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domingo, 6 de noviembre de 2016

La educación del deseo

Escribe el Dr. Enrique Rojas: Educar es convertir a alguien en persona. Introducir en la realidad con amor y conocimiento. La educación es la base para edificar una trayectoria personal adecuada. Etimológicamente significa acompañar y extraer. 
Educar es cautivar con argumentos positivos, entusiasmar con los valores, seducir con lo excelente. Eso significa comunicar conocimientos y promover actitudes, en una palabra, información y formación. Educar no es enseñarle a alguien matemáticas, literatura, arte o contabilidad, sino prepararlo para que viva su biografía de la mejor manera posible. Reglas de urbanidad y convivencia, hábitos positivos para no ser sujeto masa, anónimo e impersonal.
La educación es la estructura del edificio personal, la cultura es la decoración. La primera enseña a nadar para no verse arrastrado por las mareas de todo tipo que amenazan al ser humano, la segunda enseña a vivir. La cultura es la estética de la inteligencia. Hablamos ya de un nivel superior, que empuja a caminar hacia unos objetivos verdaderamente dignos. Por eso la cultura es libertad. Espesor del conocimiento vivido, lo que queda después de olvidar lo aprendido.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Deseos y realidades

“El verdadero heroísmo está en transformar los deseos en realidades y las ideas en hechos”.  Alfonso Rodríguez Castelao

Me gusta la idea porque coloca el heroísmo no en grandes gestas, sino en el terreno del realismo cotidiano de saber convertir “los deseos en realidades y las ideas en hechos”. Las realidades y los hechos son lo realmente importante. El verdadero heroísmo está en saber traducir los grandes ideales a la prosa de cada día. El amor, una palabra vacía si no se concreta en sacrificios cotidianos.


Verdaderamente, buenos deseos los tiene cualquiera, lo meritorio es convertirlos en realidades, en actos.

serpersona.info

sábado, 15 de noviembre de 2014

   
¡Cuántas páginas de revistas, de ensayos y de periódicos se han escrito sobre el fenómeno del consumismo y cuántas veces cierto tipo de política ha hecho todo lo que ha podido para «incentivar el consumo», con el convencimiento de que sería la panacea para la economía nacional!

   Un filósofo original como Augusto del Noce  (1910-1989) con esa frase de su intervención en el “Meeting” de Rimini hace años, señalaba un aspecto especial, casi “sacral” del frenesí consumista, que contamina incluso el campo religioso y genera una especie de fe acomodaticia, podríamos decir «a la carta». Como pasa cuando en un restaurante nos ponen entre las manos el menú y escogemos lo que nos gusta, así se combina una fe que selecciona lo menos molesto y comprometido.

miércoles, 17 de marzo de 2010

No convertir los deseos en derechos


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Con su proverbial lucidez, Alejandro Llano describía en el prólogo de su gran libro, 'La nueva sensibilidad', la aparente paradoja producida con el desarrollo económico y el Estado del bienestar: el aumento de necesidades satisfechas y el crecimiento de prestaciones sociales caminó a la par del incremento de la capacidad de reivindicar nuevos derechos. En el fondo, certificaba la primacía del ser sobre el tener, porque la posesión no colma las expectativas de la condición humana.


Muchas veces se nos propuso hace años la maravilla del modelo sueco. La socialdemocracia nórdica parecía lograr la cuadratura social del círculo, con una gran capacidad de prever y resolver las necesidades de los ciudadanos, dentro de amplias y dialogantes concertaciones. Pero, de pronto, el mundo asistió atónito al nacimiento de las llamadas “huelgas salvajes”, justamente en el paraíso social de Suecia.


Y es que, a fuerza de tener cada vez más, se amplió la capacidad del deseo, abierto a expectativas imprevisibles. Se convertía en derecho todo impulso de los sentimientos, y en represión su límite. Esa confusión entre deseo y derecho provoca graves desarrraigos y no pocos malestares, especialmente en momentos cruciales del ser humano, como el nacimiento o la muerte.


Las parejas quieren que el Estado les asegure el derecho a tener hijos. Y el enfermo desesperado, que sufre su dolencia en soledad, reivindica el derecho a disponer de su vida. Antes, la mujer embarazada, había conseguido poder disponer de su cuerpo, aun prescindiendo de hecho de una vida incipiente autónoma.

RELIGIÓN CONFIDENCIAL
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