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domingo, 28 de agosto de 2011

La Iglesia se ha mostrado como es: la familia de Dios


Un momento expresivo de comunión y afecto




   El cardenal Rouco ha acompañado al Papa en todo momento, durante los días de la JMJ. Y le ha visto feliz, emocionado muchas veces; al ver, por ejemplo, el formidable recibimiento en las calles de la ciudad, o tras presenciar un Via Crucis que le llegó a lo más profundo del alma. Llega el momento del descanso para el arzobispo de Madrid, tiempo que será breve, porque ahora se abre una nueva e intensa etapa para la Iglesia en Madrid y en España, sobre todo en su relación con los jóvenes. «Estamos en un momento nuevo», dice el cardenal a los lectores de Alfa y Omega

¿Cuál es su valoración de esta Jornada?
    Ha sido una gran fiesta; muy original. Original, en el sentido de que las fiestas que organiza la sociedad y que organizan los hombres tienen otros contenidos y otras fórmulas de expresión, sobre todo las que están alejadas del mundo de la fe. Ha sido una fiesta original porque ha salido del origen, del origen de la experiencia cristiana, de la afirmación de Cristo resucitado; ha surgido de ese nuevo pueblo que ha nacido de Cristo resucitado y de su gozosa esperanza de que va a vivir la realidad de lo que el Apocalipsis vislumbra en el futuro: la Jerusalén celestial, la Iglesia de la gloria, la Humanidad salvada y redimida.

    Creo que ésa ha sido la realidad de esta JMJ, donde la Iglesia se ha mostrado como es: como el cuerpo de Cristo, que vive del Señor resucitado, de su gracia y de las promesas de su gloria, del don del Espíritu. Y ha mostrado esa realidad doble que le caracteriza, divina y humana: con el Papa, su cabeza visible, que representa al Señor, y es cabeza también del Colegio episcopal, cuyos miembros, a su vez, estaban rodeados de miles de presbíteros, como en ninguna otra JMJ. Era impresionante la vista, desde arriba, de los concelebrantes, con los jóvenes de la Iglesia, y también con algunas personas mayores, padres de familia y niños, aunque la mayoría eran jóvenes.

    Y la Iglesia se mostró al mundo como lo que es: la casa de Dios, la familia de Dios, donde el Resucitado está vivo. El domingo, mirando desde el altar, decía: Señor, aquí estás Tú. Él era el centro de todo lo que estábamos viviendo, del mismo modo que, en la noche, durante la Vigilia, había estado sacramentalmente presente. La Iglesia se ha presentado como lo que es, y también cuál es su razón de ser: llevar al hombre al encuentro, a través de Cristo, con el Dios que lo salva.

    Y ha sido también humanamente una gran fiesta de los jóvenes, que son quienes atraviesan los momentos de mayores incertidumbres personales e incógnitas en relación con el futuro, porque ése es el momento en el que hay que despejar el camino de la vida con opciones fundamentales, según la propia vocación, en el matrimonio, la vida consagrada, el sacerdocio… Se ha demostrado que, efectivamente, los jóvenes, en la Iglesia, viven la Iglesia a fondo, y cuando la Iglesia se presenta ante ellos en su plenitud, como signo del Resucitado que salva al mundo, se llenan de gozo, de alegría y de esperanza, y la transmiten al mundo. Por eso, la JMJ ha sido, una vez más, una especie de gran acción misionera.

¿Usted esperaba tanto de esta JMJ?
    Hay cosas que sí esperaba. Con respecto al comportamiento de los jóvenes, no tenía ninguna duda de que iba a ser como efectivamente ha sido. Tenía esa certeza en base a la experiencia del pasado, y en base también al conocimiento de nuestros jóvenes, y de lo que es un joven cristiano. También tenía certeza moral sobre cómo iba a responder la organización, que había vivido un proceso de configuración y de trabajo de tal calidad, y de tal entrega, que sabía yo que eso también iba a funcionar.
    Y estaba seguro de que la archidiócesis de Madrid, y también las diócesis de Alcalá de Henares y Getafe, iban a responder casi perfectamente al reto de la acogida de los peregrinos, y que las quejas serían mínimas, las inevitables en un acontecimiento de estas dimensiones.
    Estaba también seguro de que la oración de la Iglesia no nos faltaba. Lo dije en el saludo al Santo Padre en el acto de las jóvenes religiosas: la JMJ, sin ellas, hubiera sido inexplicable.

Los jóvenes también han rezado mucho.
    Claro. La JMJ no sólo son los actos centrales, que son la expresión de todo lo que se ha vivido durante la semana. La Jornada Mundial es también la red de catequesis, la red parroquial, los cuatro o cinco mil lugares de acogida, los encuentros personales...
    Eso fue la base y el día a día, el tejido, el fluir vivo de la Jornada. Los encuentros con el Papa fueron la expresión culminante de todo lo que se estaba viviendo. ¡Y cómo no hablar de la oración en las noches! Madrid reunió, todas esas noches, a una inmensa comunidad orante y adoradora del Señor. Después, en los actos culturales se mostró ese reflejo fantástico de la experiencia cristiana en el arte, en la música, en el teatro… Han sido casi cuatrocientos actos.
    Y quisiera hacer un subrayado de la música. El Santo Padre la valoró positivamente. Yo le expliqué que habíamos preparado el coro y la orquesta para esta JMJ. Y es bueno que lo sepan los músicos, porque éste ha sido uno de los aspectos de la preparación y del engranaje de la Jornada más bellos, y que se han elaborado en poco tiempo, en sólo cinco o seis meses, con un entusiasmo enorme.

Algunos periodistas extranjeros han captado la naturalidad de la dimensión religiosa, unas propuestas culturales de altísima calidad. Y les ha sorprendido también esta acogida, cuando lo que a menudo se dice es que, en esta España, lo católicos están en retroceso, incluso marginados...
    Quizá también les llamó la atención esa simbiosis de vida ciudadana, de vida de fe, de expresión de fe, natural, de esa capacidad de una ciudad y de su entorno de abrirse en todos los ámbitos de su existencia personal y social a una visita tan fantástica y formidable de jóvenes de todo el mundo. Y todo ello sin estridencias; al contrario, con gozo por ambas partes.
La gente de Madrid está encantada de lo que se ha vivido estos días; la gente ha salido en masa a la calle. Hasta altos personajes de la nación lo han hecho de incógnito, según me consta, para mezclarse entre el bullicio, y se han quedado absolutamente asombrados y fascinados de lo que estaban viviendo...

¿Algún nombre?
    Hablo de lo que sé y de lo que me dicen. No puedo decir nombres, pero, efectivamente, lo han vivido en primera persona, disfrazados, con gafas y con gorros… Pero sí, allí han estado.

¿Qué ha dicho el Santo Padre, al ver esta acogida?
    El Papa estaba muy admirado, cuando recorríamos las calles, de cómo Madrid se volcó. Yo le explicaba: «La mitad de Madrid está fuera, pero la otra mitad está en la calle». Le llamaba muchísimo la atención. «Sí, aquí están abuelas, padres, niños… ¡Está todo el mundo!» Eso le impresionó muchísimo al Papa.

El desbordamiento se percibía ya desde el martes, en la Misa de inauguración.
    Sí. Creo que fue la más nutrida y la más masiva de todas las Misas de inauguración de las JMJ. Recuerdo la del año 89, que la celebramos, el día de la Asunción de Nuestra Señora, en la Plaza del Obradoiro, que no estaba llena, una plaza que ya con 10.000 personas se pone a tope. Pues desde aquella Misa del Obradoiro, a esta misa de la Cibeles del año 2011, hay casi que multiplicarla por 10, o incluso por 100.

¡Qué pena la intolerancia de los cafres del odio...!
    Pues la verdad es que un poco de pena da que haya un grupo que no tenga ese respeto mínimo a gente que te visita, que viene a tu casa. No me imagino a un hijo de una familia, en la que sus padres o sus hermanos metan a alguien en su casa, y llegue él y empiece a insultar a los visitantes. Pero en fin…
Los éxitos son de nuestro Señor
Una las novedades y signos más visibles de esta JMJ ha sido que el Papa confiese personalmente a algunos jóvenes.
    Creo que sí. La Fiesta del Perdón ha sido la expresión más visible y más comunicada, y quizás de más impacto exterior y mediático de lo que se vivió en la JMJ. En todos los lugares de catequesis, de acogida, en los actos centrales, el sacramento de la Penitencia se vivió y se impartió masivamente. ¿Cuántos chavales se habrán confesado? Cientos de miles. Nosotros le dimos esa forma expresiva, espectacular, en el Paseo de Carruajes del Retiro, con esos confesionarios de Nacho Vicens, tan sugestivos. Y junto a ellos estaba la carpa de oración de las Hermanas de la Madre Teresa, síntesis y médula de la vida cristiana: adorar, creer, entregarte al Señor, pedirle perdón constantemente para ir venciendo en tu carne al pecado y a la muerte... Y todo ello, desde la certeza de que Él está allí, en medio de la Iglesia, a través del signo sacramental de la Eucaristía. Eso produce después una caridad sin límites, una caridad que no conoce el mundo. Eso es el cristianismo.

Bueno, y tras el éxito, ¿ahora qué?
    Los éxitos son sólo de nuestro Señor, una inmensa gracia. Ese cauce, ese conducto a través del cual vino la gracia para la JMJ, hay que ampliarlo ahora más; hay que hacerlo más limpio, sin obstáculos, para que fluya más y llegue a todos.

   Hay un fruto inmediato que es el de la atención pastoral a los jóvenes. Eso es de primer orden, el fruto mejor y el mandato más inmediato y más urgente, respecto al día a día y al quehacer de la Iglesia en estos próximos meses y años. Yo creo que estamos en un momento nuevo realmente de comunicación entre los jóvenes católicos, los jóvenes y la Iglesia. No se puede seguir a Jesús al margen de la Iglesia.

La JMJ ha generado, estos días, nuevos espacios de libertad para los jóvenes católicos, que han podido vivir su fe con más naturalidad que nunca, en un ambiente limpio, alegre… ¿Ha habido una conquista de nuevos espacios, por ejemplo en el mundo universitario, a veces hostil al cristianismo? Hemos visto, por ejemplo, que profesores de una misma Universidad se han conocido y reconocido como católicos, gracias a su encuentro con el Papa; que han visto que son más de los que ellos pensaban. ¿Y todo esto cómo se consolida, cómo se mantiene?
    Creo que por la vía de la positividad; es decir, por la vía de seguir afirmando personalmente la identidad católica, y desarrollarla en clave de comunión y de vida de comunidad, buscando también fórmulas de asociación.
    La asociación es una fórmula de expresión de la Iglesia que hay que cultivar; sobre todo, desde el punto de vista del testimonio apostólico y de la santificación de las realidades temporales. Todas las Jornadas ayudan a este fin, y ésta creo que va a ayudar mucho, y en concreto en ese ámbito, el universitario. Por cierto, en la policía había una cierta preocupación de cómo iban a contener el entusiasmo las religiosas, cuando llegara al Papa. Con los profesores universitarios, en cambio, creían que no iba a pasar nada, que iban a permanecer hieráticos y muy dignos y nobles… ¡Pues fue al revés! Hubo profesores que se subieron a la silla para ver al Papa.
¡Muy notable y simpático el fenómeno!
Alfa y Omega

domingo, 21 de agosto de 2011

Una propuesta radical a los jóvenes

    El Papa está haciendo la propuesta radical a los jóvenes: construir la vida sobre la escucha de la palabra de Jesús es construirla sobre roca; la alternativa de construir la vida sobre el propio yo es edificarla sobre arena

   Dos discursos ha dirigido el Papa el día de su llegada. El primero de ellos se dirigía a España. Saludos, agradecimientos y dar razón de su venida: «Vengo a encontrarme con millares de jóvenes de todo el mundo, católicos, interesados por Cristo o en busca de la verdad que dé sentido genuino a su existencia». Y el carácter de su visita: «Llego como Sucesor de Pedro para confirmar a todos en la fe, viviendo unos días de intensa actividad pastoral para anunciar que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida».

   Si el primero era un discurso hacia fuera, el segundo ha sido hacia dentro: a quienes se dirige en la bienvenida en Cibeles, que mayoritariamente comparten la fe en Jesucristo. Por eso es un discurso sin excesivo contenido para el de fuera, pero de enorme exigencia para los presentes. Les ha dicho, con claridad, que escuchen a Jesucristo. No es la primera vez que habrán oído esta exhortación. Pero el Papa insiste y da pautas: «Las [palabras] de Jesús han de llegar al corazón, arraigar en él y fraguar toda la vida… Escuchad de verdad las palabras del Señor para que sean en vosotros 'espíritu y vida'… Hacedlo cada día con frecuencia, como se hace con el único Amigo que no defrauda… Aprovechad estos días para conocer mejor a Cristo…».

   Este modo de escuchar tendrá unas consecuencias en la propia vida, unas pautas de conducta que nos asemejan a la persona de Cristo: «Siendo pobres de espíritu, hambrientos de justicia, misericordiosos, limpios de corazón, amantes de la paz», la sabiduría de su palabra «guiará vuestros pasos, nada os hará temblar y en vuestro corazón reinará la paz».

   Benedicto XVI es consciente de que está proponiendo un estilo de vida distinto. Ésta es otra consecuencia de escuchar la palabra de Jesús: pide a los jóvenes que sus vidas proyecten «la luz de Cristo sobre vuestros coetáneos y la Humanidad, mostrando una alternativa válida…». El Papa está haciendo la propuesta radical a los jóvenes: construir la vida sobre la escucha de la palabra de Jesús es construirla sobre roca; la alternativa de construir la vida sobre el propio yo es edificarla sobre arena, «conduce a algo tan evanescente como una existencia sin horizontes, una libertad sin Dios». Era de esperar esta referencia en un pensador que sabe que la libertad es la clave de la modernidad: propone una libertad con Dios, «precisamente para que seamos protagonistas… Dios quiere un interlocutor responsable, alguien que pueda dialogar con él».

   Y concluye: «Vuestra alegría contagiará a los demás. Se preguntarán por el secreto de vuestra vida y descubrirán que la roca que sostiene todo el edificio y sobre la que se asienta toda vuestra existencia es la persona misma de Cristo, vuestro amigo, hermano y Señor, el Hijo de Dios hecho hombre».

José Pedro Manglano
es sacerdote y autor de Nadar contra corriente. El Papa más sincero y más íntimo
El Mundo /Almudí

sábado, 20 de agosto de 2011

LA JMJ LLEGA A CUATRO VIENTOS


   Como habéis podido observar por los medios de comunicación la JMJ ha desbordado todas las previsiones. Destaco de estos días la alegría inmensa del Papa (así lo ha declarado) y el entusiasmo de los jóvenes. Son las 4.30 pm y estoy a punto de marchar a Cuatro Vientos. Estos días no os he podido escribir. Reanudaré mis contactos el lunes. Saludos a todos.

          Juan Ramón

lunes, 15 de agosto de 2011

La JMJ, un balón de oxígeno

   Dentro de la mortecina economía española, el empujón del turismo es un balón de oxígeno. En el primer semestre del año llegaron a España 24,8 millones de turistas internacionales, lo que representa un crecimiento interanual del 7,5%. Y aún faltan los datos de julio y agosto, que son el centro de la campaña turística y la mayor fuente de empleo estacional en un país con el 20% de paro.

   En este contexto, una ciudad que pudiera contar con un evento que garantizara cientos de miles de turistas durante al menos una semana, consideraría que le había caído un regalo del cielo. El regalo le ha caído a Madrid con la Jornada Mundial de la Juventud, del 16 al 21 de agosto. Así lo entienden las autoridades, tanto del Ayuntamiento como de la Comunidad Autónoma y del gobierno nacional, que han acogido la JMJ de buena gana y con ánimo de colaboración.

   No es para menos. Ya se han inscrito más de 456.000 jóvenes, pero también se espera a otros muchos miles –sobre todo españoles– que no se inscribirán pero estarán presentes. Los inscritos comerán en alguno de los 2.132 restaurantes o bares que se han asociado al evento, donde se puede pagar con los tickets de restaurante a los que da derecho la inscripción. Muchos de los jóvenes desplegarán su saco de dormir en locales públicos, de la Iglesia o privados, pero otros ocuparán plazas hoteleras o de camping. Según el presupuesto de la JMJ, se gastarán 50 millones de euros en la organización de los actos, las instalaciones y el material para los peregrinos. Todo esto está suponiendo una inyección económica de consumo, empleos, ventas, impuestos (los organizadores sostienen que solo por impuestos directos e indirectos generados por la JMJ entrarán al menos 30 millones de euros en las arcas públicas).

   A esto hay que sumar la importante proyección internacional de la marca Madrid y de la marca España, gracias a un evento al que asisten jóvenes de numerosos países, y cuyas imágenes estarán en las televisiones del todo el mundo. Madrid, que sigue manteniendo su candidatura para sede olímpica, tiene la ocasión de proyectar su imagen, sin gastarse los millones de euros que hasta el momento ha empleado en promover su candidatura.

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Ignacio Aréchaga
Aceprensa

JMJ: otra manera de entender las cosas

JMJ: otra manera de entender las cosas
No está mal que miles de jóvenes nos recuerden que la sociedad necesita también los anclajes religiosos para articular una cultura de convivencia y solidaridad y que, a partir de los valores cristianos, hay otra manera de ver las cosas…

      La Jornada Mundial de los Jóvenes católicos que culmina con la venida del papa Benedicto, es algo más que un fenómeno sociológico de masas. Sorprende en verdad ver a 1.300 jóvenes católicos extranjeros que pasan por Navarra durante estos días camino de Madrid. Allí se reunirán en torno a un millón, venidos desde los lugares más remotos, para expresar que hay otra manera de entender la vida y de estar presente en la sociedad. 

      El fenómeno puede analizarse desde diferentes ángulos de las ciencias sociales. Puede entenderse como una afirmación de la propia identidad religiosa en un mundo hostil en el que se desvanecen progresivamente los valores cristianos. Hay quien cree que es un intento inútil, iniciado por Juan Pablo II, para contener la descristianización de la juventud. 

      Otros simplifican más el fenómeno diciendo que es una concentración en torno a un líder, el Papa, como otros lo hacen en torno a un cantante, o su equipo deportivo favorito. Algunos buscan similitudes con las convocatorias hechas a través de las redes sociales para concentrase en una plaza y protestar contra un hecho concreto o contra un dictador. En resumen un fenómeno de masas característico de la sociedad moderna. 

      Análisis tan simplistas no explican suficientemente la complejidad de este fenómeno. Entre otras razones porque el fenómeno religioso tiene raíces históricas muy lejanas e implicaciones personales muy profundas. Aunque las nuevas tecnologías de la comunicación han facilitado el contacto entre miles de jóvenes, la JMJ no se ha improvisado, sino que los jóvenes, desde hace dos años, se están preparando en sus respectivas parroquias para este evento. 

      Más allá de vivir, entre el 16 y 21 de agosto, una afirmación de la propia identidad y de sentir al lado el apoyo emocional de miles de compañeros, agrupados en torno al Papa, los jóvenes vienen a Madrid con un mensaje para nuestra sociedad: la necesidad de un rearme moral, que comprenda al individuo y a la sociedad. Algo que se está convirtiendo en un clamor general.

      En el mes de julio, en los actos religiosos de las catedrales anglicanas, se podía oír la voz de los sacerdotes, protestando contra el escándalo de las escuchas ilegales para vender prensa y obtener beneficios utilizando los sentimientos más profundos e inéditos de las personas, el sexo o las desgracias humanas y advirtiendo que los ciudadanos, encendiendo nuestro televisor o comprando determinada prensa somos quienes hacemos posible la generalización de estas prácticas inmorales. 

      La sociedad occidental no sólo está desmoralizada sino que retroalimenta la desmoralización. Atribuimos los problemas a nuestros políticos y gobernantes o a quienes controlan las finanzas, sin asumir que unos y otros son una réplica de la sociedad, donde domina el egoísmo, el afán de disfrutar de las cosas y de los sentimientos hasta su agotamiento. 

      En medio de este desánimo social general, los jóvenes congregados en Madrid, afirman que el mundo y los individuos son un proyecto general y personal del que somos responsables cada uno. Hablan de moral, de esfuerzo, de solidaridad, de austeridad y de disciplina. No basta indignarse porque la sociedad no funciona, sino que es necesario implicarse para que algo cambie. 

      Apuestan por la responsabilidad en las relaciones personales, por el respeto a la vida y al propio cuerpo. Por desgracia los programas y propuestas de estos jóvenes tienen poca resonancia social, porque, también en esto, nuestra sociedad está dispuesta a sentarse para escuchar a los colectivos solamente cuando detrás hay reclamación apoyada por alguna forma de violencia de baja intensidad. 

      En medio de la proclamación festiva de los valores que deberían promoverse en la sociedad, siempre hay acciones orientadas al chantaje de esta Jornada y voces que intentan desviar el acontecimiento en otra dirección. Incluso se habla de grupos informativos (piquetes) en la entrada de residencias improvisadas en colegios públicos para acoger a miles de peregrinos. En el mejor de los casos no se oponen a la reunión de los jóvenes, pero los identifican con la intolerancia, el pasado y el ostracismo y como una amenaza para una convivencia progresista. Todo menos dejar espacio a lo religioso. 

      Por suerte, la sociedad civil española ha sabido separar lo laico de lo religioso. En España se ha regulado el aborto, el divorcio, los matrimonios homosexuales en contra de la opinión de la jerarquía católica. La separación entre sociedad civil y religiosa funciona y debe contar con nuestro apoyo. La sociedad civil se ha mantenido en su ámbito. La iglesia ha aceptado su papel, y nadie puede negarle el derecho a decir a sus creyentes dónde están los límites de la moral cristiana y cómo deben proyectar esta doctrina respetando los principios de la democracia. 

      En consecuencia, no está mal que miles de jóvenes nos recuerden que la sociedad necesita también los anclajes religiosos para articular una cultura de convivencia y solidaridad y que, a partir de los valores cristianos, hay otra manera de ver las cosas y que, en definitiva, no altera la naturaleza humana y dignifica a las personas y a la sociedad.

Luis Sarriés
Luis Sarriés Sanz es catedrático de Sociología en la UPNA
Diario de Navarra / Almudí

sábado, 13 de agosto de 2011

La generación del milenio

La generación del milenio
   El tema de fondo que mueve a esas multitudes de gente joven es la búsqueda del concepto de verdad. Es un itinerario inicialmente filosófico, que termina por ser un encuentro no con una cosa, sino con Alguien…


      Dicen que la gran ciudad es mal sitio para vivir. Demasiada tensión y ambición en los rostros de la gente. No estoy seguro del acierto de este análisis. Lo que sí creo es que, en una gran urbe, hay una mayor incidencia de escepticismo, con buenas dosis de cinismo. Llevo años viviendo en Madrid y son demasiadas las cosas que hemos visto los madrileños: no es fácil emocionarnos por casi nada. Será interesante contemplar el choque entre cinismo urbano e ingenuo entusiasmo de los miles de jóvenes de la generación del milenio (los nacidos a caballo entre el XX y el XXI), que invadirán Madrid en la Jornada Mundial de la Juventud.

      Si estamos a lo que sucedió en Sidney en julio de 2008 —sede de la anterior Jornada— la alegría y la amabilidad de miles de jóvenes (católicos o no) «acabaron por fundir el cínico corazón de la gran ciudad» (The Sydney Morning Herald). La prensa puso como ejemplo de convivencia cívica —entre otros muchos— a los conductores de autobús australianos, que, incluso cuando acababan su turno, recogían a jóvenes que se habían quedado sin transporte y los llevaban a sus campamentos.

      En 1985 se celebró en Roma otro masivo encuentro de jóvenes, convocados por el Papa con motivo del Año Internacional de la Juventud de la ONU. Fue el antecedente inmediato de las Jornadas. Recuerdo que, por entonces, la preocupación de los media se centró en una supuesta devastación de las zonas verdes, a manos (o pies) de la "horda de jóvenes" que avanzaba sobre la Ciudad Eterna. Uno de esos rótulos catastrofistas que, a veces, manejamos para luego suspirar aliviados al comprobar que todo quedó en una "pacífica invasión", que alegró el corazón de los romanos y respetó las zonas de esparcimiento de Roma.

      En esta misma línea, Joaquín Navarro-Valls, por entonces portavoz de la Santa Sede, describió los actos del hipódromo de Longchamp (París), como «un mayo del 68 al revés». Efectivamente, los jóvenes que acudieron a la Jornada Mundial de 1997 en París eran hijos de los indignados de aquel turbulento mayo. Una generación que creía en la lucha de clases, pero que no había abierto El Capital; feministas de segunda generación, que creían que los roles sexuales eran un engaño, pero que no habían leído a Simone de Beauvoir. Una generación que pretendió liberarse de la tradición y de todo poder establecido. Pasaron los años y la gran mayoría de esos indignados evolucionó hacia formas de darwinismo social no demasiado partidarias de repartir parte de sus ganancias con los más necesitados. Otros muchos, acabaron sacrificando casi todo en el altar de su profesión, mientras en el entorno se derrumbaban sus familias y su ética.

      La generación del milenio, que pronto bullirá por Madrid, no ha heredado muchas certezas de sus progenitores, pero ha desarrollado una visión nueva de las cosas, cierta flexibilidad de mente y una notable solidaridad. No es que sean mejores que sus padres, pero son menos dogmáticos y, desde luego, están más abiertos a nuevos horizontes.

      La European Values Survey es la encuesta más seria sobre la evolución de los valores de los europeos. Se ha hecho ya en cuatro oleadas: 1981, 1990, 1999 y 2005; la de 2011/2012 está cocinándose todavía. En general, de esos análisis se desprende que la nueva generación joven es más sensible a los problemas religiosos, aunque no por eso frecuenta más las iglesias. Entre los jóvenes sin religión se desarrolla una religiosidad autónoma, difusa, al margen del cristianismo. Entre los jóvenes creyentes se reafirma un cristianismo de convicción, que manifiesta sin complejos la fe.

      No es extraño que aquellos papas (Juan Pablo II y Benedicto XVI) que han salido al encuentro de este último segmento de jóvenes, hayan optado —en sucesivas Jornadas— por rendirles el honor de exigirles mucho. Precisamente porque saben que la juventud contempla con ironía los esfuerzos patéticos de aquellos adultos que, "dimitiendo de su condición", se dedican a elogiarles y enfangarlos en las arenas movedizas de la adulación.

      Los que llevan muchos años en la Universidad, contemplando una generación tras otra, saben a lo que me refiero. Es natural que, una encuesta realizada entre los que ya han asistido a alguna otra JMJ, arroje este dato: nueve de cada 10 sostienen que, lo que vivieron, hizo cambiar su vida "mucho o bastante". En varias JMJ se ha entrevistado a bastantes asistentes acerca de lo que estaban viendo. Las respuestas más habituales han sido: 1) Nadie (ningún profesor, ningún familiar, etcétera) me había hablado con la claridad y exigencia del Papa. 2) No sé si estaré a la altura ética de lo que nos pide. 3) Haga o no haga lo que dice, "ese señor" (por el Papa) tiene razón.

      Me da la impresión que esa masa de jóvenes que avanza hacia Madrid desea algo distinto del monótono mensaje de los ideólogos de turno —voyeurs insaciables de la para ellos obscena realidad— que sostienen que no hay bien ni mal: sólo una densa bruma que envuelve en relativismo moral acciones y personas. Probablemente, el Papa dirá exactamente lo contrario: frente a subjetivismo ético, hablará de verdades objetivas; frente a hedonismo consumista, insistirá en solidaridad y templanza; ante un horizonte cultural teñido de pesimismo, hará hincapié en la belleza de la verdad.

      En la JMJ del año 2000 en Roma —la segunda más numerosa en participantes (2,5 millones), tras la de Manila (cinco millones)— Indro Montanelli escribió un memorable artículo. La tesis del agnóstico e inteligente fundador de Il Giornale fue: «Esto que veo no lo explican ni la sociología, ni la psicología de masas ni la demografía. Yo no lo sé explicar desde mis categorías agnósticas. Habría quizá que entrar en el ámbito de la religión para comprender esto tan estupendo que yo contemplo, pero que no llego a entender».

      Este razonamiento apunta al centro mismo de lo que son estas Jornadas. El tema de fondo que mueve a esas multitudes de gente joven es la búsqueda del concepto de verdad. Es un itinerario inicialmente filosófico, que termina por ser un encuentro no con una cosa, sino con Alguien. Descubrir suavemente que las cosas son como Dios las ve. Fe y razón, sin confundirse, se interpelan de nuevo mutuamente.

      La importancia de esta nueva visita a Madrid de Benedicto XVI (tal vez la última que realice a España) radica en que, en esta ocasión, sus jóvenes interlocutores son una tierra especialmente ávida para absorber las pistas acerca de la verdad que vaya sembrando el Papa. Desde mi punto de vista, ya lo he dicho en otra ocasión, lo que se espera de la visita de Benedicto XVI es que disipe esa niebla de malestar, que se oculta tras la sociedad del bienestar. En una palabra, ayudar a recomponer ojos y corazones nuevos que superen la visión simplemente biológica del acontecer humano.

Rafael Navarro-Valls es catedrático de la UCM y académico de la Real de Jurisprudencia y LegislaciónEl Mundo/ Almudi

viernes, 12 de agosto de 2011

De Sidney 2008 a Madrid 2011

De Sidney 2008 a Madrid 2011
Para seguir a Cristo no hace falta ser personas extraordinarias ni perfectas, sólo se requiere ser personas que sepan amar a los demás y a Dios, que es Amor

      Doce preguntas al Dr. Ramiro Pellitero sobre lo que Benedicto XVI propuso a los jóvenes en la anterior Jornada Mundial de la Juventud (Sidney, agosto de 2008) acerca de la misión de los jóvenes en la Iglesia y en el mundo, y del papel del Espíritu Santo en todo esto.

1. ¿Puede resumir cuál es la idea principal del mensaje del Papa en Sidney?
El Papa dijo a los jóvenes que para seguir a Cristo no hace falta ser personas extraordinarias ni perfectas, sólo se requiere ser personas que sepan amar a los demás y a Dios, que es Amor. Y en la perspectiva cristiana, esto significa hacerse dóciles a la acción del Espíritu Santo, buscarle, conocerle, actuar con él. Por decirlo con la terminología de la película La Guerra de las Galaxias, con el Espíritu Santo se hace presente “el poder de la fuerza”, es decir el amor. 

2. ¿Qué dijo Benedicto XVI en Sydney durante los cuatro días que estuvo allí?
Expresó las paradojas de la situación actual (junto al asombro por la belleza del mundo creado, les confía la pena por las heridas de la tierra, que aparece destruida en amplias zonas, como consecuencia de un consumismo insaciable. Les muestra su dolor más aún por las heridas en la vida de las personas y en la sociedad: la violencia y la explotación sexual, el relativismo y la mentira, la confusión y la desesperación). 

Señaló que hoy se proponen falsos dioses que desvían de la verdad y destruyen el amor: el dios de los bienes materiales (la codicia, que aparta de los hambrientos y de los pobres), el amor posesivo (que no es amor sino manipulación) y el poder injusto (que lleva al dominio de los otros y a la explotación del medio ambiente natural). El Papa propone a los jóvenes un proyecto de vida que abre a una gran aventura, de amor y de servicio generoso: estamos ante la nueva era del Espíritu Santo, que puede ayudarnos a vencer todo eso, a condición de un amor entregado y auténtico.

3. ¿Cuál es el problema de la sociedad actual?
Benedicto XVI siempre se dirige a todos, y promueve una verdadera humanidad, que no acabe autodestruyéndose.
— A los no cristianos, y en general a los no creyentes, les anima a salir de sí mismos y abrirse al mundo del espíritu, a Dios, que nos da la verdadera dimensión de lo real. Sin Dios, no es posible la felicidad humana, ni un verdadero desarrollo ni un orden social justo.
— A los creyentes, y sobre todo a los cristianos, nos interpela para que seamos auténticos: que creamos de verdad en la luz y el amor del mundo, que vienen de Dios, y que actuemos en consecuencia, cada día. Esto es, que respetemos a la naturaleza y no la destruyamos; y que respetemos a cada persona, más aún que la amemos, porque ha sido querida por Dios.

4. ¿Cómo podemos superar la superficialidad, el consumismo insaciable...?
Esto se puede lograr, como han hecho muchos antes que nosotros, abriéndose a Dios y a los demás. Es decir, dejando de mirarnos a nosotros mismos, como único centro de nuestro horizonte vital, y dándonos cuenta de que las personas que están a nuestro lado nos necesitan, material y espiritualmente. Teniendo presente que no tenemos derecho a ser indiferentes y vivir de espaldas a los problemas de los que se cruzan en nuestro camino.
Creo que fue Terencio el que dijo lo que muchos después han repetido, también Antonio Machado: «Soy hombre y nada de lo humano me es ajeno». Un cristiano lo afirma con la convicción que da el mirar todo con los ojos de Cristo.
San Josemaría escribió: «No pases indiferente ante el dolor ajeno. Esa persona, un pariente, un amigo, un colega..., ése que no conoces es tu hermano» (Surco, 251).

5. ¿Qué tenemos que hacer para que reverdezca el desierto espiritual de nuestra sociedad?
Si somos cristianos, hemos de volver a empezar por conocer a Dios hasta compartir con Él nuestra existencia; y para ello, leer el Evangelio, adorar a Cristo oculto en el Sagrario, ser trabajadores o estudiantes competentes, proyectar la propia vida efectivamente como una aventura de servicio. No sólo a largo plazo, sino hoy, mañana: ¿qué hago yo, realmente, por los que me rodean? ¿por quién vivo, qué me mueve? ¿Cómo quiero emplear mi vida, el día de hoy?

6. ¿Quién es para mí el Espíritu Santo? ¿Cómo podemos reconocerlo?
El Espíritu Santo es la Persona divina que condensa, por así decirlo, el amor de Dios, y que nos lo comunica. Con el Padre y el Hijo, ha creado el mundo, ha inspirado las Escrituras, ha hecho posible la vida de Cristo y le ha acompañado siempre en su entrega por su Padre y por todos los hombres: le ha llevado a entregarse por nosotros en la Eucaristía, como adelanto de su Pasión. Y le ha acompañado con su fuerza divina para resucitar. Ahora el Espíritu Santo sigue actuando entre nosotros, para instaurar, a través de la Iglesia, una civilización del amor. Y cuenta con cada persona, comenzando por cada cristiano, porque nos da mucho y es lógico que no nos quedemos atrás. 

7. ¿Cómo podemos dejarnos renovar por el Espíritu Santo y crecer en nuestra vida espiritual?
El Espíritu Santo siempre nos lleva a Cristo, pero hay que hacerse capaz de vivir con Cristo, y para eso, decía antes, es necesaria la oración y también los sacramentos, sobre todo la Eucaristía y la Confesión de los pecados. Así ya tenemos más de la mitad del camino andado. Luego, poco a poco, hay que dejarse aconsejar por quienes pueden hacerlo, en la dirección espiritual. Y sentirse realmente responsables de la misión de la Iglesia en todo el mundo; porque la vida espiritual no se puede entender como un “espiritualismo”, es decir, un encerrarse en uno mismo buscando ser “perfecto”. Dios no necesita personas perfectas, sino personas que sean humildes y capaces de entregarse para que Él haga cosas grandes con nuestro granito de arena. Así será posible la “nueva era” de que hablaba el Papa en Sidney.

8. ¿Qué sucede si nos olvidamos del Espíritu Santo?
Pues que no acabamos de comprender quién es Dios y cómo Él ha querido salvarnos, es decir, hacernos felices ya en esta tierra, y definitivamente en el Cielo. Y tampoco acabaríamos de comprender quien es Cristo y qué nos pide a cada uno. 

9. ¿Existe cierta analogía en la necesidad que tuvieron los apóstoles, una vez muere Cristo, de que aparezca el Espíritu Santo, con la necesidad de que vuelva a renovar a la sociedad actual carente de valores, superficial y con tendencia al laicismo?
Efectivamente, así se puede ver. Sólo que el Espíritu Santo ya estaba con los apóstoles cuando estaba Cristo. A partir de Pentecostés, el Espíritu Santo comenzó a actuar de modo nuevo, por medio de la Iglesia (por ejemplo asistiendo al Papa y a los Obispos, y a cada cristiano en las tareas que nos corresponden), y al mismo tiempo desde dentro del corazón de cada cristiano, en lo que llamamos la vida de la gracia. 

10. ¿Al igual que el Espíritu Santo renovó interiormente a los Apóstoles, es necesario que renueve a la sociedad actual?
Eso es lo que pedimos siempre en la liturgia de la Iglesia: que no cese de actuar, que nos renueve, que cambie nuestro corazón de piedra por un corazón de carne, que nos haga como un injerto o un verdadero trasplante de nuestro corazón por uno más capaz de amar, que es el de Jesucristo. Sí: hoy necesitamos una especial renovación, para poder dar a nuestro mundo el “alma” que necesita.

11. ¿Cuál es nuestra misión como cristianos que somos?
Como predicaba San Josemaría, lo más importante es que seamos santos, para santificar lo que nos rodea y ayudar a los demás a que lo sean. El Concilio Vaticano II proclamó solemnemente la llamada universal a la santidad. Ahora el Papa viene a decirnos que los verdaderos reformadores del mundo son los santos, porque son los que se abren al amor de Dios y de los demás; no en teoría, sino en concreto, en lo de cada día: siendo buenos padres o madres de familia, buenos hijos, buenos amigos; viviendo las obras de misericordia con los más necesitados; sintiendo la responsabilidad por todos en lo pequeño que nos toca hacer. 

12. ¿Cómo podemos contribuir para que los frutos del Espíritu inunden este mundo herido y frágil?
A Benedicto XVI le gusta mucho hablar de dar un gran “sí” a Dios con nuestra vida, aunque pensemos que somos poca cosa (y lo somos, como un pequeño grano de mostaza o de levadura). Pero con la ayuda del Espíritu Santo podemos hacer que nuestro pequeño granito se convierta en un pan que alimente a mucha gente. Que los alimente en el cuerpo (por nuestro trabajo y nuestra solidaridad: el Papa ha recordado que hemos de ser sensibles a la pobreza y al hambre de mucha gente) y también que los alimente en el espíritu (al comprobar que somos alegres y coherentes). Para eso necesitan ver que nuestra fe no es una teoría, sino una luz y una fuerza que nos impulsa a cambiar las cosas que hay que cambiar, empezando cada uno por sí mismo.
Ramiro Pellitero
Unav.es (Entrevista realizada en 98.3 Radio-Universidad de Navarra)

jueves, 11 de agosto de 2011

Jóvenes con el Papa

Jóvenes con el Papa


VIDEO: Los jóvenes te esperamos!!! New video of World Youth Day Madrid 2011
No perdamos el tiempo en el debate sobre algunas críticas sesgadas de los que se molestan ante iniciativas de la Iglesia con amplio respaldo, sino en sacar consecuencias de cuánto van a vivir los jóvenes con el Papa

      El Papa estará en Madrid del 18 al 21 de agosto, en los actos centrales de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Cientos de miles de jóvenes, llegados de los cinco continentes, van a asistir en pleno agosto a esta iniciativa de Juan Pablo II, que ha continuado su sucesor, Benedicto XVI.

      Probablemente no es muy conocido el origen de las JMJ. Juan Pablo II se volcó con los jóvenes, desde sus años de sacerdote, y por supuesto siendo Papa: en toda institución, hablar de jóvenes es hablar de futuro, de vida actual. Juan Pablo II fue pionero como Papa en muchos aspectos, y de modo especial quiso llegar a sectores donde la Iglesia Católica parecía llegar con dificultades crecientes e incluso arraigadas, y que eran sectores donde andaba en juego el futuro de la Iglesia, la práctica religiosa, el resurgir de las vocaciones.

      Así se puede entender el desvelo de Juan Pablo II por la familia, por los jóvenes, por los medios de comunicación: había que recuperar y estar presente en la sociedad de la información, en la vida familiar y en los ideales de los jóvenes.

      Juan Pablo II tenía planes en la cabeza, y los ponía en marcha con aparente prisa. La prisa le venía de lejos, pero esperaba el momento oportuno. Y cuando la ONU declaró 1985 como Año Internacional de la Juventud, vio que era el momento de que la Iglesia Católica organizara algo para dar respuestas a los jóvenes en la vida espiritual, en el ámbito de la fe católica. La Iglesia no debía quedarse al margen, quería ser un sumando y una oferta para los jóvenes. 

      Cientos de miles de jóvenes ya están llegando a España y llevan meses preparándose, muchos de ellos como voluntarios. Cambian otro tipo de vacaciones o viajes por estar con el Papa en Madrid. Se sorprenden de algunas críticas sesgadas —son los que se molestan ante iniciativas de la Iglesia con amplio respaldo— por el coste económico de la JMJ, cuando es conocido que el 70% lo cubren los participantes y el 30% empresas o instituciones patrocinadoras, adjudicando los gastos mediante concurso público de proveedores y con unos 100 millones de euros que se estima de beneficio, también para el Estado. No perdamos el tiempo en ese debate, sino en sacar consecuencias de cuánto van a vivir los jóvenes con el Papa.

Javier Arnal
El Mundo (Castellón)

miércoles, 10 de agosto de 2011

Brilla una estrella en Madrid


Brilla una estrella en Madrid
”La estrella no soy yo”, advierte el Papa: "Yo soy solamente vicario. Remito al Otro que está en medio de nosotros"

      La preparación de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, en la que intervendrá Benedicto XVI, ha entrado a su última y más febril fase.
      Pero se hacen vivas también las preguntas del porqué de semejantes encuentros de jóvenes con el Papa.

      Ya con el cambio de pontificado muchos habían pensado y dicho que dichas Jornadas eran más adecuadas a Juan Pablo II que a su sucesor.

      Pero Benedicto XVI no las ha interrumpido. Ni ha renunciado a ir a ellas. La de Madrid será ya la tercera Jornada Mundial de la Juventud en la que participa, después de la de Colonia en el 2005 y la de Sydney en el 2008. 

      Más aún, no ha dejado de introducir en ellas novedades. Desde Colonia en adelante la adoración silenciosa y prolongada de la eucaristía. Y en Madrid la confesión sacramental de algunos jóvenes, por parte del Papa en persona.

      De cualquier forma las objeciones no han desaparecido del todo. También en el terreno católico siguen siendo numerosos los escépticos. Consideran que las Jornadas Mundiales de la Juventud son "una especie de festival de rock modificado en sentido eclesial con el Papa como estrella", o "un gran espectáculo, bonito, pero de poca importancia para la pregunta sobre la fe".
      Benedicto XVI nunca ha evitado estas objeciones. Tanto es así que las citas textuales de arriba son suyas. Su estilo es sintetizar las críticas para luego responderlas.

      Lo ha hecho luego de la Jornada Mundial de la Juventud en Sydney, en el discurso que ha dado a la curia romana con ocasión de la Navidad del 2008. 

      Aparte de Australia, ese año el Papa Joseph Ratzinger había viajado a los Estados Unidos y a Francia. Aquí, en París, en el Collège des Bernardins, había tenido el 12 de setiembre el discurso quizá más importante de su pontificado, junto al de Ratisbona.

      Pues bien, reflexionando sobre sus viajes en el discurso a la curia romana, el Papa dijo que su «verdadero sentido» es uno solo: «servir la presencia de Dios en el momento actual de la historia». En los viajes papales, en efecto, «la Iglesia se hace perceptible públicamente, y con ella también la fe y por eso al menos la cuestión sobre Dios. Esta manifestación pública de la fe constituye un reclamo para todos los que tratan de comprender el tiempo presente y las fuerzas que actúan en él».

      E inmediatamente después de estas consideraciones, explicó cómo ve él las Jornadas Mundiales de la Juventud.
      Era la primera vez que reflexionaba sobre ellas así tan a fondo y con palabras tan directas. 

      Para entender con qué espíritu el Papa Benedicto irá a Madrid, no queda sino volverlo a escuchar:
Una alegría que no se puede comparar con el éxtasis de un festival rock
      «[...] El fenómeno de las Jornadas Mundiales de la Juventud se hace cada vez más objeto de análisis, con el fin de comprender esta especie de cultura juvenil, por decirlo así.
      Nunca antes, ni siquiera con ocasión de las Olimpiadas, Australia había visto tanta gente de todos los continentes como durante la Jornada Mundial de la Juventud. Y si antes se temía que la presencia de tantos miles de jóvenes pudiera implicar alguna alteración del orden público, paralizar el tráfico, obstaculizar la vida diaria, provocar violencia y dar espacio a la droga, todo eso se demostró infundado.
      Fue una fiesta de alegría, una alegría que al final invadió también a los reacios: al final nadie se sintió molestado. Las jornadas se transformaron en una fiesta para todos; más aún, sólo entonces se cayó verdaderamente en la cuenta de lo que es en realidad una fiesta: un acontecimiento en el que todos, por decirlo así, salen de sí mismos, van más allá de sí mismos y precisamente así están consigo y con los demás.
      Así pues, ¿cuál es la naturaleza de lo que sucede en una Jornada mundial de la juventud? ¿Cuáles son las fuerzas que actúan en ella? Algunos análisis que están de moda tienden a considerar estas jornadas como una variante de la cultura juvenil moderna, como una especie de festival rock modificado en sentido eclesial con el Papa como estrella. Con fe o sin fe, en el fondo estos festivales serían siempre lo mismo; y así se piensa dejar de lado la cuestión sobre Dios. También hay voces católicas que van en esta dirección, considerando todo ello como un gran espectáculo que, aunque sea hermoso, sería de poco significado para la cuestión sobre la fe y sobre la presencia del Evangelio en nuestro tiempo. Serían momentos de un éxtasis festivo, pero que en fin de cuentas luego dejarían todo como estaba antes, sin influir profundamente en la vida.
      De ese modo, sin embargo, la peculiaridad de estas Jornadas y el carácter particular de su alegría, de su fuerza creadora de comunión, no encuentran ninguna explicación.
      Ante todo, es importante tener en cuenta el hecho de que las Jornadas mundiales de la juventud no consisten sólo en la única semana en que se hacen visibles públicamente al mundo. Hay un largo camino exterior e interior que lleva a ellas. La cruz, acompañada por la imagen de la Madre del Señor, realiza una peregrinación a través de los países. La fe, a su modo, necesita ver y tocar. El encuentro con la cruz, que es tocada y llevada, se transforma en un encuentro interior con Aquel que en la cruz murió por nosotros. El encuentro con la cruz suscita en lo más íntimo de los jóvenes el recuerdo del Dios que quiso hacerse hombre y sufrir con nosotros. Y vemos a la mujer que él nos dio como Madre.
      Las Jornadas solemnes son sólo la culminación de un largo camino, en el que se encuentran unos con otros, y juntos se encuentran con Cristo.
      En Australia, no por casualidad, el largo vía crucis a través de la ciudad se convirtió en el acontecimiento culminante de esas jornadas. Ese vía crucis resumía una vez más todo lo que había acontecido en los años anteriores e indicaba a Aquel que nos reúne a todos: el Dios que nos ama hasta la cruz. Asimismo, el Papa no es la estrella en torno a la cual gira todo. Es totalmente y sólo vicario. Remite a Otro que está en medio de nosotros.
      Por último, la liturgia solemne es el centro de todo el conjunto, porque en ella acontece lo que nosotros no podemos realizar y que, sin embargo, siempre esperamos. Él está presente. Él entra en medio de nosotros. Se ha rasgado el cielo y esto hace luminosa la tierra. Esto es lo que hace alegre y abierta la vida, y une a unos y otros en una alegría que no se puede comparar con el éxtasis de un festival rock. Friedrich Nietzsche dijo en cierta ocasión: "El arte no consiste en organizar una fiesta, sino en encontrar personas capaces de alegrarse en ella". Según la Escritura, la alegría es fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5, 22). Este fruto se pudo constatar abundantemente en los días de Sydney.
      Del mismo modo que un largo camino precede a las Jornadas mundiales de la juventud, así también de ellas deriva el camino sucesivo. Se hacen amistades que estimulan a un estilo de vida diverso y lo sostienen desde dentro. Las grandes Jornadas tienen también como finalidad suscitar esas amistades y hacer que de este modo surjan en el mundo lugares de vida en la fe, que son a la vez lugares de esperanza y de caridad vivida. [...]». (Discurso a la Curia Romana, el 22.XII.2008)

Sandro Magisterchiesa.espresso.repubblica.it

martes, 9 de agosto de 2011

Benedicto XVI y los jóvenes

Benedicto XVI y los jóvenes
La eucaristía en la vida cristiana es uno de los ejes centrales de su Pontificado. Interesante artículo del Dr. Blanco, biógrafo del Papa

      Me encuentro en Sudamérica impartiendo unos cursos también sobre Joseph Ratzinger —Benedicto XVI—. Puedo ver todo tipo de movimientos y tendencias, sectas y teología de la liberación, pobreza y consumismo (son compatibles, aunque no nos lo parezca). Pero, sobre todo, puedo ver mucha juventud. Es casi como una explosión, que se advierte cuando se viene de un Viejo Continente. Esto sí que es una continua jornada mundial de la juventud. No en vano, es este el continente del futuro y la esperanza. Aquí me encuentro con muchos jóvenes que me preguntan interesados por las ideas y el Pontificado del Papa alemán. No entran a las polémicas de "los mayores" o los viejos liberacionistas.

      Frente a la imagen negativa presente en algunos medios de comunicación, ven a Benedicto XVI sin complejos: como un Papa para la posmodernidad, para la juventud y el futuro. Ven las cosas tal vez de otro modo. Por ejemplo: aquí los medios de comunicación no han presentado a Anders Breivik, el "monstruo de Oslo", como un cristiano fundamentalista. No les cuadra. No lo pueden considerar como un cristiano. En el potaje de ideas del homicida que ha aparecido en Internet (donde había templarios, defensa del aborto y ataques a Benedicto XVI), no han reconocido ninguna filiación cristiana. Existe aquí una sencillez y un sentido común que a veces hemos perdido en otros lugares. Nos creemos que la Iglesia o el mundo es sólo Europa, o la visión que tenemos de ella.

      Los jóvenes de estos países jóvenes quieren a Benedicto, a pesar de que no sepan mucho de teología alemana. Sienten y experimentan una especial simpatía hacia él. Se dan cuenta de que es muy distinto del Juan Pablo II del que les hablan sus padres. Benedicto no tiene la simpatía arrolladora ni la capacidad escénica que tenía su predecesor. Pero, cuando lo leen o escuchan, experimentan un instintivo movimiento de sintonía, empatía, cercanía. Ven que es un Papa para el hoy que habla de amor y verdad, de Jesucristo, de la Iglesia como su cuerpo y esposa, de adoración y respeto a la creación y al medio ambiente. Que habla con belleza y claridad. Le parece importante en esta sociedad posmoderna y algo esteticista, y a la vez quiere reconducirla a la belleza de Jesucristo, "el más hermoso entre los hijos de los hombres", como reza el salmo.

      Esto lo entienden los jóvenes. Pero, como Juan Pablo II, les habla claro y duro. No los adula ni les teme. Les admira por su juventud, pero tiene hacia ellos la mirada de padre, de profesor, casi de maestro. Sabe lo que tienen y lo que les falta. Benedicto XVI se da cuenta también de que, ante un foro tan numeroso y bien dispuesto como el de la JMJ, cualquier gesto puede convertirse en una catequesis. Por eso ha anunciado su intención de participar en la Fiesta del Perdón del Retiro. Va a confesar él mismo a algunas personas. Este gesto ha impresionado.

      Según las noticias que llegan, se instalarán cientos de confesionarios, dando al parque madrileño un uso distinto y revolucionario. El precedente está en la JMJ de 2000, cuando el Circo Máximo romano se convirtió en un inmenso confesionódromo. Después de la confesión se quemaba un poco de incienso: los pecados se convertían en gracia.

      Frente a los ataques a la Iglesia con motivo de los casos de pederastia y otros escándalos, el Papa repite que la Iglesia necesita purificación (incluso de los críticos). De allí lo de los confesionarios. La operación Limpieza ha empezado en la Iglesia. Además, serán de fabricación nacional. "Ávila exporta confesionarios de vanguardia para la visita del Papa", reza un periódico digital. Y explicaba la noticia cómo un ebanista abulense ha construido 200 confesionarios para la ocasión. Tienen un diseño vanguardista en color blanco, que recuerda a una aeronave por sus dinámicas formas. Los confesionarios espaciales se instalarán en el Paseo de Coches una semana antes de las jornadas, y serán atendidos por cualquier sacerdote que lo solicite. Hasta ahora se han inscrito 2.000, pero las listas están abiertas. Los organizadores afirman que los confesionarios se reciclarán después de este bautismo de fuego para diversos usos.

      La ecología —interior y exterior— es, por tanto, importante. Pero aún hay más. Como en Colonia en 2005, el Papa quiere aprovechar la ocasión para subrayar la importancia de la eucaristía en la vida cristiana. Es uno de los ejes centrales de su Pontificado. Para esto, se instalarán 17 carpas de adoración eucarística permanente en la explanada de Cuatro Vientos, durante la noche que la mayor parte de los jóvenes pasará allí. Va a ser aquella la más auténtica Movida madrileña. A los actos de catequesis y adoración hay que añadir toda una serie de eventos lúdicos o culturales: conciertos, exposiciones, proyecciones, obras de teatro... Y un vía crucis monumental. Servirán para acompañar sin difuminar los eventos principales. El arte, la belleza y la juventud son hermanos. Y en esto el Papa está también de acuerdo con los jóvenes.

Pablo Blanco Sarto es biógrafo del Pontífice, autor de Benedicto XVI, el Papa alemán

lunes, 8 de agosto de 2011

‘El Papa da una gran importancia a esta cita en España’

‘El Papa da una gran importancia a esta cita en España’
El cardenal Stanislaw Rylko, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos y máximo responsable de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), asegura que «la Iglesia quiere dialogar en profundidad con las nuevas generaciones»

      El cardenal Stanislaw Rylko, de 66 años, es un hombre tranquilo y sonriente que desempeña una tarea clave en la Curia vaticana. Como presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, es el superior jerárquico de más de 150 movimientos y nuevas comunidades, algunas muy recientes, que llevan a cabo buena parte de la evangelización en el mundo contemporáneo.
      Es, además, el responsable de las Jornadas Mundiales de la Juventud, que ha visto nacer de la mano de su amigo y padre espiritual Karol Wojtyla, quien le acogió en el seminario de Cracovia en 1963 y le ordenó sacerdote en 1969.
      Juan Pablo II le llamó a Roma en 1987 para organizar las Jornadas Mundiales de la Juventud: Santiago de Compostela (1989), Czestochowa (1991), Denver (1993)… Desde entonces ha sido un colaborador directísimo de Juan Pablo II tanto en la secretaría de Estado como en el Pontificio Consejo para los Laicos, que preside desde el 2003. Ha sido, pues, el máximo responsable de las JMJ de Colonia (2005), Sydney (2008) y, naturalmente, de la de Madrid.
Eminencia, esta ‘JMJ’ es la más conocida mundialmente a través de redes sociales, páginas Web, etc.
Sí. Las JMJ se han vuelto parte integrante de la vida de la Iglesia. Al mismo tiempo, estos encuentros con el sucesor de Pedro atraen la atención mundial porque son un gran signo de esperanza, no sólo para la Iglesia sino para el mundo entero.
¿Qué espera el Papa de la ‘JMJ’ de Madrid?
Benedicto XVI da una gran importancia a esta cita en España, es decir, en Europa. En su mensaje de convocatoria el Papa decía que Europa necesita redescubrir sus raíces cristianas y necesita el testimonio de la fe de los jóvenes: una fe llena de entusiasmo frente a los desafíos de la secularización y del laicismo.
¿Cómo se ha preparado el Santo Padre?
El Santo Padre es un maestro de la fe y también un maestro de la Palabra, por eso da tanta importancia a los discursos y homilías que pronunciará en Madrid. A mí me impresiona su capacidad de comunicar con los jóvenes, en parte gracias a su larga experiencia como profesor. En cuando al mensaje, recordaré lo que dijo antes de su primera JMJ en Colonia: «Quisiera convencer a estos jóvenes de que ser cristiano es algo muy hermoso». Creo que esto será también su objetivo en Madrid.
El Papa volvió feliz de Colonia en el 2005 y de Sydney en el 2008. ¿Puede Madrid superar esos éxitos?
¡Las JMJ no son competiciones deportivas entre unas y otras! Es algo mucho más serio y más profundo. Están pensadas como instrumento de evangelización. La Iglesia piensa en todos los jóvenes del mundo pero, al mismo tiempo, en cada uno de los participantes. La JMJ se desarrolla en el corazón de cada joven que participa. Es en esa intimidad interior donde se produce el éxito o el fracaso.
¿Se puede esperar que el encuentro de Madrid ayude también a los españoles que ya no son jóvenes?
Las JMJ son un regalo para los jóvenes pero también para toda la Iglesia, que muestra al mundo su rostro juvenil. De cada JMJ se benefician los jóvenes pero también toda la sociedad pues permite ver que los jóvenes de hoy no son tan sólo los que salen en la prensa por motivos penosos como la violencia o la alienación. Hay muchos jóvenes que buscan el sentido más profundo de la vida, y que están dispuestos servir a los demás por amor a Jesucristo.
Usted es el máximo experto en las ‘JMJ’ como organizador de las de Santiago de Compostela (1989), Czestochowa (1991), Denver (1993), y supervisor de las presididas por Benedicto XVI. ¿Cómo ha ido la preparación de la de Madrid?
La colaboración con el comité organizador de Madrid ha sido excelente. Esto se debe a que España organizó ya una JMJ hace veinte años y a que el cardenal Rouco, que nos acoge ahora, era precisamente arzobispo de Santiago de Compostela en 1989. Le conozco desde entonces. El buen entendimiento y el entusiasmo han sido compartidos al cien por cien.
En su carta de convocatoria del 6 de agosto del 2010, el Papa recuerda su propia vocación sacerdotal y también sus dudas en los tiempos difíciles de la guerra. ¿Está invitando a reflexionar sobre una posible vocación?
Me parece que sí. Cada JMJ tiene una fuerte dimensión vocacional pues invita a los jóvenes a ver su vida como un don que reciben del Señor. Es lógico que en este encuentro se plantee la cuestión de "¿Qué quiere el Señor que yo haga de mi vida?". Muchos jóvenes encuentran el momento oportuno para decidirse, ya sea por el sacerdocio, la vida consagrada o el matrimonio cristiano. Muchos matrimonios jóvenes me han dicho: «Nuestra boda y nuestra familia es fruto de la ‘JMJ’». En Sidney, una ministra del Gobierno australiano me dijo: «Yo soy americana pero conocí a mi marido, que es australiano, precisamente en Czestochowa. Y así hemos creado un matrimonio cristiano y una hermosa familia».
Hay una novedad en Madrid. El Papa irá al Parque del Retiro a confesar…
Es un gesto muy significativo. Desde la JMJ de Roma hemos descubierto la importancia de la reconciliación sacramental. La JMJ invita a un cambio de vida y esa conversión recibe la forma sacramental en el sacramento de la Reconciliación, insuficientemente valorado en el mundo occidental.
Hay también otra primicia: el encuentro del Papa con los profesores jóvenes…
Esto responde al interés del Santo Padre por mostrar la armonía entre fe y razón, un gran desafío en nuestra época. El testimonio de estos jóvenes investigadores que viven su fe en plena sintonía con su investigación científica ofrece un mensaje muy fuerte a la cultura postmoderna, que a veces excluye la fe por motivos "científicos".
¿Qué significa el encuentro con los discapacitados?
Es un momento muy importante. Queremos llevar nuestro mensaje de esperanza a todos los jóvenes, incluidos los enfermos y los discapacitados. Por eso cada JMJ les dedica un encuentro para que se sientan parte de este bellísimo mundo de la juventud cristiana.
Juan Pablo II, el "inventor" de estas Jornadas vuelve ahora como patrono...
Vuelve de una forma nueva: como intercesor celestial, como patrono. La JMJ responde a tres apuestas de Juan Pablo II que han sido proféticas para la Iglesia. Apostó por los jóvenes, cuando muchos desconfiaban. Apostó por los grandes encuentros cuando algunos los consideraban demasiado "triunfalistas". Y apostó por poner la Cruz en el centro de la JMJ, yendo a contracorriente de la cultura contemporánea, que detesta la exigencia. Juan Pablo II decía: «Yo soy amigo de los jóvenes, pero soy un amigo exigente». A los jóvenes les gusta que les desafíen.

ABC (Entrevista de Juan Vicente Boo)

ALMUDÍ