo que comienza aquí en verdad puede cambiar el mundo. Pero la pregunta es: ¿cuál será el mundo que vendrá después de que yo lo cambie?[1]
   Han pasado 37 años desde el día en que me gradué en la Universidad de Texas. Recuerdo muchas cosas de ese día. Recuerdo que tenía un fuerte dolor de cabeza por la fiesta de la noche anterior. Recuerdo que tenía una novia en serio, con la que más tarde me casé −cosa que es importante recordar−, y recuerdo que ese día estaba por ser comisionado por la Marina de los Estados Unidos.

martes, 11 de febrero de 2014

Coraje


Coraje
   La crisis del hombre y la crisis de Dios son inseparables, y no podemos llegar a una última confrontación con la una si no afrontamos la otra
   En torno a 1140 encontramos ya en nuestra lengua esta palabra como retoño surgido del tronco de ese árbol siempre fecundo que es el corazón. Del corazón nace el coraje como una extensión hacia aquellas situaciones que reclaman valor y valentía. Nuestra procedencia socrática y cartesiana nos inclina a pensar que bastan el saber y la claridad para ser justos y buenos. La razón dice lo que es el bien, pero por sí sola no da fuerzas para realizarlo.
   Esa razón autónoma ahora hace un siglo desencadenó la Primera Guerra Mundial, y luego la segunda, que devastó poblaciones y territorios, con un número aproximado de ciento cincuenta millones de víctimas entre 1914 y el final de la guerra de los Balcanes. Esas contiendas fueron fruto de la voluntad de poder, de la pasión nacionalista, de la humillación en una línea y del resentimiento en otra.