sábado, 13 de agosto de 2011

La generación del milenio

La generación del milenio
   El tema de fondo que mueve a esas multitudes de gente joven es la búsqueda del concepto de verdad. Es un itinerario inicialmente filosófico, que termina por ser un encuentro no con una cosa, sino con Alguien…


      Dicen que la gran ciudad es mal sitio para vivir. Demasiada tensión y ambición en los rostros de la gente. No estoy seguro del acierto de este análisis. Lo que sí creo es que, en una gran urbe, hay una mayor incidencia de escepticismo, con buenas dosis de cinismo. Llevo años viviendo en Madrid y son demasiadas las cosas que hemos visto los madrileños: no es fácil emocionarnos por casi nada. Será interesante contemplar el choque entre cinismo urbano e ingenuo entusiasmo de los miles de jóvenes de la generación del milenio (los nacidos a caballo entre el XX y el XXI), que invadirán Madrid en la Jornada Mundial de la Juventud.

      Si estamos a lo que sucedió en Sidney en julio de 2008 —sede de la anterior Jornada— la alegría y la amabilidad de miles de jóvenes (católicos o no) «acabaron por fundir el cínico corazón de la gran ciudad» (The Sydney Morning Herald). La prensa puso como ejemplo de convivencia cívica —entre otros muchos— a los conductores de autobús australianos, que, incluso cuando acababan su turno, recogían a jóvenes que se habían quedado sin transporte y los llevaban a sus campamentos.

      En 1985 se celebró en Roma otro masivo encuentro de jóvenes, convocados por el Papa con motivo del Año Internacional de la Juventud de la ONU. Fue el antecedente inmediato de las Jornadas. Recuerdo que, por entonces, la preocupación de los media se centró en una supuesta devastación de las zonas verdes, a manos (o pies) de la "horda de jóvenes" que avanzaba sobre la Ciudad Eterna. Uno de esos rótulos catastrofistas que, a veces, manejamos para luego suspirar aliviados al comprobar que todo quedó en una "pacífica invasión", que alegró el corazón de los romanos y respetó las zonas de esparcimiento de Roma.

      En esta misma línea, Joaquín Navarro-Valls, por entonces portavoz de la Santa Sede, describió los actos del hipódromo de Longchamp (París), como «un mayo del 68 al revés». Efectivamente, los jóvenes que acudieron a la Jornada Mundial de 1997 en París eran hijos de los indignados de aquel turbulento mayo. Una generación que creía en la lucha de clases, pero que no había abierto El Capital; feministas de segunda generación, que creían que los roles sexuales eran un engaño, pero que no habían leído a Simone de Beauvoir. Una generación que pretendió liberarse de la tradición y de todo poder establecido. Pasaron los años y la gran mayoría de esos indignados evolucionó hacia formas de darwinismo social no demasiado partidarias de repartir parte de sus ganancias con los más necesitados. Otros muchos, acabaron sacrificando casi todo en el altar de su profesión, mientras en el entorno se derrumbaban sus familias y su ética.

      La generación del milenio, que pronto bullirá por Madrid, no ha heredado muchas certezas de sus progenitores, pero ha desarrollado una visión nueva de las cosas, cierta flexibilidad de mente y una notable solidaridad. No es que sean mejores que sus padres, pero son menos dogmáticos y, desde luego, están más abiertos a nuevos horizontes.

      La European Values Survey es la encuesta más seria sobre la evolución de los valores de los europeos. Se ha hecho ya en cuatro oleadas: 1981, 1990, 1999 y 2005; la de 2011/2012 está cocinándose todavía. En general, de esos análisis se desprende que la nueva generación joven es más sensible a los problemas religiosos, aunque no por eso frecuenta más las iglesias. Entre los jóvenes sin religión se desarrolla una religiosidad autónoma, difusa, al margen del cristianismo. Entre los jóvenes creyentes se reafirma un cristianismo de convicción, que manifiesta sin complejos la fe.

      No es extraño que aquellos papas (Juan Pablo II y Benedicto XVI) que han salido al encuentro de este último segmento de jóvenes, hayan optado —en sucesivas Jornadas— por rendirles el honor de exigirles mucho. Precisamente porque saben que la juventud contempla con ironía los esfuerzos patéticos de aquellos adultos que, "dimitiendo de su condición", se dedican a elogiarles y enfangarlos en las arenas movedizas de la adulación.

      Los que llevan muchos años en la Universidad, contemplando una generación tras otra, saben a lo que me refiero. Es natural que, una encuesta realizada entre los que ya han asistido a alguna otra JMJ, arroje este dato: nueve de cada 10 sostienen que, lo que vivieron, hizo cambiar su vida "mucho o bastante". En varias JMJ se ha entrevistado a bastantes asistentes acerca de lo que estaban viendo. Las respuestas más habituales han sido: 1) Nadie (ningún profesor, ningún familiar, etcétera) me había hablado con la claridad y exigencia del Papa. 2) No sé si estaré a la altura ética de lo que nos pide. 3) Haga o no haga lo que dice, "ese señor" (por el Papa) tiene razón.

      Me da la impresión que esa masa de jóvenes que avanza hacia Madrid desea algo distinto del monótono mensaje de los ideólogos de turno —voyeurs insaciables de la para ellos obscena realidad— que sostienen que no hay bien ni mal: sólo una densa bruma que envuelve en relativismo moral acciones y personas. Probablemente, el Papa dirá exactamente lo contrario: frente a subjetivismo ético, hablará de verdades objetivas; frente a hedonismo consumista, insistirá en solidaridad y templanza; ante un horizonte cultural teñido de pesimismo, hará hincapié en la belleza de la verdad.

      En la JMJ del año 2000 en Roma —la segunda más numerosa en participantes (2,5 millones), tras la de Manila (cinco millones)— Indro Montanelli escribió un memorable artículo. La tesis del agnóstico e inteligente fundador de Il Giornale fue: «Esto que veo no lo explican ni la sociología, ni la psicología de masas ni la demografía. Yo no lo sé explicar desde mis categorías agnósticas. Habría quizá que entrar en el ámbito de la religión para comprender esto tan estupendo que yo contemplo, pero que no llego a entender».

      Este razonamiento apunta al centro mismo de lo que son estas Jornadas. El tema de fondo que mueve a esas multitudes de gente joven es la búsqueda del concepto de verdad. Es un itinerario inicialmente filosófico, que termina por ser un encuentro no con una cosa, sino con Alguien. Descubrir suavemente que las cosas son como Dios las ve. Fe y razón, sin confundirse, se interpelan de nuevo mutuamente.

      La importancia de esta nueva visita a Madrid de Benedicto XVI (tal vez la última que realice a España) radica en que, en esta ocasión, sus jóvenes interlocutores son una tierra especialmente ávida para absorber las pistas acerca de la verdad que vaya sembrando el Papa. Desde mi punto de vista, ya lo he dicho en otra ocasión, lo que se espera de la visita de Benedicto XVI es que disipe esa niebla de malestar, que se oculta tras la sociedad del bienestar. En una palabra, ayudar a recomponer ojos y corazones nuevos que superen la visión simplemente biológica del acontecer humano.

Rafael Navarro-Valls es catedrático de la UCM y académico de la Real de Jurisprudencia y LegislaciónEl Mundo/ Almudi

viernes, 12 de agosto de 2011

De Sidney 2008 a Madrid 2011

De Sidney 2008 a Madrid 2011
Para seguir a Cristo no hace falta ser personas extraordinarias ni perfectas, sólo se requiere ser personas que sepan amar a los demás y a Dios, que es Amor

      Doce preguntas al Dr. Ramiro Pellitero sobre lo que Benedicto XVI propuso a los jóvenes en la anterior Jornada Mundial de la Juventud (Sidney, agosto de 2008) acerca de la misión de los jóvenes en la Iglesia y en el mundo, y del papel del Espíritu Santo en todo esto.

1. ¿Puede resumir cuál es la idea principal del mensaje del Papa en Sidney?
El Papa dijo a los jóvenes que para seguir a Cristo no hace falta ser personas extraordinarias ni perfectas, sólo se requiere ser personas que sepan amar a los demás y a Dios, que es Amor. Y en la perspectiva cristiana, esto significa hacerse dóciles a la acción del Espíritu Santo, buscarle, conocerle, actuar con él. Por decirlo con la terminología de la película La Guerra de las Galaxias, con el Espíritu Santo se hace presente “el poder de la fuerza”, es decir el amor. 

2. ¿Qué dijo Benedicto XVI en Sydney durante los cuatro días que estuvo allí?
Expresó las paradojas de la situación actual (junto al asombro por la belleza del mundo creado, les confía la pena por las heridas de la tierra, que aparece destruida en amplias zonas, como consecuencia de un consumismo insaciable. Les muestra su dolor más aún por las heridas en la vida de las personas y en la sociedad: la violencia y la explotación sexual, el relativismo y la mentira, la confusión y la desesperación). 

Señaló que hoy se proponen falsos dioses que desvían de la verdad y destruyen el amor: el dios de los bienes materiales (la codicia, que aparta de los hambrientos y de los pobres), el amor posesivo (que no es amor sino manipulación) y el poder injusto (que lleva al dominio de los otros y a la explotación del medio ambiente natural). El Papa propone a los jóvenes un proyecto de vida que abre a una gran aventura, de amor y de servicio generoso: estamos ante la nueva era del Espíritu Santo, que puede ayudarnos a vencer todo eso, a condición de un amor entregado y auténtico.

3. ¿Cuál es el problema de la sociedad actual?
Benedicto XVI siempre se dirige a todos, y promueve una verdadera humanidad, que no acabe autodestruyéndose.
— A los no cristianos, y en general a los no creyentes, les anima a salir de sí mismos y abrirse al mundo del espíritu, a Dios, que nos da la verdadera dimensión de lo real. Sin Dios, no es posible la felicidad humana, ni un verdadero desarrollo ni un orden social justo.
— A los creyentes, y sobre todo a los cristianos, nos interpela para que seamos auténticos: que creamos de verdad en la luz y el amor del mundo, que vienen de Dios, y que actuemos en consecuencia, cada día. Esto es, que respetemos a la naturaleza y no la destruyamos; y que respetemos a cada persona, más aún que la amemos, porque ha sido querida por Dios.

4. ¿Cómo podemos superar la superficialidad, el consumismo insaciable...?
Esto se puede lograr, como han hecho muchos antes que nosotros, abriéndose a Dios y a los demás. Es decir, dejando de mirarnos a nosotros mismos, como único centro de nuestro horizonte vital, y dándonos cuenta de que las personas que están a nuestro lado nos necesitan, material y espiritualmente. Teniendo presente que no tenemos derecho a ser indiferentes y vivir de espaldas a los problemas de los que se cruzan en nuestro camino.
Creo que fue Terencio el que dijo lo que muchos después han repetido, también Antonio Machado: «Soy hombre y nada de lo humano me es ajeno». Un cristiano lo afirma con la convicción que da el mirar todo con los ojos de Cristo.
San Josemaría escribió: «No pases indiferente ante el dolor ajeno. Esa persona, un pariente, un amigo, un colega..., ése que no conoces es tu hermano» (Surco, 251).

5. ¿Qué tenemos que hacer para que reverdezca el desierto espiritual de nuestra sociedad?
Si somos cristianos, hemos de volver a empezar por conocer a Dios hasta compartir con Él nuestra existencia; y para ello, leer el Evangelio, adorar a Cristo oculto en el Sagrario, ser trabajadores o estudiantes competentes, proyectar la propia vida efectivamente como una aventura de servicio. No sólo a largo plazo, sino hoy, mañana: ¿qué hago yo, realmente, por los que me rodean? ¿por quién vivo, qué me mueve? ¿Cómo quiero emplear mi vida, el día de hoy?

6. ¿Quién es para mí el Espíritu Santo? ¿Cómo podemos reconocerlo?
El Espíritu Santo es la Persona divina que condensa, por así decirlo, el amor de Dios, y que nos lo comunica. Con el Padre y el Hijo, ha creado el mundo, ha inspirado las Escrituras, ha hecho posible la vida de Cristo y le ha acompañado siempre en su entrega por su Padre y por todos los hombres: le ha llevado a entregarse por nosotros en la Eucaristía, como adelanto de su Pasión. Y le ha acompañado con su fuerza divina para resucitar. Ahora el Espíritu Santo sigue actuando entre nosotros, para instaurar, a través de la Iglesia, una civilización del amor. Y cuenta con cada persona, comenzando por cada cristiano, porque nos da mucho y es lógico que no nos quedemos atrás. 

7. ¿Cómo podemos dejarnos renovar por el Espíritu Santo y crecer en nuestra vida espiritual?
El Espíritu Santo siempre nos lleva a Cristo, pero hay que hacerse capaz de vivir con Cristo, y para eso, decía antes, es necesaria la oración y también los sacramentos, sobre todo la Eucaristía y la Confesión de los pecados. Así ya tenemos más de la mitad del camino andado. Luego, poco a poco, hay que dejarse aconsejar por quienes pueden hacerlo, en la dirección espiritual. Y sentirse realmente responsables de la misión de la Iglesia en todo el mundo; porque la vida espiritual no se puede entender como un “espiritualismo”, es decir, un encerrarse en uno mismo buscando ser “perfecto”. Dios no necesita personas perfectas, sino personas que sean humildes y capaces de entregarse para que Él haga cosas grandes con nuestro granito de arena. Así será posible la “nueva era” de que hablaba el Papa en Sidney.

8. ¿Qué sucede si nos olvidamos del Espíritu Santo?
Pues que no acabamos de comprender quién es Dios y cómo Él ha querido salvarnos, es decir, hacernos felices ya en esta tierra, y definitivamente en el Cielo. Y tampoco acabaríamos de comprender quien es Cristo y qué nos pide a cada uno. 

9. ¿Existe cierta analogía en la necesidad que tuvieron los apóstoles, una vez muere Cristo, de que aparezca el Espíritu Santo, con la necesidad de que vuelva a renovar a la sociedad actual carente de valores, superficial y con tendencia al laicismo?
Efectivamente, así se puede ver. Sólo que el Espíritu Santo ya estaba con los apóstoles cuando estaba Cristo. A partir de Pentecostés, el Espíritu Santo comenzó a actuar de modo nuevo, por medio de la Iglesia (por ejemplo asistiendo al Papa y a los Obispos, y a cada cristiano en las tareas que nos corresponden), y al mismo tiempo desde dentro del corazón de cada cristiano, en lo que llamamos la vida de la gracia. 

10. ¿Al igual que el Espíritu Santo renovó interiormente a los Apóstoles, es necesario que renueve a la sociedad actual?
Eso es lo que pedimos siempre en la liturgia de la Iglesia: que no cese de actuar, que nos renueve, que cambie nuestro corazón de piedra por un corazón de carne, que nos haga como un injerto o un verdadero trasplante de nuestro corazón por uno más capaz de amar, que es el de Jesucristo. Sí: hoy necesitamos una especial renovación, para poder dar a nuestro mundo el “alma” que necesita.

11. ¿Cuál es nuestra misión como cristianos que somos?
Como predicaba San Josemaría, lo más importante es que seamos santos, para santificar lo que nos rodea y ayudar a los demás a que lo sean. El Concilio Vaticano II proclamó solemnemente la llamada universal a la santidad. Ahora el Papa viene a decirnos que los verdaderos reformadores del mundo son los santos, porque son los que se abren al amor de Dios y de los demás; no en teoría, sino en concreto, en lo de cada día: siendo buenos padres o madres de familia, buenos hijos, buenos amigos; viviendo las obras de misericordia con los más necesitados; sintiendo la responsabilidad por todos en lo pequeño que nos toca hacer. 

12. ¿Cómo podemos contribuir para que los frutos del Espíritu inunden este mundo herido y frágil?
A Benedicto XVI le gusta mucho hablar de dar un gran “sí” a Dios con nuestra vida, aunque pensemos que somos poca cosa (y lo somos, como un pequeño grano de mostaza o de levadura). Pero con la ayuda del Espíritu Santo podemos hacer que nuestro pequeño granito se convierta en un pan que alimente a mucha gente. Que los alimente en el cuerpo (por nuestro trabajo y nuestra solidaridad: el Papa ha recordado que hemos de ser sensibles a la pobreza y al hambre de mucha gente) y también que los alimente en el espíritu (al comprobar que somos alegres y coherentes). Para eso necesitan ver que nuestra fe no es una teoría, sino una luz y una fuerza que nos impulsa a cambiar las cosas que hay que cambiar, empezando cada uno por sí mismo.
Ramiro Pellitero
Unav.es (Entrevista realizada en 98.3 Radio-Universidad de Navarra)

jueves, 11 de agosto de 2011

Jóvenes con el Papa

Jóvenes con el Papa


VIDEO: Los jóvenes te esperamos!!! New video of World Youth Day Madrid 2011
No perdamos el tiempo en el debate sobre algunas críticas sesgadas de los que se molestan ante iniciativas de la Iglesia con amplio respaldo, sino en sacar consecuencias de cuánto van a vivir los jóvenes con el Papa

      El Papa estará en Madrid del 18 al 21 de agosto, en los actos centrales de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Cientos de miles de jóvenes, llegados de los cinco continentes, van a asistir en pleno agosto a esta iniciativa de Juan Pablo II, que ha continuado su sucesor, Benedicto XVI.

      Probablemente no es muy conocido el origen de las JMJ. Juan Pablo II se volcó con los jóvenes, desde sus años de sacerdote, y por supuesto siendo Papa: en toda institución, hablar de jóvenes es hablar de futuro, de vida actual. Juan Pablo II fue pionero como Papa en muchos aspectos, y de modo especial quiso llegar a sectores donde la Iglesia Católica parecía llegar con dificultades crecientes e incluso arraigadas, y que eran sectores donde andaba en juego el futuro de la Iglesia, la práctica religiosa, el resurgir de las vocaciones.

      Así se puede entender el desvelo de Juan Pablo II por la familia, por los jóvenes, por los medios de comunicación: había que recuperar y estar presente en la sociedad de la información, en la vida familiar y en los ideales de los jóvenes.

      Juan Pablo II tenía planes en la cabeza, y los ponía en marcha con aparente prisa. La prisa le venía de lejos, pero esperaba el momento oportuno. Y cuando la ONU declaró 1985 como Año Internacional de la Juventud, vio que era el momento de que la Iglesia Católica organizara algo para dar respuestas a los jóvenes en la vida espiritual, en el ámbito de la fe católica. La Iglesia no debía quedarse al margen, quería ser un sumando y una oferta para los jóvenes. 

      Cientos de miles de jóvenes ya están llegando a España y llevan meses preparándose, muchos de ellos como voluntarios. Cambian otro tipo de vacaciones o viajes por estar con el Papa en Madrid. Se sorprenden de algunas críticas sesgadas —son los que se molestan ante iniciativas de la Iglesia con amplio respaldo— por el coste económico de la JMJ, cuando es conocido que el 70% lo cubren los participantes y el 30% empresas o instituciones patrocinadoras, adjudicando los gastos mediante concurso público de proveedores y con unos 100 millones de euros que se estima de beneficio, también para el Estado. No perdamos el tiempo en ese debate, sino en sacar consecuencias de cuánto van a vivir los jóvenes con el Papa.

Javier Arnal
El Mundo (Castellón)

miércoles, 10 de agosto de 2011

Brilla una estrella en Madrid


Brilla una estrella en Madrid
”La estrella no soy yo”, advierte el Papa: "Yo soy solamente vicario. Remito al Otro que está en medio de nosotros"

      La preparación de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, en la que intervendrá Benedicto XVI, ha entrado a su última y más febril fase.
      Pero se hacen vivas también las preguntas del porqué de semejantes encuentros de jóvenes con el Papa.

      Ya con el cambio de pontificado muchos habían pensado y dicho que dichas Jornadas eran más adecuadas a Juan Pablo II que a su sucesor.

      Pero Benedicto XVI no las ha interrumpido. Ni ha renunciado a ir a ellas. La de Madrid será ya la tercera Jornada Mundial de la Juventud en la que participa, después de la de Colonia en el 2005 y la de Sydney en el 2008. 

      Más aún, no ha dejado de introducir en ellas novedades. Desde Colonia en adelante la adoración silenciosa y prolongada de la eucaristía. Y en Madrid la confesión sacramental de algunos jóvenes, por parte del Papa en persona.

      De cualquier forma las objeciones no han desaparecido del todo. También en el terreno católico siguen siendo numerosos los escépticos. Consideran que las Jornadas Mundiales de la Juventud son "una especie de festival de rock modificado en sentido eclesial con el Papa como estrella", o "un gran espectáculo, bonito, pero de poca importancia para la pregunta sobre la fe".
      Benedicto XVI nunca ha evitado estas objeciones. Tanto es así que las citas textuales de arriba son suyas. Su estilo es sintetizar las críticas para luego responderlas.

      Lo ha hecho luego de la Jornada Mundial de la Juventud en Sydney, en el discurso que ha dado a la curia romana con ocasión de la Navidad del 2008. 

      Aparte de Australia, ese año el Papa Joseph Ratzinger había viajado a los Estados Unidos y a Francia. Aquí, en París, en el Collège des Bernardins, había tenido el 12 de setiembre el discurso quizá más importante de su pontificado, junto al de Ratisbona.

      Pues bien, reflexionando sobre sus viajes en el discurso a la curia romana, el Papa dijo que su «verdadero sentido» es uno solo: «servir la presencia de Dios en el momento actual de la historia». En los viajes papales, en efecto, «la Iglesia se hace perceptible públicamente, y con ella también la fe y por eso al menos la cuestión sobre Dios. Esta manifestación pública de la fe constituye un reclamo para todos los que tratan de comprender el tiempo presente y las fuerzas que actúan en él».

      E inmediatamente después de estas consideraciones, explicó cómo ve él las Jornadas Mundiales de la Juventud.
      Era la primera vez que reflexionaba sobre ellas así tan a fondo y con palabras tan directas. 

      Para entender con qué espíritu el Papa Benedicto irá a Madrid, no queda sino volverlo a escuchar:
Una alegría que no se puede comparar con el éxtasis de un festival rock
      «[...] El fenómeno de las Jornadas Mundiales de la Juventud se hace cada vez más objeto de análisis, con el fin de comprender esta especie de cultura juvenil, por decirlo así.
      Nunca antes, ni siquiera con ocasión de las Olimpiadas, Australia había visto tanta gente de todos los continentes como durante la Jornada Mundial de la Juventud. Y si antes se temía que la presencia de tantos miles de jóvenes pudiera implicar alguna alteración del orden público, paralizar el tráfico, obstaculizar la vida diaria, provocar violencia y dar espacio a la droga, todo eso se demostró infundado.
      Fue una fiesta de alegría, una alegría que al final invadió también a los reacios: al final nadie se sintió molestado. Las jornadas se transformaron en una fiesta para todos; más aún, sólo entonces se cayó verdaderamente en la cuenta de lo que es en realidad una fiesta: un acontecimiento en el que todos, por decirlo así, salen de sí mismos, van más allá de sí mismos y precisamente así están consigo y con los demás.
      Así pues, ¿cuál es la naturaleza de lo que sucede en una Jornada mundial de la juventud? ¿Cuáles son las fuerzas que actúan en ella? Algunos análisis que están de moda tienden a considerar estas jornadas como una variante de la cultura juvenil moderna, como una especie de festival rock modificado en sentido eclesial con el Papa como estrella. Con fe o sin fe, en el fondo estos festivales serían siempre lo mismo; y así se piensa dejar de lado la cuestión sobre Dios. También hay voces católicas que van en esta dirección, considerando todo ello como un gran espectáculo que, aunque sea hermoso, sería de poco significado para la cuestión sobre la fe y sobre la presencia del Evangelio en nuestro tiempo. Serían momentos de un éxtasis festivo, pero que en fin de cuentas luego dejarían todo como estaba antes, sin influir profundamente en la vida.
      De ese modo, sin embargo, la peculiaridad de estas Jornadas y el carácter particular de su alegría, de su fuerza creadora de comunión, no encuentran ninguna explicación.
      Ante todo, es importante tener en cuenta el hecho de que las Jornadas mundiales de la juventud no consisten sólo en la única semana en que se hacen visibles públicamente al mundo. Hay un largo camino exterior e interior que lleva a ellas. La cruz, acompañada por la imagen de la Madre del Señor, realiza una peregrinación a través de los países. La fe, a su modo, necesita ver y tocar. El encuentro con la cruz, que es tocada y llevada, se transforma en un encuentro interior con Aquel que en la cruz murió por nosotros. El encuentro con la cruz suscita en lo más íntimo de los jóvenes el recuerdo del Dios que quiso hacerse hombre y sufrir con nosotros. Y vemos a la mujer que él nos dio como Madre.
      Las Jornadas solemnes son sólo la culminación de un largo camino, en el que se encuentran unos con otros, y juntos se encuentran con Cristo.
      En Australia, no por casualidad, el largo vía crucis a través de la ciudad se convirtió en el acontecimiento culminante de esas jornadas. Ese vía crucis resumía una vez más todo lo que había acontecido en los años anteriores e indicaba a Aquel que nos reúne a todos: el Dios que nos ama hasta la cruz. Asimismo, el Papa no es la estrella en torno a la cual gira todo. Es totalmente y sólo vicario. Remite a Otro que está en medio de nosotros.
      Por último, la liturgia solemne es el centro de todo el conjunto, porque en ella acontece lo que nosotros no podemos realizar y que, sin embargo, siempre esperamos. Él está presente. Él entra en medio de nosotros. Se ha rasgado el cielo y esto hace luminosa la tierra. Esto es lo que hace alegre y abierta la vida, y une a unos y otros en una alegría que no se puede comparar con el éxtasis de un festival rock. Friedrich Nietzsche dijo en cierta ocasión: "El arte no consiste en organizar una fiesta, sino en encontrar personas capaces de alegrarse en ella". Según la Escritura, la alegría es fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5, 22). Este fruto se pudo constatar abundantemente en los días de Sydney.
      Del mismo modo que un largo camino precede a las Jornadas mundiales de la juventud, así también de ellas deriva el camino sucesivo. Se hacen amistades que estimulan a un estilo de vida diverso y lo sostienen desde dentro. Las grandes Jornadas tienen también como finalidad suscitar esas amistades y hacer que de este modo surjan en el mundo lugares de vida en la fe, que son a la vez lugares de esperanza y de caridad vivida. [...]». (Discurso a la Curia Romana, el 22.XII.2008)

Sandro Magisterchiesa.espresso.repubblica.it

martes, 9 de agosto de 2011

Benedicto XVI y los jóvenes

Benedicto XVI y los jóvenes
La eucaristía en la vida cristiana es uno de los ejes centrales de su Pontificado. Interesante artículo del Dr. Blanco, biógrafo del Papa

      Me encuentro en Sudamérica impartiendo unos cursos también sobre Joseph RatzingerBenedicto XVI—. Puedo ver todo tipo de movimientos y tendencias, sectas y teología de la liberación, pobreza y consumismo (son compatibles, aunque no nos lo parezca). Pero, sobre todo, puedo ver mucha juventud. Es casi como una explosión, que se advierte cuando se viene de un Viejo Continente. Esto sí que es una continua jornada mundial de la juventud. No en vano, es este el continente del futuro y la esperanza. Aquí me encuentro con muchos jóvenes que me preguntan interesados por las ideas y el Pontificado del Papa alemán. No entran a las polémicas de "los mayores" o los viejos liberacionistas.

      Frente a la imagen negativa presente en algunos medios de comunicación, ven a Benedicto XVI sin complejos: como un Papa para la posmodernidad, para la juventud y el futuro. Ven las cosas tal vez de otro modo. Por ejemplo: aquí los medios de comunicación no han presentado a Anders Breivik, el "monstruo de Oslo", como un cristiano fundamentalista. No les cuadra. No lo pueden considerar como un cristiano. En el potaje de ideas del homicida que ha aparecido en Internet (donde había templarios, defensa del aborto y ataques a Benedicto XVI), no han reconocido ninguna filiación cristiana. Existe aquí una sencillez y un sentido común que a veces hemos perdido en otros lugares. Nos creemos que la Iglesia o el mundo es sólo Europa, o la visión que tenemos de ella.

      Los jóvenes de estos países jóvenes quieren a Benedicto, a pesar de que no sepan mucho de teología alemana. Sienten y experimentan una especial simpatía hacia él. Se dan cuenta de que es muy distinto del Juan Pablo II del que les hablan sus padres. Benedicto no tiene la simpatía arrolladora ni la capacidad escénica que tenía su predecesor. Pero, cuando lo leen o escuchan, experimentan un instintivo movimiento de sintonía, empatía, cercanía. Ven que es un Papa para el hoy que habla de amor y verdad, de Jesucristo, de la Iglesia como su cuerpo y esposa, de adoración y respeto a la creación y al medio ambiente. Que habla con belleza y claridad. Le parece importante en esta sociedad posmoderna y algo esteticista, y a la vez quiere reconducirla a la belleza de Jesucristo, "el más hermoso entre los hijos de los hombres", como reza el salmo.

      Esto lo entienden los jóvenes. Pero, como Juan Pablo II, les habla claro y duro. No los adula ni les teme. Les admira por su juventud, pero tiene hacia ellos la mirada de padre, de profesor, casi de maestro. Sabe lo que tienen y lo que les falta. Benedicto XVI se da cuenta también de que, ante un foro tan numeroso y bien dispuesto como el de la JMJ, cualquier gesto puede convertirse en una catequesis. Por eso ha anunciado su intención de participar en la Fiesta del Perdón del Retiro. Va a confesar él mismo a algunas personas. Este gesto ha impresionado.

      Según las noticias que llegan, se instalarán cientos de confesionarios, dando al parque madrileño un uso distinto y revolucionario. El precedente está en la JMJ de 2000, cuando el Circo Máximo romano se convirtió en un inmenso confesionódromo. Después de la confesión se quemaba un poco de incienso: los pecados se convertían en gracia.

      Frente a los ataques a la Iglesia con motivo de los casos de pederastia y otros escándalos, el Papa repite que la Iglesia necesita purificación (incluso de los críticos). De allí lo de los confesionarios. La operación Limpieza ha empezado en la Iglesia. Además, serán de fabricación nacional. "Ávila exporta confesionarios de vanguardia para la visita del Papa", reza un periódico digital. Y explicaba la noticia cómo un ebanista abulense ha construido 200 confesionarios para la ocasión. Tienen un diseño vanguardista en color blanco, que recuerda a una aeronave por sus dinámicas formas. Los confesionarios espaciales se instalarán en el Paseo de Coches una semana antes de las jornadas, y serán atendidos por cualquier sacerdote que lo solicite. Hasta ahora se han inscrito 2.000, pero las listas están abiertas. Los organizadores afirman que los confesionarios se reciclarán después de este bautismo de fuego para diversos usos.

      La ecología —interior y exterior— es, por tanto, importante. Pero aún hay más. Como en Colonia en 2005, el Papa quiere aprovechar la ocasión para subrayar la importancia de la eucaristía en la vida cristiana. Es uno de los ejes centrales de su Pontificado. Para esto, se instalarán 17 carpas de adoración eucarística permanente en la explanada de Cuatro Vientos, durante la noche que la mayor parte de los jóvenes pasará allí. Va a ser aquella la más auténtica Movida madrileña. A los actos de catequesis y adoración hay que añadir toda una serie de eventos lúdicos o culturales: conciertos, exposiciones, proyecciones, obras de teatro... Y un vía crucis monumental. Servirán para acompañar sin difuminar los eventos principales. El arte, la belleza y la juventud son hermanos. Y en esto el Papa está también de acuerdo con los jóvenes.

Pablo Blanco Sarto es biógrafo del Pontífice, autor de Benedicto XVI, el Papa alemán

lunes, 8 de agosto de 2011

‘El Papa da una gran importancia a esta cita en España’

‘El Papa da una gran importancia a esta cita en España’
El cardenal Stanislaw Rylko, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos y máximo responsable de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), asegura que «la Iglesia quiere dialogar en profundidad con las nuevas generaciones»

      El cardenal Stanislaw Rylko, de 66 años, es un hombre tranquilo y sonriente que desempeña una tarea clave en la Curia vaticana. Como presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, es el superior jerárquico de más de 150 movimientos y nuevas comunidades, algunas muy recientes, que llevan a cabo buena parte de la evangelización en el mundo contemporáneo.
      Es, además, el responsable de las Jornadas Mundiales de la Juventud, que ha visto nacer de la mano de su amigo y padre espiritual Karol Wojtyla, quien le acogió en el seminario de Cracovia en 1963 y le ordenó sacerdote en 1969.
      Juan Pablo II le llamó a Roma en 1987 para organizar las Jornadas Mundiales de la Juventud: Santiago de Compostela (1989), Czestochowa (1991), Denver (1993)… Desde entonces ha sido un colaborador directísimo de Juan Pablo II tanto en la secretaría de Estado como en el Pontificio Consejo para los Laicos, que preside desde el 2003. Ha sido, pues, el máximo responsable de las JMJ de Colonia (2005), Sydney (2008) y, naturalmente, de la de Madrid.
Eminencia, esta ‘JMJ’ es la más conocida mundialmente a través de redes sociales, páginas Web, etc.
Sí. Las JMJ se han vuelto parte integrante de la vida de la Iglesia. Al mismo tiempo, estos encuentros con el sucesor de Pedro atraen la atención mundial porque son un gran signo de esperanza, no sólo para la Iglesia sino para el mundo entero.
¿Qué espera el Papa de la ‘JMJ’ de Madrid?
Benedicto XVI da una gran importancia a esta cita en España, es decir, en Europa. En su mensaje de convocatoria el Papa decía que Europa necesita redescubrir sus raíces cristianas y necesita el testimonio de la fe de los jóvenes: una fe llena de entusiasmo frente a los desafíos de la secularización y del laicismo.
¿Cómo se ha preparado el Santo Padre?
El Santo Padre es un maestro de la fe y también un maestro de la Palabra, por eso da tanta importancia a los discursos y homilías que pronunciará en Madrid. A mí me impresiona su capacidad de comunicar con los jóvenes, en parte gracias a su larga experiencia como profesor. En cuando al mensaje, recordaré lo que dijo antes de su primera JMJ en Colonia: «Quisiera convencer a estos jóvenes de que ser cristiano es algo muy hermoso». Creo que esto será también su objetivo en Madrid.
El Papa volvió feliz de Colonia en el 2005 y de Sydney en el 2008. ¿Puede Madrid superar esos éxitos?
¡Las JMJ no son competiciones deportivas entre unas y otras! Es algo mucho más serio y más profundo. Están pensadas como instrumento de evangelización. La Iglesia piensa en todos los jóvenes del mundo pero, al mismo tiempo, en cada uno de los participantes. La JMJ se desarrolla en el corazón de cada joven que participa. Es en esa intimidad interior donde se produce el éxito o el fracaso.
¿Se puede esperar que el encuentro de Madrid ayude también a los españoles que ya no son jóvenes?
Las JMJ son un regalo para los jóvenes pero también para toda la Iglesia, que muestra al mundo su rostro juvenil. De cada JMJ se benefician los jóvenes pero también toda la sociedad pues permite ver que los jóvenes de hoy no son tan sólo los que salen en la prensa por motivos penosos como la violencia o la alienación. Hay muchos jóvenes que buscan el sentido más profundo de la vida, y que están dispuestos servir a los demás por amor a Jesucristo.
Usted es el máximo experto en las ‘JMJ’ como organizador de las de Santiago de Compostela (1989), Czestochowa (1991), Denver (1993), y supervisor de las presididas por Benedicto XVI. ¿Cómo ha ido la preparación de la de Madrid?
La colaboración con el comité organizador de Madrid ha sido excelente. Esto se debe a que España organizó ya una JMJ hace veinte años y a que el cardenal Rouco, que nos acoge ahora, era precisamente arzobispo de Santiago de Compostela en 1989. Le conozco desde entonces. El buen entendimiento y el entusiasmo han sido compartidos al cien por cien.
En su carta de convocatoria del 6 de agosto del 2010, el Papa recuerda su propia vocación sacerdotal y también sus dudas en los tiempos difíciles de la guerra. ¿Está invitando a reflexionar sobre una posible vocación?
Me parece que sí. Cada JMJ tiene una fuerte dimensión vocacional pues invita a los jóvenes a ver su vida como un don que reciben del Señor. Es lógico que en este encuentro se plantee la cuestión de "¿Qué quiere el Señor que yo haga de mi vida?". Muchos jóvenes encuentran el momento oportuno para decidirse, ya sea por el sacerdocio, la vida consagrada o el matrimonio cristiano. Muchos matrimonios jóvenes me han dicho: «Nuestra boda y nuestra familia es fruto de la ‘JMJ’». En Sidney, una ministra del Gobierno australiano me dijo: «Yo soy americana pero conocí a mi marido, que es australiano, precisamente en Czestochowa. Y así hemos creado un matrimonio cristiano y una hermosa familia».
Hay una novedad en Madrid. El Papa irá al Parque del Retiro a confesar…
Es un gesto muy significativo. Desde la JMJ de Roma hemos descubierto la importancia de la reconciliación sacramental. La JMJ invita a un cambio de vida y esa conversión recibe la forma sacramental en el sacramento de la Reconciliación, insuficientemente valorado en el mundo occidental.
Hay también otra primicia: el encuentro del Papa con los profesores jóvenes…
Esto responde al interés del Santo Padre por mostrar la armonía entre fe y razón, un gran desafío en nuestra época. El testimonio de estos jóvenes investigadores que viven su fe en plena sintonía con su investigación científica ofrece un mensaje muy fuerte a la cultura postmoderna, que a veces excluye la fe por motivos "científicos".
¿Qué significa el encuentro con los discapacitados?
Es un momento muy importante. Queremos llevar nuestro mensaje de esperanza a todos los jóvenes, incluidos los enfermos y los discapacitados. Por eso cada JMJ les dedica un encuentro para que se sientan parte de este bellísimo mundo de la juventud cristiana.
Juan Pablo II, el "inventor" de estas Jornadas vuelve ahora como patrono...
Vuelve de una forma nueva: como intercesor celestial, como patrono. La JMJ responde a tres apuestas de Juan Pablo II que han sido proféticas para la Iglesia. Apostó por los jóvenes, cuando muchos desconfiaban. Apostó por los grandes encuentros cuando algunos los consideraban demasiado "triunfalistas". Y apostó por poner la Cruz en el centro de la JMJ, yendo a contracorriente de la cultura contemporánea, que detesta la exigencia. Juan Pablo II decía: «Yo soy amigo de los jóvenes, pero soy un amigo exigente». A los jóvenes les gusta que les desafíen.

ABC (Entrevista de Juan Vicente Boo)

ALMUDÍ

domingo, 7 de agosto de 2011

La JMJ y la crisis económica

La JMJ y la crisis económica
Es un poco desagradable tratar de forma económica y material un acontecimiento espiritual, pero es necesario hacerlo ante la difusión de noticias demagógicas

      La difícil situación económica que vive nuestro país hace que los medios de comunicación tengan una gran responsabilidad de no encender chispas que hagan más difícil la vida social o que apunten a demagogias fáciles. Es evidente que el pueblo, además de gozar del derecho a ser bien informado y no ser manipulado, tiene todo el derecho a protestar, como el pasado martes en Igualada, cuando considera que las políticas, las medidas concretas y los llamados recortes perjudican injustamente el bienestar de todos. Pero existe el peligro, demasiado fácil, de movilizar —por intereses oscuros— una masa indignada o propensa por su situación precaria, a la protesta.

      Ya las voces contrarias al gasto de la organización de la Jornada Mundial de la Juventud, evento que tendrá lugar los próximos días en Madrid, organizado por la Iglesia Católica y con la presencia del Papa Benedicto XVI, están haciéndose oír con fuerza: una conjunción clerical y empresarial para un gran gasto inútil en plena crisis económica, es lo que vienen a decir. Simplemente quisiera dar unos puntos aclaratorios:

      1. El presupuesto es de 50 millones de euros, un 75% aportado por los mismos peregrinos y un 25% por patrocinadores. No hay, por tanto, una subvención directa que provenga del erario público.
      2. La colaboración pública queda reducida a la seguridad y a la cesión de instalaciones para acoger personas, teniendo presente que los gastos derivados del uso de las mismas las asume la organización.
      3. En cuanto a los patrocinadores (entre ellos, por ejemplo, 'Prisa', empresa editora de El País y propietaria de la Cadena Ser) agrupados en la fundación 'Madrid Vivo', se benefician de desgravaciones por dar ayudas o por publicitar el logo de la JMJ. Esto es porque el evento ha sido declarado "de interés excepcional" por la ley presupuestaria. Hay muchos otros eventos con esta declaración (por ejemplo la Copa América de Vela) y la JMJ sólo representará un 8% de los recursos que el Estado gastará para este tipo de eventos. Si hay un debate sobre los costes y beneficios que generan los grandes acontecimientos en España, no creo que sea justo hacerlo sólo cuando estos están organizados por la Iglesia.
      4. Por lo que respecta a los beneficios, se calculan en más de 60 millones de IVA por la actividad generada en torno a la JMJ. Además, grupos de restauradores se beneficiarán en 6 millones por las raciones de comida que se repartirán en una semana, así como los hoteleros, que salvarán el que siempre es el peor mes del año para la empleo —agosto— en la capital del Estado. Los beneficios de la visita del Papa a Barcelona, por ejemplo, han sido innegables: un 20% más de visitas a la Sagrada Familia.
      Es un poco desagradable tratar de forma económica y material un acontecimiento espiritual, pero es necesario hacerlo ante la difusión de noticias demagógicas. Hay que tener en cuenta que la JMJ estaba prevista tiempo atrás, cuando no habíamos llegado a la difícil situación que vive nuestro país, y creo que se hacen esfuerzos para que el evento se realice con la máxima austeridad. Por último, creo que se minusvalora el impacto social de la JMJ: la crisis económica no sólo es una crisis material o monetaria: es también una crisis moral provocada por avaricia, especulación, irresponsabilidad, engaños con productos financieros, por crecer sin límites sin pensar en el futuro ni en la sostenibilidad... La experiencia cristiana compartida por cientos de miles de jóvenes también es una forma de apostar por un modelo de vida diferente y por una sociedad mejor: si la salida de la crisis sólo fuera una cuestión de rescates y recortes y no nos interrogara por cómo vivimos, a qué aspiramos, cuáles son las cosas realmente valiosas, cómo gestionamos y cómo tratamos a los demás, creo que quedaríamos en una visión muy limitada que fácilmente nos haría caer en la misma piedra. 

Francisco Javier Bisbal y Talló, sacerdote de la diócesis de Vic y economista
TemesD´Avui.org / Almudí

sábado, 6 de agosto de 2011

Un artículo de Alfonso Ussía difundido en parroquias madrileñas critica a la delegada del gobierno por autorizar una manifestación anti-Papa

   Un artículo del columnista y escritor Alfonso Ussía, titulado "Anacrónico" y publicado en "La Razón", ha sido difundido en varias parroquias madrileñas, entre las que se encuentra la basílica de La Milagrosa (en la imagen). Ussía critica en su columna a la delegada del gobierno por autorizar una manifestación contra la visita del Papa coincidiendo con su estancia en Madrid.

   Ussía descalifica también la campaña organizada por Izquierda Unida para denunciar el supuesto coste de la visita de Benedicto XVI, "que es denuncia vana por cuanto el coste es de cero euros", afirma. Sin embargo, el periodista considera que "es bueno para una nación libre y democrática que los comunistas estén divertidos y entretenidos con sus fantasmas y sus obsesiones".

   Así mismo, su tribuna de opinión aborda la imagen blasfema contra Jesucristo que fue retirada recientemente de una exposición de fotografía en Mérida: "A nadie de la izquierda se le ocurre sacar en pelotas a Alá y su profeta Mahoma, porque la grosería y falta de respeto conllevan un riesgo inminente. Los cristianos ponen la otra mejilla y rezan por quienes los ofenden, y los musulmanes matan. Esa es la diferencia, que no considero inapreciable", sentencia.

Reproduzco a continuación el texto íntegro del artículo de Ussía:
   "En el año undécimo del siglo XXI, el comunismo es anacrónico. Un fracaso que no sirve para nada. El recuerdo de la tiranía, del muro, del silencio y del infinito aburrimiento. En la Alemania comunista tenían prohibidos los plátanos porque se consideraban inductores del lujo. Las izquierdas han sido inteligentes y han conseguido convencer a muchos de que el comunismo es democrático. Lo es, efectivamente, cuando no gobierna. El comunismo en el poder sigue siendo dictatorial y totalitario, porque de no ser así, no podría mantenerse. Cuando el muro fue derribado –lo hicieron los propios comunistas pragmáticos empujados por Juan Pablo II y Ronald Reagan, los más odiados entre los derrumbados–, el comunismo se camufló en otros proyectos, sin perder su férrea voluntad autoritaria. El ecologismo coñazo, el feminismo radical y el anticristianismo obsesivo. Se trataba de acoplarse a algo que tuviera futuro para paliar la desventura de una ideología que representaba el fracaso rotundo del pasado. Un fracaso sangriento y criminal, por otra parte. Todavía sobreviven, y es un decir, tiranías comunistas. Son dinásticas. Corea del Norte y Cuba. Y el experimento chino, que poco a poco se abre a los mercados libres con su inmenso poder económico.

   En España hay un millón de personas que votan a los comunistas. Me intriga, pero así es. Se mantienen gracias a la sangría decepcionada que proviene del socialismo. Y como tienen poco que hacer se divierten en tonterías oportunistas. Ahora protestan por la visita del Papa Benedicto a Madrid con motivo de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Una visita que no le va a costar ni un euro a los madrileños y al resto de los españoles. Días atrás, una actriz de la Ceja enchufada en Extremadura dimitió de su cargo –es decir, se adelantó al despido–, porque había sido obligada a retirar de una exposición la fotografía de un maniquí vasco desnudo que pretendía representar a Jesucristo con un crucifijo sobre sus blanduras del entrepernil. A nadie de la izquierda se le ocurre sacar en pelotas a Alá y su profeta Mahoma porque la grosería y falta de respeto conllevan un riesgo inminente. Los cristianos ponen la otra mejilla y rezan por quienes los ofenden y los musulmanes matan. Esa es la diferencia, que no considero inapreciable.

   La Delegada del Gobierno en Madrid, que es la típica "progre" desnortada, parece que ha autorizado una manifestación contra la visita del Papa coincidiendo con su estancia en Madrid. Y el llamado Coordinador General de Izquierda Unida –muy poco coordina en los últimos tiempos–, ha montado una campañita para denunciar el coste de la visita de Benedicto XVI, que es denuncia vana por cuanto el coste es de cero euros. Pero se justifican y se divierten, y es bueno para una nación libre y democrática que los comunistas estén divertidos y entretenidos con sus fantasmas y sus obsesiones.

   La visita del Papa a Madrid es un acontecimiento universal. La juventud del mundo a Madrid viene a encontrarse con él. Millones de jóvenes visitarán España, y Madrid se convertirá por unos días en la Capital del futuro de la Cristiandad. Una chica de Izquierda Unida, también coordinadora de algo –el comunismo se ha convertido en una reunión de coordinadores, según parece–, ha sido la encargada de presentar la campañita "Madrid sin Papa". El mensaje no tiene sentido, porque el Papa va a estar en Madrid, y no sólo Madrid, sino toda España y la juventud del mundo le acompañarán. Pero en fin, si así se divierten los anacrónicos y creen que hacen algo, pues que lo pasen chupi".

RELIGIÓN CONFIDENCIAL

viernes, 5 de agosto de 2011

La lógica cristiana del amor

La lógica cristiana del amor

La Iglesia entera está implicada en el amor y la justicia. Y dentro de la Iglesia, los laicos, por su propia vocación y misión, están convocados a participar en la vida pública y política con la diversidad de sus dones y opiniones, en libre concurrencia con las de los demás 

      Cuando salió la primera encíclica de Benedicto XVI, Deus caritas est, sobre el amor cristiano, muchos quizá esperaban una encíclica sobre la verdad. Otros, cuando se supo que trataría del amor, esperábamos una exposición sobre las relaciones entre la verdad y el amor, e incluso la belleza. Pero la encíclica se centra en el amor. ¿No habla de la verdad? Sí, ciertamente: no habla de otra cosa que de la comprensión y vivencia cristiana de la verdad. Y eso se identifica, precisamente, con el amor. En unos tiempos en que el nombre de Dios se asocia a veces con la venganza, el odio y la violencia —escribe el Papa—, este mensaje tiene una gran significación. La lógica cristiana —es decir, la comprensión de la vida según el Logos hecho carne— no es la de la intolerancia fundamentalista, sino la del amor. 

      La primera parte explica cómo Dios se ha revelado a través de la imagen del eros (amor posesivo) que debe convertirse en agapé (amor que se entrega). Por eso el amor conyugal es una imagen del amor de Dios por la humanidad, y es asumido por Cristo en el sacramento del matrimonio, como imagen viva y comunicación del amor apasionado y fecundo entre Cristo y la Iglesia. Así se explica también el sentido cristiano de la sexualidad.

      En el centro de la encíclica se sitúan dos cuestiones. Son como dos focos de luz que en su referencia mutua determinan el escenario en que quiere moverse el documento. No sólo están materialmente en el medio del texto, al final de la primera parte y al principio de la segunda; sino que constituyen el núcleo de los pensamientos que el autor expresa. En primer lugar, “el doble mandamiento del amor” (nn. 14-18). En segundo lugar, la afirmación de que la caridad pertenece esencialmente a la misión de la Iglesia (nn. 19-25). 

El doble mandamiento del amor
      Primera cuestión: Dios instaura con los hombres una comunión de pensamiento, de voluntad y de sentimientos. Lo hace por la obra de Cristo y del Espíritu Santo, sobre todo gracias a la Eucaristía. Así se puede llegar a “pensar con el pensamiento de Dios”, a “querer con la voluntad de Dios” y a “mirar con los ojos y los sentimientos de Cristo”. El amor a Dios y al prójimo son dos vertientes del amor cristiano que se implican mutuamente, como dos caras de la misma moneda. Ambos son inseparables, pero todo comienza por el amor de Dios. Él ha tomado la iniciativa en esa “experiencia de amor” que es la vida cristiana vivida plenamente, y que pide ser comunicada a otros. De este modo el amor divino transforma a las personas singulares en el “Nosotros” de la Iglesia, que tiene un horizonte universal. 

La caridad es esencial en la misión
      Por eso, continúa el Papa su argumentación, la caridad es una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia. He aquí la segunda gran cuestión. La caridad, o sencillamente el amor, es una manifestación irrenunciable de la esencia de la Iglesia o de su estructura fundamental. El trinomio constituido por el anuncio de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos y el servicio de la caridad, se ha ido confirmando con el paso de los años y la difusión progresiva de la Iglesia, familia de Dios en el mundo. 

      ¿Cómo se unen entre sí esos dos focos de luz de la encíclica, el amor cristiano y su papel en la misión de la Iglesia? Por el Espíritu Santo. Él es el protagonista inmediato del amor: la potencia interior que armoniza el corazón de cada uno de los creyentes con el corazón de Cristo, y les mueve a amar como Él los ha amado. Y resulta que el mismo Espíritu es la fuerza que transforma el corazón de la Iglesia, para que dé testimonio del amor en el mundo, en la medida en que busca el bien integral del ser humano. 

El amor se demuestra en los hechos
      Todo ello está impregnado de consecuencias prácticas. La Eucaristía introduce a los cristianos en la dinámica de la entrega de Cristo, el Logos que se hace agapé, para seguir actuando en ellos y por ellos. No hay amor sin Cruz. Especialmente en los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, enfermos y encarcelados… ahí está Cristo. Sin el contacto personal con Dios no se puede ver en los otros la imagen divina. Y viceversa, sin el servicio a los demás no se reconoce a Dios como Dios-amor. No habría culto cristiano donde cupiera una indiferencia por los pobres y necesitados. En sentido propio, no hay cristianos donde falta la oración y la Misa (¡el domingo!). La Iglesia entera está implicada en el amor y la justicia. Y dentro de la Iglesia, los laicos, por su propia vocación y misión, están convocados a participar en la vida pública y política con la diversidad de sus dones y opiniones, en libre concurrencia con las de los demás. Sin amor, decía Juan Pablo II, todo podría quedarse en palabras. La lógica cristiana del amor conduce a los hechos. ¡El amor es posible! 

      Hay que convencerse e impulsar este convencimiento entre los amigos y los colegas, en el interior de las familias y los vecindarios, en los proyectos científicos y en las empresas, en las noticias y en los espectáculos, en las políticas locales y en los organismos internacionales. ¿Cómo? A amar se aprende amando. Éste es el desafío: creer en el amor y vivir el amor.

Ramiro Pellitero.
Universidad de Navarra
iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com / Almudí

jueves, 4 de agosto de 2011

La última carta

La última carta
Espero que estos días de vacaciones tengan algo de tiempo para esos mayores que en nuestras familias son las raíces de lo mejor que todavía hay dentro de nosotros mismos. Aqui tenéis la última y preciosa carta de un abuelo

   Durante estos días de teóricas vacaciones, sacudida nuestra necesidad de paréntesis y descanso por noticias de matanzas, hambrunas, empobrecimiento, artimañas políticas y frivolidades estivales, tal vez caliente de esperanza nuestro corazón leer una última carta. Tal vez en nuestra familia también existe, en apariencia escondida, una persona tan luminosa. Todavía estamos a tiempo de manifestarle, en vida, nuestro amor y reconocimiento. El caso fue como sigue.

      Berta, arquitecto de 45 años, casada desde hace 18 años con Juan, de 47 años, piloto militar de las Fuerzas Aéreas, con grado de teniente coronel. Tres hijos de 16, 12 y 11 años. Antigua paciente. Me dice: «Le agradecimos mucho su presencia en el funeral y en el cementerio. Quiero traerle la carta que dejó en la última página de su diario. Nos conmovió a todos leerla tras su muerte. Sé que usted la apreciará en lo que significa y quizás pueda servir para otros».

      El texto dice así (excluyo los datos identificatorios):
¡Queridísimos míos, todos!
    No imaginé que sería así. Me doy cuenta de que me vais a internar y que ya no saldré viva. Dejadme el gusto de escribiros esta pequeñita carta al final de mi también pequeñito diario, ahora, mientras Matilde y Berta van haciéndome el equipaje en la habitación de al lado, la que da al jardín y al río…

    Os miraba y observaba a todos estos últimos días, mientras me acompañabais por la clínica, de médico en médico, arriba y bajo. A ti, Matilde, y a tu marido, matasanos que, ahora, no sabe qué hacer conmigo, mi tan querido Carlos. A ti, Berta, y a tu tan bonito aviador, tu Juan, al que tanto quiero. Y a todos vuestros hijos, mis nietos (menciona el nombre de siete nietos, que suprimo). Y, sobre todo, a Ricardo, mi hombre desde que era una mocita, al que pronto veré, al que extraño como nunca supuse, ni le dije y se lo debo, que ahora tendré mucho tiempo para contarle demasiadas cosas que no supe en su momento. Cosas mías, cosas nuestras, tan profundas, a veces tan duras, tan hermosas, como sembrar y abonar y cuidar y recoger, cada cosa a su tiempo, así fue lo nuestro. ¡Qué bien! Pero no es de lo que quiero escribiros ahora.

    Os miraba y observaba estos días, os iba diciendo. Veía cómo cuchicheabais a mis espaldas. Cómo, con disimulo, os quedabais en apartes con los médicos. Yo sé, hace tiempo, que estoy enferma, enferma del final. No es una sorpresa. Sí lo fue vuestro miedo… Me pareció que sufríais imaginándoos mi sufrimiento: el de morirme. Pero eso no me preocupa nada. Lo que me preocupa, a mí, es otra cosa, y eso quiero contaros. Entiendo de un modo difícil de explicaros que seguir viviendo o morir no me importa. Mi vida… ¿Qué es mi vida? Mi vida no es mi sangre corriendo por mis venas, mi corazón latiendo… ¿Mi vida? Esa vida es la que no me importa. ¿Mi Vida? Y, con mayúsculas os la pongo, mi Vida sois vosotros, todos vosotros, vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos. Vosotros sois mi Vida. Yo no soy la vuestra, pero la vuestra ha sido y es y será mi verdadera Vida. Soy vuestra madre y vuestra abuela… No sé si lo entendéis.

    ¿Os acordáis esta mañana cuando los médicos os han dicho lo que os han dicho? ¡Qué preocupación en vuestros ojos! ¿Cómo me lo ibais a decir? ¿Quién lo haría? Recordad que yo tomé vuestras manos, las de Carlos y Matilde, y Juan y Berta. Las tomé todas juntas, y todas juntas las uní con la mía. Sólo fueron unos segundos. Porque, enseguida, y eso es lo que quiero que se os quede grabado, tomé tu mano, Carlos, y la junté con la de Matilde, y tomé tu mano, Juan, y la junté con la tuya, Berta… Y os dije que no os preocuparais por mi vida, es decir, por mi muerte, porque mi Vida no era esa. Y os dije, recordadlo, que mi Vida sois vosotros unidos, juntos ahora y siempre. Mi Vida, hijos míos de mi alma, son vuestras uniones, vuestros matrimonios, vuestras familias…, y, luego, dentro de muchos años, los matrimonios de vuestros hijos, las familias unidas de cada uno de ellos. Esta es mi Vida, que no pierdo ahora, sino que la veo ganada ante mis ojos. Y, por esa bendición tan grande, os doy unas gracias tan íntimas, grandes y profundas, que no las sé explicar mejor. Os las doy en nombre de Ricardo también, son nuestro agradecimiento porque, unidos, sois Nuestra Vida, y, en vuestra unión, veo el fruto de la unidad de nuestro amor. Gracias, hijos míos. Ya me encargaré yo de pedirle al Buen Dios que os dé también esta bendición en aquel día vuestro, aquel día en que se descubre que el principio está al final.

      No les importunaré con ningún comentario. Espero que estos días de vacaciones tengan algo de tiempo para esos mayores que en nuestras familias son las raíces de lo mejor que todavía hay dentro de nosotros mismos.

Pedro-Juan Viladrich es catedrático de Universidad y vicepresidente del Grupo Intereconomía.
La Gaceta / Almudí