miércoles, 3 de agosto de 2011

Carta abierta al Papa

Carta abierta al Santo Padre
   “Santo Padre: podrá comprender fácilmente con qué gozo he leído (…), las siguientes hermosas palabras de su Mensaje a la próxima ‘JMJ’: «Sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente»”

      Santidad: permítame enlazar idealmente un recuerdo personal de juventud a una hermosa frase de su Mensaje a la próxima JMJ, que en su bondad ha deseado celebrar en España. Quisiera corresponder así al particular empeño de Vuestra Santidad en recordar a los jóvenes —especialmente si se llaman cristianos— que la principal riqueza y belleza de la juventud consiste en ser vivida como tiempo de reflexión vocacional, de esperanza en un futuro de verdadera felicidad.

      Como todos o casi todos los jóvenes de ahora y de siempre, yo también me preguntaba, hace muchos años, en estas tierras de vieja cristiandad: ¿Qué debo hacer para que mi vida tenga verdadero sentido? ¿Cómo puedo emplearla al servicio de algo verdaderamente grande?, y añadía también, de cara a la eternidad: ¿Cuál es la voluntad divina en mi vida? ¿Qué espera Dios de mí? Sentía en mi alma un ansia de cosas grandes, de dedicar mi existencia a ideales altos aunque fueran arduos. Era una serena inquietud, que reflejaban bien estas palabras de un conocido poeta español, José María Valverde: «Tú, amigo, tú que tienes veinte años, dime: ¿qué vas a hacer con ellos?» La respuesta la encontré en otra pregunta hecha con no menor ímpetu juvenil por un sacerdote, Josemaría Escrivá, a cuya canonización Vuestra Santidad y yo hemos asistido, hace nueve años, en la plaza de San Pedro: «¿No gritaríais de buena gana a la juventud que bulle alrededor vuestro: ¡Locos!, dejad esas cosas mundanas que achican el corazón..., y muchas veces lo envilecen..., dejad eso y venid con nosotros tras el Amor?» (Camino, 790).

      Esas cosas mundanas, en el sentido negativo del término, eran entonces y lo son hoy —Juan Pablo II y Vuestra Santidad lo recuerdan exhortando a ir contracorriente— los falsos dioses de las tres principales concupiscencias que tientan a la naturaleza humana caída: el ídolo de la avaricia y del poseer a toda costa (concupiscencia de los ojos), el ídolo de la lujuria y de la droga (concupiscencia de la carne) y el ídolo del poder egoísta y prepotente (soberbia de la vida). Frente a esos falsos dioses que achican el corazón..., y muchas veces lo envilecen, se alzaban con fuerza las palabras de una decidida invitación siempre actual: Venid con nosotros tras el Amor, el Amor con mayúscula, Cristo, arrebatadora Imagen del Dios invisible, Maestro y Amigo, paz y alegría del mundo, Camino de esperanza y de felicidad, Palabra que no pasa, Verdad que ilumina y consuela, Vida que sana y resucita. Aquella invitación del joven sacerdote Josemaría sonó en mi alma como el Sígueme de Jesús a sus primeros discípulos junto al mar de Galilea.

      Santo Padre: podrá comprender fácilmente con qué gozo he leído, sesenta años después, en esta primavera romana de 2011, las siguientes hermosas palabras de su Mensaje a la próxima Jornada Mundial de la Juventud: «Sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: “Nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti”. (...) El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando comenzamos a tener una relación personal con Él, Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud».

      A la mayoría de los jóvenes que encontrará en Madrid deseosos de crecer en amistad con Jesús de Nazaret, el Señor los habrá llamado o los llamará al matrimonio, esa íntima comunión de vida y de amor conyugal, única, indisoluble y abierta a la fecundidad, fundamento insustituible de una sociedad sana, que Cristo ha elevado a la condición de sacramento. Pero debemos esperar también, como ocurrió en Colonia, en Sidney y en otros muchos encuentros de Vuestra Santidad con los jóvenes, que a algunos y a algunas el Señor les pedirá más.

      Es seguro —la experiencia de la pastoral juvenil lo demuestra— que, de frente a los desafíos del agnosticismo religioso y la banalización de la sexualidad, la gracia de Dios desvelará también en España a no pocos jóvenes el valor siempre actual del celibato apostólico, de la completa donación de sí mismos, en la totalidad corpórea-espiritual, al amor de Cristo y a los demás por amor de Dios. Un particular anhelo de lo realmente grande llevará a esas almas a responder a la llamada de Cristo al celibato apostólico (propter me et propter evangelium: Mc 10, 29): ya sea en el sacerdocio de Cristo Pastor, sin el cual no habría Eucaristía ni Reconciliación, ya sea en la peculiar consagración del estado religioso o en la también completa donación a Dios en las circunstancias ordinarias de la vida secular.

      Santidad: gracias en nombre personal y de los jóvenes de la JMJ por esa hermosa frase de su Mensaje, y que María Santísima, la Señora del fiat, les enseñe a ellos y nos enseñe a todos siempre a saber discernir, amar y cumplir la voluntad de Dios.

Cardenal Julián Herranz, ex Presidente del Consejo Pontificio para los Textos LegislativosAlfa y Omega / Almudí

martes, 2 de agosto de 2011

¿Por qué está inquieto el Dragón?

¿Por qué está inquieto el Dragón?
Mientras, las familias católicas chinas siguen rezando el rosario, siguen alentando a sus hijos a agradecer a Dios la vocación sacerdotal y a ordenarse en la clandestinidad por obispos fieles a Roma, al Papa, a Cristo

   Se terminan ya, en estas latitudes, los preparativos espirituales, técnicos, organizativos, para la Jornada Mundial de la Juventud. La Iglesia, con sacerdotes de tantas partes del mundo, se dispone a vivir una nueva, perenne, Pentecostés.

      Mientras tanto, el gobierno chino, además de no conceder visados para que algunos jóvenes católicos puedan venir a vivir ese abrazo fraterno, esa comunión de fe, con el Papa y con toda la Iglesia en Madrid, continúa su empeño en crear conflictos con la Santa Sede.

      Son ya tres las ordenaciones episcopales no aprobadas, ni autorizadas, por la Santa Sede, y en muy poco tiempo.
      ¿Por qué esa preocupación para tratar de "gobernar la Iglesia" a través de esas ordenaciones ilícitas de obispos, como ya le achacan algunos comentaristas?

      Es cierto que para una actuación semejante las autoridades del partido comunista chino necesitan la colaboración, pasiva o activa, en este caso siempre es de alguna manera activa, de algunos sacerdotes indignos que se prestan a su juego. Desde el Vaticano se les recuerda que quedan inmediatamente excomulgados, fuera de la comunión con toda la Iglesia, con Cristo, y que su ordenación episcopal es ilícita.

      «¿Pueden nuestros líderes tomarse un poco de tiempo, dado su compromiso en la lucha de poder, y prestar atención a esta "pequeña comunidad" de católicos? ¿Por qué no se permite a nuestros hermanos y hermanas vivir pacíficamente su vida de fe? ¿No es un derecho reconocido en la constitución?».

      Con estas palabras el cardenal Zen, obispo emérito de Hong-Kong, pregunta a los políticos las razones de su empeño diabólico para crear desorden y confusión entre los fieles y sacrificados católicos chinos, y levanta su voz valiente contra las razones que los políticos han dado recientemente.

      «Podríamos entender que el Gobierno saliera a defender a sus títeres diciendo que son "políticamente correctos", o alabar su valentía resistiendo la presión extranjera —la Santa Sede, se entiende—; pero ahora han salido a alabar su "ardiente fe católica", y decir que las ordenaciones sin el mandato papal son necesarias para el "normal gobierno de la Iglesia y por las necesidades de las actividades pastorales y evangelizadoras"».

      Quizá Paul Lei Shiyin, Joseph Huang Bingzhang y otros sacerdotes, indignos también por su conducta moral, en su miserable afán —y lamento tener que escribir así, pero sé que me quedo corto— no recuerdan a otros sacerdotes vendidos a las alabanzas de la revolución francesa, de Napoleón, del poder temporal, a las insidias de Enrique VIII, que acabaron después siendo asesinados por quienes les promovieron en su día, para servirse de ellos contra la Iglesia, contra Cristo. El Señor les dará tiempo de arrepentirse; y yo rezo para que lo aprovechen. ¿Lo harán?.

      «Nadie sabe cuánto durará este severo invierno, dice el cardenal Zen, y con él tantos obispos mártires chinos, pero nuestros fieles no tienen miedo, o superarán sus miedos con fe y oración, y tendrán la gracia del cielo para imitar a los mártires canonizados y a los innumerables héroes que viven la fe, para dar un testimonio valiente de Nuestro Señor Resucitado».  

      Y mientras, las familias católicas siguen rezando el rosario, siguen alentando a sus hijos a agradecer a Dios la vocación sacerdotal y a ordenarse en la clandestinidad por obispos fieles a Roma, al Papa, a Cristo.

      En la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud se rezará, y se rezará con mucha Fe, por esta iglesia perseguida y martirizada en China.
      ¿Está inquieto el Dragón por la Fe de esos católicos chinos que «rechazarán a estos 'oportunistas' y se mantendrán siempre al lado del Papa?».

Ernesto Juliá Díaz
ReligionConfidencial.com / Almudí

lunes, 1 de agosto de 2011

‘Cristo nos enseña a amar’

‘Cristo nos enseña a amar’
   «El amor no es cosa que se aprenda, ¡y sin embargo no hay nada que sea más necesario enseñar! Siendo aún un joven sacerdote aprendí a amar el amor humano. Si se ama el amor humano nace también la viva necesidad de dedicar todas las fuerzas a la búsqueda de un “amor hermoso”. Porque el amor es hermoso. Los jóvenes, en el fondo, buscan siempre la belleza del amor, quieren que su amor sea bello» (Juan Pablo II).

      Respondiendo a la inquietud planteada por estas palabras del Beato Juan Pablo II, un equipo del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre Matrimonio y Familia (sede Roma) preparó, con ocasión de la próxima Jornada Mundial de la Juventud que tendrá lugar entre los días 16 y 21 de agosto en Madrid, un vademécum de 30 preguntas habituales entre los jóvenes con relación al tema del amor, acompañadas de sus respectivas respuestas.

    Si eres joven y el tema te inquieta, léelas e invita a tus amigos a leerlas.
    Si eres padre de familia o abuelo, coméntalas con tus hijos o nietos.
    Si eres profesor, ofrécelas a tus alumnos.
* * *
Índice de preguntas

    1. El amor, ¿vive en el mundo real o el de los sueños?
    2. ¿Por qué el amor nos atrae tanto?
    3. ¿El amor es siempre igual, siempre verdadero, o hay también amores falsos?
    4. ¿Existen distintos tipos de amores?
    5. El amor, ¿es algo que se encuentra, o hay que aprenderlo?
    6. ¿El amor es algo espiritual o se vive y expresa gracias a nuestro cuerpo?
    7. ¿Es verdad que nuestro cuerpo está hecho a imagen de Dios?
    8. ¿El hombre y la mujer son en verdad diferentes, en qué consiste su distinción?
    9. El sexo, ¿es algo corpóreo o espiritual?    
    10. ¿Cómo comportarse cuando se experimenta la atracción hacia alguien?
    11. En mi cuerpo siento una llamada a amar: ¿cómo puedo responder a ella?
    12. El pudor que experimento ante la sexualidad, ¿no es acaso una limitación que hay que superar?
    13. Si el sexo es un impulso natural, ¿por qué hay tantas normas que lo prohíben?
    14. ¿Por qué la masturbación es un pecado, si no hago mal a nadie?
    15. ¿Cómo debe comportarse quien siente una inclinación sexual ante una persona del mismo sexo?
    16 ¿El amor es exclusivo, o podemos enamorarnos de dos personas al mismo tiempo?
    17. Si el sexo es algo bueno, ¿por qué en la Iglesia hay gente que no se casa y consagra su virginidad a Dios?
    18. ¿No es excesivo un amor para siempre?
    19. Si estamos sinceramente enamorados, ¿por qué no entregarnos sexualmente antes del matrimonio?
    20. ¿No impone el matrimonio demasiadas normas y responsabilidades, todas a la vez?
    21. Si el amor entre el hombre y la mujer es algo natural, ¿por qué hace falta casarse por la Iglesia con un sacramento?
    22. ¿Por qué dos esposos que se dan cuenta de que se han equivocado no pueden divorciarse?
    23. ¿Es posible considerar modelos de familia diversos del “tradicional”?
    24. Si el amor humano es en sí algo tan bueno, ¿por qué no basta un matrimonio civil?
    25. ¿Existe un momento justo para tener hijos y un momento en el que conviene cerrarse a la posibilidad de la procreación?
    26. ¿Por qué debemos estar abiertos a la procreación?
    27. ¿Por qué no acudir a los distintos anticonceptivos? Las técnicas de planificación natural de la fertilidad, ¿no son acaso unos anticonceptivos permitidos?
    28. El aborto, ¿no puede ser considerado en algunos casos límite, un mal menor?
    29. Si no se tienen hijos y se desean mucho, ¿por qué no recurrir a las técnicas de reproducción asistida?
    30. Si el amor es cosa de dos, ¿por qué, para casarnos, es necesario una celebración pública?
* * *

1. El amor, ¿vive en el mundo real o el de los sueños?
      “Mantente despierto, la vida es breve” decía el anuncio de una marca de café. Nos recordaba así que muchas veces vivimos nuestra vida como si durmiésemos, como quien está soñando. Por muy vivos que sean los sueños nunca podrán sustituir la realidad. Por muy bellos o agradables que sean, son solo una construcción nuestra: no tiene un origen, y sobre todo, no tienen una meta, no tienen destino. Para vivir de verdad, para vivir en la realidad, es necesario estar despiertos, como dice el anuncio. Es necesario aceptar que vivimos en un mundo con personas reales que pueden enriquecernos o defraudarnos, porque no las creamos nosotros. Es decir, para despertar a la vida, es necesario despertar al amor. Solo se despierta quien ama. El amor evita que confundamos la vida con un sueño. Este es el mundo real, el de las personas que están a nuestro lado, con una existencia que es siempre más grande que nuestros deseos o que las ideas que nos hacemos de ellas. El amor hace surgir un horizonte que no se desvanece de golpe, como el de los sueños, sino que se ensancha siempre hacia la meta, hacia un destino lejano y maravilloso. La vida es breve... ¡despierta al amor! 

2. ¿Por qué el amor nos atrae tanto?
      “Hoy la tierra y los cielos me sonríen / hoy llega al fondo de mi alma el sol. / Hoy la he visto..., / la he visto y me ha mirado... / ¡Hoy creo en Dios!”. Así decía un poeta español, queriendo describir sus sensaciones de enamorado. También a él, como a todos, el amor le cambiaba la vida, le llenaba de un entusiasmo inesperado e incontenible, hasta parecerle sobrenatural, incluso divino. Esta es la fuerza del amor: eleva al que ama más allá de sus expectativas, le abre nuevos horizontes e infinitas posibilidades. Es tan grande la alegría que da el amor, que quien lo experimenta corre un peligro: creer que ha llegado ya a la meta. El enamorado queda tan sorprendido de la luz que ha inundado su vida que no hace otra cosa que contemplarla. Al igual que le sucede a un caminante que, tras haber avanzado por senderos oscuros, se encuentra ante una llanura maravillosa e interminable y, en vez de atravesarla, se parase a contemplar la nueva visión. Cuando un enamorado se comporta así, su amor acaba por agotarse, pronto cansa o aburre. El amor nos fascina porque contiene una promesa de belleza, algo tan grande que deseamos poseerlo inmediatamente, en un instante. Pero esto no es posible. El amor nos invita a caminar a lo largo de su sendero, un sendero nuevo que podemos construir solo paso a paso. Si no aceptamos la invitación que nos hace el amor, si nos olvidamos que es una promesa de belleza y no una cosa ya hecha, rápidamente acabará por desilusionarnos. “La felicidad no se compra. Se construye” decía el eslogan de otra campaña publicitaria. Lo mismo pasa con el amor. 

3. ¿El amor es siempre igual, siempre verdadero, o hay también amores falsos?
      El amor contiene una promesa de felicidad: para vivirlo es preciso aceptar con confianza la promesa que nos hace. Quien confía solo en las propias seguridades porque no quiere cometer errores, ese no cree en el amor, jamás podrá amar. El amor es algo que no nos pertenece, que no depende de nosotros. Es necesario confiarse al amor, abrirse a él, dejarse conducir por él. No importa que hayamos tenido malas experiencias. El amor no es el sentimiento débil y fugaz que algunos nos describen. El amor es más bien la fuerza que nos acompaña desde el inicio de nuestra vida; que existía antes de que viniésemos al mundo, en el abrazo de nuestros padres; que ha sostenido nuestros primeros pasos. Y entonces decimos: Sí, es posible creer en el amor, porque el amor ha venido a mí primero. Dale crédito al amor: el amor ya te ha dado crédito a ti. De este modo la apertura al amor no es un salto en el vacío. Todo amor tiene siempre una meta. Si no la tiene, entonces gira en redondo y se pierde en instantes fugaces, incapaz de seguir un sendero que conduzca hacia el horizonte lejano. Cuando no tiene meta, el amor deja de ser amor. ¿Cuál es nuestra ruta y nuestra brújula para creer en el amor? ¿Cómo distinguir el amor verdadero del falso? Pregúntate si tu amor tiene meta o si das vueltas en círculo. Pregúntate si tu amor construye algo o si es un amor-burbuja, en que dos amantes se limitan a mirarse embelesados el uno al otro... Pregúntate si tu amor te hace crecer y madurar... si te promete y abre un camino. “Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1 Jn 4,16), dice la Biblia. Conocer a Jesús y tener fe en Él, es creer en su amor, porque su amor te ha encontrado ya a ti. Es experimentar su fuerza y saber que, con este amor, se puede llegar al final. 

domingo, 31 de julio de 2011

La JMJ, un nuevo Damasco

La JMJ, un nuevo Damasco
Faltan pocos días para que Madrid acoja a centenares de miles de jóvenes. El Prelado del Opus Dei recuerda lo que esa ciudad supuso para San Josemaría: un lugar de conversión y encuentro con la voluntad de Dios.

        Saulo de Tarso, lleno de celo por la ley de Moisés, llevaba cartas expedidas por la autoridad más alta del judaísmo, destinadas a las sinagogas de Damasco, con el fin de llevar detenidos a Jerusalén a cuantos encontrara, hombres y mujeres, seguidores del Camino. El Señor, sin embargo, no se lo permitió. Cuando ya estaba cerca de la ciudad, una luz intensísima lo derribó al suelo y oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El joven respondió: ¿Quién eres tú, Señor? Y la voz le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.

      Todo ocurrió en un instante, en el camino de Damasco. Desde entonces, este nombre —Damasco— es sinónimo de conversión, de apertura a la gracia de Dios. Desde aquel momento, Saulo el perseguidor, con la ayuda de un cristiano piadoso de Damasco, Ananías, se convirtió en el apóstol Pablo. Dijo que sí al Señor, libremente, y fue hasta la muerte —con una lucha generosa, alegre— un fiel discípulo y evangelizador de Jesucristo.

      De alguna manera, se podría decir que cada JMJ es, para muchas y muchos jóvenes, la ocasión de revivir el episodio de Damasco. El Señor Jesús, por boca de su Vicario en la tierra, Benedicto XVI, dirigirá su palabra a quienes le escuchen y provocará —en quienes le oigan bien dispuestos— una nueva conversión, un cambio quizá profundo en su existencia.

      De esa palabra acogida con fe, pueden nacer millares de decisiones de búsqueda de Jesucristo, sin cambiar de estado —en la vida matrimonial, en el celibato apostólico—, abrazando el sacerdocio o la vida religiosa. 

      El Señor llama a muchos, a todos, a la plenitud de la vida cristiana, por muy diversos caminos. Pero se precisa —como en el caso de san Pablo— un corazón abierto a Dios y a los hermanos, que se adquiere y se profundiza con la ayuda de la catequesis y también con la colaboración de otras personas que, como Ananías, pueden facilitar que la palabra del Vicario de Cristo arraigue en el alma.
      Cada santo, canonizado o no, ha tenido su Damasco, su momento de conversión radical a Dios. Quizá no fue tan vistoso como el de san Pablo, pero fue igualmente eficaz. Quizá se trató sencillamente de pasar de la indiferencia al don de sí mismo. De una vida que consistía en recibir, a otra que es también dar, que va acompañada de una felicidad profunda, tan diferente de la que ofrecen las satisfacciones materiales. 

      He tenido la suerte de vivir muchos años al lado de un santo que, lleno de convicción, aseguraba: «Madrid ha sido mi Damasco, porque aquí se han caído las escamas de los ojos de mi alma y aquí he recibido mi misión». Me refiero a san Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei.

      Aunque nacido y criado en tierra aragonesa, fue en Madrid donde el Señor le mostró la tarea que le había asignado desde la eternidad: enseñar a todos los cristianos que la existencia ordinaria —entretejida de horas de trabajo bien hecho, de dedicación a la familia y a los amigos, de interés por el bien común de la sociedad— podía y debía ser un verdadero camino de santificación.

      Durante muchos años, presintiendo que el Señor quería algo de su vida, pero sin saber qué, el joven Josemaría se dirigió a Dios con unas palabras tomadas del Evangelio: Domine, ut videam; las mismas que un ciego dirigió a Jesús que pasaba por el camino de Jericó: Señor, ¡que vea! Esa luz se hizo realidad en su alma el 2 de octubre de 1928, precisamente en esta ciudad de Madrid. 

      Aquí desarrolló un servicio generoso entre todo tipo de personas, entre los enfermos de los hospitales y entre las gentes más necesitadas de las barriadas extremas. Bien pronto se rodeó también de un grupo de jóvenes a los que contagió su entusiasmo sobrenatural y humano, enseñándoles a santificar el estudio, el trabajo y todas las realidades de la vida cotidiana.

      Muchas personas han tenido su Damasco en Madrid, tierra de santos, de mártires y de cristianos normales que procuran imitar a Jesucristo en la vida ordinaria. Por unos días, esta ciudad se convertirá en la capital mundial de la juventud.

      Sobre todo, va a ser la ciudad de Pedro. Benedicto XVI nos guía y nos lleva hacia el Modelo de todos los santos, hacia Cristo. Le damos la más calurosa bienvenida, rezamos por los frutos de su Viaje pastoral y pedimos, sobre todo, que muchas chicas y muchos muchachos se sientan personalmente interpelados por sus palabras y experimenten en esas jornadas su Damasco: un encuentro personal más intenso con Jesucristo, que cambie y mejore su existencia.

      Decía el Papa, al comenzar su pontificado: «Quien deja entrar a Cristo en la propia vida no pierde nada, nada —absolutamente nada— de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren de par en par las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y le que nos libera»

      Hemos de estar plenamente convencidos: Cristo no quita nada de lo que hay de hermoso y grande en nosotros, sino que lleva todo a la perfección para la gloria de Dios, la felicidad de los hombres y la salvación del mundo. 

      Recurro a la intercesión de san Josemaría, tan estrechamente ligado a esta ciudad, y al Beato Juan Pablo II, inspirador de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Que ellos nos alcancen del Señor, por intercesión de la Virgen de la Almudena, una lluvia de gracias en estos días. 

      Que la JMJ de Madrid sea la Damasco de muchos jóvenes dispuestos a dejarse la vida por Cristo y por los demás, siendo testimonios creíbles y vibrantes de ese Evangelio —siempre antiguo y siempre nuevo— que el mundo actual, nuestro mundo, necesita con urgencia. 

Mons. Javier Echevarría, Prelado del Opus DeiAlfa y Omega / Almudí

sábado, 30 de julio de 2011

Una fiesta con un millón de invitados

Una fiesta con un millón de invitados
"Queremos derrumbar el lugar común de que el ser cristianos significa ser tristes y no tener motivos para ser felices. Dios no quiere que los hombres sean infelices. La verdad es la contraria. La alegría es fundamental para la vida cristiana radical…"

 
      «El momento más conmovedor será el encuentro con el Papa y sus jóvenes colegas: los docentes universitarios», explica Yago de la Cierva, director ejecutivo de la JMJ 2011. 

      La Jornada Mundial de la Juventud de Madrid (16-21 de agosto) se concentrará en la alegría, en las nuevas tecnologías y en el espíritu español de la fiesta. Mediante móviles, i-pads, portátiles, los participantes podrán ver el video de las citas con Benedicto XVI y diversos materiales multimedia. 

      Por ejemplo, en ‘En cien segundos’, sobre cómo rezar el rosario o prepararse para la confesión. Además, los chicos estarán informados en tiempo real: recibirán todas las actualizaciones del programa, sobre las zonas en las que se desarrollarán los eventos, sobre los puntos de descanso más cercanos y sobre los medios de transporte. «El objetivo es el de llevar a Jesús al espacio público, llegar al corazón de los que participen y de los que observen desde lejos»

¿Cuántos peregrinos están previstos?
No queremos entrar en la guerra de las cifras, porque con las nuevas tecnologías se pueden fotografiar y contar con absoluta precisión los participantes de un evento: las estimaciones se arriesgan a que los datos las desmientan. Pero, con seguridad, estamos muy satisfechos del número de inscripciones. Por el momento, hemos llegado a la cifra de 440 mil inscritos, a los que hay que sumar los 28 mil voluntarios. Durante los últimos diez días se han inscrito, en promedio, 4 mil chicos al día. 

¿Los números están en la línea de las ediciones precedentes de las Jornadas de la Juventud?
Nuestro modelo es la JMJ de Roma del 2000. Gracias a los cálculos precedentes sabemos que en los actos centrales de la Jornada Mundial de la Juventud participa el triple de los inscritos. Por eso nuestra precisión es que habrá un millón y medio de participantes. Todos nuestros cálculos, los de las mochilas, las camisetas, las comidas... los calibramos con base en la afluencia prevista. Si en las últimas dos semanas aumentan las inscripciones, estaremos a tiempo para aumentar nuestras dotaciones. 

¿Habrá más “fiesta” o más oración?
Nadie en el mundo reza 15 horas al día. Por suerte. La mayor trampa del cristianismo es la que lo presenta como una religión triste. Es importante mostrar el lado alegre de la fe a todos los que, sin conocer el cristianismo, tienen una idea lúgubre. Queremos derrumbar el lugar común de que el ser cristianos significa ser tristes y no tener motivos para ser felices. Dios no quiere que los hombres sean infelices. La verdad es la contraria. La alegría es fundamental para la vida cristiana radical. La gente se acercará a la fe si nosotros los cristianos mostramos una actitud positiva, si somos felices. Las caras alegres de los chicos que participarán en la JMJ serán lo primero que verán de nuestra fe los que no están cerca del cristianismo. La alegría será nuestra tarjeta de presentación. 

¿Será una JMJ más virtual o más real?
Estamos trabajando con mucho empeño en internet y en las redes sociales. A través de Facebook y otras redes sociales queremos llegar a todos los jóvenes, usando sus canales habituales de comunicación. Esto le ofrece a los chicos la posibilidad de prepararse en las cuestiones logísticas, pero, sobre todo, espirituales de la Jornada Mundial de la Juventud. Hay ya 13 grupos activos en 13 lenguas activados en las redes sociales, de los que se encargan los voluntarios que representan a los grupos oficiales de la JMJ. Las redes sociales son un modo para llegar a los más jóvenes mucho más eficaz que la televisión. El sitio internet oficial del comité español ofrece toda la información necesaria para participar en el evento. 

¿Cuánto aportan a la organización los jóvenes mediante la red?
Son los internautas los que aconsejan a los organizadores cómo subdividir las encuentros o cómo estructurar el programa. En Facebook, por ejemplo, hay 400 mil inscritos en la página de la JMJ. Muy pronto llegaremos a los 600 mil en total y para el encuentro con el Papa superaremos el millón. Estamos creando una comunidad para heredársela a la siguiente JMJ. La Jornada Mundial de la Juventud no es un evento aislado, sino una tradición. Para la gran mayoría de los participantes será la primera vez, pero habrá otros que ya han participado en las ediciones anteriores. 

¿Cuáles serán los momentos más significativos?
El Papa invitará a que los jóvenes cuenten a otros jóvenes lo que vieron y escucharon en Madrid. El Vía crucis encerrará los significados y las emociones que tiene la Semana Santa para nosotros los españoles, puesto que es nuestra fiesta religiosa por antonomasia. Los pasajes serán del siglo XVII y de nuestros días: los textos los escribieron monjas que se ocupan de los que sufren. En lugar de pedir que artistas o escritores hicieran estas cosas, les pedimos a las Pequeñas Hermanas de la Cruz que lo hicieran porque están directamente en contacto con el sufrimiento humano todos los días. Serán textos simples y profundos para ayudar a rezar. Pero habrá otra sorpresa.

¿Cuál?
Durante su visita a Santiago de Compostela del año pasado, le pedimos a Benedicto XVI si quería organizar un encuentro con los profesores universitarios y su respuesta fue un sí muy entusiasta. El Santo Padre dijo que él se considera un profesor, por lo que el encuentro con sus jóvenes colegas será el acto más personal de la Jornada de la Juventud de Madrid. La trascendencia forma parte integral de la misión de los muchos buenos católicos que se dedican a la enseñanza como medio para transmitir la fe. Cuando era cardenal, Joseph Ratzinger visitó El Escorial de Madrid y apreció muchísimo la cultura española.

Entonces, ¿los chicos no serán solo espectadores?
Ya desde ahora, gracias a internet, los chicos nos han dado muchas sugerencias, señalan lo que prefieren, votan por las canciones que se cantarán en los eventos junto al himno oficial. El programa incluye una noche blanca con museos e iglesias abiertas “non stop”, religiosidad totalmente española, devoción. Fe y belleza se mezclarán sobre todo con motivo del Vía Crucis. España es un país que siempre ha sido fiel a la Iglesia Católica. Es un país que ha transmitido la fe a muchos continentes; la mayor parte de los católicos del mundo habla español, justamente porque fue evangelizada por españoles. La JMJ 2011 vuelve a entrar en contacto con aquel espíritu misionero y se lo ofrece a los jóvenes de hoy... muchos de aquellos predicadores que emprendían viajes hacia tierras remotas tenían menos de 25 años. 

¿Por qué apostáis tanto por la red?
Los instrumentos fundamentales para la comunicación serán Internet y las redes sociales, no solo para informar, sino también para comunicar, crear comunidades. Los teléfonos móviles de nueva generación ayudarán para estar en contacto, para recibir la información, las traducciones de las palabras del Santo Padre, los mensajes de parte de la organización. Las redes sociales son un instrumento fundamental no solo para transmitir la fe, sino también para vivirla mejor, para conocerla mejor, para crear comunidades virtuales y también comunidades reales. No serán solo días de fiesta. La JMJ no es un punto de llegada, sino un punto de partida. El Papa se dirige a los chicos que estén interesados en los valores trascendentes, que se divierten, que se preguntan, que rezan. Música, diversión, momentos de encuentro y para conocerse entre jóvenes de todo el mundo, pero sobre todo vida piadosa, adoración eucarística, catecismo, cultura. Diversión y tiempo libre que se alterna con la doctrina eucarística y con el aprendizaje de la doctrina cristiana, con el conocimiento de la fe mediante la cultura española. Es importante que todo funcione bien; hay que comer y dormir bien, que no se tenga que caminar demasiado. Para los que no pueden venir, los medios nuevos ayudarán para que estén dentro del evento. 

¿Qué permanecerá de la JMJ de Madrid?
Estos jóvenes son el rostro más hermoso de la Iglesia; muchos de ellos ayudan en las parroquias y a los más necesitados. En la Jornada Mundial de la Juventud se podrán estrechar los lazos entre jóvenes de todo el mundo. Lazos que pueden durar toda la vida. El objetivo es llevar a Jesús al espacio público, llegar al corazón de los que participan o simplemente observan.

Yago de La Cierva
 VaticanInsider.LaStampa.it (Entrevista de Giacomo Galeazzi)

viernes, 29 de julio de 2011

Irlanda, Vaticano y el papel del cardenal Ratzinger

Irlanda, Vaticano y el papel del cardenal Ratzinger

   Quien quiera una documentación sobre el tema, puede consultar el artículo sobre el papel determinante de Ratzinger en la revisión del sistema penal canónico. Diego Contreras nos informa sobre este tema de actualidad

      Los ecos del informe sobre la situación en la diócesis de Cloyne, publicado el pasado 13 de julio (y del que tratamos aquí hace unos días), han apuntado directamente contra el Vaticano. El 20 de julio, el primer ministro irlandés, Enda Kenny, dirigió ante el parlamento de su país varias acusaciones contra Roma que demuestran que la justa indignación ante el crimen de los abusos ha dejado paso a una cierta crispación de tono populista. No comparto esa reacción, pero la puedo entender.

      La atención hacia el Vaticano vino a raíz de la publicación de una carta escrita el 31 de enero de 1997 por el entonces nuncio en Dublín a los obispos irlandeses, que algunos han presentado como la prueba de que la Santa Sede ha colaborado en la cobertura de los abusos. Al leer la carta se descubre que lo que el nuncio transmite son algunas “reservas” canónicas y morales de la Congregación del Clero sobre la “denuncia obligatoria” contenidas en el reglamento del episcopado irlandés. De ello hablamos aquí cuando la carta se hizo pública, el pasado enero. No las comparto, pero puedo entender que se hagan esas interpretaciones.

      Lo que no comparto y me parece difícil de entender son acusaciones contra Benedicto XVI como las que lanza González Bedoya: «el actual pontífice, cuando era cardenal Ratzinger, aleccionó a los obispos sobre cómo comportarse ante los casos de pederastia entre su clero. (...) Los prelados le tomaron la palabra. La orden era llevar los casos con delicadeza, tratar a los delincuentes con caridad y ocultar los delitos a la autoridad civil». En realidad, de lo que se acusa al obispo de Cloyne es de no haber seguido, entre otras, las reglas inspiradas por Ratzinger. El Papa actual no cambió de opinión, como se afirma en ese artículo: quien quiera una documentación sobre el tema, puede consultar este artículo sobre el papel de Ratzinger en la revisión del sistema penal canónico.

Diego ContrerasLaIglesiaEnLaPrensa.com

jueves, 28 de julio de 2011

Esperando la Jornada Mundial de la Juventud

Esperando la Jornada Mundial de la Juventud
   En el ámbito de la sociedad, de las relaciones sociales, de la cultura ciudadana, ¿qué pueden significar estas reuniones de hombres y de mujeres jóvenes, en torno a un Papa, Benedicto XVI en este caso?


      Mucho se ha escrito, y mucho se seguirá escribiendo sobre el acontecimiento. Es difícil hacer predicciones, y quizá ni siquiera vale la pena hacerlas. Es una siembra de hoy con clara perspectiva de futuro, como toda gran tarea de evangelización.

      Son ya más de 17.000.000 de hombres y de mujeres jóvenes, los que ha participado en encuentros semejantes en los diferentes lugares del mundo en los que hasta ahora ha tenido lugar.

      Dentro de la Iglesia, y en el ámbito de la Fe los motivos para la Esperanza están bien fundamentados. De esos millones de hombres y de mujeres un número considerable ha descubierto la semilla de la vocación que el Señor había puesto en su corazón al ser concebidos: el matrimonio; el celibato vivido en medio del mundo, en medio de las profesiones, por amor a Cristo; el sacerdocio ministerial; el claustro; etc. etc. Y con la gracia de Dios, la han seguido.

      En el ámbito de la sociedad, de las relaciones sociales, de la cultura ciudadana, ¿qué pueden significar estas reuniones de hombres y de mujeres jóvenes, en torno a un Papa, Benedicto XVI en este caso?

      Todos saben que el Papa les va a hablar con claridad de muchos aspectos de su vida que quizá en otros entornos ni siquiera se lo recuerdan. Les va a decir, como ha hecho recientemente con los jóvenes de Croacia: «No cedáis a esa mentalidad secularizada que propone la convivencia ("vivir juntos", aclaro) como preparatoria, o incluso sustitutiva del matrimonio. Enseñad con vuestro testimonio de vida que es posible amar, como Cristo, sin reservas; que no hay que tener miedo a comprometerse con otra persona».

      Les va a recordar que su juventud es un tiempo «que el Señor os da para poder descubrir el significado de la existencia. Es el tiempo de los grandes horizontes, de los sentimientos vividos con intensidad». «No os dejéis desorientar por las promesas atractivas de éxito fácil, de estilos de vida que privilegian la apariencia en detrimento de la interioridad. No cedáis a la tentación de la poner la confianza absoluta en el tener, en las cosas materiales, renunciando a descubrir la verdad que va más allá, como una estrella en lo alto del Cielo, donde Cristo quiere llevaros. Dejaos guiar a las alturas de Dios».

      Les va animar en convertirse a Cristo, y para eso, les invita a conocerlo, que lo conozcan, que lean el Nuevo Testamento; les recordará su responsabilidad de comprender lo que creen, de formarse en los contenidos de la Fe. Así descubrirán que. «El Señor Jesús no es un maestro que embauca a sus discípulos: nos dice claramente que el camino con Él requiere esfuerzo y sacrificio personal, pero que vale la pena».

      Esta Jornada, como todas las anteriores, no es una conglomeración, una ruidosa asamblea; es una catequesis exigente, una preparación para mantener vivo ese esfuerzo de buscar a Cristo; y los jóvenes llegan libremente, con ansias de verdad de encontrarse con Cristo, porque saben que «Es Él quien os busca, aun antes de que vosotros le busquéis. Respetando vuestra libertad, se acerca a cada uno de vosotros y se presenta como las respuesta auténtica y decisiva a ese anhelo que anida en vuestro ser, al anhelo de una vida que vale la pena ser vivida».

      En el prólogo del Catecismo preparado para esta Jornada —titulado Youcat, por el inglés Catecismo de los Jóvenes: Youth catechism— escribe Benedicto XVI:

      «Por eso os invito: ¡estudiad el Catecismo! Es mi deseo más ardiente. Este Catecismo no os regala los oídos. No os lo pone fácil, pues os exige una vida nueva. Os presenta el mensaje del Evangelio como "la perla de gran valor" (Mt 13, 46), por la que hay que dejarlo todo. Por eso os pido: ¡estudiad el Catecismo con pasión y constancia! ¡Dedicadle tiempo! Estudiadlo en el silencio de vuestro cuarto, leedlo con un amigo, formad grupos de trabajo y redes, intercambiar opiniones en Internet. ¡De cualquier forma, mantened conversaciones acerca de la fe!».

      Muchos hombres y mujeres jóvenes recogerán el mensaje, y lo vivirán.

Ernesto Juliá Díaz
ReligionConfidencial.com / Almudí

miércoles, 27 de julio de 2011

Sin miedo a la verdad

Sin miedo a la verdad
      Sigo pensando que nuestra crisis actual no es solo, ni principalmente, pura cuestión económica –sin despreciar que existe muy fuertemente–; es un problema de la razón dañada, que se resiste a indagar la verdad de lo que sucede, a reconocerla y a decirla. Os invito a leer las reflexiones del Dr. Cabellos.

      En El gran teatro del mundo, conocido auto sacramental de Calderón, el Autor distribuye a unos personajes su papel en la vida; el Mundo otorga los atributos correspondientes y cada uno pasa a representar su cometido. Como es frecuente en este tipo de teatro, se pueden ver personajes confrontados por parejas: Pobre-Rico, Rey-Labrador, Discreción-Hermosura, más un Niño que no llega a nacer. Cuando finaliza la vida se les pide la devolución de sus símbolos y se les da su merecido: el Pobre y la Discreción son enviados al cielo, la Hermosura, el Rey y el Labrador son remitidos al purgatorio y el Rico es destinado al infierno. 

      Todos los grandes literatos transmiten ideas profundas, y Calderón lo hace siempre. Es un valor de las buenas lecturas: de modo ameno y bello, y con un pensamiento coherente, van configurando nuestro intelecto. En buena medida, lo que leemos nos estructura o nos descentra. Pero no voy a escribir sobre literatura. Solamente tomo pie de esta gran obra para tratar de repensar nuestro papel en el mundo: si estamos representando un gran teatro por realizar honestamente lo que nos corresponde vivir o si estamos continuamente sobre las tablas para personificar lo que no somos. Esto último se recoge en la expresión: no me hagas teatro, es decir, no actúes con falsía. 

      No ser falaces significa amar la verdad aunque, en ocasiones, sea amarga. Tampoco voy a referirme ahora a la verdad transcendente, que negaría un relativista, ni siquiera a la verdad de nuestras convicciones humanas, tantas veces opinables. Quiero compartir algo más sencillo, aunque la experiencia nos dice que no es tan común aunque sea elemental. Voy a decirlo de un modo, vulgar si se quiere, que escuché alguna vez a la gente llana del pueblo: «lo que es, es; y a lo que venimos, venimos». Si se desea, también podría decirse como los filósofos clásicos: algo no puede ser y no ser, a la vez, bajo el mismo respecto. Pero resulta que tampoco es tan simple porque cada día contemplamos el intento de armonizar los contrarios. 

      Para empezar por la propia casa, encontramos personas que se dicen religiosas y tienen comportamientos extremadamente malos. Vemos empresarios, cuyo fin no es crear riqueza y empleo, sino enriquecerse ellos. Observamos que existen políticos que dicen servir a la sociedad y se sirven de ella. Se puede atestiguar de gentes que se creen con derechos sobre la fama ajena alegando un favor a la información. Hay trabajadores que, paradójicamente, no trabajan. Consta de sindicalistas que prosperan con el paro. Generalizando un poco más, comprobamos que muchas personas viven ese mal teatro consistente en aparentar lo que no se es. Y no digamos de lo políticamente correcto que, en cuanto nos descuidamos, nos afecta a todos: hay asuntos que no se pueden expresar porque van contra una especie de dogma establecido, el pensamiento de moda. Si lo trasgredes, serás machacado. 

      Esas actitudes, u otras semejantes, paralizan el amor natural a la verdad que toda persona posee, falsifican la convivencia, hacen difícil la libertad, corroen la democracia, no se piensa en el fondo de las cuestiones, despachadas frecuentemente con un epíteto despectivo, que nada dice con seriedad de lo que hay allí. Falta apertura de mente. 

      Muchas actitudes parlamentarias, de comunicadores, de la vida social de cualquier tipo, del mundo económico, etc., están corroídas por la falsedad, la apariencia, la escasez de razones; penuria procedente de la insuficiencia de razonamiento en no pocos casos. Me parece que uno de los grandes males de esta sociedad nuestra es la falta de una actividad mental seria: que estudia los asuntos, busca consejo —no del que puede engañar mejor—, indaga las causas de lo que acontece, reconoce los aciertos y errores propios, investiga medidas para arreglar los males que nos atenazan realmente, decide soluciones y las ejecuta. Aunque el corazón también cuenta y entiende. Por eso se deteriora tanto el amor cuando el mundo marcha así. Necesitamos abrirnos a la verdad. 

      Sigo pensando que nuestra crisis actual no es solo, ni principalmente, pura cuestión económica —sin despreciar que existe muy fuertemente—; es un problema de la razón dañada, que se resiste a indagar la verdad de lo que sucede, a reconocerla y a decirla. Es un problema del hombre, del ser humano que hemos ido esculpiendo en falso. Así tampoco va bien a los cristianos porque las patologías de la razón acaban siendo patologías de la fe y del amor. Pero tenemos arreglo. 

      Benedicto XVI dijo ante un respetuosísimo parlamento británico que las normas objetivas para una acción justa de gobierno son accesibles a la razón y que el papel de la religión en el debate político es ayudar a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos, cosa no siempre bien recibida porque existen expresiones deformadas de la religión como el sectarismo y el fundamentalismo. Por ahí, ofertando lo natural, bien puede ayudar la Iglesia a recuperar al hombre. Sirve aquello de Camino: «No tengas miedo a la verdad, aunque la verdad te acarree la muerte».

Pablo Cabellos Llorente
Las Provincias / Almudí

martes, 26 de julio de 2011

"El amor conyugal se ha convertido en un deporte de alto riesgo"

   Enrique Rojas, psiquiatra, afirma que la pérdida de espiritualidad está creando poblaciones “perdidas”. “La primera epidemia ya no es el sida, son las rupturas personales”.

El director neoyorquino Woody Allen decía irónicamente que “la única forma de ser feliz es que te guste sufrir”. Para el psiquiatra Enrique Rojas, lo importante es no tirar la toalla nunca. En tiempos de crisis, este catedrático publica No te rindas, una guía para aprender a ser optimista, aunque en ocasiones parezca imposible conseguirlo.

-En tiempos de crisis, de desempleo e ‘indignados’, usted pide que no nos rindamos.
-Las crisis bien entendidas son, en realidad, crisis de crecimiento, y la actual tiene un componente económico muy fuerte. Lo importante es no bajar la guardia. Tenemos que luchar contra viento y marea para no rendirnos. Esta es la clave.

-Sus cuatro notas para la felicidad: amor, trabajo, cultura y amistad. Tenerlo todo parece imposible...
-Para que una persona sea feliz hace falta que tenga un proyecto donde estén estas cuatro grandes notas. Pero el hombre es un animal descontento y la vida es deficitaria.

-¿Podría ser el título de su libro un lema del movimiento 15-M?
-No. El lema del libro viene del primer mandato de Tony Blair. El 15-M es un movimiento muy interesante de protesta. Tiene un fondo de indignación con relación al pasado, pero los veo desorientados. La protesta es buena, interesante y justa. Sin embargo, los noto perdidos y sin operatividad.

-El suicidio es la primera causa externa de defunción. ¿Hay quien se rinde demasiado pronto?
-Efectivamente. Para no rendirse daría tres consejos: ver siempre el lado positivo de todo, que lo tiene; tener una voluntad firme y sólida, y tener en la vida objetivos muy concretos.

-Comenta que hay que perderle el miedo a la muerte, ¿cómo hacerlo?
-La mejor fórmula es vivir intensamente y tener sentido espiritual. La vida para muchos se ha vuelto banal, intrascendente, plana, liviana, divertida y light. En este sentido, no me extraña que la gente tenga terror a la muerte. Si le quitamos el sentido espiritual a la vida, ocurre que tenemos una sociedad técnicamente muy perfecta, y humanamente muy perdida.

-Suben también las muertes por demencias, sobre todo en mujeres. ¿Alguna explicación?
-Estamos en la era de los psiquiatras. Los dos médicos que más han subido sus visitas en el mundo desarrollado son los psiquiatras y los cirujanos plásticos. El psiquiatra se ha convertido en el nuevo médico de cabecera. La sociedad está desestructurada, rota, a punto de saltar por los aires. La primera epidemia mundial ya no es el sida, ni la droga, ni las represiones, ni las grandes infecciones. Son las rupturas conyugales.

-Habla de la hormona de la alegría, ¿dónde se esconde?
-Me refiero a que hay un territorio biológico en el hombre donde se producen unas sustancias llamadas monoaminas biogénicas, culpables de que estemos mejor anímicamente. Pensar que la felicidad depende de una pastilla es una tontería. La felicidad consiste en estar contento con uno mismo, tener una personalidad sana y un proyecto de vida.

-Le dedica un capítulo entero al amor. ¿Lo tenemos demasiado idealizado?
-El amor es el primer argumento de la vida. Y el amor conyugal se ha convertido en un deporte de alto riesgo. La sociedad ha ido fabricando personas cada vez más endebles, más frágiles y livianas, con menos capacidad para amar y para sufrir. La gente cuando ahora habla del amor se echa a temblar, porque para estar bien con alguien hace falta estar menos bien con uno mismo.

-¿Qué lecciones debemos sacar de la crisis?
-Toda crisis debe ser una travesía para concienciarnos de la complejidad y riqueza de la vida. Es necesario que cada uno trabaje en su proyecto y en las cuatro claves para ser feliz. 

LA GACETA