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jueves, 23 de septiembre de 2021

¿Qué es la dignidad humana?

 El ser humano es un fin en sí mismo, independientemente de otras consideraciones

 ¿Qué es la dignidad?, esta es la gran pregunta. Una palabra que está en todas las Declaraciones Universales de las Constituciones Democráticos y que raramente se define. Y embargo tanto en la Declaración sobre los Derechos del Hombre como en nuestra Constitución se reconoce que todo ser humano está dotado de una dignidad inherente. Merece la pena pensar qué significa dignidad inherente.

miércoles, 11 de marzo de 2020

Asombro ante la debilidad y grandeza de la vida humana

Entre tantas preguntas suscitadas por la epidemia del coronavirus, no es fácil sustraerse al hecho de la fragilidad del ser humano, con el recuerdo de la expresiva metáfora bíblica que compara la vida con la flor del heno, que apenas despunta, ya se marchita. 

Pero no se puede olvidar tampoco el relato del Génesis sobre la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios: una grandeza merecedora, a pesar de la caída en el paraíso, de la muerte redentora de Cristo. 

miércoles, 26 de febrero de 2020

Jornada del Enfermo. El sustantivo ‘persona’, por delante del adjetivo ‘enferma’

El Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo del 11 de febrero, fiesta de la Virgen de Lourdes, llama a los agentes sanitarios a no ceder ante actos contrarios a la dignidad y la vida de la persona
En el Mensaje para la XXVIII Jornada del Enfermo, que se celebra como cada año el 11 de febrero, fiesta de la Virgen de Lourdes, el Papa Francisco ha llamado de nuevo a no “ceder a actos que lleven a la eutanasia, al suicidio asistido o a poner fin a la vida”.
Hablando específicamente a los agentes sanitarios, el Santo Padre los invitó a mantener “constantemente presente la dignidad y la vida de la persona” en cada etapa de sus intervenciones diagnósticas y terapéuticas, es más a considerar que “el sustantivo ‘persona’ siempre está antes del adjetivo ‘enferma’”. Esto vale incluso “cuando el estado de la enfermedad sea irreversible”.

jueves, 4 de enero de 2018

Por qué triunfó el cristianismo

Escribe Francisco José Contreras: La ventaja demográfica del cristianismo primitivo −que terminaría convirtiéndolo en religión mayoritaria en el siglo IV− parece haber estado también muy relacionada con su ética sexual-familiar y con el estatus de la mujer.
Rodney Stark es uno de los más grandes sociólogos de la religión vivos: profesor en las universidades de Berkeley y Washington, sus libros han sido traducidos a todos los idiomas importantes. Preguntado en 2004 por su posición religiosa personal, se definió como agnóstico. En The Rise of Christianity (1996), Stark propuso tesis histórico-sociológicas muy sugestivas sobre cómo una secta judía marginal pudo convertirse en tres siglos en la más importante religión de la historia y el fundamento de Occidente.

viernes, 22 de julio de 2016

Mujeres, no objetos

Tenemos un problema. Y no es solo legal. Que a veces también lo es. Hablamos de valores. Hablamos de mujeres, no de objetos. De su dignidad.
Un pequeño −como el de aquel cuento, pero este de verdad− sale de casa y nada más pisar la calle se da de bruces con una foto gigante de una joven en ropa interior. En actitud sensual. Aunque el chavalín aún no sabe qué es eso de sensual ni le importa.
Haga calor o frío, llueva, nieve o granice, allá está la esbelta joven, melena al viento. Podríamos decir que lo que el anunciante vende −poca tela y algo de encaje− es lo que menos se ve. Perdona que sea bruto, pero el ejemplo es real: lo que el pequeño no ha vivido en casa (y tiene madre y hermanas) se lo enseñan en la parada del bus escolar. Día tras día.

miércoles, 8 de junio de 2016

Buscar lo que une



Escribe Alfonso Aguiló: Puede que las ideas provoquen distancia entre los seres humanos, pero tenemos en común nuestra naturaleza humana, y eso es muchísimo. Con independencia de nuestras ideas, muchas veces tan diferentes, los hombres podemos vivir en armonía, pues, al fin y al cabo, el hecho de ser humanos nos hace miembros de una misma familia universal.

domingo, 14 de febrero de 2016

Para alcanzar la plenitud necesitamos de los demás

Escribe Pedro López:
No vivir encerrado en mí mismo: esto me empequeñece hasta lo infinitesimal, para alcanzar la plenitud necesitamos de los demás
El II encuentro Sagunt015 se iba desarrollado en un clima de confianza. El tema lo reclamaba:responsabilidad social empresarial. Me llamó la atención, desde el primer instante, que se hablara insistentemente de persona. Lo importante son las personas, estamos al servicio de las personas, la empresa la formamos personas, son las personas el primer y principal recurso de cualquier empresa, la responsabilidad social tiene como fin ayudar a las personas, etc. Podría seguir enumerando ejemplos de lo que los distintos ponentes desplegaban, pero basta lo ejemplificado. En resumen, en cualquier actividad, lo central es la persona.
Llegado a este punto, rebobiné; y me vino a las mientes lo que costó llegar a destilar algo que hoy usamos, desconocedores de su origen: el concepto de persona. Muchos filósofos, teólogos, siglos y disputas para llegar a comprender una palabra griega ‘prosopon’, que usaban los poetas y dramaturgos helenos para expresar a quien, a lo largo de la narración, salía a escena −habitualmente cubierto con una máscara− y se encargaba de explicar el desarrollo del relato. De ahí, derivó a significar al personaje teatral.

sábado, 23 de enero de 2016

Empresa y dignidad

Planteamientos que me llevan a la conclusión de que una buena empresa empieza en el reconocimiento de la dignidad de las personas
Una empresa es una comunidad de personas. Sí, de acuerdo: tiene instalaciones, edificios, máquinas... pero todo eso lo aporta alguien y lo manejan personas, que se mueven por motivaciones muy diversas (beneficios, salario, carrera, ego), pero que tienen que actuar de manera concertada para conseguir un proyecto común. Dirigir una empresa es conseguir que esas personas, sin renunciar a sus intereses propios, ¡tan humanos!, saquen adelante ese proyecto común.
Esa es la tarea de los directivos. ¿Mandan? Sí, claro, pero su tarea es más... ¿cómo diría?... más delicada. Hay unos contratos, por supuesto, pero no se puede gestionar una organización a base de "tú haces esto, yo te pago, y se acabó". A veces hay que decirlo, pero habitualmente dirigir consiste en otra cosa distinta. Por ejemplo, en el caso de los trabajadores el gerente tiene que plantearse: ¿para qué vienen cada mañana? Para cobrar su sueldo, claro. Y para aprender, para hacerse una carrera, para acumular derechos para su pensión, para ganar amigos, para pasarlo bien.
¿Pasarlo bien? Sí, claro: ocho horas diarias de infierno se pueden aguantar una semana, pero es imposible que el equipo humano funcione solo mediante broncas y peleas, aunque vayan acompañadas de un cobro a fin de mes. Porque esa frase bonita de "el activo más importante de la empresa son sus hombres y mujeres" es verdad. Son ellos los que conocen al cliente, los que hacen funcionar las máquinas, los que saben dónde se cuelan los errores... y los que pueden desarrollar las competencias distintivas de la empresa, de las que depende su continuidad.

martes, 28 de abril de 2015

Dignidad humana y defensa de la familia

Será imposible captar la grandeza del amor si no se entiende la constitución del ser humano como un compuesto de unidad sustancial de cuerpo y alma
La familia originada en el matrimonio está sometida a un ataque feroz. Intereses ideológicos, políticos, económicos, etc., confluyen en esa agresiva persecución. Es un hecho, tristemente constatable, que existen hoy gran cantidad de focos que ponen al matrimonio y a la familia en crisis. La miopía sobre qué es el hombre desenfoca la recta actuación de la persona que ya no sabe qué es bueno y qué es malo.
Entre esos diversos focos que provocan la actual crisis en la familia podríamos destacar: la difusión de un erróneo concepto de libertad desligada de la verdad del ser humano; la trivialización del sexo desvinculándolo de la dignidad humana que expresa; la visión del matrimonio como un formalismo convencional o una tradición superada (o a superar) porque condiciona la libertad; percibir la familia cristiana como un modelo impuesto por condicionantes históricos y culturales sin fundamento en la naturaleza humana, etc.

miércoles, 23 de julio de 2014

La banalidad del mal: Hannah Arendt


La banalidad del mal: Hannah Arendt
   Quien no reflexiona debilita su conciencia, y en casos extremos puede llegar a claudicar cuando tiene que emitir juicio y tomar decisiones que comprometan su seguridad
En 1961 Hannah Arendt, antigua discípula de Martin Heidegger y de Karl Jaspers en su Alemania natal, emigrada a Estados Unidos y destacada intelectual judía que había publicado ya dos libros, pidió a la revista The New Yorker hacer un reportaje del proceso contra Adolf Eichmann (1906-1962). Fue el máximo responsable de la logística nazi de la así llamada “solución final” y tuvo bajo su responsabilidad directa el traslado de centenares de miles de judíos europeos a los campos de exterminio.
El trabajo en cuestión fue publicado en 1963 en la revista y ese mismo año en forma de libro, bajo el título de Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal (el libro se encuentra on-line) o un resumen del contenido en Wikipedia.

miércoles, 9 de julio de 2014

El arte de amar a todos

El arte de amar a todos
   La caridad cristiana no se limita a socorrer al necesitado de bienes económicos; se dirige, antes que nada, a respetar y comprender cada individuo en cuanto tal, en su intrínseca dignidad de hombre e hijo del Creador
   Son muchas las palabras cuyo contenido cambia, bien por las permutas normales introducidas por escritores o por el pueblo llano e imaginativo, bien por intereses menos claros. No es infrecuente que un mismo vocablo sea utilizado deliberadamente para vaciar su contenido natural por otro que puede resultar ser exactamente lo contrario. Un ejemplo: lo que para algunos es un valor −el derecho al aborto−, para muchos es un desvalor −muerte de un inocente y muy probable padecimiento psicológico de la madre−.
El ejemplo puede ser tomado como brutal, pero es real como bien sabemos todos. Mas no es menos atroz el uso destinado a la palabra amor. Originariamente, la voluntad podría considerarse −como hace Rafael Alvira− en cinco modos de querer: el primer uso sería el deseo como tendencia al fin, la búsqueda de la unión o posesión de lo deseado. La segunda manera de querer aprueba o rechaza hechos sucedidos. Sería la tercera cuando nos dirigimos al futuro, en cuyo caso la voluntad es poder y elegir. La capacidad creadora del ser humano ocuparía el cuarto puesto. Finalmente, hay un uso de la voluntad que llamamos amor y que viene a consistir en el reconocimiento y afirmación de una realidad por lo que en sí misma es y vale.

martes, 10 de junio de 2014

La dignidad humana



«Dignidad» es una palabra. Las palabras expresan cosas o valoraciones. Se valora con palabras como «bueno», «malo», «útil», «inútil», «importante», etc. Pero resulta que esta lluvia es buena para el campo y mala para el turismo. Y es que las valoraciones son casi siempre relativas, con muy pocas excepciones: la expresión «dignidad humana» es una de ellas. Significa que todo ser humano es siempre máximamente valioso, que la vida humana debe ser intocable.

    Todo esto resultaba muy claro a mediados del siglo xx. Después de las Guerras Mundiales, después de Hirosima y del holocausto nazi, se pensó que la lección sería inolvidable. El deseo de todos se llamó «¡nunca más!»: que nunca más regrese la barbarie. Pero se intentó afianzar la dignidad humana sobre la base de las buenas intenciones. El mundo cometió la ingenuidad de creer que solemnes Declaraciones de Derechos bastarían para defender esos derechos. No fue así: estalló la Guerra Fría, el gran pretexto para que buena parte del Tercer Mundo se desangrase en largas guerras y se empobreciera más allá de toda posibilidad; se levantó el Telón de Acero, losa para enterrar a media Europa durante medio siglo.

jueves, 8 de marzo de 2012

Persona, naturaleza y cultura: Género y estructura personal

Si el ser humano se construye a sí mismo, si el género −independizado del sexo− es elegible, si ya no hay ni varón ni mujer −porque todo es intercambiable−, no se puede hablar con propiedad de matrimonio, ni de familia, ni de persona, ni de vida que sea respetada: sería el final de una cultura de relativismo y muerte, que todo lo ha devastado

      En el marco de una cuestión tan problemática, espinosa y de tanto alcance para la vida personal y globalizada, parece necesario considerar el Género desde una perspectiva filosófica. Esta temática sumerge en un océano de cuestiones de gran calado, porque los radicales en los que se basa son Persona, Naturaleza y Cultura, cada uno de los cuales ha hecho correr mucha tinta. Ante tan arduo discurso, que sobrepasa a cualquiera, pido indulgencia por barajar de nuevo cosas ya señaladas, tratando de entender los lados fuertes de cada postura, en un respetuoso intento de avanzar en el conocimiento de la identidad personal.

      Metodológicamente iré avanzando interrogativamente, señalando los problemas, repasando la solvencia de las soluciones propuestas y las tareas pendientes, intentando buscar la síntesis, yendo desde la cultura a la estructura personal. Tras revisar el planteamiento, que he titulado “el poder de una pregunta” —pues una de las varias que formularé se convertirá en el hilo conductor—, la segunda parte bordeará el núcleo filosófico de la cuestión, esbozando finalmente en forma de hipótesis una posible salida que dejará el discurso abierto.

jueves, 9 de febrero de 2012

LA DIGNIDAD HUMANA

    La prensa, la radio y la televisión dijeron y  escribieron que ella era una mujer anciana, que vivía sola en un piso bastante grande, y que parecía un almacén de tanta cosa como en él había, y su dueña siempre iba muy compuesta, aunque usaba vestidos del tiempo de Maricastaña y sombreros que eran la irrisión verdaderamente, habían informado la portera y algunas vecinas.


—Y es una vecina de las de buenos días, buenos días, y buenas noches, buenas noches. Y ni una palabra más— dijo otra vecina.


Y nadie había cruzado más de dos palabras seguidas con ella, es de las de sí, sí, y no, no, y gracias, gracias.


—O como si fuese forastera, salvo que preguntaba siempre si alguien estaba enfermo o pasaba algo, y si podía ella ayudar, —insistió dos o tres veces otra mujer de entre las

vecinas que se agolpaban en torno a un equipo de la televisión que estaba allí.


—Tampoco nadie de nosotras ha entrado jamás en su casa, como no sea doña Rosa, la vecina de pared con pared con ella, que también es de las silenciosas. O una servidora, un día que ella se mareó en la escalera, porque nunca cogía el ascensor ni para subir ni para bajar, y la subimos entre doña Rosa y yo.

miércoles, 16 de febrero de 2011

La igualdad como tapadera de fines ilegítimos

La igualdad como tapadera de fines ilegítimos
    Buenas reflexiones del Dr. Orozco sobre lo que esconde, en muchas ocasiones, la reivindicación de igualdad

   Igualdad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre. Si antes se dijo ¡basta! a la desigualdad, ahora habría que decírselo a la igualdad injusta.

   El célebre trinomio libertad, igualdad, fraternidad, está muy bien, a pesar de haber llevado a muchos a la guillotina. Con todo, está muy bien. Es un trinomio cristiano que si remite a los orígenes auténticos puede y debe reconducir a una praxis razonable, propiciadora del bien común, es decir, del bien de todos y cada uno de los ciudadanos. 

    El ciudadanos genérico, en castellano puro, significa tanto ciudadanos del sexo masculino como ciudadanos del sexo femenino. Pues bien, la gran historia demuestra, por si no fuera suficiente la lógica racional, que cuando uno de los términos se enormiza, los demás naufragan.

    Si en otros tiempos la desigualdad clamaba al cielo y la igualdad de derechos ante la ley era una reivindicación absolutamente necesaria en casi todo el mundo, hoy, lo que queda por hacer se convierte en una tapadera para otros fines que no son legítimos. 

    Se comprende que hoy se lea en La tercera de ABC: «Igualdad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre. Si antes se decía ¡basta! a la desigualdad, ahora habría que decírselo a la igualdad injusta». Su autor, Francisco Rodríguez Adrados, es miembro de la Reales Academias Española y de la Historia. El título: Tiránica igualdad

    Vale la pena leerlo entero. Cada día son más las voces que alzan contra esa nueva —¿sutil?— tiranía.

ANTONIO OROZCO
ARVO / ALMUDÍ

martes, 20 de julio de 2010

Francisco Rodríguez Barragán: ‘Iguales y diferentes’

Bosque de Granada
          “La igualdad es un ideal muy prestigiado desde que Danton lo unió a la libertad y la fraternidad en el viejo lema de la Revolución Francesa, pero, como todas las palabras que se convierten en mitos, su contenido resulta bastante difuso y manipulable, pues aquello que todos creemos saber es lo que necesita ser pensado y dilucidado más atentamente”.

          Con este párrafo comienza Francisco Rodríguez Barragán en “El Guadalope” un interesante comentario sobre el malentendido de “la igualdad”, una aspiración irrenunciable para la dignidad humana sobre la que, sin embargo, se ha construido en nuestro tiempo un mito cultural y político que sirve de base al creciente dominio por el Estado de la vida social.

Reproduzco a continuación el texto de “Iguales y diferentes”.

IGUALES Y DIFERENTES
Francisco Rodríguez Barragán

           La igualdad es un ideal muy prestigiado desde que Danton lo unió a la libertad y la fraternidad en el viejo lema de la Revolución Francesa, pero, como todas las palabras que se convierten en mitos, su contenido resulta bastante difuso y manipulable, pues aquello que todos creemos saber es lo que necesita ser pensado y dilucidado más atentamente.

           La revolución de 1789 quería terminar con los privilegios de unas clases sobre otras, por lo que formuló el principio de igualdad ante la ley que reconoce que todos los ciudadanos tienen los mismos derechos y las mismas obligaciones. Pero dado que en la realidad no todos los ciudadanos se encuentran en situaciones idénticas, la verdadera igualdad tendría que tratar desigualmente a los desiguales, en cuyo momento empiezan los problemas.

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domingo, 28 de marzo de 2010

“La dignidad del enfermo y el respeto a la debilidad”


Manuel González Barón, Director de la Cátedra de Oncología Médica y Medicina Paliativa de la Universidad Autónoma de Madrid y Jefe del Servicio de Oncología del Hospital Universitario La Paz, ha publicado en el diario ABC un oportuno y hermoso alegato en favor del respeto a dignidad de las personas con la vida debilitada.

El concepto de dignidad es tan básico y fundamental que resulta difícil de definir. Podría decirse que la dignidad constituye una sublime modalidad de lo «bueno»: la excelencia de aquello que está dotado de una categoría superior. Pensadores tan distintos como Kant y Tomás de Aquino coinciden en considerar al hombre como un bien en sí mismo. Algo dotado de una nobleza y dignidad intrínseca.

Kant dice que el hombre no puede ser tratado -ni por otro hombre, ni siquiera por sí mismo- como un simple medio o instrumento, sino siempre como un fin. Tomás de Aquino señala que el término «dignidad» hace referencia a la bondad de alguien considerado en sí mismo, frente a la «utilidad» que es la cualidad que posee algo, como medio para obtener un bien distinto. La grandeza del hombre -intrínseca, en sí- es la que fundamenta su dignidad.

Toda criatura tiene valor. Cada una de ellas merece el respeto acorde a la perfección de su ser. La diferencia fundamental entre la importancia que corresponde a toda criatura por el hecho de ser y la incomparable nobleza del hombre es el carácter irrevocable de fin de sí mismo de éste que impide tratarlo exclusivamente como medio.

Toda persona, aun llena de taras y defectos, aporta al universo una contribución única e irrepetible que hace de ella algo radicalmente irreemplazable, y al mismo tiempo resulta degradante y éticamente inaceptable tratar a una persona como si fuera una cosa, para el progreso de la ciencia o de toda la Humanidad, o como un factor improductivo que sólo genera gastos o incomodidad.El concepto de dignidad es tan básico y fundamental que resulta difícil de definir.

ABC
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