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sábado, 24 de junio de 2023

Retorno a la religión, pero… ¿a la religión verdadera? Claves del nuevo secularismo


«Los intentos de desarraigar al hombre de sus creencias religiosas, de anular o apagar su sed de trascendencia, no han surtido efecto o, al menos, no en el grado esperado»

Después de la deriva secularista de los últimos siglos, algunos pensadores vaticinan una vuelta a la experiencia religiosa. Sin embargo, sus planteamientos parecen entrar en conflicto con la idea de que pueda haber una religión que esté en lo cierto y otras que se equivoquen.

lunes, 15 de mayo de 2023

¿Qué estamos buscando?


Pasamos de dar culto al Dios verdadero a postrarnos ante pequeños ídolos, que los inquisidores modernos, adoran y nos imponen

Con la cercanía de las elecciones entramos en campaña. El alcalde de Valencia, que el fin de semana pasado estuvo en los actos del Centenario de la Coronación de la Virgen de los Desamparados, ha querido dar “una de cal y otra de arena” y ha presidido un bautismo laico.

martes, 13 de agosto de 2019

Leves reflexiones acerca de las respuestas a la secularización de Occidente

La evolución del lenguaje no deja de tener su misterio. Los términos carecen de la precisión de los números. En una misma palabra conviven significados antagónicos contradictorios: en el castellano clásico se podría describir viciosa a una ciudad amena, tranquila, plena de belleza; en cierto modo, pervive en la expresión “estar de vicio” respecto de algo que se considera envidiable.

viernes, 26 de abril de 2019

La política como religión


El laicismo desea un espacio público sin Dios. Pero aparcar las creencias religiosas no impide la proliferación de nuevos cultos y nuevas ortodoxias –esta vez, de cuño laico– que aspiran a llenar ese vacío con sus mensajes de redención.


Con la secularización de Occidente, la fe en el progreso –la confianza en que la humanidad camina inexorablemente hacia un futuro mejor– se ha convertido en un sustituto de la religión como fuente de sentido. El progreso incluye la mejora de las condiciones materiales de vida. Y también el avance moral, que el humanismo laico tiende a identificar con la difusión de unas ideas a las que atribuye poder salvífico.

sábado, 26 de noviembre de 2016

¿Te atreves a nadar a contracorriente?

Todos queremos −necesitamos− sentirnos integrados, acogidos, queridos; pero no a cualquier precio.
Que sí, que a casi todo el mundo nos da cosa.
Sí, hombre, sí: lo de decir que el rey va desnudo. Por más que sea verdad.
Esto no viene de hoy. Ni ocurre solo aquí; que el cuento de El traje nuevo del emperador se publicó allá por 1837 y… en Dinamarca.
Aunque a veces te dé cosa, hoy quiero animarte a que seas tú mismo; a que no te calles. Más aún: a que −cuando proceda− hables con la espontaneidad y el desparpajo del niño de aquella historia. El único entre el público que soltó esa verdad que tantos conocían.

martes, 21 de julio de 2015

El sucedáneo de la religión y sus mandamientos ¿democráticos?

En el momento histórico en el que gozamos de un mayor acceso a cualquier tipo de información, se ha hecho tarea indispensable recuperar la capacidad de juicio
El cristianismo está pasado de moda. La Verdad promulgada por Cristo no cabe en una sociedad con mecanismos democráticos. La única instancia de autoridad moral es la legislación promulgada por un parlamento. La Iglesia debe renunciar a sus intentos de adoctrinamiento social y recluirse en las sacristías. Por extensión, el cristiano que en el siglo XXI siga empeñado en confesar su fe no debería manifestarla más allá del zaguán de su casa.
Ejercer un cargo político y ser al mismo tiempo coherente con un credo son realidades incompatibles. No se debe contradecir al poder: la única religión posible es la obediencia al omnipotente Estado. Todo aquel que piense por libre, que busque seguir la luz de su conciencia, debe ser condenado al desprecio, por apestado social e intolerante. Esta lista de tópicos que encadenan el juicio crítico de nuestra sociedad podría enriquecerse con más matices, pero sirve como diagnóstico del panorama intelectual en el que vivimos.

miércoles, 27 de mayo de 2015

La influencia de la ‘religión’ en la vida pública

Es preciso situar con claridad en qué consiste esa ‘influencia’ de la religión en la vida de la sociedad
Cuando algunas personas consideraban que el asunto ya estaba resuelto con la “laicidad” del Estado, y el “secularismo” reinante, cerebros sin duda inteligentes, entre otros, los de Jurgen HabermasCharles TaylorJudith Butler,Cornel West, dedican esfuerzos considerables para llegar a comprender “que la fe necesita a la razón, y que la razón necesita a la Fe”.
“La ceguera a la dimensión espiritual de la vida humana nos hace incapaces de explorar cuestiones que son vitales para nosotros. O, por decirlo de modo positivo: recuperar lo espiritual abre horizontes en los que se torna posible hacer descubrimientos importantes e incluso emocionantes” (Taylor).
Para seguir adelante con esas consideraciones en un clima sereno y abierto a descubrir esos nuevos horizontes enriquecedores, es preciso situar con claridad en qué consiste esa “influencia” de la religión en la vida de la sociedad.
Que dos “monjas” se dediquen a hacer pequeños mítines político-sociales, o como quiera llamárseles, nada tiene que ver, obviamente, con esa “influencia”. Esos gestos no pasan de ser pequeños espectáculos ridículos, que la autoridad competente haría muy bien en evitar al público.

miércoles, 1 de junio de 2011

¿QUÉ SE PUEDE HACER ANTE LA INGENIERÍA SOCIAL DEL GOBIERNO SOCIALISTA?

¿Y qué podemos hacer?


La realidad es la que es y es lógico que se quieran soluciones inmediatas, claras, eficaces, contundentes, pero eso, hoy por hoy, no es posible
  
      Hace poco me preguntaban en la radio sobre la situación de dos estudiantes a quienes no se les permite pasar a primero de bachiller por no haber cursado Educación para la Ciudadanía. Di mi opinión jurídica y también la extrajurídica. Expuse lo que se presenta, con toda seguridad, como un duro y difícil camino de recursos, impugnaciones... pleitos en definitiva y de resultado incierto, lo que aumenta el desasosiego. En lo extrajurídico hice una serie de consideraciones acerca de cómo podría haberse evitado llegar a esta situación. 

      Muy mal debí de presentar el panorama porque el entrevistador, llevado del inevitable, me reclamaba soluciones ya, inmediatas. De mis palabras deducía —así lo dijo— cierta melancolía, es decir, ese dolor, esa tristeza, estéril ante lo que debió ser y no fue. Lo negué. La realidad es la que es y es lógico que se quieran soluciones inmediatas, claras, eficaces, contundentes, pero eso, hoy por hoy, no es posible. Al día de la fecha este panorama sólo puede clarificarse de la mano de lo que digan dos tribunales, el Constitucional y el de Estrasburgo, o que llegue un cambio de gobierno que mande al trastero todo el andamiaje jurídico que regula esa asignatura. 

      En otra ocasión me ocurrió exactamente lo mismo y en ese caso al interlocutor le sugerí un ejemplo, un ejemplo bélico. Le dije más o menos que en 1940, con casi toda Europa ocupada por los nazis, muchos se preguntarían: ¿Qué podemos hacer? No parecía que Hitler fuese a morir, ni que el Tercer Reich se resquebrajase; alguno podría desear que todos los jerarcas nazis tomasen un avión que acabase desapareciendo en medio de una tormenta. Pero no. Hitler murió unos días antes de la capitulación y los jerarcas o se suicidaron en esos días, o acabaron en el patíbulo, o en la cárcel meses, o años después. Ante una Europa ocupada no existían esas soluciones inmediatas, claras, eficaces, contundentes que me reclamaba el entrevistador; la única solución la dio Churchill en ese famoso discurso: "Sangre, sudor y lágrimas"; triple receta que fue cuádruple pues suele olvidarse que añadió "esfuerzo". Fue en 1940 ante la Cámara de los Comunes, cuando todo era derrota. Estaba todo por ganar y se ganó. 

      Algo parecido ocurre con esas chicas que pueden verse obligadas a repetir y no por haraganear, sino por ejercer un derecho fundamental. Y quien dice esto dice otras situaciones creadas en los últimos años: por ejemplo, ¿qué hacer con la ley del aborto? ¿Y con la de los matrimonios homosexuales? ¿Y con la ley tal o cual?; o en otros aspectos, ¿qué hacer con un Ministerio Fiscal gubernamentalizado? ¿Y con una Justicia ineficaz? Lo deseable serían cambios rápidos, o algo parecido a lo que se hizo en la Segunda República, que en sus primeros momentos revisó toda la obra legislativa de la Dictadura de Primo de Rivera. No sé si llegará, si un cambio de mayoría parlamentaria llevará a revisar la obra legislativa de las últimas legislaturas; habría que hacerlo y exigirlo, pues hay normas que son insalvables en su totalidad y otras que requieren un repaso a conciencia para eliminar innovaciones dañinas y cegar así ciertos focos de los que emana una contaminación persistente. 

      Afortunadamente esas familias no están solas. Si algo hay que agradecer a nuestros actuales gobernantes es que hayan conseguido que vaya cayendo el tópico de que somos un país acomodaticio. Poco a poco va cuajando una masa de pensamiento crítico y mucha gente va despertando. Han logrado que se sienta inquietud ante lo que pasa y nos rodea. Pienso en la situación que había hace unos quince años —por poner una referencia temporal— y creo que no exagero al afirmar que esa anhelada sociedad civil, de la que tanto se habla, va tomando cuerpo. Gracias a esa sociedad, civil esos padres tienen asesoramiento, apoyo y medios, luego no pelean en solitario. 

      Desde luego que aún queda mucho camino por delante hasta que en España se pueda hablar de una sociedad despierta, atenta, crítica y exigente —eso es una sociedad civil—, pero arrastramos una idiosincrasia y algo debe significar que, a diferencia de otros países, en nuestro solar hayan florecido o florezcan dictaduras o actitudes poco amigas de las libertades reales, o que se haya convivido con tanto intervencionismo en lo social y en lo económico. Por lo tanto, nada de melancolías: es que estamos empezando a ir por un camino no precisamente corto.

José Luis Requero (Magistrado) Alacet.org (*) / Almudí

lunes, 30 de mayo de 2011

UN PROYECTO DE INGENIERÍA SOCIAL

   Quizá no exista un síntoma más rotundo de que un gobierno se desliza por la pendiente que conduce al totalitarismo que su pretensión de erigirse en autoridad espiritual: La naturaleza del proyecto socialista consiste en la transformación moral radical de la sociedad.

       El anuncio de Rodríguez Zapatero de que no se presentará a la reelección como candidato de su partido a la presidencia del Gobierno y su desastre electoral no despejan las dudas sobre la continuidad de su proyecto político, al menos hasta la convocatoria de elecciones generales. Ahora de lo que se trata es de si el PSOE persiste o no en él.

      Varias han sido y son las interpretaciones sobre la empresa política y la índole intelectual y moral, valga la exageración, de Zapatero. Entre ellas, el "buenismo", el "pensamiento Alicia", la improvisación permanente, la ausencia de proyecto, la ingenuidad utópica. Algunas aciertan, pero solo en parte. En realidad, sea obra suya o no, y más bien cabe conjeturar lo segundo, existe un proyecto político muy bien definido y, en gran parte, consumado. Sus consecuencias quizá solo en parte serán reversibles.

       La naturaleza del proyecto consiste en la transformación moral radical de la sociedad. No se trata de un ingenuo u oportunista improvisador. Está orientado por el relativismo ético, pero acaso se trate de algo aún peor. El relativismo es quizá el medio, pero no el fin. Este fin es más la inversión de la jerarquía natural de los valores que su mera disolución. Al cabo, se trata, en muchos casos, de que lo inferior ocupe el lugar de lo superior, y lo malo el de lo bueno. Si estoy en lo cierto, se trata de un proyecto de ingeniería social, es decir, de conformación de la sociedad a la medida de los valores (o contravalores) del Gobierno. Ignoro si todo su partido lo respalda, aunque lo dudo, pero lo cierto es que los discrepantes son o escasos o silentes.

      Los ejemplos son notorios. La crisis económica, solo en este sentido providencial, no ha hecho sino aminorar la intensidad del desmán. La nómina es conocida, aunque demasiadas veces se mire hacia otro lado, como si no se quisiera ver la realidad. La nueva legislación del aborto ha transformado un delito en un derecho de la mujer, solo limitado por un plazo arbitrario. La nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía, que muy probablemente contraviene el derecho de los padres a elegir la educación religiosa y moral de sus hijos, entraña una usurpación del Gobierno, cuya misión es garantizar el ejercicio del derecho a la educación, pero no determinar su contenido antropológico y moral. La regulación de la experimentación con embriones y la reproducción asistida asesta un golpe decisivo a la dignidad de la vida. Algo más renuente se encuentra, aparentemente, el Ejecutivo sobre la legalización de la eutanasia. 

       Ha elegido, de momento, una vía vergonzante: la regulación de los cuidados paliativos y la "concesión" de un nuevo derecho: el derecho a la muerte digna. Como si hasta ahora el encarnizamiento terapéutico fuera una exigencia legal y la práctica médica no se preocupara de la administración de los cuidados paliativos; como si la legislación actual nos condenara al deber de una muerte indigna. La consideración como matrimonio de las uniones legales entre personas del mismo sexo ha destruido la concepción tradicional del matrimonio y la familia. La legislación sobre la "memoria histórica" entraña una ruptura de la concordia nacional y un agravio al derecho a la libertad de investigación y de expresión. Y ya está preparado el proyecto de ley de no discriminación e igualdad de trato, de naturaleza totalitaria.

      Estos son los elementos principales de este proyecto de ingeniería social, que persigue la modelación de la sociedad y sus costumbres a los dictados del poder político. Un poder que, por cierto, nunca ha obtenido la mayoría absoluta, que sí lograron González y Aznar. Sus raíces ideológicas quizá se encuentren, si es que se encuentran en algún lugar, en el nihilismo derivado del posestructuralismo francés. Y su objetivo es el combate contra el cristianismo y el liberalismo (y no cabe olvidar a este último). Todo proyecto de ingeniería social es enemigo de la libertad. Este lo es también del cristianismo, y, más concretamente del catolicismo. Se trata de derruir los fundamentos católicos de la sociedad española, por más que se invoque solo la aconfesionalidad del Estado y la libertad religiosa.

      Y, de manera solo aparentemente paradójica, se ataca a la libertad mientras se reconocen "nuevos derechos". Por lo demás, los derechos no son creaciones ni concesiones del Gobierno, como si se tratara de un nuevo señor feudal democrático que dispensa derechos a sus vasallos agradecidos. Los derechos solo se reconocen y garantizan, pero no se crean. Además, esta apoteosis de los derechos los convierte en enemigos de la libertad. Y no es extraño. Kant afirmó que tener un derecho es tener la capacidad de obligar a los demás. Todo derecho entraña deberes y obligaciones para uno mismo y para los demás. Desde el aborto al aire limpio. Si abortar, contra todo derecho y razón, se convierte en un derecho, generará obligaciones para el personal de la Sanidad y, en general, para toda la sociedad. Si uno tiene derecho a no aspirar humo de tabaco ajeno, se limitará necesariamente el derecho a fumar en espacios públicos. Y así podríamos continuar con otras limitaciones a la libertad, unas justificadas y muchas no, en el nombre de los derechos Los deberes se cobran así su venganza, y el dispensador de derechos se convierte en generador de cargas y obligaciones.

      Quizá no exista un síntoma más rotundo de que un gobierno se desliza por la pendiente que conduce al totalitarismo que su pretensión de erigirse en autoridad espiritual. Y esto se manifiesta en su designio de que las leyes por él aprobadas, no por cierto las aprobadas por la oposición cuando estaba en el poder, constituyen la única y verdadera moral exigible a todos. Todo gobernante autoritario pretende que su Derecho se convierta en moral. No quiere rivales. El poder temporal pretende suplantar hoy al poder espiritual. Y esto solo es posible cuando el poder espiritual está vacante.

      Ortega y Gasset afirmó en La rebelión de las masas que Europa se había quedado sin moral. Parece que seguimos así, pues, si la hubiera, no podría fabricarla a su antojo el Gobierno. Al final del segundo volumen de La democracia en América, afirmó Tocqueville que las naciones democráticas de sus (nuestros) días no podían evitar la igualdad de condiciones en su seno, pero que de ellas dependía que la igualdad condujera a la libertad, la civilización y la prosperidad, o al despotismo, la barbarie y la miseria. De nosotros, me refiero a los españoles, depende, pero mucho me temo que hayamos emprendido el camino equivocado. Pero el futuro no está determinado, y podemos cambiar el rumbo. Mas conviene advertir que no se trata solo de un cambio de Gobierno, con ser este necesario y urgente, sino de algo mucho más profundo y difícil: la restauración de la moral. Por eso, el único modo de combatir el proyecto de ingeniería social consiste en emprender otro proyecto alternativo de regeneración intelectual y moral. La política, imprescindible, vendrá después y de suyo. Están en juego la libertad, la civilización y la prosperidad.

Ignacio Sánchez Cámara es Catedrático de Filosofía del Derecho
ABC / ALMUDÍ

sábado, 13 de noviembre de 2010

El peligro de un humanismo secular

Interesante entrada de Joan Figuerola que os reproduzco.




   En la sociedad existe una especie de sucedáneo del humanismo, de corte materialista, que tiende a configurar una cosmovisión en la que el ser humano no sólo es independiente de Dios, sino que es totalmente antagónico. Este humanismo, que algunos denominan secular, se encuentra arraigado en el naturalismo filosófico cuyos postulados son la no existencia de Dios a partir de ideas estrictamente ideológicas o filosóficas, como en el caso del señor del video, Richard Dawkins, para quien sólo existe la materia física – en este sentido sería interesante un debate con el señor Gustavo Bueno, autor de Ensayos materialistas –; que la vida es producto de una combinación azarosa de factores a partir de una célula primordial; que el ser humano es un producto de la evolución que puede explicarse exclusivamente a partir de las leyes físico-químicas que reinan en el sistema biológico; que el ser humano carece de sentido y propósito, sino que su existencia es un mero acontecer, y con ello, que la moral es una realidad simplemente socio-cultural construida por el hombre que se modifica arbitrariamente porque carece de fundamento último.    

   Esta tarde leía en un blog más que recomendable una entrada titulada El antipapa y la finesse que me ha hecho pensar, de nuevo, en todos los comportamientos contrarios a la visita del Papa a Barcelona. Desde aquellos que simplemente se muestran contrarios intelectualmente hasta aquellos que expresan su repulsa de manera más virulenta. Si analizamos bien dichos comportamientos observamos que se sustentan en la no razón o en el uso indebido de los límites de cada conocimiento. Como siempre, la que sale perdiendo es la ciencia, a la que recurrentemente se manipula para hacerle decir aquello que no puede afirmar mediante su método. Cuando los señores Dawkins y Harris, por citar algunos ejemplos, se oponen íntegramente a la existencia de Dios no lo hacen desde una razón científica, sino desde una perspectiva filosófica anclada en el naturalismo o el materialismo. Sus palabras no son científicas, tampoco producto del raciocinio, sino que se edifican sobre fundamentos antirreligiosos.

   Estas personas no hablan desde la ciencia, sino desde una postura atea, respetable, pero alejada de toda rigurosidad académica. Como vemos en el video, el señor Dawkins se deja llevar por el fanatismo, acusando a la Iglesia con los mismos ejemplos de siempre, como si la petición de perdón tuviera que ser diaria. Este señor, que busca el fervor de la turba, olvida que en el siglo XX fueron asesinados por su fe más de 69 millones de cristianos y que cada año, desde inicios del siglo XXI, perecen 169.000 cristianos por el simple hecho de serlo (World Christian Encyclopedia). Este señor considera que la religión, especialmente la cristiana, es una mera droga para amortizar la hostilidad de una existencia sin propósito o, aún peor, una especie de herramienta de dominación para controlar a la humanidad. Estas palabras, sin duda, proceden del rencor y la ira. El ateismo no ofrece ningún servicio a la humanidad, al contrario. Cuando no se tienen respuestas, esta pseudociencia y este pseudohumanismo construyen hipótesis incoherentes cuando no trágicas al considerar que no existe la Verdad.   

   Notable paradoja, no existe la Verdad pero el conocimiento tiende a ella; se tilda a la religión de supersticiosa y fanática, pero se afirma desde esta perspectiva que no hay sentido, propósito ni verdad a alcanzar, que el único conocimiento existente es el conocimiento humano sin más. Sin duda, como humilde buscador de la verdad, como amante del conocimiento, me quedo con él “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6) que con el “no existe la verdad”. El peligro, no obstante, no está en el señor Hawkins o el señor Hitchens, pues estos son sujetos estimables, sino con sus palabras, con la asimilación de éstas por parte una turba exaltada. Repito, son personas altamente morales, pero venden una moralidad subjetiva desconectada de un fundamento, de un principio último a la que se sujeta; en consecuencia, tampoco existe una base real para el valor único de cada existencia humana. El ser humano, al margen de sus accidentes, no es más que una ameba o una bacteria. El ser humano pierde su singularidad al no ser obra de Dios, sino una mera combinación azarosa.

   Esta cosmovisión es impracticable, es más, poca gente puede mantener estos postulados activos en su existencia; sin embargo ejerce una gran influencia en la sociedad, y estos días lo vimos con la visita del Papa. Hay mucha gente, lamentablemente, que hace suyo el “comamos y bebamos, que mañana moriremos”. Sólo se busca el placer y la consecución de bienes materiales a partir de un relativismo moral que llega a despreciar la vida humana misma. Estos días el Papa nos ha mostrado la necesidad de huir de filosofías huecas y alienadoras como la que aquí abordamos para redescubrir el verdadero sentido del hombre y su realización.   

JOAN FIGUEROLA

sábado, 6 de noviembre de 2010

SECULARISMO

A raíz de la advertencia del Papa Benedicto XVI sobre el ateísmo en la visita al Reino Unido, se ha desatado un vivo debate sobre el secularismo o laicismo. El periodista Jerónimo di Costanzo entrevista al arabista y medievalista Rémi Brague (en la fotografía), que arroja mucha luz sobre la cuestión. Os ofrezco un extracto.
* * *
   Los secularistas tienden a negar el origen medieval de la noción de secularidad o laicidad. Desde su punto de vista, ¿es posible ignorarlo?
   En primer lugar, podría ser adecuado dar un vistazo a las razones que llevan a camuflar este origen medieval. En términos generales, a partir del Renacimiento, la Reforma y la Ilustración, ha dado un prejuicio negativo generalizado contra todo lo que sea o se presuma medieval. La creencia popular nos dice: Las cosas buenas surgieron en la Edad Moderna; la edad media fue un periodo de la más completa oscuridad, y punto. 

   En cuanto al tema de la secularidad, sus defensores pretenden ignorar de manera expresa que apareció en la Edad Media, un periodo que no fue secularista en absoluto. La línea divisoria trazada entre la Iglesia y el Estado es una invención cristiana que comenzó en los Padres de la Iglesia, como reacción al empeño de Constantino de controlar la Iglesia, y que culminó en la época medieval. Por otra parte, esta línea fue trazada por la Iglesia, no por el Estado. La política constante de la Santa Sede a partir de la Controversia de las Investiduras, a finales del siglo XI, consistió en devolver otra vez al Estado (es decir, el emperador o los reyes) a su labor propia en este mundo "secular", se podría decir: esforzarse por la paz, la justicia, el buen orden social. El Estado no era, por otra parte, simplemente "secular", sino que reclamó su participación en la sacralidad. Basta pensar en el adjetivo: "Sacro Imperio Romano". La laicidad es una conquista de la Iglesia.

   La reciente visita del Papa en el Reino Unido ha despertado el debate sobre la laicidad en nuestra sociedad. ¿Qué es exactamente la definición de la secularidad?
   "Secularidad" puede tener muchos significados, pero en cualquier caso, designa un hecho, no una ideología o un programa de acción, a diferencia de "secularismo o laicismo", del que me ocuparé a continuación. 

   La secularidad califica un cierto reino de las cosas en las que, sin otra ayuda, la razón humana puede, al menos en principio, llegar a un acuerdo que permite la cooperación para el bien común. La religión puede dejar a su aire las materias científicas, técnicas, políticas, etc., ya que no les aportaría ninguna ayuda específica. Los científicos, técnicos, políticos o, para el caso, los pescadores, los fontaneros o los vendedores de anguilas en gelatina pueden llegar a ser santos si hacen bien su trabajo. Pero el cristianismo no les dará muchas pistas sobre la manera de ejercer su oficio ni sobre sus aspectos técnicos.
Rémi Brague es profesor de árabe y de filosofía religiosa en la Sorbona. Es el autor del libro "La Ley de Dios: La historia filosófica de una idea".
Jerónimo di Costanzo es un escritor analista francés y periodista, que ahora vive en Yorkshire. Se ha especializado en política, religión y filosofía.
TemesD´Avui.org  Publicado originariamente en Mercatornet
ALMUDÍ
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jueves, 28 de octubre de 2010

La metafísica darwiniana

   Uno de los éxitos del fundamentalismo científico es la existencia de una realidad que no hace mucho viví en mis propias carnes. Un habitual comentarista de mi blog me envió un correo electróAlmudi.org - Pensadornico donde me decía: "filosofar sobre ciencia es una pérdida de tiempo". La sentencia es breve, pero destructivo su contenido en cuanto que es una proposición que lamentablemente se esparce entre los españoles de más corta edad gracias a unos planes de educación que han logrado que nuestros barbilampiños se limiten a hacer las cosas sin peguntarse el por qué. Resultas de eliminar o discriminar aquellas asignaturas cuyo objeto es la reflexión —filosofía o historia de la ciencia— se logra lo evidente: generaciones de niños y jóvenes ignorantes que creen ciegamente que la ciencia es autónoma, pura objetividad y el culmen del saber.    
   El fundamentalismo científico sitúa la ciencia y la opinión de los científicos como verdad axiomática e incontrastable. Sus embajadores no son sólo charlatanes, sino que entre ellos se cuenta a científicos de renombre, que defienden sus creencias utilizando la ciencia de manera irracional y atacando airadamente a quienes discuten sus planteamientos. La ciencia no es el Conocimiento, sino que es otro modo más de conocer, en concreto mediante el método científico. Es importante remarcar la cuestión del método porque es precisamente esto lo que olvidan siempre los cientificistas. Si atendemos al método de manera rigurosa y pormenorizada distinguiremos con rapidez qué es ciencia y qué es pseudociencia
   El objeto de la ciencia es conocer la realidad natural y explicar determinados fenómenos mediante la experimentación del modo más confiable posible y siempre mediante pruebas. Es importante señalar, porque los fundamentalistas de la ciencia lo obvian, que lo que afirma la ciencia es siempre provisional y nunca infalible ni absoluto; lo contrario es mentir. El conocimiento científico requiere descripciones —leyes— de lo que acontece como explicaciones —teorías— del por qué ocurre. El límite del método de la ciencia radica en que sólo puede aplicarse para el estudio de fenómenos medibles, reproducibles o repetitivos. De este modo, si algún científico quiere alcanzar el conocimiento total tanto de un fenómeno como de la realidad en su conjunto no obtendrá ningún resultado solo con su método ya que se introducirá en el ámbito de otros sistemas de conocimiento, entre ellos el metafísico cuando se trata de la cuestión de Dios, recientemente tratada por Hawking.    

OpusPrima.wordpress.com (Almudí)
Joan Figuerola 
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