
«Si ahora sufrimos un enorme fraude –seamos o no conscientes de ello–, es porque la escuela de nuestro tiempo fue otro fraude»
No recuerdo con mucho cariño mis años de bachillerato, que entonces se dividían en tres cursos de BUP y uno de COU. Ahora la nostalgia de la llamada generación EGB, que asiste asombrada al espectáculo pasmoso de las reformas educativas, habla con un respeto reverencial de aquella época de nuestra infancia y juventud, en la que la escuela parecía ser aún una cosa seria. Y lo era, hasta cierto punto. Aprendimos a leer y a escribir con suficiente corrección ortográfica, conocíamos el nombre de los ríos y de las montañas, las capitales de los países y la línea cronológica de la historia.





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