miércoles, 10 de agosto de 2011

Brilla una estrella en Madrid


Brilla una estrella en Madrid
”La estrella no soy yo”, advierte el Papa: "Yo soy solamente vicario. Remito al Otro que está en medio de nosotros"

      La preparación de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, en la que intervendrá Benedicto XVI, ha entrado a su última y más febril fase.
      Pero se hacen vivas también las preguntas del porqué de semejantes encuentros de jóvenes con el Papa.

      Ya con el cambio de pontificado muchos habían pensado y dicho que dichas Jornadas eran más adecuadas a Juan Pablo II que a su sucesor.

      Pero Benedicto XVI no las ha interrumpido. Ni ha renunciado a ir a ellas. La de Madrid será ya la tercera Jornada Mundial de la Juventud en la que participa, después de la de Colonia en el 2005 y la de Sydney en el 2008. 

      Más aún, no ha dejado de introducir en ellas novedades. Desde Colonia en adelante la adoración silenciosa y prolongada de la eucaristía. Y en Madrid la confesión sacramental de algunos jóvenes, por parte del Papa en persona.

      De cualquier forma las objeciones no han desaparecido del todo. También en el terreno católico siguen siendo numerosos los escépticos. Consideran que las Jornadas Mundiales de la Juventud son "una especie de festival de rock modificado en sentido eclesial con el Papa como estrella", o "un gran espectáculo, bonito, pero de poca importancia para la pregunta sobre la fe".
      Benedicto XVI nunca ha evitado estas objeciones. Tanto es así que las citas textuales de arriba son suyas. Su estilo es sintetizar las críticas para luego responderlas.

      Lo ha hecho luego de la Jornada Mundial de la Juventud en Sydney, en el discurso que ha dado a la curia romana con ocasión de la Navidad del 2008. 

      Aparte de Australia, ese año el Papa Joseph Ratzinger había viajado a los Estados Unidos y a Francia. Aquí, en París, en el Collège des Bernardins, había tenido el 12 de setiembre el discurso quizá más importante de su pontificado, junto al de Ratisbona.

      Pues bien, reflexionando sobre sus viajes en el discurso a la curia romana, el Papa dijo que su «verdadero sentido» es uno solo: «servir la presencia de Dios en el momento actual de la historia». En los viajes papales, en efecto, «la Iglesia se hace perceptible públicamente, y con ella también la fe y por eso al menos la cuestión sobre Dios. Esta manifestación pública de la fe constituye un reclamo para todos los que tratan de comprender el tiempo presente y las fuerzas que actúan en él».

      E inmediatamente después de estas consideraciones, explicó cómo ve él las Jornadas Mundiales de la Juventud.
      Era la primera vez que reflexionaba sobre ellas así tan a fondo y con palabras tan directas. 

      Para entender con qué espíritu el Papa Benedicto irá a Madrid, no queda sino volverlo a escuchar:
Una alegría que no se puede comparar con el éxtasis de un festival rock
      «[...] El fenómeno de las Jornadas Mundiales de la Juventud se hace cada vez más objeto de análisis, con el fin de comprender esta especie de cultura juvenil, por decirlo así.
      Nunca antes, ni siquiera con ocasión de las Olimpiadas, Australia había visto tanta gente de todos los continentes como durante la Jornada Mundial de la Juventud. Y si antes se temía que la presencia de tantos miles de jóvenes pudiera implicar alguna alteración del orden público, paralizar el tráfico, obstaculizar la vida diaria, provocar violencia y dar espacio a la droga, todo eso se demostró infundado.
      Fue una fiesta de alegría, una alegría que al final invadió también a los reacios: al final nadie se sintió molestado. Las jornadas se transformaron en una fiesta para todos; más aún, sólo entonces se cayó verdaderamente en la cuenta de lo que es en realidad una fiesta: un acontecimiento en el que todos, por decirlo así, salen de sí mismos, van más allá de sí mismos y precisamente así están consigo y con los demás.
      Así pues, ¿cuál es la naturaleza de lo que sucede en una Jornada mundial de la juventud? ¿Cuáles son las fuerzas que actúan en ella? Algunos análisis que están de moda tienden a considerar estas jornadas como una variante de la cultura juvenil moderna, como una especie de festival rock modificado en sentido eclesial con el Papa como estrella. Con fe o sin fe, en el fondo estos festivales serían siempre lo mismo; y así se piensa dejar de lado la cuestión sobre Dios. También hay voces católicas que van en esta dirección, considerando todo ello como un gran espectáculo que, aunque sea hermoso, sería de poco significado para la cuestión sobre la fe y sobre la presencia del Evangelio en nuestro tiempo. Serían momentos de un éxtasis festivo, pero que en fin de cuentas luego dejarían todo como estaba antes, sin influir profundamente en la vida.
      De ese modo, sin embargo, la peculiaridad de estas Jornadas y el carácter particular de su alegría, de su fuerza creadora de comunión, no encuentran ninguna explicación.
      Ante todo, es importante tener en cuenta el hecho de que las Jornadas mundiales de la juventud no consisten sólo en la única semana en que se hacen visibles públicamente al mundo. Hay un largo camino exterior e interior que lleva a ellas. La cruz, acompañada por la imagen de la Madre del Señor, realiza una peregrinación a través de los países. La fe, a su modo, necesita ver y tocar. El encuentro con la cruz, que es tocada y llevada, se transforma en un encuentro interior con Aquel que en la cruz murió por nosotros. El encuentro con la cruz suscita en lo más íntimo de los jóvenes el recuerdo del Dios que quiso hacerse hombre y sufrir con nosotros. Y vemos a la mujer que él nos dio como Madre.
      Las Jornadas solemnes son sólo la culminación de un largo camino, en el que se encuentran unos con otros, y juntos se encuentran con Cristo.
      En Australia, no por casualidad, el largo vía crucis a través de la ciudad se convirtió en el acontecimiento culminante de esas jornadas. Ese vía crucis resumía una vez más todo lo que había acontecido en los años anteriores e indicaba a Aquel que nos reúne a todos: el Dios que nos ama hasta la cruz. Asimismo, el Papa no es la estrella en torno a la cual gira todo. Es totalmente y sólo vicario. Remite a Otro que está en medio de nosotros.
      Por último, la liturgia solemne es el centro de todo el conjunto, porque en ella acontece lo que nosotros no podemos realizar y que, sin embargo, siempre esperamos. Él está presente. Él entra en medio de nosotros. Se ha rasgado el cielo y esto hace luminosa la tierra. Esto es lo que hace alegre y abierta la vida, y une a unos y otros en una alegría que no se puede comparar con el éxtasis de un festival rock. Friedrich Nietzsche dijo en cierta ocasión: "El arte no consiste en organizar una fiesta, sino en encontrar personas capaces de alegrarse en ella". Según la Escritura, la alegría es fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5, 22). Este fruto se pudo constatar abundantemente en los días de Sydney.
      Del mismo modo que un largo camino precede a las Jornadas mundiales de la juventud, así también de ellas deriva el camino sucesivo. Se hacen amistades que estimulan a un estilo de vida diverso y lo sostienen desde dentro. Las grandes Jornadas tienen también como finalidad suscitar esas amistades y hacer que de este modo surjan en el mundo lugares de vida en la fe, que son a la vez lugares de esperanza y de caridad vivida. [...]». (Discurso a la Curia Romana, el 22.XII.2008)

Sandro Magisterchiesa.espresso.repubblica.it

martes, 9 de agosto de 2011

Benedicto XVI y los jóvenes

Benedicto XVI y los jóvenes
La eucaristía en la vida cristiana es uno de los ejes centrales de su Pontificado. Interesante artículo del Dr. Blanco, biógrafo del Papa

      Me encuentro en Sudamérica impartiendo unos cursos también sobre Joseph RatzingerBenedicto XVI—. Puedo ver todo tipo de movimientos y tendencias, sectas y teología de la liberación, pobreza y consumismo (son compatibles, aunque no nos lo parezca). Pero, sobre todo, puedo ver mucha juventud. Es casi como una explosión, que se advierte cuando se viene de un Viejo Continente. Esto sí que es una continua jornada mundial de la juventud. No en vano, es este el continente del futuro y la esperanza. Aquí me encuentro con muchos jóvenes que me preguntan interesados por las ideas y el Pontificado del Papa alemán. No entran a las polémicas de "los mayores" o los viejos liberacionistas.

      Frente a la imagen negativa presente en algunos medios de comunicación, ven a Benedicto XVI sin complejos: como un Papa para la posmodernidad, para la juventud y el futuro. Ven las cosas tal vez de otro modo. Por ejemplo: aquí los medios de comunicación no han presentado a Anders Breivik, el "monstruo de Oslo", como un cristiano fundamentalista. No les cuadra. No lo pueden considerar como un cristiano. En el potaje de ideas del homicida que ha aparecido en Internet (donde había templarios, defensa del aborto y ataques a Benedicto XVI), no han reconocido ninguna filiación cristiana. Existe aquí una sencillez y un sentido común que a veces hemos perdido en otros lugares. Nos creemos que la Iglesia o el mundo es sólo Europa, o la visión que tenemos de ella.

      Los jóvenes de estos países jóvenes quieren a Benedicto, a pesar de que no sepan mucho de teología alemana. Sienten y experimentan una especial simpatía hacia él. Se dan cuenta de que es muy distinto del Juan Pablo II del que les hablan sus padres. Benedicto no tiene la simpatía arrolladora ni la capacidad escénica que tenía su predecesor. Pero, cuando lo leen o escuchan, experimentan un instintivo movimiento de sintonía, empatía, cercanía. Ven que es un Papa para el hoy que habla de amor y verdad, de Jesucristo, de la Iglesia como su cuerpo y esposa, de adoración y respeto a la creación y al medio ambiente. Que habla con belleza y claridad. Le parece importante en esta sociedad posmoderna y algo esteticista, y a la vez quiere reconducirla a la belleza de Jesucristo, "el más hermoso entre los hijos de los hombres", como reza el salmo.

      Esto lo entienden los jóvenes. Pero, como Juan Pablo II, les habla claro y duro. No los adula ni les teme. Les admira por su juventud, pero tiene hacia ellos la mirada de padre, de profesor, casi de maestro. Sabe lo que tienen y lo que les falta. Benedicto XVI se da cuenta también de que, ante un foro tan numeroso y bien dispuesto como el de la JMJ, cualquier gesto puede convertirse en una catequesis. Por eso ha anunciado su intención de participar en la Fiesta del Perdón del Retiro. Va a confesar él mismo a algunas personas. Este gesto ha impresionado.

      Según las noticias que llegan, se instalarán cientos de confesionarios, dando al parque madrileño un uso distinto y revolucionario. El precedente está en la JMJ de 2000, cuando el Circo Máximo romano se convirtió en un inmenso confesionódromo. Después de la confesión se quemaba un poco de incienso: los pecados se convertían en gracia.

      Frente a los ataques a la Iglesia con motivo de los casos de pederastia y otros escándalos, el Papa repite que la Iglesia necesita purificación (incluso de los críticos). De allí lo de los confesionarios. La operación Limpieza ha empezado en la Iglesia. Además, serán de fabricación nacional. "Ávila exporta confesionarios de vanguardia para la visita del Papa", reza un periódico digital. Y explicaba la noticia cómo un ebanista abulense ha construido 200 confesionarios para la ocasión. Tienen un diseño vanguardista en color blanco, que recuerda a una aeronave por sus dinámicas formas. Los confesionarios espaciales se instalarán en el Paseo de Coches una semana antes de las jornadas, y serán atendidos por cualquier sacerdote que lo solicite. Hasta ahora se han inscrito 2.000, pero las listas están abiertas. Los organizadores afirman que los confesionarios se reciclarán después de este bautismo de fuego para diversos usos.

      La ecología —interior y exterior— es, por tanto, importante. Pero aún hay más. Como en Colonia en 2005, el Papa quiere aprovechar la ocasión para subrayar la importancia de la eucaristía en la vida cristiana. Es uno de los ejes centrales de su Pontificado. Para esto, se instalarán 17 carpas de adoración eucarística permanente en la explanada de Cuatro Vientos, durante la noche que la mayor parte de los jóvenes pasará allí. Va a ser aquella la más auténtica Movida madrileña. A los actos de catequesis y adoración hay que añadir toda una serie de eventos lúdicos o culturales: conciertos, exposiciones, proyecciones, obras de teatro... Y un vía crucis monumental. Servirán para acompañar sin difuminar los eventos principales. El arte, la belleza y la juventud son hermanos. Y en esto el Papa está también de acuerdo con los jóvenes.

Pablo Blanco Sarto es biógrafo del Pontífice, autor de Benedicto XVI, el Papa alemán

lunes, 8 de agosto de 2011

‘El Papa da una gran importancia a esta cita en España’

‘El Papa da una gran importancia a esta cita en España’
El cardenal Stanislaw Rylko, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos y máximo responsable de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), asegura que «la Iglesia quiere dialogar en profundidad con las nuevas generaciones»

      El cardenal Stanislaw Rylko, de 66 años, es un hombre tranquilo y sonriente que desempeña una tarea clave en la Curia vaticana. Como presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, es el superior jerárquico de más de 150 movimientos y nuevas comunidades, algunas muy recientes, que llevan a cabo buena parte de la evangelización en el mundo contemporáneo.
      Es, además, el responsable de las Jornadas Mundiales de la Juventud, que ha visto nacer de la mano de su amigo y padre espiritual Karol Wojtyla, quien le acogió en el seminario de Cracovia en 1963 y le ordenó sacerdote en 1969.
      Juan Pablo II le llamó a Roma en 1987 para organizar las Jornadas Mundiales de la Juventud: Santiago de Compostela (1989), Czestochowa (1991), Denver (1993)… Desde entonces ha sido un colaborador directísimo de Juan Pablo II tanto en la secretaría de Estado como en el Pontificio Consejo para los Laicos, que preside desde el 2003. Ha sido, pues, el máximo responsable de las JMJ de Colonia (2005), Sydney (2008) y, naturalmente, de la de Madrid.
Eminencia, esta ‘JMJ’ es la más conocida mundialmente a través de redes sociales, páginas Web, etc.
Sí. Las JMJ se han vuelto parte integrante de la vida de la Iglesia. Al mismo tiempo, estos encuentros con el sucesor de Pedro atraen la atención mundial porque son un gran signo de esperanza, no sólo para la Iglesia sino para el mundo entero.
¿Qué espera el Papa de la ‘JMJ’ de Madrid?
Benedicto XVI da una gran importancia a esta cita en España, es decir, en Europa. En su mensaje de convocatoria el Papa decía que Europa necesita redescubrir sus raíces cristianas y necesita el testimonio de la fe de los jóvenes: una fe llena de entusiasmo frente a los desafíos de la secularización y del laicismo.
¿Cómo se ha preparado el Santo Padre?
El Santo Padre es un maestro de la fe y también un maestro de la Palabra, por eso da tanta importancia a los discursos y homilías que pronunciará en Madrid. A mí me impresiona su capacidad de comunicar con los jóvenes, en parte gracias a su larga experiencia como profesor. En cuando al mensaje, recordaré lo que dijo antes de su primera JMJ en Colonia: «Quisiera convencer a estos jóvenes de que ser cristiano es algo muy hermoso». Creo que esto será también su objetivo en Madrid.
El Papa volvió feliz de Colonia en el 2005 y de Sydney en el 2008. ¿Puede Madrid superar esos éxitos?
¡Las JMJ no son competiciones deportivas entre unas y otras! Es algo mucho más serio y más profundo. Están pensadas como instrumento de evangelización. La Iglesia piensa en todos los jóvenes del mundo pero, al mismo tiempo, en cada uno de los participantes. La JMJ se desarrolla en el corazón de cada joven que participa. Es en esa intimidad interior donde se produce el éxito o el fracaso.
¿Se puede esperar que el encuentro de Madrid ayude también a los españoles que ya no son jóvenes?
Las JMJ son un regalo para los jóvenes pero también para toda la Iglesia, que muestra al mundo su rostro juvenil. De cada JMJ se benefician los jóvenes pero también toda la sociedad pues permite ver que los jóvenes de hoy no son tan sólo los que salen en la prensa por motivos penosos como la violencia o la alienación. Hay muchos jóvenes que buscan el sentido más profundo de la vida, y que están dispuestos servir a los demás por amor a Jesucristo.
Usted es el máximo experto en las ‘JMJ’ como organizador de las de Santiago de Compostela (1989), Czestochowa (1991), Denver (1993), y supervisor de las presididas por Benedicto XVI. ¿Cómo ha ido la preparación de la de Madrid?
La colaboración con el comité organizador de Madrid ha sido excelente. Esto se debe a que España organizó ya una JMJ hace veinte años y a que el cardenal Rouco, que nos acoge ahora, era precisamente arzobispo de Santiago de Compostela en 1989. Le conozco desde entonces. El buen entendimiento y el entusiasmo han sido compartidos al cien por cien.
En su carta de convocatoria del 6 de agosto del 2010, el Papa recuerda su propia vocación sacerdotal y también sus dudas en los tiempos difíciles de la guerra. ¿Está invitando a reflexionar sobre una posible vocación?
Me parece que sí. Cada JMJ tiene una fuerte dimensión vocacional pues invita a los jóvenes a ver su vida como un don que reciben del Señor. Es lógico que en este encuentro se plantee la cuestión de "¿Qué quiere el Señor que yo haga de mi vida?". Muchos jóvenes encuentran el momento oportuno para decidirse, ya sea por el sacerdocio, la vida consagrada o el matrimonio cristiano. Muchos matrimonios jóvenes me han dicho: «Nuestra boda y nuestra familia es fruto de la ‘JMJ’». En Sidney, una ministra del Gobierno australiano me dijo: «Yo soy americana pero conocí a mi marido, que es australiano, precisamente en Czestochowa. Y así hemos creado un matrimonio cristiano y una hermosa familia».
Hay una novedad en Madrid. El Papa irá al Parque del Retiro a confesar…
Es un gesto muy significativo. Desde la JMJ de Roma hemos descubierto la importancia de la reconciliación sacramental. La JMJ invita a un cambio de vida y esa conversión recibe la forma sacramental en el sacramento de la Reconciliación, insuficientemente valorado en el mundo occidental.
Hay también otra primicia: el encuentro del Papa con los profesores jóvenes…
Esto responde al interés del Santo Padre por mostrar la armonía entre fe y razón, un gran desafío en nuestra época. El testimonio de estos jóvenes investigadores que viven su fe en plena sintonía con su investigación científica ofrece un mensaje muy fuerte a la cultura postmoderna, que a veces excluye la fe por motivos "científicos".
¿Qué significa el encuentro con los discapacitados?
Es un momento muy importante. Queremos llevar nuestro mensaje de esperanza a todos los jóvenes, incluidos los enfermos y los discapacitados. Por eso cada JMJ les dedica un encuentro para que se sientan parte de este bellísimo mundo de la juventud cristiana.
Juan Pablo II, el "inventor" de estas Jornadas vuelve ahora como patrono...
Vuelve de una forma nueva: como intercesor celestial, como patrono. La JMJ responde a tres apuestas de Juan Pablo II que han sido proféticas para la Iglesia. Apostó por los jóvenes, cuando muchos desconfiaban. Apostó por los grandes encuentros cuando algunos los consideraban demasiado "triunfalistas". Y apostó por poner la Cruz en el centro de la JMJ, yendo a contracorriente de la cultura contemporánea, que detesta la exigencia. Juan Pablo II decía: «Yo soy amigo de los jóvenes, pero soy un amigo exigente». A los jóvenes les gusta que les desafíen.

ABC (Entrevista de Juan Vicente Boo)

ALMUDÍ

domingo, 7 de agosto de 2011

La JMJ y la crisis económica

La JMJ y la crisis económica
Es un poco desagradable tratar de forma económica y material un acontecimiento espiritual, pero es necesario hacerlo ante la difusión de noticias demagógicas

      La difícil situación económica que vive nuestro país hace que los medios de comunicación tengan una gran responsabilidad de no encender chispas que hagan más difícil la vida social o que apunten a demagogias fáciles. Es evidente que el pueblo, además de gozar del derecho a ser bien informado y no ser manipulado, tiene todo el derecho a protestar, como el pasado martes en Igualada, cuando considera que las políticas, las medidas concretas y los llamados recortes perjudican injustamente el bienestar de todos. Pero existe el peligro, demasiado fácil, de movilizar —por intereses oscuros— una masa indignada o propensa por su situación precaria, a la protesta.

      Ya las voces contrarias al gasto de la organización de la Jornada Mundial de la Juventud, evento que tendrá lugar los próximos días en Madrid, organizado por la Iglesia Católica y con la presencia del Papa Benedicto XVI, están haciéndose oír con fuerza: una conjunción clerical y empresarial para un gran gasto inútil en plena crisis económica, es lo que vienen a decir. Simplemente quisiera dar unos puntos aclaratorios:

      1. El presupuesto es de 50 millones de euros, un 75% aportado por los mismos peregrinos y un 25% por patrocinadores. No hay, por tanto, una subvención directa que provenga del erario público.
      2. La colaboración pública queda reducida a la seguridad y a la cesión de instalaciones para acoger personas, teniendo presente que los gastos derivados del uso de las mismas las asume la organización.
      3. En cuanto a los patrocinadores (entre ellos, por ejemplo, 'Prisa', empresa editora de El País y propietaria de la Cadena Ser) agrupados en la fundación 'Madrid Vivo', se benefician de desgravaciones por dar ayudas o por publicitar el logo de la JMJ. Esto es porque el evento ha sido declarado "de interés excepcional" por la ley presupuestaria. Hay muchos otros eventos con esta declaración (por ejemplo la Copa América de Vela) y la JMJ sólo representará un 8% de los recursos que el Estado gastará para este tipo de eventos. Si hay un debate sobre los costes y beneficios que generan los grandes acontecimientos en España, no creo que sea justo hacerlo sólo cuando estos están organizados por la Iglesia.
      4. Por lo que respecta a los beneficios, se calculan en más de 60 millones de IVA por la actividad generada en torno a la JMJ. Además, grupos de restauradores se beneficiarán en 6 millones por las raciones de comida que se repartirán en una semana, así como los hoteleros, que salvarán el que siempre es el peor mes del año para la empleo —agosto— en la capital del Estado. Los beneficios de la visita del Papa a Barcelona, por ejemplo, han sido innegables: un 20% más de visitas a la Sagrada Familia.
      Es un poco desagradable tratar de forma económica y material un acontecimiento espiritual, pero es necesario hacerlo ante la difusión de noticias demagógicas. Hay que tener en cuenta que la JMJ estaba prevista tiempo atrás, cuando no habíamos llegado a la difícil situación que vive nuestro país, y creo que se hacen esfuerzos para que el evento se realice con la máxima austeridad. Por último, creo que se minusvalora el impacto social de la JMJ: la crisis económica no sólo es una crisis material o monetaria: es también una crisis moral provocada por avaricia, especulación, irresponsabilidad, engaños con productos financieros, por crecer sin límites sin pensar en el futuro ni en la sostenibilidad... La experiencia cristiana compartida por cientos de miles de jóvenes también es una forma de apostar por un modelo de vida diferente y por una sociedad mejor: si la salida de la crisis sólo fuera una cuestión de rescates y recortes y no nos interrogara por cómo vivimos, a qué aspiramos, cuáles son las cosas realmente valiosas, cómo gestionamos y cómo tratamos a los demás, creo que quedaríamos en una visión muy limitada que fácilmente nos haría caer en la misma piedra. 

Francisco Javier Bisbal y Talló, sacerdote de la diócesis de Vic y economista
TemesD´Avui.org / Almudí

sábado, 6 de agosto de 2011

Un artículo de Alfonso Ussía difundido en parroquias madrileñas critica a la delegada del gobierno por autorizar una manifestación anti-Papa

   Un artículo del columnista y escritor Alfonso Ussía, titulado "Anacrónico" y publicado en "La Razón", ha sido difundido en varias parroquias madrileñas, entre las que se encuentra la basílica de La Milagrosa (en la imagen). Ussía critica en su columna a la delegada del gobierno por autorizar una manifestación contra la visita del Papa coincidiendo con su estancia en Madrid.

   Ussía descalifica también la campaña organizada por Izquierda Unida para denunciar el supuesto coste de la visita de Benedicto XVI, "que es denuncia vana por cuanto el coste es de cero euros", afirma. Sin embargo, el periodista considera que "es bueno para una nación libre y democrática que los comunistas estén divertidos y entretenidos con sus fantasmas y sus obsesiones".

   Así mismo, su tribuna de opinión aborda la imagen blasfema contra Jesucristo que fue retirada recientemente de una exposición de fotografía en Mérida: "A nadie de la izquierda se le ocurre sacar en pelotas a Alá y su profeta Mahoma, porque la grosería y falta de respeto conllevan un riesgo inminente. Los cristianos ponen la otra mejilla y rezan por quienes los ofenden, y los musulmanes matan. Esa es la diferencia, que no considero inapreciable", sentencia.

Reproduzco a continuación el texto íntegro del artículo de Ussía:
   "En el año undécimo del siglo XXI, el comunismo es anacrónico. Un fracaso que no sirve para nada. El recuerdo de la tiranía, del muro, del silencio y del infinito aburrimiento. En la Alemania comunista tenían prohibidos los plátanos porque se consideraban inductores del lujo. Las izquierdas han sido inteligentes y han conseguido convencer a muchos de que el comunismo es democrático. Lo es, efectivamente, cuando no gobierna. El comunismo en el poder sigue siendo dictatorial y totalitario, porque de no ser así, no podría mantenerse. Cuando el muro fue derribado –lo hicieron los propios comunistas pragmáticos empujados por Juan Pablo II y Ronald Reagan, los más odiados entre los derrumbados–, el comunismo se camufló en otros proyectos, sin perder su férrea voluntad autoritaria. El ecologismo coñazo, el feminismo radical y el anticristianismo obsesivo. Se trataba de acoplarse a algo que tuviera futuro para paliar la desventura de una ideología que representaba el fracaso rotundo del pasado. Un fracaso sangriento y criminal, por otra parte. Todavía sobreviven, y es un decir, tiranías comunistas. Son dinásticas. Corea del Norte y Cuba. Y el experimento chino, que poco a poco se abre a los mercados libres con su inmenso poder económico.

   En España hay un millón de personas que votan a los comunistas. Me intriga, pero así es. Se mantienen gracias a la sangría decepcionada que proviene del socialismo. Y como tienen poco que hacer se divierten en tonterías oportunistas. Ahora protestan por la visita del Papa Benedicto a Madrid con motivo de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Una visita que no le va a costar ni un euro a los madrileños y al resto de los españoles. Días atrás, una actriz de la Ceja enchufada en Extremadura dimitió de su cargo –es decir, se adelantó al despido–, porque había sido obligada a retirar de una exposición la fotografía de un maniquí vasco desnudo que pretendía representar a Jesucristo con un crucifijo sobre sus blanduras del entrepernil. A nadie de la izquierda se le ocurre sacar en pelotas a Alá y su profeta Mahoma porque la grosería y falta de respeto conllevan un riesgo inminente. Los cristianos ponen la otra mejilla y rezan por quienes los ofenden y los musulmanes matan. Esa es la diferencia, que no considero inapreciable.

   La Delegada del Gobierno en Madrid, que es la típica "progre" desnortada, parece que ha autorizado una manifestación contra la visita del Papa coincidiendo con su estancia en Madrid. Y el llamado Coordinador General de Izquierda Unida –muy poco coordina en los últimos tiempos–, ha montado una campañita para denunciar el coste de la visita de Benedicto XVI, que es denuncia vana por cuanto el coste es de cero euros. Pero se justifican y se divierten, y es bueno para una nación libre y democrática que los comunistas estén divertidos y entretenidos con sus fantasmas y sus obsesiones.

   La visita del Papa a Madrid es un acontecimiento universal. La juventud del mundo a Madrid viene a encontrarse con él. Millones de jóvenes visitarán España, y Madrid se convertirá por unos días en la Capital del futuro de la Cristiandad. Una chica de Izquierda Unida, también coordinadora de algo –el comunismo se ha convertido en una reunión de coordinadores, según parece–, ha sido la encargada de presentar la campañita "Madrid sin Papa". El mensaje no tiene sentido, porque el Papa va a estar en Madrid, y no sólo Madrid, sino toda España y la juventud del mundo le acompañarán. Pero en fin, si así se divierten los anacrónicos y creen que hacen algo, pues que lo pasen chupi".

RELIGIÓN CONFIDENCIAL

viernes, 5 de agosto de 2011

La lógica cristiana del amor

La lógica cristiana del amor

La Iglesia entera está implicada en el amor y la justicia. Y dentro de la Iglesia, los laicos, por su propia vocación y misión, están convocados a participar en la vida pública y política con la diversidad de sus dones y opiniones, en libre concurrencia con las de los demás 

      Cuando salió la primera encíclica de Benedicto XVI, Deus caritas est, sobre el amor cristiano, muchos quizá esperaban una encíclica sobre la verdad. Otros, cuando se supo que trataría del amor, esperábamos una exposición sobre las relaciones entre la verdad y el amor, e incluso la belleza. Pero la encíclica se centra en el amor. ¿No habla de la verdad? Sí, ciertamente: no habla de otra cosa que de la comprensión y vivencia cristiana de la verdad. Y eso se identifica, precisamente, con el amor. En unos tiempos en que el nombre de Dios se asocia a veces con la venganza, el odio y la violencia —escribe el Papa—, este mensaje tiene una gran significación. La lógica cristiana —es decir, la comprensión de la vida según el Logos hecho carne— no es la de la intolerancia fundamentalista, sino la del amor. 

      La primera parte explica cómo Dios se ha revelado a través de la imagen del eros (amor posesivo) que debe convertirse en agapé (amor que se entrega). Por eso el amor conyugal es una imagen del amor de Dios por la humanidad, y es asumido por Cristo en el sacramento del matrimonio, como imagen viva y comunicación del amor apasionado y fecundo entre Cristo y la Iglesia. Así se explica también el sentido cristiano de la sexualidad.

      En el centro de la encíclica se sitúan dos cuestiones. Son como dos focos de luz que en su referencia mutua determinan el escenario en que quiere moverse el documento. No sólo están materialmente en el medio del texto, al final de la primera parte y al principio de la segunda; sino que constituyen el núcleo de los pensamientos que el autor expresa. En primer lugar, “el doble mandamiento del amor” (nn. 14-18). En segundo lugar, la afirmación de que la caridad pertenece esencialmente a la misión de la Iglesia (nn. 19-25). 

El doble mandamiento del amor
      Primera cuestión: Dios instaura con los hombres una comunión de pensamiento, de voluntad y de sentimientos. Lo hace por la obra de Cristo y del Espíritu Santo, sobre todo gracias a la Eucaristía. Así se puede llegar a “pensar con el pensamiento de Dios”, a “querer con la voluntad de Dios” y a “mirar con los ojos y los sentimientos de Cristo”. El amor a Dios y al prójimo son dos vertientes del amor cristiano que se implican mutuamente, como dos caras de la misma moneda. Ambos son inseparables, pero todo comienza por el amor de Dios. Él ha tomado la iniciativa en esa “experiencia de amor” que es la vida cristiana vivida plenamente, y que pide ser comunicada a otros. De este modo el amor divino transforma a las personas singulares en el “Nosotros” de la Iglesia, que tiene un horizonte universal. 

La caridad es esencial en la misión
      Por eso, continúa el Papa su argumentación, la caridad es una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia. He aquí la segunda gran cuestión. La caridad, o sencillamente el amor, es una manifestación irrenunciable de la esencia de la Iglesia o de su estructura fundamental. El trinomio constituido por el anuncio de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos y el servicio de la caridad, se ha ido confirmando con el paso de los años y la difusión progresiva de la Iglesia, familia de Dios en el mundo. 

      ¿Cómo se unen entre sí esos dos focos de luz de la encíclica, el amor cristiano y su papel en la misión de la Iglesia? Por el Espíritu Santo. Él es el protagonista inmediato del amor: la potencia interior que armoniza el corazón de cada uno de los creyentes con el corazón de Cristo, y les mueve a amar como Él los ha amado. Y resulta que el mismo Espíritu es la fuerza que transforma el corazón de la Iglesia, para que dé testimonio del amor en el mundo, en la medida en que busca el bien integral del ser humano. 

El amor se demuestra en los hechos
      Todo ello está impregnado de consecuencias prácticas. La Eucaristía introduce a los cristianos en la dinámica de la entrega de Cristo, el Logos que se hace agapé, para seguir actuando en ellos y por ellos. No hay amor sin Cruz. Especialmente en los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, enfermos y encarcelados… ahí está Cristo. Sin el contacto personal con Dios no se puede ver en los otros la imagen divina. Y viceversa, sin el servicio a los demás no se reconoce a Dios como Dios-amor. No habría culto cristiano donde cupiera una indiferencia por los pobres y necesitados. En sentido propio, no hay cristianos donde falta la oración y la Misa (¡el domingo!). La Iglesia entera está implicada en el amor y la justicia. Y dentro de la Iglesia, los laicos, por su propia vocación y misión, están convocados a participar en la vida pública y política con la diversidad de sus dones y opiniones, en libre concurrencia con las de los demás. Sin amor, decía Juan Pablo II, todo podría quedarse en palabras. La lógica cristiana del amor conduce a los hechos. ¡El amor es posible! 

      Hay que convencerse e impulsar este convencimiento entre los amigos y los colegas, en el interior de las familias y los vecindarios, en los proyectos científicos y en las empresas, en las noticias y en los espectáculos, en las políticas locales y en los organismos internacionales. ¿Cómo? A amar se aprende amando. Éste es el desafío: creer en el amor y vivir el amor.

Ramiro Pellitero.
Universidad de Navarra
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jueves, 4 de agosto de 2011

La última carta

La última carta
Espero que estos días de vacaciones tengan algo de tiempo para esos mayores que en nuestras familias son las raíces de lo mejor que todavía hay dentro de nosotros mismos. Aqui tenéis la última y preciosa carta de un abuelo

   Durante estos días de teóricas vacaciones, sacudida nuestra necesidad de paréntesis y descanso por noticias de matanzas, hambrunas, empobrecimiento, artimañas políticas y frivolidades estivales, tal vez caliente de esperanza nuestro corazón leer una última carta. Tal vez en nuestra familia también existe, en apariencia escondida, una persona tan luminosa. Todavía estamos a tiempo de manifestarle, en vida, nuestro amor y reconocimiento. El caso fue como sigue.

      Berta, arquitecto de 45 años, casada desde hace 18 años con Juan, de 47 años, piloto militar de las Fuerzas Aéreas, con grado de teniente coronel. Tres hijos de 16, 12 y 11 años. Antigua paciente. Me dice: «Le agradecimos mucho su presencia en el funeral y en el cementerio. Quiero traerle la carta que dejó en la última página de su diario. Nos conmovió a todos leerla tras su muerte. Sé que usted la apreciará en lo que significa y quizás pueda servir para otros».

      El texto dice así (excluyo los datos identificatorios):
¡Queridísimos míos, todos!
    No imaginé que sería así. Me doy cuenta de que me vais a internar y que ya no saldré viva. Dejadme el gusto de escribiros esta pequeñita carta al final de mi también pequeñito diario, ahora, mientras Matilde y Berta van haciéndome el equipaje en la habitación de al lado, la que da al jardín y al río…

    Os miraba y observaba a todos estos últimos días, mientras me acompañabais por la clínica, de médico en médico, arriba y bajo. A ti, Matilde, y a tu marido, matasanos que, ahora, no sabe qué hacer conmigo, mi tan querido Carlos. A ti, Berta, y a tu tan bonito aviador, tu Juan, al que tanto quiero. Y a todos vuestros hijos, mis nietos (menciona el nombre de siete nietos, que suprimo). Y, sobre todo, a Ricardo, mi hombre desde que era una mocita, al que pronto veré, al que extraño como nunca supuse, ni le dije y se lo debo, que ahora tendré mucho tiempo para contarle demasiadas cosas que no supe en su momento. Cosas mías, cosas nuestras, tan profundas, a veces tan duras, tan hermosas, como sembrar y abonar y cuidar y recoger, cada cosa a su tiempo, así fue lo nuestro. ¡Qué bien! Pero no es de lo que quiero escribiros ahora.

    Os miraba y observaba estos días, os iba diciendo. Veía cómo cuchicheabais a mis espaldas. Cómo, con disimulo, os quedabais en apartes con los médicos. Yo sé, hace tiempo, que estoy enferma, enferma del final. No es una sorpresa. Sí lo fue vuestro miedo… Me pareció que sufríais imaginándoos mi sufrimiento: el de morirme. Pero eso no me preocupa nada. Lo que me preocupa, a mí, es otra cosa, y eso quiero contaros. Entiendo de un modo difícil de explicaros que seguir viviendo o morir no me importa. Mi vida… ¿Qué es mi vida? Mi vida no es mi sangre corriendo por mis venas, mi corazón latiendo… ¿Mi vida? Esa vida es la que no me importa. ¿Mi Vida? Y, con mayúsculas os la pongo, mi Vida sois vosotros, todos vosotros, vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos. Vosotros sois mi Vida. Yo no soy la vuestra, pero la vuestra ha sido y es y será mi verdadera Vida. Soy vuestra madre y vuestra abuela… No sé si lo entendéis.

    ¿Os acordáis esta mañana cuando los médicos os han dicho lo que os han dicho? ¡Qué preocupación en vuestros ojos! ¿Cómo me lo ibais a decir? ¿Quién lo haría? Recordad que yo tomé vuestras manos, las de Carlos y Matilde, y Juan y Berta. Las tomé todas juntas, y todas juntas las uní con la mía. Sólo fueron unos segundos. Porque, enseguida, y eso es lo que quiero que se os quede grabado, tomé tu mano, Carlos, y la junté con la de Matilde, y tomé tu mano, Juan, y la junté con la tuya, Berta… Y os dije que no os preocuparais por mi vida, es decir, por mi muerte, porque mi Vida no era esa. Y os dije, recordadlo, que mi Vida sois vosotros unidos, juntos ahora y siempre. Mi Vida, hijos míos de mi alma, son vuestras uniones, vuestros matrimonios, vuestras familias…, y, luego, dentro de muchos años, los matrimonios de vuestros hijos, las familias unidas de cada uno de ellos. Esta es mi Vida, que no pierdo ahora, sino que la veo ganada ante mis ojos. Y, por esa bendición tan grande, os doy unas gracias tan íntimas, grandes y profundas, que no las sé explicar mejor. Os las doy en nombre de Ricardo también, son nuestro agradecimiento porque, unidos, sois Nuestra Vida, y, en vuestra unión, veo el fruto de la unidad de nuestro amor. Gracias, hijos míos. Ya me encargaré yo de pedirle al Buen Dios que os dé también esta bendición en aquel día vuestro, aquel día en que se descubre que el principio está al final.

      No les importunaré con ningún comentario. Espero que estos días de vacaciones tengan algo de tiempo para esos mayores que en nuestras familias son las raíces de lo mejor que todavía hay dentro de nosotros mismos.

Pedro-Juan Viladrich es catedrático de Universidad y vicepresidente del Grupo Intereconomía.
La Gaceta / Almudí

miércoles, 3 de agosto de 2011

Carta abierta al Papa

Carta abierta al Santo Padre
   “Santo Padre: podrá comprender fácilmente con qué gozo he leído (…), las siguientes hermosas palabras de su Mensaje a la próxima ‘JMJ’: «Sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente»”

      Santidad: permítame enlazar idealmente un recuerdo personal de juventud a una hermosa frase de su Mensaje a la próxima JMJ, que en su bondad ha deseado celebrar en España. Quisiera corresponder así al particular empeño de Vuestra Santidad en recordar a los jóvenes —especialmente si se llaman cristianos— que la principal riqueza y belleza de la juventud consiste en ser vivida como tiempo de reflexión vocacional, de esperanza en un futuro de verdadera felicidad.

      Como todos o casi todos los jóvenes de ahora y de siempre, yo también me preguntaba, hace muchos años, en estas tierras de vieja cristiandad: ¿Qué debo hacer para que mi vida tenga verdadero sentido? ¿Cómo puedo emplearla al servicio de algo verdaderamente grande?, y añadía también, de cara a la eternidad: ¿Cuál es la voluntad divina en mi vida? ¿Qué espera Dios de mí? Sentía en mi alma un ansia de cosas grandes, de dedicar mi existencia a ideales altos aunque fueran arduos. Era una serena inquietud, que reflejaban bien estas palabras de un conocido poeta español, José María Valverde: «Tú, amigo, tú que tienes veinte años, dime: ¿qué vas a hacer con ellos?» La respuesta la encontré en otra pregunta hecha con no menor ímpetu juvenil por un sacerdote, Josemaría Escrivá, a cuya canonización Vuestra Santidad y yo hemos asistido, hace nueve años, en la plaza de San Pedro: «¿No gritaríais de buena gana a la juventud que bulle alrededor vuestro: ¡Locos!, dejad esas cosas mundanas que achican el corazón..., y muchas veces lo envilecen..., dejad eso y venid con nosotros tras el Amor?» (Camino, 790).

      Esas cosas mundanas, en el sentido negativo del término, eran entonces y lo son hoy —Juan Pablo II y Vuestra Santidad lo recuerdan exhortando a ir contracorriente— los falsos dioses de las tres principales concupiscencias que tientan a la naturaleza humana caída: el ídolo de la avaricia y del poseer a toda costa (concupiscencia de los ojos), el ídolo de la lujuria y de la droga (concupiscencia de la carne) y el ídolo del poder egoísta y prepotente (soberbia de la vida). Frente a esos falsos dioses que achican el corazón..., y muchas veces lo envilecen, se alzaban con fuerza las palabras de una decidida invitación siempre actual: Venid con nosotros tras el Amor, el Amor con mayúscula, Cristo, arrebatadora Imagen del Dios invisible, Maestro y Amigo, paz y alegría del mundo, Camino de esperanza y de felicidad, Palabra que no pasa, Verdad que ilumina y consuela, Vida que sana y resucita. Aquella invitación del joven sacerdote Josemaría sonó en mi alma como el Sígueme de Jesús a sus primeros discípulos junto al mar de Galilea.

      Santo Padre: podrá comprender fácilmente con qué gozo he leído, sesenta años después, en esta primavera romana de 2011, las siguientes hermosas palabras de su Mensaje a la próxima Jornada Mundial de la Juventud: «Sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: “Nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti”. (...) El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando comenzamos a tener una relación personal con Él, Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud».

      A la mayoría de los jóvenes que encontrará en Madrid deseosos de crecer en amistad con Jesús de Nazaret, el Señor los habrá llamado o los llamará al matrimonio, esa íntima comunión de vida y de amor conyugal, única, indisoluble y abierta a la fecundidad, fundamento insustituible de una sociedad sana, que Cristo ha elevado a la condición de sacramento. Pero debemos esperar también, como ocurrió en Colonia, en Sidney y en otros muchos encuentros de Vuestra Santidad con los jóvenes, que a algunos y a algunas el Señor les pedirá más.

      Es seguro —la experiencia de la pastoral juvenil lo demuestra— que, de frente a los desafíos del agnosticismo religioso y la banalización de la sexualidad, la gracia de Dios desvelará también en España a no pocos jóvenes el valor siempre actual del celibato apostólico, de la completa donación de sí mismos, en la totalidad corpórea-espiritual, al amor de Cristo y a los demás por amor de Dios. Un particular anhelo de lo realmente grande llevará a esas almas a responder a la llamada de Cristo al celibato apostólico (propter me et propter evangelium: Mc 10, 29): ya sea en el sacerdocio de Cristo Pastor, sin el cual no habría Eucaristía ni Reconciliación, ya sea en la peculiar consagración del estado religioso o en la también completa donación a Dios en las circunstancias ordinarias de la vida secular.

      Santidad: gracias en nombre personal y de los jóvenes de la JMJ por esa hermosa frase de su Mensaje, y que María Santísima, la Señora del fiat, les enseñe a ellos y nos enseñe a todos siempre a saber discernir, amar y cumplir la voluntad de Dios.

Cardenal Julián Herranz, ex Presidente del Consejo Pontificio para los Textos LegislativosAlfa y Omega / Almudí

martes, 2 de agosto de 2011

¿Por qué está inquieto el Dragón?

¿Por qué está inquieto el Dragón?
Mientras, las familias católicas chinas siguen rezando el rosario, siguen alentando a sus hijos a agradecer a Dios la vocación sacerdotal y a ordenarse en la clandestinidad por obispos fieles a Roma, al Papa, a Cristo

   Se terminan ya, en estas latitudes, los preparativos espirituales, técnicos, organizativos, para la Jornada Mundial de la Juventud. La Iglesia, con sacerdotes de tantas partes del mundo, se dispone a vivir una nueva, perenne, Pentecostés.

      Mientras tanto, el gobierno chino, además de no conceder visados para que algunos jóvenes católicos puedan venir a vivir ese abrazo fraterno, esa comunión de fe, con el Papa y con toda la Iglesia en Madrid, continúa su empeño en crear conflictos con la Santa Sede.

      Son ya tres las ordenaciones episcopales no aprobadas, ni autorizadas, por la Santa Sede, y en muy poco tiempo.
      ¿Por qué esa preocupación para tratar de "gobernar la Iglesia" a través de esas ordenaciones ilícitas de obispos, como ya le achacan algunos comentaristas?

      Es cierto que para una actuación semejante las autoridades del partido comunista chino necesitan la colaboración, pasiva o activa, en este caso siempre es de alguna manera activa, de algunos sacerdotes indignos que se prestan a su juego. Desde el Vaticano se les recuerda que quedan inmediatamente excomulgados, fuera de la comunión con toda la Iglesia, con Cristo, y que su ordenación episcopal es ilícita.

      «¿Pueden nuestros líderes tomarse un poco de tiempo, dado su compromiso en la lucha de poder, y prestar atención a esta "pequeña comunidad" de católicos? ¿Por qué no se permite a nuestros hermanos y hermanas vivir pacíficamente su vida de fe? ¿No es un derecho reconocido en la constitución?».

      Con estas palabras el cardenal Zen, obispo emérito de Hong-Kong, pregunta a los políticos las razones de su empeño diabólico para crear desorden y confusión entre los fieles y sacrificados católicos chinos, y levanta su voz valiente contra las razones que los políticos han dado recientemente.

      «Podríamos entender que el Gobierno saliera a defender a sus títeres diciendo que son "políticamente correctos", o alabar su valentía resistiendo la presión extranjera —la Santa Sede, se entiende—; pero ahora han salido a alabar su "ardiente fe católica", y decir que las ordenaciones sin el mandato papal son necesarias para el "normal gobierno de la Iglesia y por las necesidades de las actividades pastorales y evangelizadoras"».

      Quizá Paul Lei Shiyin, Joseph Huang Bingzhang y otros sacerdotes, indignos también por su conducta moral, en su miserable afán —y lamento tener que escribir así, pero sé que me quedo corto— no recuerdan a otros sacerdotes vendidos a las alabanzas de la revolución francesa, de Napoleón, del poder temporal, a las insidias de Enrique VIII, que acabaron después siendo asesinados por quienes les promovieron en su día, para servirse de ellos contra la Iglesia, contra Cristo. El Señor les dará tiempo de arrepentirse; y yo rezo para que lo aprovechen. ¿Lo harán?.

      «Nadie sabe cuánto durará este severo invierno, dice el cardenal Zen, y con él tantos obispos mártires chinos, pero nuestros fieles no tienen miedo, o superarán sus miedos con fe y oración, y tendrán la gracia del cielo para imitar a los mártires canonizados y a los innumerables héroes que viven la fe, para dar un testimonio valiente de Nuestro Señor Resucitado».  

      Y mientras, las familias católicas siguen rezando el rosario, siguen alentando a sus hijos a agradecer a Dios la vocación sacerdotal y a ordenarse en la clandestinidad por obispos fieles a Roma, al Papa, a Cristo.

      En la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud se rezará, y se rezará con mucha Fe, por esta iglesia perseguida y martirizada en China.
      ¿Está inquieto el Dragón por la Fe de esos católicos chinos que «rechazarán a estos 'oportunistas' y se mantendrán siempre al lado del Papa?».

Ernesto Juliá Díaz
ReligionConfidencial.com / Almudí

lunes, 1 de agosto de 2011

‘Cristo nos enseña a amar’

‘Cristo nos enseña a amar’
   «El amor no es cosa que se aprenda, ¡y sin embargo no hay nada que sea más necesario enseñar! Siendo aún un joven sacerdote aprendí a amar el amor humano. Si se ama el amor humano nace también la viva necesidad de dedicar todas las fuerzas a la búsqueda de un “amor hermoso”. Porque el amor es hermoso. Los jóvenes, en el fondo, buscan siempre la belleza del amor, quieren que su amor sea bello» (Juan Pablo II).

      Respondiendo a la inquietud planteada por estas palabras del Beato Juan Pablo II, un equipo del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre Matrimonio y Familia (sede Roma) preparó, con ocasión de la próxima Jornada Mundial de la Juventud que tendrá lugar entre los días 16 y 21 de agosto en Madrid, un vademécum de 30 preguntas habituales entre los jóvenes con relación al tema del amor, acompañadas de sus respectivas respuestas.

    Si eres joven y el tema te inquieta, léelas e invita a tus amigos a leerlas.
    Si eres padre de familia o abuelo, coméntalas con tus hijos o nietos.
    Si eres profesor, ofrécelas a tus alumnos.
* * *
Índice de preguntas

    1. El amor, ¿vive en el mundo real o el de los sueños?
    2. ¿Por qué el amor nos atrae tanto?
    3. ¿El amor es siempre igual, siempre verdadero, o hay también amores falsos?
    4. ¿Existen distintos tipos de amores?
    5. El amor, ¿es algo que se encuentra, o hay que aprenderlo?
    6. ¿El amor es algo espiritual o se vive y expresa gracias a nuestro cuerpo?
    7. ¿Es verdad que nuestro cuerpo está hecho a imagen de Dios?
    8. ¿El hombre y la mujer son en verdad diferentes, en qué consiste su distinción?
    9. El sexo, ¿es algo corpóreo o espiritual?    
    10. ¿Cómo comportarse cuando se experimenta la atracción hacia alguien?
    11. En mi cuerpo siento una llamada a amar: ¿cómo puedo responder a ella?
    12. El pudor que experimento ante la sexualidad, ¿no es acaso una limitación que hay que superar?
    13. Si el sexo es un impulso natural, ¿por qué hay tantas normas que lo prohíben?
    14. ¿Por qué la masturbación es un pecado, si no hago mal a nadie?
    15. ¿Cómo debe comportarse quien siente una inclinación sexual ante una persona del mismo sexo?
    16 ¿El amor es exclusivo, o podemos enamorarnos de dos personas al mismo tiempo?
    17. Si el sexo es algo bueno, ¿por qué en la Iglesia hay gente que no se casa y consagra su virginidad a Dios?
    18. ¿No es excesivo un amor para siempre?
    19. Si estamos sinceramente enamorados, ¿por qué no entregarnos sexualmente antes del matrimonio?
    20. ¿No impone el matrimonio demasiadas normas y responsabilidades, todas a la vez?
    21. Si el amor entre el hombre y la mujer es algo natural, ¿por qué hace falta casarse por la Iglesia con un sacramento?
    22. ¿Por qué dos esposos que se dan cuenta de que se han equivocado no pueden divorciarse?
    23. ¿Es posible considerar modelos de familia diversos del “tradicional”?
    24. Si el amor humano es en sí algo tan bueno, ¿por qué no basta un matrimonio civil?
    25. ¿Existe un momento justo para tener hijos y un momento en el que conviene cerrarse a la posibilidad de la procreación?
    26. ¿Por qué debemos estar abiertos a la procreación?
    27. ¿Por qué no acudir a los distintos anticonceptivos? Las técnicas de planificación natural de la fertilidad, ¿no son acaso unos anticonceptivos permitidos?
    28. El aborto, ¿no puede ser considerado en algunos casos límite, un mal menor?
    29. Si no se tienen hijos y se desean mucho, ¿por qué no recurrir a las técnicas de reproducción asistida?
    30. Si el amor es cosa de dos, ¿por qué, para casarnos, es necesario una celebración pública?
* * *

1. El amor, ¿vive en el mundo real o el de los sueños?
      “Mantente despierto, la vida es breve” decía el anuncio de una marca de café. Nos recordaba así que muchas veces vivimos nuestra vida como si durmiésemos, como quien está soñando. Por muy vivos que sean los sueños nunca podrán sustituir la realidad. Por muy bellos o agradables que sean, son solo una construcción nuestra: no tiene un origen, y sobre todo, no tienen una meta, no tienen destino. Para vivir de verdad, para vivir en la realidad, es necesario estar despiertos, como dice el anuncio. Es necesario aceptar que vivimos en un mundo con personas reales que pueden enriquecernos o defraudarnos, porque no las creamos nosotros. Es decir, para despertar a la vida, es necesario despertar al amor. Solo se despierta quien ama. El amor evita que confundamos la vida con un sueño. Este es el mundo real, el de las personas que están a nuestro lado, con una existencia que es siempre más grande que nuestros deseos o que las ideas que nos hacemos de ellas. El amor hace surgir un horizonte que no se desvanece de golpe, como el de los sueños, sino que se ensancha siempre hacia la meta, hacia un destino lejano y maravilloso. La vida es breve... ¡despierta al amor! 

2. ¿Por qué el amor nos atrae tanto?
      “Hoy la tierra y los cielos me sonríen / hoy llega al fondo de mi alma el sol. / Hoy la he visto..., / la he visto y me ha mirado... / ¡Hoy creo en Dios!”. Así decía un poeta español, queriendo describir sus sensaciones de enamorado. También a él, como a todos, el amor le cambiaba la vida, le llenaba de un entusiasmo inesperado e incontenible, hasta parecerle sobrenatural, incluso divino. Esta es la fuerza del amor: eleva al que ama más allá de sus expectativas, le abre nuevos horizontes e infinitas posibilidades. Es tan grande la alegría que da el amor, que quien lo experimenta corre un peligro: creer que ha llegado ya a la meta. El enamorado queda tan sorprendido de la luz que ha inundado su vida que no hace otra cosa que contemplarla. Al igual que le sucede a un caminante que, tras haber avanzado por senderos oscuros, se encuentra ante una llanura maravillosa e interminable y, en vez de atravesarla, se parase a contemplar la nueva visión. Cuando un enamorado se comporta así, su amor acaba por agotarse, pronto cansa o aburre. El amor nos fascina porque contiene una promesa de belleza, algo tan grande que deseamos poseerlo inmediatamente, en un instante. Pero esto no es posible. El amor nos invita a caminar a lo largo de su sendero, un sendero nuevo que podemos construir solo paso a paso. Si no aceptamos la invitación que nos hace el amor, si nos olvidamos que es una promesa de belleza y no una cosa ya hecha, rápidamente acabará por desilusionarnos. “La felicidad no se compra. Se construye” decía el eslogan de otra campaña publicitaria. Lo mismo pasa con el amor. 

3. ¿El amor es siempre igual, siempre verdadero, o hay también amores falsos?
      El amor contiene una promesa de felicidad: para vivirlo es preciso aceptar con confianza la promesa que nos hace. Quien confía solo en las propias seguridades porque no quiere cometer errores, ese no cree en el amor, jamás podrá amar. El amor es algo que no nos pertenece, que no depende de nosotros. Es necesario confiarse al amor, abrirse a él, dejarse conducir por él. No importa que hayamos tenido malas experiencias. El amor no es el sentimiento débil y fugaz que algunos nos describen. El amor es más bien la fuerza que nos acompaña desde el inicio de nuestra vida; que existía antes de que viniésemos al mundo, en el abrazo de nuestros padres; que ha sostenido nuestros primeros pasos. Y entonces decimos: Sí, es posible creer en el amor, porque el amor ha venido a mí primero. Dale crédito al amor: el amor ya te ha dado crédito a ti. De este modo la apertura al amor no es un salto en el vacío. Todo amor tiene siempre una meta. Si no la tiene, entonces gira en redondo y se pierde en instantes fugaces, incapaz de seguir un sendero que conduzca hacia el horizonte lejano. Cuando no tiene meta, el amor deja de ser amor. ¿Cuál es nuestra ruta y nuestra brújula para creer en el amor? ¿Cómo distinguir el amor verdadero del falso? Pregúntate si tu amor tiene meta o si das vueltas en círculo. Pregúntate si tu amor construye algo o si es un amor-burbuja, en que dos amantes se limitan a mirarse embelesados el uno al otro... Pregúntate si tu amor te hace crecer y madurar... si te promete y abre un camino. “Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1 Jn 4,16), dice la Biblia. Conocer a Jesús y tener fe en Él, es creer en su amor, porque su amor te ha encontrado ya a ti. Es experimentar su fuerza y saber que, con este amor, se puede llegar al final.