sábado, 14 de mayo de 2011

EMPRESARIOS CON EMPUJE

Empresarios con empuje

   La XVII Jornada de Estudio para Empresarios de la Comunidad Valenciana busca que los empresarios ahonden en sus raíces, aprendiendo de errores y trabajando con esfuerzo y optimismo para hacer más humana y digna la economía

      Las realidades, por muy obvias que nos parezcan, hay qu e cultivarlas y consolidarlas. Todavía es más importante en la situación económica actual, que requiere ahondar en las raíces de una economía más humana, a la vista de los dolorosos resultados que ha provocado la crisis económica.

      Si el lector de estas líneas ha visto la película-documental Inside job, convendrá conmigo en que la avaricia de unos pocos poderosos del ámbito financiero desencadenó una locura creciente, que se ha calificado como “burbuja financiera”, pero que puede volver a repetirse. Las víctimas han sido millones de desempleados en todo el mundo. Las “burbujas” se multiplicaron: la inmobiliaria y la de un loco consumismo, principalmente.

      La economía, el mercado, requiere confianza recíproca, y hoy se ha perdido, como ha afirmado el Papa Benedicto XVI en su encíclica Caritas in veritate. Si la ética no forma parte de las decisiones empresariales, emprender resulta complicado, y lo que necesitamos con urgencia son emprendedores, empresarios.

      Es dramática la cifra de paro en España. No nos sirve de excusa que estamos inmersos en una crisis económica y laboral de ámbito mundial, porque ha golpeado de diferente modo a los países, y la globalidad no elimina las diferencias específicas de los países en detectar y resolver los problemas. La globalidad no equivale a igualitarismo, sino a un continuo intercambio de influencias entre sectores y países.

      Resulta obvio que el problema principal en España es crear empleo, y empleo de calidad. Resulta obvio que, sobre todo, el empleo lo crean las empresas, y que nuestro sector público ha de racionalizarse y adelgazarse, y probablemente avanzar vinculado a la productividad y a los criterios empresariales, sin inercias ni anonimatos. No es aventurado trabajar en la línea de que los modelos de gestión empresarial se apliquen a ayuntamientos y empresas o instituciones de titularidad pública en general, con la primera receta que toda ama de casa aplica: no gastar si no se tiene, no estirar el brazo más que la manga.

      En estas circunstancias es muy oportuna la XVII Jornada de Estudio para Empresarios de la Comunidad Valenciana, que anualmente organiza el Colegio Mayor Universitario La Alameda en El Puig, este año bajo el título “La empresa como creadora de empleo en un mundo global”, que se celebrará el próximo jueves, 19 de mayo.

      Los empresarios se reúnen anualmente en La Lloma para analizar, con un enfoque multidisciplinar, las cuestiones más candentes y que requieren reflexión y soluciones. El Comité Organizador, presidido por Rafael Ferrando, ha acertado trayendo este año a ponentes del ámbito universitario, financiero y empresarial. Hay expectación por saber cómo enfoca la reforma laboral el catedrático Juan Antonio Sagardoy, cómo analiza las nuevas necesidades laborales María Benjumea —presidenta de Infoempleo.com— y como aborda José Luis Olivas los nuevos retos de Bankia, por destacar algunos ponentes.

      Las decisiones, lógicamente, corresponden a cada empresario en su sector. Esta Jornada busca que los empresarios ahonden en sus raíces, aprendiendo de errores y trabajando con esfuerzo y optimismo para hacer más humana y digna la economía. Buscan escuchar y reflexionar, paso previo necesario para una acción más acertada.

Javier ArnalJavierArnal.wordpress.com / Almudí

miércoles, 11 de mayo de 2011

¿QUÉ QUEDARÁ DE LA HISTORIA?

¿Qué quedará de la historia?

    Los cristianos no podemos menos de contemplar la figura de Juan Pablo II con una inmensa admiración, como un gran don de Dios en el comienzo del tercer milenio de la era cristiana
    Ningún funeral de la época moderna (ni de la antigua) ha contado con una representación oficial tan amplia y significativa como el de Juan Pablo II; donde se podían ver desde tres presidentes norteamericanos, los dos Bush y Clinton, hasta una nutrida representación del mundo árabe. ¿Fue sólo un momento de emoción en el océano de aburrimiento de una época gris que no sabía la crisis económica que se le venía encima? ¿Quedará algo para la historia, aparte de unas escenas impresionantes, para el que las quiera recordar?
      Acostumbrados como estamos a la vieja manipulación ideológica de la historia en todos los regímenes totalitarios, y a la reescritura a la que es sometida por las ideologías en el poder, y por los nacionalismos recientes, ya sabemos que el pasado depende de quién lo cuenta. Y, en un mundo cada vez más global en la superficie, y más roto en lo que queda del fondo, cada uno se cocina la historia que le conviene.
      Desde este punto de vista la figura de Juan Pablo II, molesta para gran parte del pensamiento dominante, está bastante expuesta. Especialmente en esta piel de toro. En los archivos está, para quien lo quiera estudiar, ese sector de la televisión y de la prensa nacional que hizo todo lo que pudo, como línea editorial, para distorsionar y desviar la atención del público. Que sólo quería fijarse en lo que costaban los viajes, en los que protestaban, en los grupúsculos alternativos, en lugar de en las multitudes, en la alegría de las celebraciones y en los mensajes. Y que fue totalmente superada en viajes como el de Cuba. Pero no han cambiado. Y quizá son responsables de que, en España, la figura de Juan Pablo II no haya tenido la misma influencia que, por ejemplo, en Estados Unidos o en Italia. Spain is different. España es diferente: antes, por despreocupada y folclórica; hoy, por ácida y resentida.
      En la homilía del inicio del cónclave, el que iba a ser su sucesor y no lo sabía, cardenal Ratzinger, declaró: «Él deja una Iglesia más valiente, más libre, más joven. Una Iglesia que, según su enseñanza y su ejemplo, mira con serenidad al pasado y no tiene miedo del futuro».
      Es difícil expresar mejor lo que la Iglesia católica debe a Juan Pablo II. Se puede decir que resolvió y encauzó la crisis postconciliar: él, que era un protagonista del Concilio, que participó activamente en las sesiones, que contribuyó a escribir alguno de los principales documentos, que quedó marcado por esa impronta y que la llevó a su pontificado. Mucho más que otros que pretendían ser, también entre nosotros, los depositarios del espíritu del Concilio, a veces, sin haberlo leído. No les hacía falta, porque eran fieles a sus propios puntos de vista y a sus manías convertidas en profecía.
      La figura de Juan Pablo II es, a la vez, una figura titánica y amable. Titánica por la cantidad, calidad y amplitud de sus iniciativas. Amable, porque todo lo hizo sin perder su buen tono de hombre sencillo, cercano, piadoso y auténtico. Nunca se ocultó y estuvo a la vista de todo el mundo. De los que le veían a todas horas y todos los días. Desayunaba, comía y cenaba siempre con gente distinta y variada. No necesitaba ni ocultarse ni apartarse. Sólo para rezar y rezaba mucho. Y todos han dejado este testimonio unánime.
      ¿Qué le debe la Iglesia? Esa renovación de ánimo y ese dar cauce al Concilio, que es el acontecimiento más importante de la Iglesia en la época moderna. ¿Qué le debe el mundo? Ese testimonio de humanidad y de santidad. Y de paso, esa caída inesperada del muro de Berlín, que no era sólo un muro físico, sino, también, el mayor muro mental que se ha alzado en la historia de la humanidad. Una división completa en la concepción de la vida y del futuro de la sociedad. Un trágico sucedáneo del cielo en esta pobre tierra. Muchos que sostenían el muro sin estar dentro, no se lo han perdonado. Pero es que quizá necesitaban antes perdonarse a sí mismos.
      Los cristianos no podemos menos de contemplar la figura de Juan Pablo II con una inmensa admiración, como un gran don de Dios en el comienzo del tercer milenio de la era cristiana. Hay mucho que aprender de su figura, por eso son tan interesantes sus testimonios personales y las buenas biografías que se están publicando. Y también hay mucho que aprender de sus escritos personales, especialmente en el dominio de lo que es la conciencia en la vida de las personas. Y de la doctrina cristiana sobre la sexualidad, el matrimonio y el celibato.
      En la memoria cristiana, la figura de Juan Pablo II quedará como una gran luz, unida a esa maravillosa y conmovedora constelación de santos que es la verdadera riqueza de la Iglesia. En las demás historias, dependerá de cada uno. De si quiere o no meterlo en la suya, tal como él fue.
       Pascal se atrevió a decir que la historia de la Iglesia es la historia de la verdad. Y no era un ingenuo.
Juan Luis Lorda. Profesor de Teología. Universidad de Navarra

DiarioDeNavarra.es / Almudí

Benedicto XVI advierte ante los peligros de la sociedad “líquida”

Benedicto XVI advierte ante los peligros de la sociedad “líquida”

«Se trata de escoger entre una ciudad 'líquida', patria de una cultura que parece ser cada vez más la cultura de lo relativo y de lo efímero, y una ciudad que renueva constantemente su belleza, recurriendo a los manantiales benéficos del arte, del saber, de las relaciones entre los hombres y los pueblos»
     Al concluir su visita a Venecia en la tarde de este domingo, Benedicto XVI advirtió ante los peligros que presenta la actual sociedad "líquida", sin estabilidad en las relaciones humanas y relativista, y propuso como alternativa el modelo de sociedad "de la vida y de la belleza".

      El encuentro con el mundo de la cultura y de la economía, última gran cita de su viaje de dos días a Aquilea y a la "Ciudad del agua", le dio la oportunidad para presentar su radiografía de la cultura "liquida", concepto acuñado por el filósofo polaco Zygmunt Bauman (Poznań, 1925), que entre 1971 y 1990 fue profesor de Sociología en la Universidad de Leeds. 

      La sociedad europea, dijo el Papa, está sumergida en «una cultura 'líquida'», término con el que se refiere a «su 'fluidez', a su poca estabilidad o quizá a su ausencia de estabilidad, a la mutabilidad, a la inconsistencia que a veces parece caracterizarla».

      Bauman atribuye el nacimiento de la sociedad "líquida" al modelo consumista y considera que su impacto más profundo lo deja en las relaciones sociales, y más en particular en las relaciones entre el hombre y la mujer, que se han hecho cada vez más flexibles, impalpables, como lo manifiesta el concepto actual de amor reducido a mero sentimiento pasajero.

      A este modelo de sociedad "líquida", el obispo de Roma contrapuso en la estupenda Basílica de Santa María de la Salud el modelo de sociedad «de la vida y de la belleza»

      «Ciertamente es una opción, pero en la historia es necesario escoger —aseguró el pontífice—: el hombre es libre para interpretar, para dar un sentido a la realidad, y precisamente en esta libertad reside su gran dignidad»

      «En el ámbito de una ciudad, sea la que sea, también las elecciones de carácter administrativo, cultural y económico dependen, en el fondo, de esta orientación fundamental, que podemos llamar 'política', en la acepción más noble y elevada del término»

      «Se trata de escoger entre una ciudad 'líquida', patria de una cultura que parece ser cada vez más la cultura de lo relativo y de lo efímero, y una ciudad que renueva constantemente su belleza, recurriendo a los manantiales benéficos del arte, del saber, de las relaciones entre los hombres y los pueblos», aseguró.

      El encuentro con el mundo de la cultura y de la economía fue la última gran cita de estos dos días en los que el Papa visitó también la ciudad de Aquilea, sede del antiguo patriarcado que constituía la diócesis eclesiástica y metropolitana más grande de todo el medioevo europeo, que llegó a extenderse por la actual Eslovenia, Croacia, Austria y Alemania. 

El Papa en góndola
El Papa había llegado a la Basílica de Santa María de la Salud en góndola, atravesando el Gran Canal de Venecia, desde el muelle de la Plaza de San Marcos. Se trataba de la Dogaressa, la misma góndola de grandes dimensiones que ya fue utilizada en 1985 con motivo de la visita de Juan Pablo II.

      Cuatro veteranos gondoleros llevaron a Benedicto XVI en un trayecto de algo más de quince minutos hasta el Dorsoduro, la parte de la Ciudad de los Canales en la que se erige la Basílica de Santa María de la Salud, construida en honor a la Virgen tras la epidemia de peste de 1630.

Jesús ColinaZENIT.org / Almudí

martes, 10 de mayo de 2011

La libertad de los cristianos, amenazada en países islámicos

   Buenas reflexiones del Dr. Bernal sobre la delicada situación de los cristianos en esos países

   Es probable que, tras el ajusticiamiento de Bin Laden por tropas de Estados Unidos, se recrudezca la difícil situación de los cristianos en diversos países de Oriente. No obstante, Shahid Mobeen, profesor de pensamiento y religión islámica en la Facultad de Filosofía de la Universidad Laterana, afirma que “la muerte del líder de Al Qaeda no ha cambiado la condición de los cristianos pakistaníes. Su situación actual no es ni mejor ni peor que antes, porque su problema no ha dependido nunca directamente de la galaxia yihadista. El verdadero y grave problema de los cristianos en Pakistán es el código penal del país" (la llamada ley anti-blasfemia).

   Pero lo cierto es que el pasado viernes las escuelas cristianas cerraban sus puertas en Pakistán, porque el debate público está exacerbado y la tensión es muy alta. El riesgo de represalias era especialmente agudo en Abbottabad, la ciudad donde se escondía Bin Laden: las comunidades cristianas locales estaban en máxima alerta y los 150 católicos de la parroquia dedicada a San Pedro Canisio continuaban escondidos en sus casas. Cuando escribo estas líneas, no tengo nuevas noticias.

   Sí llegan de Egipto, donde hace apenas unas semanas se producía una especie de concordia universal, en el contexto de la lucha por la libertad contra el presidente Mubarak. Pero ahora los coptos están muy preocupados por la actitud de los salafistas, cada vez más activos en la escena pública: su participación fue ya muy intensa en las protestas contra el nombramiento en abril de un copto como gobernador de Qena, en el Alto Egipto.

   El último viernes de abril se manifestaron ante la Catedral de San Marcos en El Cairo, sede del patriarcado. Exigían la “liberación” de la mujer de un sacerdote, que se habría convertido al Islam, pero estaría retenida por la iglesia copta. La realidad es que, aunque pasó por una crisis matrimonial, vive con su marido y su hijo, y manifiesta su orgullo de ser cristiana. Pero, ante la fuerte presión salafista, la policía ha tenido que establecer severas medidas de seguridad para proteger el templo.

   Todas las previsiones se superaron el sábado con el ataque de los fundamentalistas musulmanes a una iglesia al oeste de El Cairo. Los salafistas arrojaron cócteles molotov, y no se pudo evitar el incendio del templo. Pueden haber perdido la vida doce personas y hay más de doscientos heridos. El ejército ha prometido actuar con firmeza contra los responsables de la violencia, dispuesto a "no permitir que ninguna corriente imponga su hegemonía en Egipto".

   La mayor parte de los egipcios ve con esperanza el futuro de la revolución en marcha. Los cristianos, desde luego, confían en que no se produzca una islamización del país, como la que sufre hoy Pakistán, según recordaba recientemente en París monseñor Joseph Coutts, obispo de Faisalabad y nuevo presidente de la Conferencia Episcopal de Pakistán. En una entrevista concedida a La Croix, refleja la situación de los cristianos, 2% de la población. En contra de lo previsto constitucionalmente cuando nació el nuevo Estado en 1947, la creciente islamización fragiliza aún más la difícil presencia social de los cristianos, pertenecientes en su mayoría a las capas más desfavorecidas.
  
   El prelado describe algo que se olvida con frecuencia en Europa: los islamistas consideran globalmente a los países occidentales como naciones cristianas. Todo lo que viene del Oeste se percibe como una agresión contra el mundo árabe y contra el Islam. De ahí la reacción airada contra los cristianos, con una violencia creciente en los últimos veinte años. En 2001, cuando las fuerzas estadounidenses y de la OTAN bombardearon Afganistán, dos extremistas entraron en una iglesia con metralletas y mataron a catorce personas. “Fue la primera vez que experimentamos este tipo de violencia dentro de los muros de una iglesia”, afirma el obispo de Faisalabad, y añade que “los extremistas constituyen también un reto para el gobierno y para los musulmanes moderados”.
  
   En la conversación se evoca lógicamente el asesinato del ministro para las minorías religiosas, el católico Shabhaz Bhatti, cometido a comienzos de marzo. El Gobierno federal acaba de remodelar ese departamento, y ha puesto al frente a un musulmán, Mian Riaz Hussain Pirzada, miembro de la “Pakistan Muslim League-Q”, formación que se acaba de unir al gobierno. Aunque la decisión obedezca sólo a razones de conveniencia política, dentro del reparto de cuotas de poder en el gobierno federal, debilitará la protección de las minorías, en un momento de excesiva inestabilidad en Pakistán. Y, desde luego, no contribuirá a la reforma de la injusta ley anti-blasfemia, a pesar de las fuertes presiones internacionales.

SALVADOR BERNAL
RELIGIÓN CONFIDENCIAL

lunes, 9 de mayo de 2011

CALIDAD DE VIDA HASTA EL FINAL

Ante la presentación este mes de la futura Ley de Muerte Digna, ABC visita el hospital Laguna de Madrid, único centro que presta cuidados paliativos a pacientes con cualquier tipo de enfermedades avanzadas

   Tres fotografías de sus nietos lucen en la habitación de don José. Son su orgullo e ilusión. Llegó hace casi un mes al hospital de cuidados paliativos Laguna de Madrid. «Venía hecho polvo», dice. «No podía ni hablar», detalla su mujer María Blanca, que no se separa de él ni de noche ni de día. «Me duelen los huesos, la próstata y los riñones. Uno casi no me funciona y estoy lleno de drenajes». «Son tatuajes», le bromea su esposa. Desde entonces, ha mejorado. El dolor se ha moderado, se mitiga poco a poco con la medicación. Ya se levanta de la cama al sillón. «Y come mejor, antes ni siquiera comía. Mi hija le trae tortillas de patatas. Tenemos una nevera que parece de juguete. Pero yo meto ahí mis cosas y me apaño», cuenta la dulce María, que no deja pasar detalle en el cuidado del hombre con el que lleva casada casi 50 años.

   Don José es consciente de que sufre una enfermedad que no tiene cura. «Llevo siete años con ella. Aquí he mejorado cien por cien. Hay tranquilidad y silencio. No como en el hospital, que había mucha gente. No me queda más remedio que seguir adelante».

   Como don José, cerca de 250.000 personas se ven en esta situación cada año en nuestro país. Y mirar de frente a la muerte no es nada llevadero. «La mitad de esos enfermos, que no sufren síntomas difíciles, son atendidos por médicos de familia y especialistas. Pero la otra mitad necesita una atención especializada», explica el presidente de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos, Javier Rocafort. Sin embargo, las 420 unidades de cuidados paliativos que existen no dan abasto. «Y aunque están bien dispuestas geográficamente, hay problemas de acceso. Pacientes que se encuentran en pueblos a más de 60 kilómetros, los niños tienen más dificultades para acceder, y a estas unidades falta dotarlas de más profesionales», dice Rocafort. Al final, «cerca de 60.000 enfermos—afirma—, con graves síntomas y dolencias, no tienen la atención integral que precisan».

«Un derecho»

   No es de extrañar que muchos profesionales sanitarios estén preocupados por la polémica Ley de Cuidados Paliativos y Muerte Digna, cuyo texto aprobará este mes el Gobierno. La ministra de Sanidad, Leire Pajín, avanzó recientemente que esta norma tratará de mejorar la calidad y acceso a los cuidados paliativos, «un derecho de la ciudadanía y no un privilegio».

   Don José es uno de los afortunados, una de las 500 personas que cada año son atendidos en el hospital Laguna. Es el único centro sociosanitario de cuidados paliativos en nuestro país. Hay otro en Benalmádena, pero solo se ocupa de enfermos de cáncer en su fase más avanzada. Un equipo multidisciplinar de médicos, enfermeras, psicólogos, terapeutas, trabajadores sociales, fisioterapeutas y hasta un capellán intenta aliviar el dolor de estos pacientes. No sólo se cuidan los síntomas físicos con tratamientos no agresivos —lo último es la sedación—, también se atienden los peores miedos, los anhelos y angustias, siempre acompañados en ese camino hacia el final.Sencillamente, se trata de morir en paz.

   Son muy pocos los que pueden mirar a la muerte de frente y seguir esbozando una sonrisa. Rosario está en ello. Plena de caricias y besos —«los besos no se cobran, son gratis», dice—, conserva su buen humor, entristecido cuando alaba a la doctora que la cuida: «Es muy cariñosa, todos lo son». Entonces, quiebra la voz. «Lo que tengo no se va a curar». Y su sobrina la abraza.

   Martín es otro de los pacientes, que se pasea en silla de ruedas de un lado a otro esquivando al fotógrafo. Mientras, su mujer, Uli, hace ganchillo frente al ventanal. Rosario le invita: «Ven. Hazte una foto conmigo». Aquí se respira la cotidianeidad de un hogar con su familia. Un día a día en el que la muerte parece que no está presente.

«Su época más feliz»

   No todos quieren hablar. Y los médicos tampoco desean que se perturbe la tranquilidad de estos pasillos, salas y habitaciones. A veces es el psicólogo quien aconseja: «Quizá otro día».
Amelia hace dos años que se fue por un cáncer de mama. Su recuerdo está presente en la memoria de su hermana Teresa como si hubieran estado juntas ayer. Pero no es un recuerdo amargo. «Ella sabía que era su final —dice entre lágrimas y con una suave sonrisa— y, sin embargo, fue la época más feliz de su vida». Los oncólogos le pronosticaron tres meses de vida. Pero la fuerte Amelia superó las expectativas y vivió seis meses más. «Por los cuidados que recibió en este hospital», insiste. «Desde la mujer de la limpieza hasta el capellán, todos fueron muy cariñosos. Y no fue necesario la sedación, porque aquí saben cómo atajar el dolor. Por eso, pudo disfrutar de la vida en sus últimos días». Teresa no repara en halagos: «Tuvo calidad hasta el final. Sabía que se moría pero no estaba desamparada, ni metida entre cuatro paredes, donde le ponen una inyección y le dan de comer. En su habitación no faltaba una cestita de frutas y caramelos para agasajar a las visitas».

   No se olvidan los detalles, las pequeñas cosas que dan sentido a la vida. Un paciente, un ingeniero peruano, logró su sueño de exponer sus pinturas en un espacio habilitado en el centro y un cuadro con un motivo inca sirve de aliciente ahora a todos colgado en un pasillo. Otra paciente con cáncer anhelaba morir rubia. Así que un día la peluquera le tiñó el pelo, castigado por la quimioterapia, de su color preferido. Otro enfermo logró el deseo de ver en el campo a su Atlético de Madrid. «Es muy duro atender a una persona que puede morir en cinco minutos y regalarle una sonrisa. Eso no lo regula una ley. Benditas las personas», afirma Teresa.

   En este hospital no son ajenos a los cambios con la nueva ley cosas. «Solo me importa el paciente, que fallezca bien, y la familia. La ley es otro foro», declara Lourdes Corredera, trabajadora social que cada día se pelea por lograr recursos y agilizar trámites.

   El factor tiempo es clave. «Tener acceso a la Ley de Dependencia de forma más inmediata ayudaría mucho a las familias», cree Lourdes, que se queja de la continua lucha contra el «muro de hormigón» de las administraciones: «Las familias tienen que dejar de trabajar, las ayudas llegan tarde, no dan facilidades para adaptar las viviendas, camas articuladas, sillas de ruedas... Muchos tienen que endeudarse».

   A contrarreloj trabaja Antonio Noguera, subdirector médico. «Los pacientes llegan demasiado tarde. Se alivian los síntomas clínicos pero en el cuidado integral vamos a contrarreloj», explica. Él augura lo que muchos temen: «Si la ley sirve para mejorar los ciudados paliativos será maravilloso, si es una ley para un encuentro de ideologías diferentes será un desastre». «Cuando no se puede curar -añade-, lo que queda es cuidar lo mejor posible del paciente».

ABC

 

domingo, 8 de mayo de 2011

¿Apartheid para cristianos?

¿Apartheid para cristianos?
   Ya hemos tenido demasiados regímenes discriminatorios en el siglo XX para que sigan surgiendo nuevos. Pero que aparezcan teóricos del apartheid más violento, ya es excesivo

En el siglo XX Sudáfrica se hizo tristemente famosa por el apartheid. Este régimen político consistía en la segregación racial. En un país con mayoría de población negra, los sudafricanos de esta raza apenas tenían derechos políticos y civiles. No participaban en las elecciones parlamentarias, no tenían derecho a transitar por cualquier sitio, sus barrios muchas veces no tenían electricidad o agua potable, además de otras muchas limitaciones. Incluso debían viajar en asientos distintos de los blancos en los transportes públicos y existían playas, baños públicos y barrios reservados a blancos. Hubo también pensadores sudafricanos blancos que elaboraron una teoría justificadora del sistema de discriminaciones de su país.

      Afortunadamente Sudáfrica abandonó el régimen del apartheid hace ya casi dos décadas. La humanidad entera veía denigrada su conciencia por la existencia de un régimen como el sudafricano tan contrario a los principios de dignidad humana. Por eso sorprende que los fantasmas del apartheid vuelvan a aparecer, y no en un lugar remoto, sino en España. La diferencia es que ahora los segregados no son los miembros de una raza humana, sino los de una religión, la católica. 

      Porque ¿qué es sino una nueva forma de apartheid el intento de que los católicos no tengan derecho a locales en universidades que son de todos, en igualdad de condiciones que los demás ciudadanos? ¿O que se impida al Cardenal Rouco pronunciar una conferencia en una universidad, como si él tuviera menos derechos civiles que otros conferenciantes?
      Se intenta expulsar de la profesión a los médicos o a los jueces católicos, pues se les impide —solo a ellos— ejercer la objeción de conciencia. A los padres católicos se les impide tener colegios que respondan a su ideario salvo que paguen más que los demás ciudadanos, pues reservan los recursos públicos a colegios laicos. Tampoco se pueden fundar asociaciones católicas en igualdad de oportunidades, pues se les niegan subvenciones solo porque son católicas. 

      Recientemente hemos sabido que se discrimina a los católicos en la carrera diplomática. Puestos a discriminar, a los católicos se les niega hasta el derecho a tener sentimientos: ya hemos perdido la cuenta del número de espectáculos financiados con fondos públicos que contienen graves ofensas a lo que los católicos consideran más sagrado.

      Parece claro que el objetivo es convertir a los católicos en ciudadanos de categoría inferior. Para estos radicales todos los ciudadanos tienen derecho a expresar su opinión sobre los asuntos públicos, salvo los que usen mitra y báculo; todos los parlamentarios tienen derecho a votar en conciencia, salvo si son católicos; y en las escuelas públicas se enseñarán todas las doctrinas, salvo las católicas.

      Sin embargo, estas actitudes aun siendo condenables, no me parecen preocupantes: ya sabemos que los radicales van a actuar con radicalidad. Lo preocupante es que ya hayan surgido teóricos del nuevo apartheid.

      En efecto, Gregorio Peces-Barba parece que ha asumido el papel de impulsor de la política de apartheid hacia los católicos. Hace unos días ha publicado un artículo en el que se opone a que a los católicos se les trate en régimen de igualdad, pues a pesar de tantas discriminaciones hacia los católicos, opina que a la Iglesia se le ha consentido demasiado. En unas frases que parecen sacadas de un manual del apartheid, afirma que «cuanto más se les consiente y se les soporta, peor responden. Solo entienden del palo y de la separación de los campos».

      Ya hemos tenido demasiados regímenes discriminatorios en el siglo XX para que sigan surgiendo nuevos. Pero que aparezcan teóricos del apartheid más violento, ya es excesivo. Las autoridades públicas deberían intervenir con todo el peso de la ley ante el riesgo de que algún lector de Peces-Barba le haga caso.
Pedro María Reyes Vizcaínoe-LibertadReligiosa.net

sábado, 7 de mayo de 2011

Joaquín Navarro-Valls recomienda una película para aprender a perdonar

Joaquín Navarro-Valls recomienda una película para aprender a perdonar
   En las vísperas del estreno de la pelicula ‘There be dragons’ en EE.UU., la agencia de noticias ZENIT ha entrevistado a Joaquín Navarro-Valls sobre su relación con San Josemaría y sobre cómo ha llegado a implicarse en la película. Navarro-Valls afirma que 'Encontrarás dragones' (en inglés 'There be dragons') consigue provocar en quienes la ven la capacidad del perdón 

   Ayer se estrenó en Estados Unidos "There Be Dragons", una historia de amor, guerra y perdón escrita y dirigida por Roland Joffé ("The Misión", "The Killing Fields", "City of Joy") en la que el fundador del Opus Dei es uno de los personajes centrales. 

      En esta entrevista concedida a ZENIT, Joaquín Navarro-Valls, portavoz de Juan Pablo II y de Benedicto XVI de 1984 a 2006, explica los motivos por los que decidió invertir en esta película, junto a varias empresas de televisión y alrededor de un centenar de inversores privados.

Usted ha convivido más de 20 años con el ahora beato Juan Pablo II, de quien fue portavoz y estrecho colaborador, y ha vivido durante cinco años con san Josemaría Escrivá, que es uno de los personajes de esta película. ¿Qué elementos comunes encuentra entre estas dos personas santas?
Desde el punto de vista humano y psicológico, yo diría que tenían en común un gran sentido del humor, que en ambos se prolongó hasta el momento de su muerte. Otro rasgo era la capacidad de llevar la iniciativa. Se adelantaban a las necesidades de los demás y a las necesidades de su tiempo, sin limitarse a reaccionar a los problemas o los retos que se planteaban en cada momento.

      A nivel espiritual, eran dos figuras con una fuerte conciencia de estar en las manos de Dios y de desear cumplir su voluntad. San Josemaría se definía a sí mismo como un “chiflado” por el amor de Dios. El Beato Juan Pablo II perdía la noción del tiempo cuando se ponía a rezar delante de un Sagrario.

      Josemaría Escrivá y Karol Woytila, al mismo tiempo, eran personas de carne y hueso, muy de su tiempo. Cuando hemos conocido a un santo, cuando nuestra propia vida se ha cruzado con la suya, pienso que tenemos que modificar esa idea de la santidad que aparece en el arte barroco, centrada sobre todo en momentos extraordinarios. Es una idea a la que faltaba realismo, consistencia, proporción. Estos dos santos muestran que la santidad está unida a la realidad material y a todo lo humano: les he visto hacer suyas las alegrías y las penas de los que les rodeábamos, reír y emocionarse con quienes tenían alrededor. El santo me parece que es siempre un realista: con el realismo que da ver las cosas con la mirada de Dios.

      Josemaría Escrivá y Karol Woytila nos hacen ver que en este mundo nuestro de realidades humanas y concretas, hay un “algo divino” que está ya ahí esperando que el hombre sepa encontrarlo, que todo actividad y todo momento tiene su trascendencia divina. Diría también que en ambos latían algunas visiones teológicas comunes, como el interés por la llamada "teología del laicado". La aportación de Josemaría Escrivá, desde que en 1928 fundara el Opus Dei, ha sido inmensa en este aspecto. Y pienso que Juan Pablo II, al proceder a su canonización, deseaba también proclamar de modo más solemne este ideal de la santidad en la vida ordinaria.

¿Por qué ha decidido implicarse personalmente en “There Be Dragons”?
Como usted mismo recordaba, en mi vida he convivido con dos santos. De alguna manera, sentía en mi conciencia la responsabilidad de transmitir esta vivencia singular, y pensé que el cine podría ser un instrumento adecuado.

      En 2005 colaboré en una coproducción ítalo-estadounidense sobre Karol Wojtyla, pilotada desde Italia por la productora Lux Vide. Cuando, poco después, Roland Joffé y el productor de There Be Dragons me hablaron de su proyecto, me pareció atractivo. Y decidí invertir en ese film. Me resultó interesante el planteamiento de Joffé. El director construye una historia de vidas paralelas (como en La Misión o en Los gritos del silencio) en la que Josemaría Escrivá es uno de los personajes centrales. No presenta la vida de un santo, sino la vida compleja de unas personas en las que un sacerdote santo incide decisivamente. La trama desarrollada por Joffé va a un tema como el sentido del perdón que tiene una significación eterna en la historia humana.

¿Qué le ha parecido el resultado?
Me parece que estamos ante una cinta llena de humanidad, fuerza dramática y seducción. Y esto lo confirman los datos de audiencia que está alcanzando en España, donde ya lleva seis semanas en los cines. Comparto la opinión de muchos: Roland Joffé ha vuelto a sus mejores momentos y ha realizado una película que conmueve y entretiene.

      Yo creo que es una gran historia de pasiones humanas que se resuelve con el tema del perdón, que es el núcleo central de la película: la narración de ese personaje ambiguo que se llama Manolo Torres (Wes Bentley), que acaba la vida resolviendo el problema con su hijo. Es un momento muy emotivo del film pero, sobre todo, es el momento de la verdad de este film.

      Sin preverlo, Roland Joffé ha puesto en marcha un movimiento de gentes que se ven impulsadas a perdonar. Los productores reciben a diario mensajes de agradecimiento (algunos de ellos se encuentran en Internet) de personas que ven la película y deciden regresar a casa después de años de separación, de cónyuges que se reconcilian, de padres e hijos que vuelven a aceptarse, de otros que vuelven a Dios tras un largo periodo de distanciamiento. Como inversor, estas reacciones son una gratificación estupenda, de valor incalculable, superiores al retorno económico.

Algunos han visto "There Be Dragons" como una respuesta a "El Código Da Vinci".
El director de la película (Roland Joffé) y los productores han dicho en numerosas ocasiones que su intención no era responder a nadie, entre otras cosas porque quizá consideran que su película está en un nivel superior, tanto artísticamente como desde el punto de vista del puro entretenimiento: hay mucha belleza visual y sonora, y hay muchas pasiones y emociones que es difícil que dejen indiferente.

      Sin embargo, aunque no hayan pretendido contestar a nada, pienso que There Be Dragons es de hecho una formidable respuesta a El Código Da Vinci porque expresa cinematográficamente la verdad sobre cuestiones relativas al mensaje cristiano y a la Iglesia que la historia de Dan Brown falsificaba. Me encantaría que muchos seguidores de El Código Da Vinci vieran y disfrutaran There Be Dragons, y pudieran hacerse un cuadro más completo y real sobre estos temas sobrenaturales de la gracia de Dios y la santidad a la que todo ser humano puede aspirar. Estoy convencido de que el mismo señor Brown apreciará esta historia, cuando pueda verla.
ZENIT.org (Entrevista de Jesús Colina)
Almudí
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viernes, 6 de mayo de 2011

LUCES DE LA VERDAD

Buen resumen de la predicación del Papa en la Semana Santa

   ¿Qué nos ha recordado a todos el Papa en estos días de Semana Santa y de Pascua de Resurrección?

    Después de leer con calma las palabras pronunciadas en los distintos momentos de las celebraciones, he sacado la impresión de que Benedicto XVI, más allá de los problemas que siempre van a acompañar el anuncio de Cristo Resucitado, ha querido subrayar verdades orientadoras, luces que llegan a lo más hondo del alma, para que cualquier cristiano sepa situarse ante cualquier circunstancia política, social, de peligro o de tranquilidad, con las que se tenga que enfrentar en la vida. Y que nunca le faltarán.

¿Qué verdades?

 Dios está en el origen del hombre:

    “La Razón estaba en el principio, la Razón creadora, divina. Y puesto que es Razón, ha creado también la libertad; y como de la libertad se puede hacer un uso inadecuado, existe también aquello que es contrario a la creación. Por eso, una gruesa línea oscura se extiende, por decirlo así, a través de la estructura del universo y a través de la naturaleza humana. Pero no obstante esta contradicción, la creación como tal sigue siendo buena, la vida sigue siendo buena, porque en el origen está la Razón buena, el amor creador de Dios. Por eso el mundo puede ser salvado. Por eso podemos y debemos ponernos de parte de la razón, e la libertad, del amor; de parte de Dios que nos ama tanto que ha sufrido por nosotros, para que de su muerte surgiera una vida nueva, definitiva”.

    Relación del hombre con Dios:

“Si el hombre fuese solamente un producto casual de la evolución en algún lugar al margen del universo, su vida estaría privada de sentido o sería incluso una molestia para la naturaleza. (…) El hombre en su misma esencia es un ser en relación. Pero, si se trastorna la relación fundamental, la relación con Dios, también se trastorna todo lo demás. Si se deteriora nuestra relación con Dios, si la orientación fundamental de nuestro ser está equivocada, tampoco podemos curarnos de verdad ni en el cuerpo ni en el alma”.

Y quizá cuando algunos menos lo esperaban, el Papa menciona a Satanás:

    “Hoy comprobamos de nuevo con dolor que a Satanás se le ha concedido cribar a los discípulos de manera visible delante de todo el mundo. Y sabemos que Jesús ora por la fe de Pedro y de sus sucesores”.

      Es la presencia del mal -también dentro de la Iglesia, “a los discípulos”-, del pecado, es esa “gruesa línea oscura”, es la rebelión del hombre contra Dios; quizá porque nunca acabamos de descubrir el Amor por el que Dios Padre nos ha creado, con el que Dios Hijo nos ha redimido, en el que Dios Espíritu Santo nos santifica. Nos acerca a Dios Trino.

    Benedicto XVI sabe que ha recibido la misma misión que Pedro -“sostener la fe de sus hermanos”-; y sabe también “que Jesús ora por la fe de Pedro y de sus sucesores”.

    Y en esa Fe, y de esa Fe, habla. Y desde esa Fe, invita a todos a razonar.

    “Tenemos motivos para gritar en esta hora a Dios: “No permitas que nos convirtamos en no-pueblo. Haz que te reconozcamos de nuevo. Sí, nos has ungido con tu Amor,  has infundido tu Espíritu Santo sobre nosotros. Haz que la fuerza de tu Espíritu se haga nuevamente eficaz en nosotros, para que demos testimonio de tu mensaje con alegría”.
    Y, al final, una llamada a la Esperanza. Quizá sabía ya que más de 3.000 adultos  recibirían las aguas del Bautismo en Francia, durante la Vigilia Pascual, y que unos 1.500 anglicanos se unirían a la Iglesia, cuando dijo estas palabras en la Misa Crismal:

    “Cuando el papa Juan Pablo II sea beatificado el próximo 1 de mayo, pensaremos en él llenos de gratitud como un gran testigo de Dios y de Jesucristo en nuestro tiempo, como un hombre lleno del Espíritu Santo. Junto a él pensemos en el gran número de aquellos a quienes él ha beatificado y canonizado, y que nos dan la certeza de que también hoy está viva la promesa de Dios: Él sigue con nosotros, con la Iglesia, y lleva a cabo su obra”.

    Los Apóstoles vieron, y creyeron.
  
 Ernesto Juliá Díaz
Religión Confidencial

jueves, 5 de mayo de 2011

VIVIR COMO PROYECTO

Vivir como proyecto

Este es el mensaje pascual: una vida “vivida” como proyecto de plenitud 

     En todas las épocas —no sólo en el romanticismo— la vida posee un valor inigualable. Y quien la posterga o la niega —sea en nombre de la pura razón o de una conveniencia social juzgada según los intereses de algunos—, deja de conducirse como un ser humano. Este valor de la vida se muestra especialmente en la resurrección de Cristo, hecho (histórico y que a la vez sobrepasa la historia o el tiempo) central del cristianismo. 

      En cambio, desde hace décadas está de moda la “reencarnación”, creencia que viene de oriente y que ha encontrado eco en muchos aspectos de la cultura, como la música popular. A la muerte de Dalí, cantaba el grupo Mecano: “Si te reencarnas en cosa, hazlo en lápiz o en pincel”. Aunque ajena al cristianismo, la reencarnación refleja el anhelo de un vivir posterior a la vida actual de cada uno, o, si se prefiere, la resistencia a morir; porque, en el fondo, todos querríamos seguir viviendo, y amar a alguien significa decirle: no quiero que mueras. ¿Pero en qué condiciones? Esta pregunta se la hacía ya Benedicto XVI en su encíclica Spe salvi, a propósito de la esperanza cristiana.
      Cuando Ulises necesitaba una ayuda para escapar de los lazos insidiosos de la maga Circe —que había convertido en cerdos a varios de sus soldados—, se encontró con Hermes, que le dio una hierba medicinal llamada “moly”, con la que pudo evitar el encantamiento. Los Padres de la Iglesia veían en ese relato una alusión a la vida cristiana, y especialmente a la Eucaristía, que nos da la vida de Cristo. En efecto, la vida de Cristo es la única que nos rescata de las alienaciones en que con frecuencia podemos caer en nuestro viaje. 

      En la vigilia pascual del Sábado Santo de 2010, el Papa tocaba de nuevo el gran tema de la vida, tan propio de la Pascua. Y se preguntaba qué ocurriría si los hombres descubriéramos eso mismo, una “hierba medicinal contra la muerte” que la evitara o al menos la retrasara varios cientos de años: ¿sería bueno? Entre otras cosas, «la humanidad envejecería de manera extraordinaria, y ya no habría espacio para la juventud»; también «se apagaría la capacidad de innovación», de modo que «una vida interminable, en vez de un paraíso, sería más bien una condena»

      Algo nos dice que esa no es la vida o la “supervida” que anhelamos. No deseamos sencillamente la prolongación indefinida de nuestra vida actual, sino una transformación de nuestra vida que llevara a «crear en nosotros una vida nueva, verdaderamente capaz de eternidad, transformarnos de tal manera que no se acabara con la muerte, sino que comenzara en plenitud sólo con ella»

      Pues bien, he aquí que esa “medicina de inmortalidad” existe: es el Evangelio de Jesucristo, con toda su novedad y emoción. «Esta medicina —señalaba Benedicto XVI— se nos da en el Bautismo. Una vida nueva comienza en nosotros, una vida nueva que madura en la fe y que no es truncada con la muerte de la antigua vida, sino que sólo entonces sale plenamente a la luz»

      ¿Pero cómo es posible esto?, «¿cómo se desarrolla esta transformación de la vieja vida, de modo que se forme en ella la vida nueva que no conoce la muerte?» Para explicar este proceso citaba el Papa un antiguo escrito judío, según el cual «Henoc fue arrebatado por Dios hasta su trono. Pero él se asustó ante las gloriosas potestades angélicas y, en su debilidad humana, no pudo contemplar el rostro de Dios». «Entonces —prosigue el libro de Henoc— Dios dijo a Miguel: ‘Toma a Henoc y quítale sus ropas terrenas. Úngelo con óleo suave y revístelo con vestiduras de gloria’. Y Miguel quitó mis vestidos, me ungió con óleo suave, y este óleo era más que una luz radiante... Su esplendor se parecía a los rayos del sol. Cuando me miré, me di cuenta de que era como uno de los seres gloriosos»

      A partir de ahí exponía Benedicto XVI cómo en el Bautismo cristiano se nos aplica la “vida” misma que procede de Cristo resucitado. Se nos “reviste” de Cristo, «de modo que podamos comparecer en presencia de Dios y vivir siempre con Él». Esto implica rechazar el pecado, que es la causa de la muerte, según la Biblia. El pecado en todos los tiempos ha venido envuelto en la cultura que promueve la adoración del poder, la codicia, la mentira y la crueldad. Por eso el Bautismo ha sido visto desde los primeros tiempos como «un acto de liberación respecto a la imposición de una forma de vida que se presentaba como placer y que, sin embargo, impulsaba a la destrucción de lo mejor que tiene el hombre»

      La imagen es muy clara: hoy también hemos de quitarnos las “viejas vestiduras” de la muerte y de la oscuridad, que nos impiden estar ante Dios. Es preciso rechazar lo que San Pablo llama las “obras de la carne” (los pecados) y abrazar los “frutos del Espíritu” (los actos de virtud, las obras buenas). Los bautizados se volvían hacia el oriente, símbolo de la nueva vida y la nueva luz de Cristo. Por eso al salir de las aguas bautismales se les revestía de blanco y se les entregaba una vela encendida. «Habían obtenido el fármaco de la inmortalidad, que en el momento de recibir la santa comunión, tomaba plenamente forma»

      Todo esto es lo que encierra la palabra “Aleluya”: con la resurrección de Cristo tenemos la verdadera vida, la verdadera medicina de inmortalidad. He aquí la lección: la vida plena sólo puede obtenerse en unión con Cristo. Lejos de Cristo, la vida se termina y se acaba definitivamente con la muerte. En cambio, quien permanece fiel a Cristo y vive realmente con Él (principalmente mediante los sacramentos), participa, ya ahora, de la plenitud de su vida, que no puede ser vencida por la muerte. Y tiene que dar testimonio de esa vida necesariamente caracterizada por la alegría, la difusión del bien, la preocupación efectiva —en lo material y espiritual— por los demás. Este es el mensaje pascual: una vida “vivida” como proyecto de plenitud. 

      Esa vida precisa un esfuerzo de coherencia: «Seremos verdaderamente y hasta el fondo testigos de Jesús resucitado —diría el Papa días después en la octava de Pascua— cuando dejemos trasparentar en nosotros el prodigio de su amor: cuando en nuestras palabras y, aún más, en nuestros gestos, en plena coherencia con el Evangelio, se pueda reconocer la voz y la mano del mismo Jesús».

Ramiro Pellitero. Universidad de Navarraiglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com / Almudí

miércoles, 4 de mayo de 2011

Juan Pablo II, patrono súbito de profesionales y académicos de la comunicación

Buenas reflexiones del Dr. García Noblejas sobre la atención que dedicó Juan Pablo II a los medios de comunicación.

Juan Pablo II, patrono súbito de profesionales y académicos de la comunicación
«Los criterios supremos de verdad y de justicia, en el ejercicio maduro de la libertad y de la responsabilidad, constituyen el horizonte donde situar una auténtica deontología en el aprovechamiento de los modernos y potentes medios de comunicación social»

     Con seguridad absoluta, hay voces muy autorizadas y potentes para solicitar a quien corresponda que Juan Pablo II sea proclamado patrono de los profesionales y académicos de la comunicación pública.

      Juan Pablo II ha sabido entender y atender muy bien la naturaleza y características de este fenómeno global de nuestros días, para llegar a las cabezas y los corazones de millones de personas de toda edad y condición intelectual y social, de todas las mentalidades.

      Solo deseo poner por escrito y publicar, en este blog en un rincón de la esfera global de comunicación, que no son pocos los profesionales y académicos con los que he hablado y todos encuentran natural y normal que esto sea así.

       Se podrá razonar con unos u otros argumentos, pero si hay un santo (por el momento, oficialmente beato) que ha practicado y promovido la comunicación en modo global, éste ha sido Juan Pablo II.


    (...) Los medios de comunicación social han alcanzado tal importancia que para muchos constituyen el principal instrumento de guía y de inspiración en su comportamiento individual, familiar y social. Se trata de un problema complejo, puesto que tal cultura, aún antes que por “los contenidos”, nace por el hecho de que existen nuevos modos de comunicar con técnicas y lenguajes inéditos.

    Vivimos en una época de comunicación global, en la que muchos momentos de la existencia humana se articulan a través de procesos mediáticos, o por lo menos, con ellos se deben confrontar. Me limito a recordar la formación de la personalidad y de la conciencia, la interpretación y la estructuración de lazos afectivos, la articulación de las fases educativa y formativa, la elaboración y la difusión de fenómenos culturales, el desarrollo de la vida social, política y económica.

    Dentro de una visión orgánica y correcta del desarrollo del ser humano, los medios de comunicación pueden y deben promover la justicia y la solidaridad, refiriendo con verdad y cuidado los acontecimientos, analizando en modo completo las situaciones y los problemas, y dando voz a las diversas opiniones. Los criterios supremos de verdad y de justicia, en el ejercicio maduro de la libertad y de la responsabilidad, constituyen el horizonte donde situar una auténtica deontología en el aprovechamiento de los modernos y potentes medios de comunicación social (...)

      No es más que un deseo, éste de ver y tener a Juan Pablo II como patrono de profesionales y académicos de la comunicación. Si hay alguien que lo comparte y tiene idea de cómo promoverlo y llevarlo a cabo, bienvenidas sean las adhesiones y sugerencias para difundir y hacer realidad esta idea.

JUAN JOSÉ GARCÍA NOBLEJAS
SCRIPTOR / Almudí

martes, 3 de mayo de 2011

VOCES EN LA PLAZA DE SAN PEDRO

 Os invito a leer este brillante artículo del Dr. Navarro Valls sobre Juan Pablo II
    En un siglo, la Historia queda marcada por “acontecimientos”; en una década, son las personas y sus acciones –también las pequeñas - quienes la determinan. Si esto es así, permítanme sintetizar la historia de la  vida de Juan Pablo II –tal y como yo la veo- en una pequeña anécdota. En  una de sus visitas en  Polonia se dio cuenta de que había un pedazo de pan en el suelo; se arrodilló, lo besó y lo puso sobre el césped para que lo comieran los pájaros.  Solo una persona con los pies muy en la tierra y con la cabeza en el cielo puede captar el pequeño milagro de la vida  en medio del gran alboroto de las cosas. Hoy se diría que es el gesto de un ecologista; un teólogo precisaría que es el gesto de quien ama a Dios a través de la creación.  

   La clave de lo que la Iglesia llama “santidad” radica, precisamente,  en vivir de modo extraordinario las cosas ordinarias.  La misma plaza de San Pedro que  fue testigo, el 13 de  mayo de 1981, del atentado contra la vida del papa polaco por la acción de un asesino profesional,  ha sido ayer , treinta años después, el marco imponente de su beatificación. ¿Qué ha pasado entre esas dos fechas? 

   Muchas cosas han sucedido en los 26 años de pontificado del papa número 264 de la historia de la Iglesia.  De todos sus antecesores, ha sido el que más ha viajado (un centenar de veces a 145 países y 150 desplazamientos dentro de Italia), el que más documentos ha publicado y el que más discursos ha pronunciado (se calcula que unos  180 millones de palabras),  el primero  que ha publicado libros de memorias o de pensamiento, encaramándolos cada uno de ellos a la lista de libros más vendidos…. Sin embargo, a los efectos de lo que ayer ocurrió  en Roma,  no ha sido eso lo más importante. Muy poco después de su elección, dirigiéndose a un santuario de la Virgen con algunos de sus colaboradores,  les preguntó: "¿Qué es lo  más importante para el Papa en su vida, en su trabajo?". Le sugirieron: "¿Tal vez la unidad de los cristianos, la paz en Oriente Medio, la destrucción del  telón de acero..? " Replicó sonriendo: "Para el Papa, lo más importante es la oración". 

   Desde luego Juan Pablo II merece el calificativo  de “grande” por el conjunto de su pontificado. Pero su verdadera grandeza está en su santidad, no en su actividad. Acabo de leer una entrevista con Arturo Mari, el fotógrafo oficial del Papa. De entre los cientos de miles de fotografías tomadas  en viajes, con todo tipo de personalidades y con  multitudes gigantescas,  le preguntan por su favorita. Mari contesta: “la que le hice unos días antes de morir,  en su capilla privada,  el viernes santo de 2005. Estaba muy enfermo, pero quiso estar presente de algún modo en el tradicional Vía Crucis del Coliseo”. En la foto se le ve abrazado con fuerza a un gran crucifijo apoyado sobre su rostro. Toda una síntesis de su pontificado, centrado en la oración y el  sufrimiento. A su través, logró vivir en grado heroico las virtudes cristianas. 

   Entiéndaseme bien. No quiero decir con esto que Karol Wojtyla no tuviera defectos. Tampoco que su largo pontificado estuviera exento de errores. Los que conocen los procesos canónicos de canonización saben bien que su minuciosidad equivale a la acción de una potente lupa sobre una piel aparentemente tersa. Enseguida aparecen las pequeñas arrugas y la acción erosionadora del tiempo. Y los versados en Historia de la Iglesia, son conscientes de que se necesitan años para evaluar definitivamente los pontificados de los grandes papas. Lo que quiero decir es que, lo que se ha concluido en el proceso, ha sido que combatió tenazmente contra sus defectos, aumentó con lucha sus virtudes, y procuró enderezar hacia Dios las acciones de un  pontificado pleno de realizaciones. 

   Mi impresión es que pronto  comprendió con especial claridad que la Iglesia está más en sus bases que en su cúpula, y que las naciones no son tanto los políticos como sus gentes. Sus continuos viajes  por  todo el mundo tenían como  objetivo señalar que la clave está en  el hombre y la mujer corrientes. Al proclamar insistentemente que  “ los derechos del hombre son también derechos de Dios",  hacía algo más  que una bella frase. La acompañaba con una concreta denuncia de  los escándalos del siglo XX: los genocidios y los crímenes contra la humanidad;  el apartheid, la tortura y el hambre; las agresiones contra las libertades cívicas, los derechos políticos o los derechos económico-sociales; las guerras y los ataques contra el derecho a la vida;  la autodeterminación de los pueblos o la discriminación contra las minorías.  Tal vez por eso,  animaba continuamente a luchar por "una sociedad en la que  nadie sea tan pobre que no tenga nada para dar a los demás, y nadie tan rico que no pueda recibir nada de los demás". 

   De Juan Pablo II se han hecho bastantes estudios acerca de su dominio de los medios. Es cierto que,  en el mundo de la imagen, fue un protagonista indiscutible, probablemente porque se encontraba a gusto cuando comunicaba. No por el narcisismo de quien sabe que “da bien” en la televisión, sino  porque disfrutaba transmitiendo la verdad. Quizás el análisis  más certero lo hizo  un periodista del New York Times en septiembre de 1987. En ese año, el papa viajó a Estados Unidos y el analista  se interrogó acerca del éxito de Juan Pablo II en los medio. El propio periodista se respondía: “El Papa domina la televisión simplemente ignorándola”.  Esta respuesta  pondría los pelos de punta a los expertos en  imagen. Pero era un buen diagnóstico. Ignoraba las cámaras, porque miraba por encima de los focos. No dependía de ellos, sino de las necesidades de sus interlocutores. El español Joaquin Navarro- Valls, su antiguo portavoz, comentaba: “mostró   a toda  una generación que el tema de Dios era inevitable. Estaba convencido de que no se puede entender al ser humano si se prescinde de Dios.  Instintivamente comprendía  que sin Dios,  el hombre solamente es  un triste animal ingenioso”.

   Gorbachov lo llamó “la primera autoridad moral de la Tierra”. Esta autoridad moral la proyectó en muchas direcciones. Tal vez la más contundente fue su papel en la caída de los regímenes comunistas del Este europeo. Desde luego, la presión de Reagan con su “guerra de las galaxias” y las débiles bases económicas y políticas en que descansaba el entramado  soviético fueron decisivas para el hundimiento final. Sin embargo, cuando Juan Pablo II comenzó  a hablar del  socialismo real como “un paréntesis en la historia de Europa”,  los pueblos eslavos abandonaron su penumbra histórica para golpear la conciencia de Occidente.  Este fue el comienzo del fin. Cuando vencieron  el miedo, comenzó la oposición sistemática y los muros se agrietaron hasta caer.  De Budapest a Berlín, de Praga a Sofía y Bucarest,  la ola iniciada en Varsovia por Juan Pablo II arrojó el totalitarismo de millones de corazones.

   Tal vez lo más sorprendente de Juan Pablo II haya  sido su excepcional capacidad para movilizar a los más jóvenes.  Las mayores concentraciones que se han producido en Oriente y Occidente, lo han tenido por protagonista: tres millones en Roma (agosto 2000), más de cuatro millones en Manila (enero 1995). ¿Razón? Su mezcla de carisma y exigencia moral.  Nunca les ocultó las exigencias de la vida cristiana. Débil y frágil, viendo ya cercana  la hora de su muerte, al tener noticia de que una multitud de jóvenes  se habían congregado en la Plaza San Pedro para acompañar al “Papa  amigo”, Juan Pablo II  susurró  sus últimas palabras: «Os he buscado. Ahora vosotros habéis venido a verme. Os  doy las gracias». Ayer volvieron de nuevo. La plaza vaticana era  una fiesta de jóvenes. 

   Los expertos en procesos de canonización suelen condensar  en  tres voces latinas las claves  de la santidad de una persona. Son: vox populi, fama de santidad entre gentes muy distintas; vox Ecclesiae, reconocimiento por la Iglesia de sus virtudes; vox Dei, un hecho extraordinario , sin explicación científica , realizado a través de su intercesión, es decir, un milagro. Estas tres “voces” han resonado  ayer con especial vigor en la milenaria plaza de San Pedro. El “santo subito” (¡Santo, ya !), acuñado espontáneamente la tarde del 8 de abril de 2005,  ha tenido tonalidades inéditas esta mañana romana.

 Rafael Navarro Valls
Catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, y secretario general de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España

ZENIT