jueves, 11 de noviembre de 2010

Benedicto XVI ha llevado a España armonía entre laicidad y fe

«Benedicto XVI ha llevado a España armonía entre laicidad y fe, un mensaje de "diálogo", no de Almudi.org - Cardenal Julián Herranz"ruptura y desencuentro"», asegura el cardenal Julián Herranz Casado.
   Presidente emérito del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos, el purpurado, nacido en Baena (Córdoba), en 1930, uno de los más importantes expertos en Derecho Canónico, comparte con ZENIT en esta entrevista sus experiencias de dos días junto al Papa en su país natal.
   El Santo Padre, en el avión papal, defendió el encuentro entre laicidad y fe, algo que algunos medios interpretaron más bien como un desencuentro. ¿Considera que tras esta visita apostólica queda más clara en la opinión pública la propuesta de Benedicto XVI sobre las relaciones Iglesia y Estado?
   Esos medios a los que usted se refiere parece que interpretan ordinariamente cualquier afirmación o hecho sobre las relaciones Iglesia-Estado siguiendo su conocida ideología agnóstica y relativista. Eso les ha llevado por desgracia a los lectores, me parece a mí, a actitudes agresivas, a fomentar rupturas y desencuentros, cuando en realidad, conociendo a Benedicto XVI, hay una constante voluntad de diálogo, de encuentro sereno y constructivo.
   En realidad Benedicto XVI, en este viaje como en su pasada estancia en el Reino Unido y en otras muchas ocasiones, ha vuelto a proponer, con el espíritu evangelizador que le es característico, y sin hacer política, un tipo de sociedad en la que la armonía entre fe y razón sea la medida del verdadero humanismo, y donde un sano concepto de laicidad, que respete la dignidad de la persona y sus derechos inalienables, entre ellos la libertad religiosa, de culto y de conciencia, permita superar el fundamentalismo laicista, hostil —no sólo en España y otras naciones europeas, sino también en otros lugares del mundo— a la relevancia familiar, cultural y social del cristianismo y en general de la religión.
   Pero la voluntad de Benedicto XVI ha sido en todo momento, en España y fuera, completamente positiva, y diría constructiva, de diálogo y armonía, nunca de ruptura o desencuentro, sino de encuentro.
 ZENIT.org (Entrevista de Julián Colina) (Almudí)
LEER MÁS 

miércoles, 10 de noviembre de 2010

EL HUMANISMO SAGRADO

   «NO es verdad, como se dice en ocasiones, que el hombre sea incapaz de organizar el mundo de espaldas a Dios. Lo que sí es verdad es que el hombre, si prescinde de Dios, lo único que puede organizar es un mundo contra el hombre». Cuando Henri de Lubac resumió en esa fórmula el dramático abismo del «humanismo ateo», las chimeneas de Auschwitz eran las lámparas votivas en los altares del siglo de la mega-muerte. Ahora (casi setenta años después de que el teólogo francés pusiera en evidencia a quienes, por empeñarse en escupir al cielo, convirtieron la tierra en un impío cementerio), ha sido un teólogo alemán el que ha denunciado el genocidio cultural que se pretende perpetrar en nombre de un progresismo intonso, lacayuno y mostrenco. Que hayamos dejado atrás los hornos crematorios; que la geografía amarga del Gulag no salga reflejada en nuestros infalibles gepeeses; que juremos que nunca —¡Nunca Más!— le abriremos la puerta a los demonios que alientan al otro lado del espejo; que nos jactemos, en fin, de haber sido capaces de arrumbar el horror en las enciclopedias, no nos hace mejores y no deslinda el futuro de las miserias del pretérito.
   Europa es, hoy por hoy, un continente desalmado, un criadero de zombis satisfechos. El Dios de la fe ha sido suplantado por los propagandistas de la beatitud sonámbula y la pachorra intrascendente. En cuanto al de los filósofos, ni está, ni se le espera. Los manuales de autoayuda no dan ninguna pista sobre el particular porque en la inopia ingrávida lo sustantivo ofende. Vivimos, sin embargo, objetarán los defensores de la modernidad sin atributos, de los derechos a granel, de la conciencia uniformada, de los valores de recuelo. Vivimos, bien es cierto. Pero también es verdad que, al bies de la certeza, a algunos nos asalta una desazón idéntica a la de aquellos campesinos que, en los relatos de Platónov, se prosternaban ante la luminosa oscuridad de los iconos «porque sentían que la vida ya no era sino el tiempo que les quedaba por vivir». Entonces, el día a día, recobraba el sentido y la existencia, así, tornaba a ser vividera.
   Benedicto XVI, que ha ejercido siempre de paladín del «logos», que ha buceado en el hondón de la Palabra a través de «la Biblia traducida al griego», retomó en su visita a España la clave y el remedio del trágico fracaso de la espiritualidad moderna. Que no consiste, obviamente, en excluir o marginar a esos teólogos de la inmanencia que son los auténticos ateos, sino en batallar contra la pereza anímica del «qué-más-da-ocho-que-ochenta» y contra los mezquinos devaneos de un agnosticismo vergonzante que termina varado en la vergüenza ajena. Es el retorno al magisterio de Platón, al corazón del pensar griego: que belleza y verdad son conceptos gemelos, y que lo sagrado es eso, y que ahí anida el temblor que nos sustenta. Y que lo bello, lo verdadero, lo sagrado, exigen expresarse en una lengua litúrgica que agigante su eco. En «lingua sacra», ese latín en cuya comunión se inventó Europa por encima de las parlas y de los dialectos, llámense castellano, catalán o gallego. Y en esa plenitud de lo sagrado, el sentido emerge.
La Sagrada Familia, si sólo fuera piedra, sería un empeño hermoso, pero absurdo; el deliquio genial de un artista demente. Desde anteayer, en cambio, es un lugar de Dios, una expresión del «pneuma», una atalaya de lo divino (y de lo humano) que planta cara a un vendaval de insensateces.

 TOMÁS CUESTA (ABC)

Orgullosos de ver al Papa

   El progresismo desilustrado que ha hablado, escrito sobre el gasto del Papa, el que ha cambiado las barricadas por las mariscadas, los que han cambiado el seiscientos por los cruceros, el que gasta tanto en sus sindicalistas que si lo repartiera entre los necesitados se solucionarían muchos problemas de familias enteras, los que deciden (no a los periodistas) en el diario El País del día 6 de noviembre, día que viene el Papa a España, no sacar ni una letra en portada llamando libertad a la decisión más sesgada.
A todos ellos les quiero decir que estoy muy orgulloso de gastar mi dinero por ver, por estar, por escuchar al Papa, un hombre que, sea cual sea la ideología, credo o raza, no dice nada mas que cosas buenas, pero para quien no piense igual, que respete las opiniones de los demás ya que, la del Papa es, al menos, una más, y, cuando menos, ponderada, pensada y respaldada por miles de personas no solo españolas, sino francesas, alemanas, americanas –del norte y del sur– australianos y africanos y asiáticos, y, desde luego, no se enfadan si el Papa no habla en chino o no dice que Las Bahamas es una nación o deja de serlo.

    Y, para terminar. Quiero poner una lista de entes, organismos o llámese como se quiera que reciben un dinero de organismos oficiales y, que yo sepa, deberían de dejarnos en paz a los cristianos con el maldito dinero porque podemos gastarlo, el nuestro, como queramos y, el que viene de los impuestos, nosotros, igual que ellos, intentaremos conseguir de organismos oficiales lo mismo que ellos: subvenciones del ministerio, ayudas del ayuntamiento, becas de la universidad, tómbolas, etc. para propagar no ideas políticas (aunque si usted lo quiere ver así, señor ex ministro) pues lo ve, pero estamos en el absoluto mismo derecho que aquellos que manifiestan las opiniones más peregrinas o, como ahora diré aquellas que intentan sacar “los cuartos” para fines que ahora relato que, por tener el espacio limitado, y por la coyuntura del viaje del Papa y que me provoca este artículo, solo me referiré a las de Cataluna.

    Éste es el resultado de entidad y dinero regalado: 625.000 euros para la Academia Catalana del Cine (es del mes de septiembre de este año). 28 millones euros este año para la prensa de Cataluña. 21 para el consorcio de normalización lingüística. 10,3 para la Fundación Instituto Catalán de Investigación. 10,4 para la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (TV3, Catalunya Ràdio). 485.000 euros para las escuelas catalanas de la Cataluña francesa (Perpignan y su región). 1,2 millones para las selecciones catalanas. 750.000 euros para Ciemen (Centro Internacional Escarré para las Minorías Étnicas y Nacionales). 26 millones para las elecciones autonómicas del 28-N. 7,6 millones para Omnium Cultural del 2004 al 2008.
El coste de la visita del Papa es de unos 700.000 euros y se calcula que el beneficio positivo para la ciudad será de unos 30 millones de euros (lo ha dicho el alcalde Jordi Hereu) ¿Alguna de esas entidades ha devuelto algo del dinero de todos los españoles?

Evaristo de Vicente es sacerdote y presentador del programa ‘Valores en alza’, de Intereconomía TV.

martes, 9 de noviembre de 2010

El Papa, lleno de razón

    Los sectarios anticatólicos, sea por un laicismo tan agresivo, sea por un ateísmo beligerante, pretenden que Benedicto XVI sea el único ser humano al que se le arrebate el derecho a expresar libremente sus ideas.

    Esta clase de individuos ha debido de pasar un mal fin de semana porque el Papa, en sus visitas a Santiago y Barcelona, ha hablado con claridad paladina, ha puesto voz precisa a lo que piensan, creen y sienten muchos millones de católicos españoles que tienen motivos para sentirse injustamente perseguidos por un anticlericalismo radical que, como ha recordado el Santo Padre, se parece al que produjo enormes desastres en la década de 1930.

    El Papa tiene no ya el derecho sino la obligación de recordar ciertas verdades que pueden no gozar del beneplácito de quienes quisieran ser los únicos con derecho a defender sus principios, sus ideas morales y sus dogmas políticos, y lo ha hecho con la claridad, la rotundidad y la sutileza que caracteriza el conjunto de sus intervenciones públicas. Es seguro que habrá quienes prefieran creer las mentiras del día que escuchar y aprender de las verdades eternas, pero, por fortuna, ni el Papa ni la Iglesia se dedican a la lisonja, sino a predicar de manera comprensible las verdades que han recibido de la Revelación, los tesoros de sabiduría que atesoran tras una historia ya dos veces milenaria, las enseñanzas de salvación que los hombres necesitamos para comprender con plenitud el sentido de nuestra vida, para sobrellevar las desdichas y los dolores que siempre nos reserva.

    Si bien se mira, es incomprensible que este Papa suscite en algunos sectores un rechazo tan radical. Es llamativo que los enemigos de la Iglesia se pongan tan nerviosos cuando encuentran en frente a un hombre tan templado, tan razonable, tan sabio y tan prudente como lo es el Papa actual. Es precisamente el rigor y claridad intelectual de sus argumentos lo que les saca de sus casillas, porque no soportan que la Iglesia ofrezca una imagen que es irreductible a la caricatura que de ella hacen con sus conceptos, tan sectarios como necios. Tienen muy mala suerte, porque, en efecto, este Papa no es una figura que se preste con facilidad a sus tergiversaciones. El Papa Benedicto XVI no sólo es el representante de Cristo en la Tierra para los más de mil millones de católicos de todo el mundo, es también un pensador profundo y un hombre muy atento y perceptivo para comprender cuanto ocurre a su alrededor, las formas de ser y de pensar que se promueven en el mundo. Por eso oyen con respeto su palabra no sólo los católicos o los cristianos, sino cuantos pretenden honradamente hacerse cargo de lo que está pasando en un mundo cada vez más complejo y desconcertado.
LA GACETA
LEER MÁS

Europa: Dios y el hombre

        Después del primer día del Papa en España, bien se pueden hilvanar unas cuantas ideas extraídas de sus discursos y homilías. Benedicto XVI ha llegado a Compostela como un peregrino y en calidad de tal ha dicho que peregrinar no es solamente viajar a un determinado lugar, sino que es salir de nosotros mismos para ir al encuentro de Dios allí donde se ha manifestado, allí donde la gracia divina se ha mostrado con particular esplendor.
Con esta imagen, bien podemos pensar en un peregrinaje hasta lo más hondo del corazón humano, de cada corazón, para extraer sin prejuicios lo que se espera de cada uno de nosotros. Salir de nosotros mismos no significa falta de interioridad, ni búsqueda de algo raro. Ese éxodo es alejamiento del egoísmo para buscar a Dios y, en Dios, al hombre, a todos los hombres y mujeres del mundo, todos merecedores de nuestro cariño y respeto por ser imagen del Creador.
Por eso mismo, ha podido afirmar con frase bella y verdadera que la Iglesia es el abrazo de Dios, en el que los hombres aprenden a abrazar a sus hermanos, descubriendo en ellos la semejanza divina, que constituye la verdad más profunda de su ser y que es el origen de la genuina libertad.
Dios, hombre, verdad, libertad son los temas centrales de unas intervenciones llenas de amor para esta vieja Europa, que ha de encontrar su rejuvenecimiento en esas coordenadas. Ha recordado el siglo XIX con la tristeza propia de quien ha visto ahí el comienzo de la huida de Dios con una exaltación del hombre convertida en su propia ruina por alejarse de su esencia, de lo que le es más propio.
Es gozosamente inevitable el recuerdo de aquel grito de amor que Juan Pablo II lanzaba a Europa en Santiago: Europa, se tu misma, vuelve a las raíces que te hicieron grande, que fueron las bases de un humanismo verdaderamente interpretativo de la persona, de un modo de ser en cuya ejecutoria no faltaron miserias, pero pletórico de la grandeza de un ideal  humano que, desprendido del Creador, se diluye en la indigencia del pobretón de espíritu, por más que haya alcanzado grandes cotas de bienestar que tendrán la pérdida de Dios como razón más profunda de su descalabro. 

PABLO CABELLOS
LAS PROVINCIAS

LEER MÁS 

lunes, 8 de noviembre de 2010

LA SONRISA DEL PAPA

   El viaje que ha realizado a España Benedicto XVI puede calificarse como un éxito rotundo. Una vez más se ha puesto de manifiesto que está en la vanguardia de la defensa de los derechos humanos.

La calurosa acogida en Santiago y Barcelona, así como el intenso deseo de políticos de signo diverso (desde Rubalcaba a Rajoy, desde los Reyes y los Príncipes de España hasta Zapatero) de ser recibidos por el Papa, viene a confirmar: “La religión no es un problema que los legisladores deban solucionar”, sino que es más bien una positiva inyección intravenosa en el torrente circulatorio de la sociedad. Como había dicho el Papa en su visita al Reino Unido: “Una contribución vital al debate nacional”. Un factor social que merece un lugar bajo el sol. Tal vez por eso ha resonado con especial énfasis en el Obradoiro gallego la exclamación de Benedicto XVI : “Europa debe abrirse a Dios”.

    Su exaltación en Barcelona de la mujer y su trabajo (también el doméstico), del matrimonio “natural”, de la belleza, la conciencia y la vida se insertan en la línea de las grandes declaraciones de Derechos del Hombre. Una vez más se ha puesto de manifiesto que Benedicto XVI está en la vanguardia de la defensa de los derechos humanos.

    Tal vez por eso no ha sido exacto el reproche que se le ha hecho desde alguna prensa cuando –todavía en vuelo– hizo una referencia a la laicidad en los años treinta y en la España de hoy. Es evidente que no era una comparación entre “violencias”, sino entre ideologías. Para los expertos en relaciones entre las Iglesias y los Estados, es sencillamente cierto que tanto en aquellos momentos como en éstos, existe un debate ideológico entre fe y modernidad. Un debate que lleva trazas, en mi opinión, de tener un desenlace positivo. Es decir, hacer resurgir la noción originaria de laicidad, que es no tanto ser un instrumento para “liberar” a los ciudadanos de la fe, cuanto un expediente técnico para hacer a los ciudadanos “oficialmente libres” para practicarla o no (W. McLoughlin). Es decir, lo que vienen llamando hoy las Cortes de Italia, Alemania y Estados Unidos, “laicidad positiva” o “neutralidad benevolente”.

*Rafael Navarro-Valls es catedrático y académico, autor del libro ‘Entre la Casa Blanca y el Vaticano’.
LEER MÁS

VIEJA EUROPA

    Benedicto XVI sabe que la naturaleza de su misión es martirial; y su testimonio se hace hoy más preciso que nunca

    VUELVEN a resonar, con motivo de la visita de Benedicto XVI, aquellas palabras vibrantes que Juan Pablo II proclamó, hace casi treinta años, desde Santiago de Compostela: "Yo te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: vuelve a encontrarte. Sé tu misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades. 

    Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. No te enorgullezcas por tus conquistas hasta olvidar sus posibles consecuencias negativas. No te deprimas por la pérdida cuantitativa de tu grandeza en el mundo o por las crisis sociales y culturales que te afectan ahora. Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo. Los demás continentes te miran y esperan también de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo: Yo puedo".
 
     Aquella vieja Europa que invocaba Juan Pablo II ha apagado su faro civilizador; y el único «estím
ulo de progreso» que la mueve es un frenesí suicida de autodestrucción, propio de las organizaciones   humanas agotadas. La desesperación pagana —con su bullanga de alegrías marchitas— se ha infiltrado en sus órganos vitales, como una gangrena que niega el legado cristiano, que es tanto como negar su propia identidad. Amnésica de sus orígenes, desarraigada de su genealogía espiritual y cultural, divorciada de aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa su historia, Europa se parece cada vez más a aquellos personajes del poema de Kavafis «Esperando a los bárbaros», seres desganados, impotentes al esfuerzo vital, que han perdido la fe en el futuro, a quienes sólo resta aguardar —con una suerte de plácido y aciago fatalismo— a sus invasores..

      Hay una verdad incontrovertible, demostrada implacablemente por la Historia: las civilizaciones las fundan las religiones; y, con el ocaso de las religiones, las civilizaciones se van apagando, hasta su extinción. La convivencia humana reclama una ligazón colectiva, una adhesión a una visión particular del mundo que sólo proporciona la fe: cuando tal visión del mundo es compartida, es posible acometer con entusiasmo empresas conjuntas; cuando tal visión común se disgrega, no sólo resulta imposible acometer empresas conjuntas, sino que la propia convivencia humana se torna, poco a poco, insostenible.

      En estas últimas décadas, mientras se agostaba, Europa aún podía entregarse a disfrutes materiales que distraían su orfandad, engolosinada con las promesas de alcanzar un paraíso en la Tierra. Pero la crisis ha revelado que tal paraíso era ilusorio; y la intemperie de su orfandad se hace ahora más aflictiva y agónica. En esta nueva coyuntura, la necesidad europea de religarse (de volver a encontrarse) con la fe que le brindó sustento se hace más fuerte que nunca; quizá por ello mismo, los esfuerzos por evitar el reencuentro por parte de quienes alentaron la ruptura son más enconados y hostiles, adquiriendo expresiones de resentimiento furioso que se revuelven contra ese hombre vestido de blanco que viene a visitarnos. Pero Benedicto XVI sabe que la naturaleza de su misión es martirial; y su testimonio se hace hoy más preciso que nunca para una vieja Europa que, si desea salvarse, tendrá que volver a dar la misma respuesta que Santiago dio a Cristo: "Yo puedo". 


LOS NUEVOS ISCARIOTES: LEER AQUÍ

JUAN MANUEL DE PRADA

Podéis leer también: EL PAPA Y ESPAÑA, de César Alonso de los Rios: AQUÍ
ABC

domingo, 7 de noviembre de 2010

ESCUCHAR AL TESTIGO

   Benedicto XVI ha dicho que viene a España «como testigo de Cristo Resucitado, con el deseo de llevar a todos su Palabra, en la que pueden encontrar luz para vivir con dignidad y esperanza para construir un mundo mejor».

Testimonio y palabra, luz y vida, esperanza y construcción del mundo. Quizá esas palabras están adelantando las líneas de fondo de esta visita.

El ministerio del Sucesor de Pedro es, efectivamente, un testimonio. Ser testigo es declarar la verdad escuchada o contemplada. A Cristo resucitado lo vieron más de quinientos (cf. 1 Co 15, 6), pero los apóstoles recibieron además el mandato expreso de ser testigos del Señor «hasta los confines de la tierra» (Hch 1, 8). Un testimonio que configura la tarea del Papa: confirmar en la fe y la unidad a los obispos y en torno a ellos, a los fieles cristianos. «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su vicario, ha querido que sea la ‘piedra’ en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (20-IV-2005).

Por ser testimonio, el ministerio del Papa es también luz y vida. La luz permite ver y vivir; las personas necesitan además la luz del espíritu, que es la verdad. La luz proviene sobre todo de Cristo, que es Palabra de verdad, y también de vida para el hombre y el mundo. 

Al inicio de su pontificado, Benedicto XVI se acogía al apoyo de la Iglesia, del cielo y de la tierra: «Me acompañan vuestra indulgencia, vuestro amor, vuestra fe y vuestra esperanza» (24-IV-2005). Parafraseando las primeras palabras de Juan Pablo II, el nuevo Papa invitaba a escuchar la Palabra que da sentido a la vida de cada uno y de la historia: «¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida»

Estos días podremos experimentar esa realidad: Cristo no quita «nada de lo que pertenece a la libertad del hombre, a su dignidad, a la edificación de una sociedad justa»; antes al contrario: abre a la libertad auténtica que puede contribuir al bien de los que nos rodean. 

El Papa viene como testigo de la luz, de la vida y de la juventud perenne de Cristo, que vive en su Iglesia para la vida del mundo.  

Ramiro Pellitero, profesor de teología en la Universidad de Navarra, autor del libro Al hilo de un pontificado: El gran ‘sí’ de Dios (Eunsa, 2010).
RAMIRO PELLITERO (EL CORREO)
Almudí

sábado, 6 de noviembre de 2010

EL VERDADERO SENTIDO DE UN VIAJE

    Benedicto XVI llega hoy a España. Este viaje, aunque pastoral, no deja indiferente a nadie. Es más, no son pocos los que han querido desvirtuarlo convirtiéndolo en una visita político-nacionalista, caso de algunos líderes catalanes, o en la excusa perfecta para sacar a pasear la bandera del laicismo o el ateismo de Estado, caso de los socialistas. Sin embargo, la institución a la que representa el Papa –la Iglesia católica- está acostumbrada a superar todo tipo de contratiempos a lo largo de sus dos mil años de existencia, y sus roces institucionales con personajes históricos como Nerón, Calígula, Diocleciano, Enrique VIII, Napoleón, Robespierre, Hitler, Mussolini o Stalin, por ejemplo, no han logrado apartarla de su universal ideario, aunque su figura central y actual, el Papa Benedicto XVI, despierta también tanta pasión y odio como ya lo hizo su fundador: Jesucristo.

  Tras el arrollador y carismático Juan Pablo II, la Iglesia católica tiene ahora como cabeza visible a un indiscutible intelectual de formación germana, suave en las formas pero incorruptible en los contenidos.

    Sin embargo, lo que siempre ha hecho, tanto de cardenal como de Papa, ha sido luchar contra los relativismos morales que han ido agitando el mundo en los últimos decenios. Juan Pablo II se opuso a los totalitarismos –comunismo o nazismo–, Benedicto XVI se enfrenta ahora a la utopía relativista que vende libertad sin verdades objetivas, sin valores y sin una esperanza real. El Papa alemán no sólo señala dónde están los peligros de la sociedad de hoy –“las democracias sin valores degeneran en totalitarismos”–, sino que ofrece y propone un encuentro con la Verdad encarnada, Cristo, y descubre la verdadera dignidad del hombre. Sin meterse en políticas partidistas, Benedicto XVI propone un modelo de sociedad en el que la armonía entre fe y razón sea la medida del verdadero humanismo, y donde una positiva idea de laicidad –que respete derechos inalienables, como la libertad de culto y de conciencia– permita arrinconar el fundamentalismo laicista.

    Pero aunque el Papa no se meta en política partidista, los políticos de partido sí se meten con Benedicto XVI, y han intentado durante estos días, sobre todo nacionalistas como Artur Mas, adulterar la visita a Barcelona y promover un toque de catetismo regionalista recordándole que no viaja a un lugar cualquiera, sino a una nación con lengua propia llamada Cataluña.

    Por su parte, el Gobierno socialista también ha dado muestras de no saber valorar esta visita pastoral del Papa, y con declaraciones como las del ministro Jáuregui que aclaraba que iba a recibir al Papa en Santiago de Compostela como político, y no como cristiano; ironías baratas del ministro del Interior, Rubalcaba, sobre la seguridad del viaje papal, a raíz de unos papeles extraviados en una calle de Barcelona, o la ausencia de Zapatero en los actos litúrgicos, después de haberse arrodillado ante Obama en un Desayuno de Oración en EE UU. A ello se unen las críticas de algunos periódicos laicistas, las protestas de unos ateos desorientados que se toman muchas molestias para gritar contra alguien que no creen que exista… En pocas palabras: nada nuevo bajo este sol que lleva alumbrando a la Iglesia católica desde hace dos mil años y que seguirá haciéndolo cuando ya nadie hable de nacionalistas intolerantes y miopes o de anticlericales sin fronteras, como Ateos de Cataluña’.

LA GACETA

SECULARISMO

A raíz de la advertencia del Papa Benedicto XVI sobre el ateísmo en la visita al Reino Unido, se ha desatado un vivo debate sobre el secularismo o laicismo. El periodista Jerónimo di Costanzo entrevista al arabista y medievalista Rémi Brague (en la fotografía), que arroja mucha luz sobre la cuestión. Os ofrezco un extracto.
* * *
   Los secularistas tienden a negar el origen medieval de la noción de secularidad o laicidad. Desde su punto de vista, ¿es posible ignorarlo?
   En primer lugar, podría ser adecuado dar un vistazo a las razones que llevan a camuflar este origen medieval. En términos generales, a partir del Renacimiento, la Reforma y la Ilustración, ha dado un prejuicio negativo generalizado contra todo lo que sea o se presuma medieval. La creencia popular nos dice: Las cosas buenas surgieron en la Edad Moderna; la edad media fue un periodo de la más completa oscuridad, y punto. 

   En cuanto al tema de la secularidad, sus defensores pretenden ignorar de manera expresa que apareció en la Edad Media, un periodo que no fue secularista en absoluto. La línea divisoria trazada entre la Iglesia y el Estado es una invención cristiana que comenzó en los Padres de la Iglesia, como reacción al empeño de Constantino de controlar la Iglesia, y que culminó en la época medieval. Por otra parte, esta línea fue trazada por la Iglesia, no por el Estado. La política constante de la Santa Sede a partir de la Controversia de las Investiduras, a finales del siglo XI, consistió en devolver otra vez al Estado (es decir, el emperador o los reyes) a su labor propia en este mundo "secular", se podría decir: esforzarse por la paz, la justicia, el buen orden social. El Estado no era, por otra parte, simplemente "secular", sino que reclamó su participación en la sacralidad. Basta pensar en el adjetivo: "Sacro Imperio Romano". La laicidad es una conquista de la Iglesia.

   La reciente visita del Papa en el Reino Unido ha despertado el debate sobre la laicidad en nuestra sociedad. ¿Qué es exactamente la definición de la secularidad?
   "Secularidad" puede tener muchos significados, pero en cualquier caso, designa un hecho, no una ideología o un programa de acción, a diferencia de "secularismo o laicismo", del que me ocuparé a continuación. 

   La secularidad califica un cierto reino de las cosas en las que, sin otra ayuda, la razón humana puede, al menos en principio, llegar a un acuerdo que permite la cooperación para el bien común. La religión puede dejar a su aire las materias científicas, técnicas, políticas, etc., ya que no les aportaría ninguna ayuda específica. Los científicos, técnicos, políticos o, para el caso, los pescadores, los fontaneros o los vendedores de anguilas en gelatina pueden llegar a ser santos si hacen bien su trabajo. Pero el cristianismo no les dará muchas pistas sobre la manera de ejercer su oficio ni sobre sus aspectos técnicos.
Rémi Brague es profesor de árabe y de filosofía religiosa en la Sorbona. Es el autor del libro "La Ley de Dios: La historia filosófica de una idea".
Jerónimo di Costanzo es un escritor analista francés y periodista, que ahora vive en Yorkshire. Se ha especializado en política, religión y filosofía.
TemesD´Avui.org  Publicado originariamente en Mercatornet
ALMUDÍ
LEER MÁS

viernes, 5 de noviembre de 2010

Libres pero no imbéciles

   La visita a Santiago y Barcelona de Benedicto XVI o Joseph Ratzinger –según prefiramos verlo- está siendo motivo, como siempre por fortuna, de diversas reacciones. Algunas de altura. Otras demasiado necias.  

En la altura, hay creyentes, agnósticos y ateos. Entre las estúpidas, las hay provenientes de algunos personajes que, jugando un ateismo progre que en realidad es anticatolicismo barato, avergüenzan la inteligencia de quienes honestamente navegan la incertidumbre vital del agnosticismo o la resignada soledad cósmica del ateismo.

    Esta misma mañana, algunos colegas que viven su agnosticismo con aquella seriedad, digna del mayor respeto y admiración, de quienes, confiados en su razón y experiencia –que poca cosa de más tiene cada hombre- no logran encontrar con ellas certezas definitivas, pero siguen en la brecha porque la hipótesis de Dios, en sí misma, es un interrogante de gran excelencia humana, quizás el mayor…; pues esta misma mañana –según les decía- estos amigos se quejaban de que algunas reacciones se atribuyan a la sensibilidad agnóstica o, incluso, atea. Porque insulta a su integridad e inteligencia que la ignorancia, la necedad y la baja estofa se nos vistan de agnosticismo o ateismo. Les expongo algunos de los ejemplos.

    Empecemos por las manipulaciones nimias y maliciosas, sólo aptas para tontos. Una emisora de radio enfatizaba esta misma mañana varias declaraciones de “encuestados espontáneos” según las cuales la visita de Benedicto XVI a Santiago “paralizaba la ciudad y condicionaba la vida cotidiana de sus habitantes”. Caray con el argumento… Pero si parte decisiva de la economía de Santiago y su marca mundial como ciudad vive de ser la meta de los peregrinos del Camino. Ahora que les visita el sucesor del Jefe del apóstol Santiago y se esperan miles de visitantes, ¿no será para Santiago de Comostela una bendición comercial, turística y económica la visita del peregrino máximo Joseph Ratzinger? Y eso al margen absolutamente de lo que diga y oficie. Uno se pregunta si realmente los gallegos y los santiaguinos –sean creyentes, agnósticos o ateos- desean que se suprima el Camino con fin en Santiago por las incomodidades que los peregrinos les producen. Habrá imbéciles en Galicia, pues en todas partes crecen setas incomestibles, pero a todos nos consta que la mayoría de los gallegos no son precisamente tontos del higo.

    Otro ejemplo, algo mayor. En el entorno intelectual de Zapatero se ha oído el diagnóstico de que el catolicismo está de capa caída y tiene ya poco recorrido. De manera que, al modo como se nos sentó un día ante la bandera USA y otro día después de nos puso de rodillas adorando a Obama, ahora parece que Zapatero estima gesto progre y de futuro ausentarse de los actos más significativos de Benedicto XVI, aunque Ratzinger sea Jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano, cabeza de más de mil millones largos de fieles en todo el mundo (incluidas Venezuela, Cuba, ex repúblicas soviéticas o China) y referente religioso e intelectual de la mayoría del pueblo español.

PEDRO JUAN VILADRICH
LA GACETA
LEER MÁS

Ratzinger, padre de la Iglesia

   Buen artículo del cardenal Herranz en el ABC de hoy en vísperas del viaje del Papa a España.

   «Las particulares circunstancias actuales de la Iglesia y del mundo y las características de la persona y la obra de Benedicto XVI lo emparentan, en la doble dimensión intelectual y pastoral, con los Padres de la Iglesia antigua, que por su rica doctrina y acción de gobierno interpretaron con especial clarividencia los signos de su tiempo»

  EL Papa peregrina a Santiago de Compostela. Benedicto XVI manifiesta también con este viaje su sintonía espiritual con el Apóstol: «De Santiago el Mayor podemos aprender muchas cosas: la rapidez en acoger la llamada del Señor, también cuando nos pide abandonar la “barca” de nuestras seguridades humanas, el entusiasmo siguiendo a Cristo por los caminos que Él nos indica, la disponibilidad para testimoniarlo con valentía». (Discurso, 21-VI-2006).

   Son rasgos apostólicos que resumen bien el ministerio pastoral de este moderno Padre de la Iglesia —me atrevo a calificarlo así— que se llama Joseph Ratzinger. Porque las particulares circunstancias actuales de la Iglesia y del mundo y las características de la persona y la obra de Benedicto XVI lo emparentan, en la doble dimensión intelectual y pastoral, con los Padres de la Iglesia antigua (Basilio, Atanasio, Agustín...), que por su rica doctrina y acción de gobierno interpretaron con especial clarividencia los signos de su tiempo y contribuyeron decisivamente a salvar la fe ortodoxa, la armonía entre razón y fe y los valores de la civilización. En este sentido me gustaría comentar tres grandes desafíos pastorales en el camino del Papa Ratzinger.
   El primero se refiere a la interpretación del Concilio Vaticano IIy a la llamada «crisis postconciliar». Fue un periodo de dramática confusión en amplios sectores eclesiales: tendencias a «actualizar» la teología marginando la divinidad de Cristo, interpretación temporalista del mensaje evangélico de salvación con reducción socio-política de la misión de la Iglesia, replanteamiento laicista de la identidad sacerdotal con mundanización de su estilo de vida y tremenda hemorragia de defecciones, experimentalismo litúrgico frecuentemente anárquico y desacralizador, etcétera. Por reacción, otros grupos se aferraban a un tradicionalismo reductivo de la verdadera Tradición cristiana, incluso en oposición a Roma.
   A esas dos posiciones contrapuestas se opuso y se opone decididamente Joseph Ratzinger, primero como Cardenal en 1985 con el famoso «Informe sobre la Fe» justamente calificado de «histórica denuncia profética», y ahora como Papa celoso tutor de la unidad de la fe y de la comunión. «Nadie puede negar —nos dijo a la Curia romana en las Navidades de 2005—, que en vastas partes de la Iglesia, la recepción del Concilio se ha realizado de un modo más bien difícil». Y citando unas palabras de san Basilio sobre el post-Concilio de Nicea, precisó: «Por una parte existe una interpretación que se podría llamar hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura (...) Por otra está la hermenéutica de la reforma, de la renovación dentro de la continuidad».

Un Papa amable

   La cercana visita de Benedicto XVI a España, ha llevado mi memoria a finales del año 2002 —si la retentiva no me falla— para recordar una conferencia y un almuerzo en los que conocí al entonces cardenal Ratzinger. Pido disculpas por emplear un asunto personal, pero me resulta ilustrativo para lo que deseo tratar.
...
   Invitado por la Universidad Católica de Murcia, acudí a un congreso en el que participaba el Cardenal Ratzinger, tratando un tema que había sido objeto de un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El documento es la declaración "Dominus Iesus", y de Cristo como único mediador versó su conferencia. Era la primera vez que lo escuchaba en directo.
   Mi impresión —que comenté con entusiasmo a mi vuelta a Valencia— fue la de estar oyendo a un sacerdote, a alguien que vibra hablando de Dios, tanto por el tema, como por el clima de fe y por el modo de tratarlo. Pero no estaba fuera de sitio: consiguió todo eso que he escrito muy sucintamente sin perder el estilo y nivel académicos que conoce sobradamente por sus años de profesor y por las muchísimas conferencias pronunciadas por todo el mundo. Y ahora que es el Papa, se sigue viendo en él al sacerdote que todos quisiéramos ser o tener a nuestro lado.
   Llegó la hora del almuerzo. Seríamos veinte o veinticinco personas en una sola mesa. Antes de comenzar, el Presidente de la Universidad me presentó al cardenal. Fue tan natural en su intercambio de palabras, que nunca supe si me dirigí a él en castellano (lo entendía muy bien, aunque entonces no lo hablaba) o en italiano.
   Al serle presentado como Vicario del Opus Dei —lo era entonces— se refirió con gran cariño a la canonización de san Josemaría y a un artículo que él mismo había escrito para L`Oservatore Romano titulado Dejar obrar a Dios, extendiéndose un poquito en las ideas de ese artículo. Pero ahora mismo lo de menos es el tema de conversación, sino que a mi anterior perspectiva de haber escuchado a un sacerdote cien por cien, uní la de que había charlado con un alemán tierno.
   Seguro que hay muchísimos compatriotas del Papa con esta cualidad, pero no responde al habitual estereotipo que suele haber entre nosotros sobre los germanos. Tal vez me llamó la atención por eso, pero creo que también porque Benedicto XVI derrocha ternura y cariño a raudales.
   No conocíamos al cardenal Ratzinger sino por sus actividades intelectuales, académicas, por sus libros, por su trabajo en la Congregación de la que fue Prefecto tantos años. Pero no se prodigó en apariciones sociales, salvo en las liturgias que le correspondieron por su cargo durante el periodo de sede vacante. Por eso, su primera salida como Papa al balcón de la Basílica de San Pedro, asombró al mundo, quizá con una experiencia semejante a la que tuve la fortuna de vivir en Murcia.
 PABLO CABELLOS
LAS PROVINCIAS (Almudí)
LEER MÁS

jueves, 4 de noviembre de 2010

El mundo musulmán tiene que dar un paso

   Mientras media Europa y Estados Unidos se encuentran en estado de alarma máxima por las amenazas del terrorismo islamista, un grupo de fanáticos asaltaba este pasado domingo una iglesia católica durante la celebración de la Santa Misa, en pleno centro de Bagdad, con decenas de muertos como resultado. Desde los atentados del 11-S y la serie que le ha seguido en todo el mundo, las atrocidades de estos fanáticos apenas sorprenden ya. 

   Tampoco la persecución de los cristianos árabes que viven en su tierra desde mucho antes de ser islamizada y que han sido objeto del Sínodo concluido hace tan solo una semana. Pero lo que de verdad sigue sorprendiendo es que los propios países musulmanes, igualmente amenazados por el terrorismo, no se hayan unido todavía para luchar conjuntamente contra esta lacra que contamina y pervierte al Islam.

No se trata ya de condenar el terrorismo, sino de ofrecer al mundo una lección de firmeza contra los peores enemigos que haya podido tener nunca una religión: los que hacen cómplices de sus crímenes a un Dios que paradójicamente, proclaman clemente y misericordioso. El paso necesario es que los líderes musulmanes se pongan de acuerdo para promulgar la libertad religiosa y condenar las interpretaciones que sirven de pretexto a los violentos para asesinar a supuestos infieles, como si fuese un acto virtuoso. 

   Especialmente doloroso resulta el episodio sangriento de Bagdad cuando hace tan solo una semana que el Sínodo especial para Oriente Medio ponía el acento en la necesidad de continuar el diálogo entre cristianos y musulmanes, dentro del respeto mutuo que exige esa sumisión a Dios que predica el Corán.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Barcelona sí espera al Papa


Este fin de semana lo he pasado en Barcelona. He vivido y captado cómo se está preparando para recibir al Papa.
        BenediAlmudi.org - Javier Arnalcto XVI estuvo en Valencia en 2006, ahora va a estar en Santiago de Compostela y Barcelona, y en Madrid estará en 2011. Es más que evidente que el Papa cuida especialmente España, la otrora llamada "católica España"

        En Barcelona va a dedicar el templo de la Sagrada Familia, joya arquitectónica y religiosa de la Ciudad Condal. Las autoridades catalanas estiman que unas 400.000 personas acompañarán al Papa en su recorrido desde el palacio episcopal hasta la Sagrada Familia: se le recibirá con cortesía y afecto.

        Allí han tenido el consabido debate sobre los gastos que ocasiona el viaje. Al dar las cifras de lo gastado (2, 6 millones de euros) y del impacto económico que se estima (29,8 millones de euros), el debate se ha acabado. Simplemente, ridículo. Y más cuando se calcula  que 150 millones de personas sigan por televisión los actos, y cuando cualquier responsable cultural o turístico estima la proyección mundial que esta visita supone para Barcelona.

        Más ridiculeces: que Corbacho diga que la Iglesia Católica sigue entrometiéndose en campos que no le competen, como la familia o el aborto. Más ridiculeces: que líderes de ERC y de ICV participen en manifestaciones bajo el lema "Yo no te espero" la víspera de la llegada del Papa.

        La mayoría de la gente está agradecida por el hecho de que el Papa vaya a Barcelona, y desea acompañarle con respeto y afecto, y lo va a hacer. Yo he visto ya banderas vaticanas por las calles. Hay más voluntarios de los necesarios (2.000). Notas discordantes se producen hasta en los mejores coros y bandas de música, pero en este caso hasta producen risa. 

        En Barcelona pesa mucho el reciente viaje del Papa a Gran Bretaña: se ganó a los británicos, también dirigentes e intelectuales no católicos. Su figura suscita atención en todo el mundo. A sus 83 años es la autoridad moral mundial, y su denuncia constante de los valores relativistas en un mundo dominado por lo económico llega honda. Molesta a algunos, y seguirá molestando: son minoría, pero el Papa hablaría igual aunque fueran mayoría. Es su deber y lo cumple con humildad, serenidad y razonando.

Javier Arnal
El Mundo - Castellón
Almudí 

martes, 2 de noviembre de 2010

Brindis por el Papa


Gregorio Luri, un navarro de letras y pensamiento que vive en Cataluña, ha dejado caer en su Almudi.org - Ignacio Ruiz Quintanoblog una oración laica, «Yo sí te espero», de bienvenida al Papa, que dice así:
    «Yo sí te espero…
    Por una simple cuestión de ecología cultural.
    Por cada una de las iglesias de cada uno de los municipios catalanes y sus torres que anuncian los pueblos desde lejos.
    Porque los que protestan contra ti lo hacen en nombre de la virtud bíblica de la probidad.
    Por todos los cristianos anónimos que conozco y que hacen bien sin mirar a quién.
    Porque fui bautizado.
    Por esa iglesia de la calle Pere IV que tiene en la puerta la pintada "Alá es grande" sin que pase nada.
    Por las Bienaventuranzas, por el "Cántico espiritual", por "Las Florecillas"...
....
        Ratzinger acostumbra citar la frase famosa de la carta de Newman al duque de Norfolk:
        — «Si yo tuviera que brindar por la religión, lo cual es altamente improbable, lo haría por el Papa. Pero en primer lugar por la conciencia. Solo después lo haría por el Papa».
        El verdadero sentido de la autoridad doctrinal del Papa reside en que es abogado de la memoria cristiana —explica Ratzinger—. El Papa no impone desde fuera, sino que desarrolla la memoria cristiana y la defiende: «Por eso el brindis por la conciencia debe preceder, en efecto, al brindis por el Papa, pues sin conciencia no habría Papado. Todo el poder del Papado es poder de la conciencia. Es servicio al doble recuerdo sobre el que descansa la fe, y que debe ser conciliado, ensanchado y defendido de nuevo contra la destrucción de la memoria, amenazada tanto por una subjetividad olvidadiza de su fundamento como por la presión del conformismo cultural y social».

        El Papa llega a España, cuya única explicación es el catolicismo.
        — «Se dice que los católicos rebosan sentimiento de culpa frente a Dios» —planteó Peter Seewald a Ratzinger.
        — «Los católicos están invadidos sobre todo por el gran sentimiento de indulgencia —contestó el cardenal—. Observemos el arte del barroco o del rococó. Desprenden una gran alegría. De típicas naciones católicas como Italia o España se dice, no sin razón, que poseen una ligereza interna».
  ABC / ALMUDÍ
LEER MÁS

lunes, 1 de noviembre de 2010

LOS NIÑOS DIÁBOLO; LAS NIÑAS BALÓN

¿Por qué esta ley contra natura, si lo que les pide el cuerpo a los niños es pegarle patadas a una pelota y no jugar a la comba?

   LAS libertades van hacia atrás que escarban. Hasta se echan albero en el lomo. No hablo de las libertades fundamentales que durante cuarenta años nos negó la dictadura. En España, gracias a Dios y a ese Rey que ahora sacan en chándal ridículo y chungo de pinreles «an cá» Belén Esteban, elegimos a nuestros políticos. Podemos apuntarnos a un partido o a un sindicato. Manifestarnos con una pancarta y expresarnos libremente. Aunque esto último, como decía «Hermano Lobo»: dentro de lo que cabe. Puedes expresarte libremente para poner verde a la derecha. Pero si te llamas Pérez Reverte y ejerces tu libertad, te dará la del tigre la nueva Inquisición manipuladora y adoctrinada del «pásalo», en la que Rubalcaba es el Von Karajan que dirige magistralmente la orquesta y la máquina de cabrear a media España para movilizar su voto.
   Puedes expresarte libremente si tu opinión no transgrede los dogmas de lo políticamente correcto. Me río yo de la mentalidad dominante en tiempos de dictadura y nacional-catolicismo. Ahora padecemos el nacional-laicismo y la dictadura de lo políticamente correcto. Se habrán consolidado las grandes libertades, pero están cada día más amenazadas las pequeñas libertades de cada día, las que nos hacen agradable la vida y permiten que la vivamos, pensemos y hablemos como queremos.
Franco metía en la cárcel al pobre de Marcelino Camacho por fundar Comisiones Obreras frente al Sindicato Único, pero ahora te recluyen en el Carabanchel de los fachas, los machistas, los homófobos y los racistas si no marcas el paso del «pásalo». De momento todo el que no piense como ellos es un facha, y después ya veremos. Y, además, te ordenan la vida. Los que en Mayo del 68 decían que estaba prohibido prohibir cada vez te prohiben más cosas y te imponen obligaciones ante las que no puede haber ni objetores ni insumisos. 
   Te prohiben fumar. Te prohiben que lleves a tu niño en el coche sin el asiento que ellos digan. Te prohíben que pongas en tu casa bombillas de filamento. Te prohíben que tires botellas al cubo de la basura. Tienes que poner las llaves de paso de la cocina en el mismísimo techo. Y Europa, además, les echa una manita y todo lo que ellos aún permiten viene y lo prohíbe con una directiva. Y por si todo esto fuera poco, las nuevas y laicas santas cruzadas del ecologismo y del hembrismo. Como ha dicho Salvador Sostres: «El ecologismo y el feminismo son los dogmas a los que recurrió la izquierda para continuar ejerciendo su totalitarismo después de desahuciado el comunismo».
   Tanto te ordenan la vida, que no respetan ya ni a los niños, a pesar de tanta protección del menor. No contentos con ordenar la vida de los padres hasta dentro de las casas, donde hemos tenido que poner a la fuerza la TDT, ahora empiezan con los hijos. La manipuladora Educación para la Ciudadanía les parece poco. Ahora se quieren meter hasta en el recreo, y sacar una ley con «protocolos de juegos no sexistas para que se implanten y desarrollen en los espacios de juego reglado y no reglado en los colegios públicos y concertados de Educación Primaria». Por la dictadura de la paridad y la igualdad, no quieren que los niños jueguen con un balón en el recreo, como toda la vida, y las niñas a la comba o al diábolo. ¿Dónde está el Defensor del Menor? ¿Por qué esta ley contra natura, si lo que les pide el cuerpo a los niños es pegarle patadas a una pelota y no jugar a la comba? Me da pánico acordarme de cómo acabó aquel niño melancólico (que dice Felipe Campuzano) de mi pandilla, que cuando venían a casa a jugar a piola se quedaba prendado de las muñecas de mi hermana...
ANTONIO BURGOS
ABC

domingo, 31 de octubre de 2010

Asunto de narices, según Javier Sádaba


        «La religión ha metido las narices donde no debía». Una frase de amplitud tal que difícilmente puede tomarse como un pensamiento filosófico y mucho menos ético. ¿Quién es "la religión"? ¿Quién el titular, cuando se habla de "narices de la religión"? Evidentemente el autor de la Almudi.org - Antonio Orozcofrase no pretende ser aristotélico, pero si está hablando a un periódico —de provincias pero de tirada considerable—, habrá que medir un poco más las palabras.
        Y si no es él el responsable de tal ingenuidad, entonces habría que sentar en el banquillo a la periodista Esmeralda Gutiérrez, de El Norte de Castilla que pone la frase en titulares de una entrevista a Javier Sádaba "Filósofo, Catedrático de Ética en la Universidad Autónoma de Madrid y miembro del Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona". El cual «ha pronunciado una conferencia en Valladolid sobre los valores en la profesión médica». No dice la periodista que la conferencia fue pronunciada en la Capilla del Colegio de San Gregorio, en un acto organizado por el Colegio de Médicos.
        Sé que en uno de los Hospitales de Valladolid, encuestados los médicos sobre "aborto sí/aborto no", la totalidad han respondido que no. En cambio, entre las enfermeras del mismo Hospital, ha habido un 30%, en números redondos, que han dicho sí al aborto.
        Es lógico que quienes saben mejor lo que es un embrión humano, se pronuncien tajantemente en contra del aborto, porque cualquier biólogo sabe que a partir del comienzo de la gestación, hay vida humana, digan lo que digan los filósofos, los políticos y las encuestas. La gran ciencia y la comunidad científica internacional está de acuerdo en esto.
        El catedrático, en la entrevista mencionada, como era de esperar, dice verdades. Sin embargo yerra en la percepción del valor de la vida humana tanto en su inicio como en su final natural, a pesar de que el "valor" es uno de sus conceptos claves en el desarrollo de sus argumentos.
        Puesto que el catedrático habla en llano, vamos a ver, qué significa valor, aparte de su referencia a la valentía. Significa que algo vale, que se aprecia, que se estima, que vale la pena, etc. Pues bien, según el catedrático el valor de la vida humana no vale prácticamente nada si está dentro de las doce primeras semanas o en las últimas. En efecto, al ser preguntado «¿Considera en algún caso el aborto un asesinato?», responde: «no si está dentro de las doce semanas». Razón: «aún son como un conjunto de células y no hay un individuo humano o con los supuestos que indica la ley. Un asesinato sería abortar a los siete u ocho meses».
        Una vez más se demuestra la necesidad del estudio interdisciplinar de los temas en los que se implican la ética, la biología y la filosofía. Por no mencionar a la religión, ¡tendría narices! Los filósofos y más aún los bioéticos tendríamos que atender a lo que se ve en los escáneres y en los instrumentos más sofisticados. En nuestro caso, las células perfectamente organizadas que van multiplicándose con un orden admirable y un código genético que incluye todo un programa de vida hasta la muerte natural del individuo humano. 

Arvo.net
Antonio Orozco

LEER MÁS

sábado, 30 de octubre de 2010

Edición crítico-histórica de 'Santo Rosario'


Es el segundo libro de San Josemaría en ser analizado por los expertos. «Es un libro dicen que el corazón lo entiende de inmediato...»
    Almudi.org - 1er. Misterio Gozoso (Torreciudad)
El análisis crítico-histórico de un libro sirve para conocer mejor su contenido. Se analiza el contexto en el que se escribió, la intención del autor, las fuentes de las que se sirvió, etcétera. El
Instituto Histórico San Josemaría Escrivá se ha propuesto analizar y publicar las obras completas del Fundador del Opus Dei. Tras Camino, el primer libro del santo, ahora se publica la edición crítico histórica de Santo Rosario, que ha sido realizada por tres teólogos de la Universidad de Navarra, que han respondido a varias preguntas.
D. Pedro Rodríguez
        El teólogo Pedro Rodríguez es autor de la edición crítico-histórica de 'Camino'. Se trata de un volumen de 1.200 páginas, que ha dado comienzo a toda una serie de análisis sobre los escritos del Fundador del Opus Dei que se irán publicando bajo el título 'Obras Completas de San Josemaría'.
¿Qué llevó a San Josemaría a escribir un libro sobre el Rosario?
Lo escribió porque Dios le empujaba por dentro y le "salía del alma" expresar ese modo contemplativo de trato con el Señor y con la Virgen María. A la vez, quería imprimirlo explicó a su Director espiritual «con el fin de empujar a nuestros amigos por el camino de la contemplación». Se refería a los jóvenes estudiantes y profesionales que trataba.
¿Cuáles son las novedades más relevantes sobre "Santo Rosario" que han descubierto tras analizarlo a fondo?
Muchas. Quiero decir que es mucho lo que no sabíamos y hemos aprendido, a lo largo de la investigación, acerca de la historia de la redacción de "Santo Rosario". Al meternos en los borradores, papeles y cartas de san Josemaría, hemos podido ver cómo se gestaron las dos fases redaccionales del libro y esas otras piezas que a lo largo de estos años se van añadiendo: Prólogos, Notas del Autor, etc. En otro orden de cosas, a mí me ha impresionado mucho la unidad, que se advierte por todas partes en esa historia, entre lectio divina, contemplación y testimonio apostólico.
ALMUDÍ
LEER MÁS