No me las he inventado yo; las encontré hace unos días en un blog de “pensadores críticos” (aquí). Pero me parecieron útiles para nuestros políticos, o mejor, para nuestra sociedad, demasiado polarizada, metida en un diálogo de sordos. Y no me diga el lector que en la política vale todo, porque las personas aprendemos de nuestras propias acciones (y de las de los demás). Si digo una mentira, quizás gane a mi contrario, pero estoy aprendiendo a mentir; la próxima vez será más fácil hacerlo y, al final, acabaremos destruyendo las bases de una sociedad civilizada.

Ahí van los diez principios

1. No ataques a la persona, sino al argumento (ad hominem).
2. No deformes ni exageres los argumentos del otro, para atacarlos con más facilidad (falacia del hombre de paja).