Escribe Salvador Bernal: Francisco repasa los miedos que pueden atenazar a los más jóvenes.
He repasado la homilía que pronunció san Josemaría Escrivá en el primer domingo de Cuaresma de 1952, incluida con el título La conversión de los hijos de Dios en el libro Es Cristo que pasa. Y me ha vuelto a sorprender, junto a los enfoques centrales sobre este tiempo litúrgico, la consideración de que en Cuaresma, en que “nos reconocemos pecadores, llenos de miserias, necesitados de purificación, también cabe la alegría”. Porque es simultáneamente “tiempo de fortaleza y de gozo” (n. 63).
