La eclosión de las redes sociales, la intervención de fuentes interesadas y la aparición de fenómenos como el cambio climático y el coronavirus han facilitado un crecimiento de los seguidores de la sinrazón y el delirio
El boom conspiranoico empieza a amplificarse en la vida política en EEUU a través del movimiento QAnon, que ha superado todos los límites existentes
">La pandemia provocada por el coronavirus se ha convertido en un vergel donde cultivar cualquier estrafalaria revelación.
Afirma Harari que “jamás debemos subestimar la estupidez humana”. Hay dos convenciones frente al poder de la estulticia que deberíamos dejar de lado. Por un lado, que se trata de un sector que en realidad es muy poco numeroso. En segundo lugar, que su poder de influencia directa no es determinante. Sería un error pensar así. Un descerebrado con solo apretar un botón o accionar un instrumento ya ha cambiado la historia en más de una ocasión. El problema es que el hábitat donde el disparate mental crece con mayor vigor parece estar potenciándose y extendiéndose en los últimos años.


















