lunes, 12 de septiembre de 2011

Acoger a los demás como son

Acoger a los demás como son
“La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre (…). Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana” (Spe salvi, 38)

      «La calidad de una sociedad y de una civilización —nos recordaba Juan Pablo II en 1981, Año internacional de los minusválidos—, se mide por el respeto que manifiesta hacia los más débiles de sus miembros». De hecho, las personas que pasan por nuestro lado en sillas de ruedas, los ciegos que cruzan la calle acompañados por un bastón o los sordomudos que emiten sonidos guturales a modo de saludo, siempre tienen algo que enseñarnos. 

      Desde la naturalidad con la que aceptan sus carencias, mediante su espíritu de superación, su paciencia, su buen humor, sus ganas de vivir, de estudiar, de divertirse, de amar y ser amado, nos dan toda una lección de vida, en la que descubrimos que «el grado de salud física o mental no añade ni quieta nada a la dignidad de la persona; más aún, el sufrimiento puede darle derechos especiales en nuestra relación con ella», como solía decir Juan Pablo II. 

      O como nos recordó Benedicto XVI a su paso por la Fundación Instituto San José el 20 de agosto en Madrid: «nuestra sociedad, en la que demasiado a menudo se pone en duda la dignidad inestimable de la vida, de cada vida, os necesita: vosotros contribuís decididamente a edificar la civilización del amor. Más aún, sois protagonistas de esta civilización. Y como hijos de la Iglesia ofrecéis al Señor vuestras vidas, con sus penas y sus alegrías, colaborando con Él y entrando “a formar parte de algún modo del tesoro de compasión que necesita el género humano” (Spe salvi, 40)… Vosotros sois también testigos del bien inmenso que constituye la vida de estos jóvenes para quien está a su lado y para la humanidad entera. De manera misteriosa pero muy real, su presencia suscita en nuestros corazones, frecuentemente endurecidos, una ternura que nos abre a la salvación. Ciertamente, la vida de estos jóvenes cambia el corazón de los hombres y, por ello, estamos agradecidos al Señor por haberlos conocido».

      No olvidemos que todo ser humano creado por Dios merece la vida y el respeto de todos. Es más, asumir su discapacidad con normalidad, aceptarles, protegerles e integrarles en la vida familiar, social y laboral es una deuda de Amor para con nuestros hermanos. Y eso es bueno, muy bueno, para todos y cada uno de nosotros.

      Por ello, y con permiso de su protagonista, Antonio Villuendas, el joven que tuvo el privilegio de saludar al Santo Padre (ver video) durante su visita al Instituto San José en representación de todos sus amigos que le acompañaban, os dejo sus palabras. Toda una lección magistral de Amor y aceptación alegre y valiente del querer de Dios. 

        Querido Santo Padre:
    Me llamo Antonio, tengo 20 años y estudio arquitectura. Aunque tengo el honor de dirigirme a su Santidad, represento también a otras discapacidades, visual, intelectual… mi caso es este:
    Yo nací con un problema que al principio les pareció a todos insuperable, nací sordo y al borde de la muerte. Gracias al amor que sintieron por mí, aun sabiendo que podía ser un obstáculo para sus vidas, siguieron adelante. Esto nos ha ayudado a superarnos, a no rendirnos nunca. He descubierto que esto es de lo que son capaces de hacer unos padres hacia su hijo para sacarlo adelante, cuando el amor que sienten hacia él es insuperable.
    El hecho de tener una discapacidad nos ayuda a conocernos mejor, a ser mejores y sobre todo a entender los problemas de los demás. No nos sentimos igual que los demás, nos sentimos apartados, solos, diferentes. Pero hay algo que me llama mucho en mi interior, creo que eso es amor, que me ayuda a entender que no estoy solo. Mamá siempre me ha dicho que si yo no estuviera sordo no sería como soy. La soledad que siento en mi interior en algunos momentos me desanima. Gracias a Dios me siento muy integrado por la amistad de mis compañeros y familiares y es lo que me ha ayudado a superar los momentos más difíciles.
    En nombre de mis compañeros agradezco a los familiares la entrega para ayudarnos a superar las dificultades, a los amigos por conseguir que nos integremos, sintiéndonos como uno más. Doy gracias a Dios por darnos las virtudes y la fortaleza necesaria para salir adelante. La Virgen María, a la que fui consagrado al nacer, nos indica el camino para acoger a los demás como son y construir juntos el reino de Dios.
    Gracias Santo Padre por estar hoy con nosotros y ser tan cercano. Querido Santo Padre, gracias porque su presencia nos indica cual es el camino a seguir y este es Jesucristo, un amigo que te sostiene a lo largo del camino.

Remedios Falaguera
Almudí

domingo, 11 de septiembre de 2011

“Pidamos al Señor que se muestre”

"En este tiempo de ausencia de Dios, cuando la tierra de las almas es árida y la gente no sabe de donde viene el agua viva, pedimos al Señor que se muestre".

"Queremos pedirle que a aquellos que buscan por todas partes el agua viva, les muestre que es Él mismo esta agua, y que Él no permite que la vida de los hombres, su sed por lo que es grande, por la plenitud, se ahogue y sofoque en lo transitorio".

Después de las jornadas tan llenas de la silenciosa presencia de Cristo en el corazón de tantas personas, y también, y de manera particular, en su corazón, Benedicto XVI tuvo la sesión anual de estudios con sus exalumnos. El tema fue la "nueva evangelización".

En realidad, me parece, desde hace 2.000 años estamos viviendo una "nueva evangelización". El anuncio de Cristo muerto y resucitado, ¿no es acaso siempre una nueva evangelización, una "buena noticia" que jamás pierde ni actualidad ni novedad, porque sencillamente jamás llega a ser conocida en toda la profundidad de su misterio?

"Pidamos al Señor que se muestre". Una petición del Papa que quizá ha sorprendido a alguno. Y es lógico. Hecha a una serie de teólogos, sitúa todo el conocimiento de Dios, toda la labor evangelizadora, en su verdadera perspectiva. La Iglesia vive de la Fe; y Cristo se muestra al mundo, a los no creyentes y a los creyentes, en la Fe del Papa, de los Obispos, de los sacerdotes, de los fieles.
Ya san Pablo lo recordó desde los comienzos. Pablo y Apolo podían sembrar la semilla de la Fe y regarla; pero era siempre Dios el que daba el incremento. Y la "evangelización" sigue siempre los mismos caminos.

Se habla de nuevos métodos, y ciertamente son necesarios, como por ejemplo las mismas Jornadas Mundiales de la Juventud. Se habla de adaptar el lenguaje; y también es lógico, siempre que se anhele dar vida a las palabras "eternas" y no ceder ante las múltiples y variadas manipulaciones del lenguaje, tan al uso. Se adapta el lenguaje; no la Realidad de Cristo que el lenguaje trata de expresar.

Y ¿cómo se muestra el Señor?
Apenas regresado a su diócesis de Viena, el card. Schönborn, ha tenido que enfrentarse con unos sacerdotes "disidentes" que quieren que la Iglesia cambie y acepte: "la Comunión para los divorciados; el matrimonio para los Clérigos; la ordenación de Mujeres; la predicación de laicos en la Misa,  etc. etc.", o sea, casi los mismos puntos de doctrina y de fe que están originando la paulatina conversión de fieles anglicanos a la Iglesia Católica en países de lengua inglesa.

El Señor se manifiesta en la palabra del Card. Schönborn invitando a la rectificación. ¿Acogerán los sacerdotes la Palabra?
Es el Papa que sigue hablando a sus exalumnos. Él sabe que la Iglesia, queriendo evitar todos los cismas y rupturas, no puede traicionar su misión no transmitiendo la Verdad, no transmitiendo a Cristo. Por eso pide con humildad, consciente de las debilidades y de los errores personales y de todos los cristianos:

"Pidamos perdón al Señor, porque no somos capaces de llevar la luz de su rostro a los hombres, muy pobremente dejamos traslucir que Él es, que Él está presente y que Él es la realidad grande y plena que todos esperamos. Y con el perdón le pedimos que nos renueve con el agua viva de su Espíritu y que nos permita celebrar los sagrados Misterios dignamente".

Si esos sacerdotes "disidentes" no desean "celebrar los sagrados Misterios dignamente", el Señor se "mostrará" dando fuerza al card. Schönborn para decirles claramente que se han alejado ya de la Iglesia,  que han comenzado a caminar ya otros caminos que les llevarán cada vez más lejos de Dios.
Y el Señor "se mostrará" dando el incremento a la siembra que el Papa, los Obispos, los sacerdotes, los fieles han sembrado en los corazones de los participantes a la Jornada Mundial de la Juventud.
Ernesto Juliá Díaz
Religión Confidencial

sábado, 10 de septiembre de 2011

LA LIBERTAD RADICAL

“Quienes hemos tenido la fortuna de conocer personalmente a San Josemaría Escrivá de Balaguer, sabemos que el amor a la libertad constituye uno de los rasgos característicos de su temple humano. Era como un poderoso catalizador de libertad: la vivía e impulsaba a vivirla”
 
Quienes hemos tenido la fortuna de conocer personalmente a San Josemaría Escrivá de Balaguer, sabemos que el amor a la libertad constituye uno de los rasgos característicos de su temple humano. Le desagradaba la homogeneidad impuesta y consideraba la diferencia en los comportamientos como un valor positivo. Apostaba por la originalidad espontánea, mientras sospechaba de la uniformidad. Confiaba más en las iniciativas y decisiones de las personas que en la exacta disposición de las estructuras. No le gustaban los formalismos protocolarios; prefería la sencillez de las manifestaciones informales. Por eso se encontraba uno tan bien en su compañía: porque su vigorosa personalidad no constreñía a quienes le rodeaban, sino que contribuía a reafirmar los estilos de cada uno y a dilatar los propios ámbitos de expresión. Era como un poderoso catalizador de libertad: la vivía e impulsaba a vivirla.

      Su profunda unión con Dios —Señor de la historia— y su fina percepción de los signos de los tiempos, le llevaron a anticiparse a la época que le tocó vivir. Aunque no lo expresaba con estas palabras, se percató de que la innovación de las configuraciones comunitarias se habría de lograr por la vía de la emergencia, no por el camino de la colonización. La colonización es el movimiento que desciende desde las estructuras políticas y económicas al mundo vital: es la capilarización de la burocracia y el desbordamiento del mercantilismo. La emergencia, en cambio, es el libre ascenso de las energías personales e interpersonales desde las solidaridades primarias hasta el foro público. Ante las aceleradas demandas de cambio social, el «método» preferido de Josemaría Escrivá es siempre la personalización. Lo cual equivale, paradójicamente, a prescindir de todo método unívoco y rígido, a apostar decididamente por la comparecencia de la persona y por la fuerza creadora de su libre iniciativa.
 
      Este talante personal y social se refleja en sus actitudes doctrinales. El pensamiento de San Josemaría Escrivá de Balaguer no es ideológico ni tecnocrático, pero tampoco recae en el individualismo. Antepone la vida a la norma y a la teoría. Considera que la libertad no puede hacerse derivar del curso implacable de algún modo de organizar la sociedad o de una manera de pensarla. La libertad es una realidad radical. No surge de las estructuras o de los sistemas: son éstos, más bien, los que han de brotar de ella. Pensar que lo libre pudiera proceder de lo necesario equivaldría a proponer una «generación equívoca». Por eso la libertad no puede ser otorgada por ningún poder humano; no hay que esperar a que nos la concedan o nos la permitan: hay que tomársela de una vez por todas, como él mismo recomendaba.
 
      La libertad se consigue a golpe de libertad: se expande con su propio ejercicio. Cada decisión lograda abre nuevos campos para la elección. Pero, sobre todo, nos hace más libres, porque decidir es siempre decidirse. Va dejando en nosotros el poso de una libertad habitual, articulada por las virtudes morales e intelectuales. Este crecimiento en la capacidad de decidir rectamente es el objetivo esencial de todo proceso de formación, tal como la entiende el Fundador de la Universidad de Navarra. Su innovador lema «educación en la libertad» —que constituye la inspiración de cientos de instituciones docentes en todo el mundo— es mucho más que un consejo alentador y bienintencionado. Presenta una extraordinaria riqueza antropológica. Significa, en primer lugar, que la formación no es un acontecimiento mostrenco, manipulable por la aplicación de procedimientos técnicos. Esto equivaldría al uso de formas, más o menos sofisticadas, de coacción. Y tal imposición puede, si acaso, inducir manierismos, producir estereotipos, transmitir informaciones o destrezas. Pero nunca generará sabiduría, es decir, un saber que sea al mismo tiempo el cultivo de un modo de vida. El modelo de la formación que Escrivá de Balaguer propone no responde al esquema conceptual de la técnica, sino al de la ética. De ahí que el mencionado lema no sólo remita a la ausencia de coacción, a lo que se ha dado en llamar «libertad-de». Se refiere, ante todo, a la «libertad-para»: a la libertad entendida más como proyecto y compromiso que como independencia o desvinculación. No es sólo que haya que respetar la libertad cuando se educa, es que hay que educar la propia libertad como dinamismo originario de la autoconstrucción de la personalidad humana. Usando la terminología antes apuntada, se podría decir que educar no es colonizar la mente de los alumnos: es facilitar la emergencia de su propia alma; es solidarizarse sabiamente con el despliegue de la libertad radical.
 
      Llegados a este punto, conviene deshacer un posible equívoco, a la vez que se apunta al núcleo fundante de esta concepción, que hasta ahora no ha comparecido. El equívoco en cuestión afecta al moderno pensamiento antropocéntrico, cuyo principal hallazgo reside en lo que Hegel llamó la idea europea de libertad. La gran paradoja de la filosofía de los tiempos nuevos consiste en que su descubrimiento teórico y operativo de la libertad radical resulta malogrado porque la libertad humana se piensa de un modo que no responde a la condición humana ni a la naturaleza de la propia libertad. Tal modo inadecuado de pensar queda cifrado en el concepto ilustrado de autonomía. Adviértase que la raíz histórica de esta idea es originariamente cristiana. Frente al necesitarismo fatalista de casi todo el pensamiento griego, romano y árabe, la teología medieval cristiana afirma que el hombre es providentia sui, conductor de sí mismo y, por lo tanto, irreductible al cosmos y superior a él. Pero la modernidad recoge esta noción y la «radicaliza» por vía de aislamiento y de contraposición, es decir, de un modo dialéctico. Dicho brevemente: toma la libertad como origen y la enfrenta con cualquier otro origen; lo cual aboca a la concepción de la libertad como un fundamento que excluye la relevancia de cualquier otra fundación. La tomista providentia sui decae en la spinoziana causa sui, que resulta al cabo insostenible. La libertad se convierte en un a priori radical, en un dato racional sin fundamento: en algo tan extraño como el kantiano factum de la razón pura. Dicho claramente: el hombre es radicalmente libre al precio de estar completamente solo. Algo fundamental se ha omitido, a saber, que el hombre es señor de sí mismo precisamente porque es imagen y semejanza de Dios, que nos ha querido libres al crearnos y nos ha hecho partícipes de su propia Libertad al redimirnos.
 
LEER MÁS

Alejandro Llano
Texto procedente del artículo "La libertad radical" publicado en "Josemaría Escrivá de Balaguer y la Universidad", Eunsa, Pamplona 1993. El autor era Rector de la Universidad de Navarra al momento de su publicación.


viernes, 9 de septiembre de 2011

La base de todas las libertades

La base de todas las libertades
Hoy los creyentes de una u otra forma debemos enfrentarnos ante este tipo de persecuciones, defendiendo el derecho a la libertad religiosa o la libertad de conciencia ante los aparatos estatales

      Es un derecho consagrado que cada persona debe vivir su religión sin coacción ni amenaza alguna, sin prohibición ni impedimento, sea cual sea dicha religión y sea cual sea el escenario donde ha de actuar.

      El artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, declara que «toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia».

      En el proceso de la elaboración del proyecto de Declaración, no fue fácil llegar a ese acuerdo: El Sr. Pavlov delegado de la URSS ponía en el mismo nivel la ciencia que la religión. El Sr. Fontana de Uruguay defendió la libertad de pensamiento a la misma altura; de ahí que las tres realidades aparezcan en la Carta. El Sr. Barrody defendió la postura de los países musulmanes en contra de las cláusulas de que se pueda cambiar de religión. El Sr. Ayaz (de Afganistán) protestó públicamente que él seguiría las leyes islámicas en cuanto prohíben el cambio de religión.

      Así con cierta resistencia de ateos y agnósticos, con la repulsa disimulada por parte de concepciones marxistas, y por la cerrazón de algunos fundamentalistas, el 10 de diciembre de 1948, en París, la Asamblea General de la ONU, aprobó el proyecto de Declaración, aprobado por 48 de los que por entonces eran los 58 Estados miembros.

      A su vez, el Concilio Vaticano II declaró que «la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción tanto por parte de personas particulares como de grupos sociales y de cualquier potestad humana; y esto de tal manera que en materia religiosa ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, solo o asociado con otros, dentro de los límites debidos» (Dignitatis humanae, 2).

      Hoy los creyentes de una u otra forma debemos enfrentarnos ante este tipo de persecuciones, defendiendo el derecho a la libertad religiosa o la libertad de conciencia ante los aparatos estatales.

      Hay persecución ad extra. Respecto de las humillaciones que sufrieron jóvenes participantes en la Jornada Mundial de la Juventud, verificada en España, por parte de ateos, homosexuales y otros, el alcalde de Madrid, Alberto Ruíz Gallardón ha criticado esa hostilidad señalando que «la intolerancia religiosa, la persecución de las ideas, el hostilizar a otros en función de sus creencias religiosas, desgraciadamente ha existido en la historia, y ahora se ha visto, porque a los peregrinos se les ha insultado, humillado, vejado y no por nada que hayan hecho o dicho, sino sólo porque hacen pública proclamación de su fe».

      Se da asimismo el fenómeno actual de que algunos países fundamentalistas edifican grandes lugares de culto no católicos en el corazón de Roma o París, mientras que en sus respectivos países niegan a los católicos hasta el ejercicio del culto privado.

      Luego, hay persecuciones ad intra: cuando en muchas realidades pastorales se sostiene y permite echar todo el aparato eclesiástico en contra de grupos o personas, siendo precisamente las parroquias el lugar ideal donde el bautizado puede y debe vivir más intensamente su vida de fe.

      Sobre ambos tipos de persecución a la libertad de religión y de conciencia, decía el beato Juan Pablo Magno: «Un creyente sufre por causa de la justicia cuando, por su fidelidad a Dios, experimenta humillaciones, ultrajes y burlas en su ambiente, y es incomprendido incluso por sus seres queridos; cuando se expone a ser contrastado, corre el riesgo de ser impopular y afronta otras consecuencias desagradables. Sin embargo, está dispuesto siempre a cualquier sacrificio, porque hay que obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch 5, 29). Además del martirio público, que se realiza externamente, ante los ojos de muchos, ¡con cuánta frecuencia tiene lugar el martirio escondido en la intimidad del corazón del hombre, el martirio del cuerpo y del espíritu, el martirio de nuestra vocación y de nuestra misión, el martirio de la lucha consigo mismo y de la superación de sí mismo!».

      Manifestar la fe, es para el corazón humano, razón de vida, de ahí que la libertad religiosa «constituye la base de todas las demás libertades y que no puede existir un auténtico respeto de los derechos humanos allí donde la persona humana es víctima de la violencia o de la discriminación por motivo de su fe religiosa».

Germán Mazuelo-LeytonInfoCatolica.com / Almudí

jueves, 8 de septiembre de 2011

La libre elección de escuela gana partidarios en Estados Unidos

   Los partidarios de la libre elección de escuela siguen avanzando en Estados Unidos, a pesar de los límites de algunos estados con mayoría demócrata y de las demandas judiciales y otros obstáculos de los sindicatos de profesores. Desde las pasadas elecciones de 2010 el crecimiento de las denominadas charter schools –de carácter público pero gestionadas por entidades independientes– está siendo constante tanto en número de alumnos como de estados que las acogen. El motivo es claro: los padres buscan una educación de calidad, y las charter schools están consiguiendo resultados superiores a los de las escuelas corrientes.

   Este verano, y a medida que se acercaba el comienzo de curso, se ha vivido una auténtica batalla entre los partidarios y los detractores de la libre elección de escuela en la enseñanza pública. El conflicto, lejos de estar resuelto, ha puesto en evidencia que es una cuestión de carácter político, que se ha regulado hasta ahora al margen de resultados académicos y de las investigaciones sobre la eficacia de las escuelas de gestión independiente. Así lo muestran las manifestaciones de padres y las demandas judiciales cruzadas en Nueva York, donde más se han agudizado los enfrentamientos.

   En varias sentencias de julio y agosto, el juez Feinman ha zanjado las demandas de los sindicatos de profesores y de la NAACP (una asociación para la defensa de los derechos civiles de los negros), que trataban de impedir un plan de reformas escolares que admitía en edificios públicos neoyorquinos a charter schools. Feinman, que se considera incompetente para interpretar los criterios de la política educativa, ha remitido los conflictos a esas autoridades, y a finales de agosto desbloqueó la apertura de 22 escuelas charter que estaban pendientes de su sentencia. Se da la paradoja de que precisamente la asociación NAACP se oponía a la llegada de las charter a los espacios libres de los edificios públicos, mientras madres y padres de Harlem –de familias negras– se manifestaban a favor de esa ampliación a la que podrían tener acceso sus hijos.

LEER MÁS
ACEPRENSA

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Religión en el ámbito público

Religión en el ámbito público
La religión no se limita a expansiones sentimentales. Si algo la caracteriza es su –para algunos, casi insultante– pretensión de verdad. ¿Puede ésta considerarse compatible con la racionalidad moderna?

      La visita del Papa, al encuentro de una nutrida juventud mundial, ha provocado con Madrid como escaparate una presencia de lo religioso que no se experimentaba hace años. Por las mismas calendas, el Congreso Mundial de Filosofía Jurídica y Social de Frankfurt hacía hueco a un grupo de trabajo sobre “La religión en el ámbito público”. Se ve que, escarceos políticos aparte, el asunto merece que se le eche un poco de filosofía. No es para menos.

      La doble sentencia del Tribunal Europeo de Derecho Humanos sobre el caso Lautsi contra Italia se ha convertido en paradigma de la dificultad que Europa viene experimentando a la hora de fijar el adecuado emplazamiento de la religión en el ámbito público. La sentencia de la primera instancia optó, de modo unánime, por la obligada exclusión de los crucifijos de las escuelas públicas italianas. ¿Quién se atrevería a discutir la necesaria neutralidad del Estado respecto a las variadas concepciones del mundo de una sociedad pluralista? La sentencia posterior de la Gran Sala estimó, por el contrario, con notable mayoría, que la carga cultural y la dimensión más pasiva que adoctrinadora del crucifijo haría admisible en Italia la decisión estatal de mantenerlos ¿Debe Europa vivir la neutralidad de modo tan surrealista como para obligar a los Estados escandinavos a eliminar la cruz de sus banderas?

      La situación parece condenar a la perplejidad. Quizá porque la polémica política se entrecruza con un soterrado debate filosófico. No se trata sólo de discutir si tiene sentido admitir que, como algunos denuncian, una religión ejerza poder; habría que abordar también la respuesta a otra cuestión: qué relación guardan entre sí la racionalidad y la fe religiosa. No en vano la neutralidad del poder estatal aparece como consecuencia de las exigencias de racionalidad propias de la Modernidad. Si la fe es fenómeno irracional, habría que alejarla del ámbito público, obligadamente regido por criterios racionales.

      Habrá quien, como Rorty, discuta ese punto de partida. Democracia y derechos humanos, como toda dimensión ética, tendrían menos que ver con una petulante razón que con la riqueza que emana de la emoción y el sentimiento. Puede parecer que a lo religioso se lo pondrían así más fácil de lo que tal autor pudiera imaginar. No en vano las obras de misericordia se llevaron organizadamente a la práctica bastante antes de que el Estado de bienestar las desamortizara, convencido de que con libertad e igualdad la fraternidad se convertía en superflua. Pero, si la religión fuera mero sentimiento, su destino obligado sería verse enclaustrada en las catacumbas de la privacidad.

      La religión, sin embargo, no se limita a expansiones sentimentales. Si algo la caracteriza es su —para algunos, casi insultante— pretensión de verdad. ¿Puede ésta considerarse compatible con la racionalidad moderna? La respuesta afirmativa admitirá que la gestación religiosa de una propuesta ética o política no resta necesariamente racionalidad a su contenido. Lo contrario sería tan poco razonable como sustituir el confesional argumento de autoridad por un laicista argumento de ‘no autoridad’, que descalificaría sin debate alguno cualquier proposición con pedigree religioso.

      Basta recurrir a la historia para dejar en evidencia la debilidad del intento. No parece que dejara de aportar razones al debate público Francisco de Vitoria, cuando la igualdad interracial resultaba tan novedosa como preguntarse hoy si un selenita recién aterrizado debería ser considerado titular de derechos humanos. ¿Habría tenido sentido hacer callar al fraile español, acusándole de meterse en política y recluyéndolo en su convento? No es muy distinto el problema que se plantea Rawls, al que le parece poco razonable imaginar que Martin Lutero King habría llevado adelante su lucha por los derechos civiles si previamente le hubieran sido extirpadas sus convicciones religiosas.

      Escribo en Münster, donde se firmó la paz de Westfalia. Fue una llamada a la neutralidad la que se mostró, hace siglos, capaz de generar una tregua en la Europa sumida en guerras de religión. Habría resultado imposible sin la convicción de poder contar con la existencia de un derecho natural fruto de un indisimulado punto de partida creacionista. Eso era lo que Grocio ofrecía como espacio neutral; no una concepción inmanentista de la existencia, tan poco neutral como la basada en la transcendencia. De ahí que plantearla como su alternativa real le pareciera blasfema ocurrencia.

      Quienes se sitúan en una irreversible era postmetafísica se conforman hoy con poder partir de intuiciones, que luego han verse debidamente argumentadas. ¿Puede jugar ahí un papel la religión? ¿Estará en condiciones de aportar razones al discurso público? La respuesta negativa sólo puede proceder de ese planteamiento laicista que le niega toda aportación, ni siquiera por los cauces institucionales del sufragio democrático, porque habría desbordado en todo caso el ámbito de una concepción inmanentista, presentada artificiosamente como neutral. Habermas dejará a más de uno con el pie cambiado porque no dudará en considerar a la religión como posible fuente de razones argumentables. 

      En caso contrario, no sólo ser ciudadano obligaría al creyente a suscribir una práctica apostasía, sino que se acabaría generando un empobrecimiento de la aportación de razones al debate público. «El Estado no puede desalentar a los creyentes y a las comunidades religiosas para que se abstengan de manifestarse como tales también de una manera política, pues no puede saber si, en caso contrario, la sociedad secular no se estaría desconectando y privando de importantes reservas».

      Para que ello resulte viable en su contexto postmetafísico, Habermas considerará necesario, como añadido novedoso, un enfoque “postsecular” de notable calado ético. La principal consecuencia será que el no creyente se verá invitado a un exigente cambio de mentalidad. Habría de abandonar una postura laicista, empeñada en desnudar al ciudadano de su plural veste religiosa, imponiéndole vestir un uniforme secularizado. Mientras que, en países como el nuestro, con confesión religiosa hegemónica, las invocaciones a la igualdad se plantean respecto al trato entre unas y otras confesiones, para él la exigencia de igualdad se situará en evitar una generalizada e inconsciente discriminación por razón de religión. Es esto lo que exigirá al no creyente asumir también un proceso de aprendizaje, que le lleve a traducir sus propios argumentos de modo inteligible para el creyente, como a éste mismo se le ha venido imponiendo.

      A nadie pues puede suscitar rechazo la presencia pública de aportaciones procedentes de las tradiciones religiosas de la sociedad, ni extrañarle que resulte tan fácil detectarlas como fundamento, no necesariamente consciente, de planteamientos públicos ya consolidados.

      Sólo una caprichosa discriminación justificaría la exclusión de toda propuesta pública con posible parentesco religioso. Para el laicista será fácil acabar identificando la postura propia con el sentido común, convertirla en pagana religión civil, negar el ejercicio del derecho fundamental de libertad religiosa y conceder al creyente, con generosa tolerancia, la honrosa posibilidad de desahogar posibles discrepancias en la intimidad de su hogar. Con tal modelo poco habría hoy que agradecer, en un riguroso balance histórico, a las aportaciones que la cultura europea ha brindado en el ámbito internacional al discurso de la ética pública. Más inteligente que ignorar nuestra historia sería aceptar el auténtico origen de elementos culturales de los que no dudamos en sentirnos orgullosos. Ello invitaría sin duda a un planteamiento político de la presencia de la religión en el ámbito público más atento a una laicidad positiva, descartando a ese laicismo empeñado en reducir lo que se ofrece como aportación racional a mero afán de poder.

Andrés Ollero Tassara, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid
ABC

martes, 6 de septiembre de 2011

JMJ 2011: Raíces, cimientos, alas

Dos millones de jóvenes en Cuatro Vientos
   Como se escribió con motivo de la JMJ de 2011, la sombra de Pedro ha pasado por Madrid. Los grandes eventos históricos no permiten simplificaciones.

Por eso cabe mirar la visita del Papa a España desde diversas perspectivas. Una de ellas es la perfilada por él mismo durante el vuelo Roma-Madrid: "Para muchas personas será el inicio de una amistad con Dios y con los demás, de una universalidad de pensamiento, de una responsabilidad común que realmente muestra que estos días dan fruto" (Rueda de prensa, 18-VIII-2011). Amistad, universalidad y responsabilidad pueden verse como telón de fondo de estos días irrepetibles.

Primero, la amistad, que surge espontánea de la "visibilidad" de la fe, que los jóvenes comprueban. Se han ido preparando con ese "ponerse en camino hacia los demás y, juntos, hacia Dios". Luego han dado la bienvenida al Papa (Cibeles) y él les ha dicho que sólo en Cristo y en sus palabras están las raíces y la roca fuerte para cimentar el sentido de la vida. Les anima a escucharle en la oración, a vivir las Bienaventuranzas, a buscar con Dios la felicidad y la alegría, la prudencia y la sabiduría, no como "muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos". Les pone metas altas: "No os conforméis con menos que la Verdad y el Amor, no os conforméis con menos que Cristo", porque en Él está la salvación y la esperanza (Homilía en la Misa de clausura, 21-VIII-2011).

La amistad tiene entre otros nombres: intimidad, fidelidad, confianza. Les anima a seguirle de cerca, sobre todo en la Eucaristía y en la Confesión de los pecados, con una amistad íntima, fiándose de Él: "Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone" (Ib.).

Segundo, universalidad. Efectivamente, los jóvenes han comprobado en qué consiste y cómo es la amistad que tiene como motivo a Cristo, y se encuentran con la universalidad, con la red de la fe: "Aquí ven que no están solos, que hay una gran red de fe, una gran comunidad de creyentes del mundo, que es hermoso vivir en esta amistad universal, y de este modo nacen amistades que superan las fronteras de las diferentes culturas, de los diferentes países" (Rueda de prensa, 18-VIII-2011)

Benedicto XVI les asegura que la verdad y  la libertad se implican mutuamente, y que arraigados en Cristo, "damos alas a nuestra libertad" (Fiesta de acogida en La Cibeles, 18-VIII-2011). Por la Eucaristía, su "libertad entregada" es fuente de la "libertad redimida" de los hombres (Homilía en La Almudena, 20-VIII-2011).

La universalidad del cristianismo tiene un nombre: Iglesia. En consecuencia, "seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir 'por su cuenta' o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él".

Tercero, responsabilidad de sentirse parte de esa "red" que comunica el mundo con Dios: "El nacimiento de una red universal de amistad que une al mundo con Dios es una importante realidad para el futuro de la humanidad, para la vida de la humanidad de hoy". Responsabilidad que crece mirando la cruz (que no fue un fracaso, sino expresión y don del amor). Y se traduce en la "capacidad de amar y compadecer": sufrir con los otros, por los otros, por el amor y la justicia (cf. Discurso en el Via Crucis del 19-VIII-2011, y Discurso en la visita al Instituto San José, para jóvenes discapacitados, 20-VIII-2011).

No faltan dificultades (tensiones, injusticias, incertidumbres e incluso persecuciones). "Pero yo vuelvo a decir a los jóvenes, con todas las fuerzas de mi corazón: que nada ni nadie os quite la paz; no os avergoncéis del Señor" (Discurso en el aeropuerto de Barajas, 18-VIII-2011).

Por eso espera de ellos "un testimonio valiente y lleno de amor al hombre hermano, decidido y prudente a la vez, sin ocultar su propia identidad cristiana, en un clima de respetuosa convivencia con otras legítimas opciones y exigiendo al mismo tiempo el debido respeto a las propias" (Ib.). Este es el camino para que "una vida hondamente enraizada en Cristo se muestre realmente como una novedad y atraiga con fuerza a quienes de veras buscan a Dios, la verdad y la justicia" (cf. Homilía en la Almudena, 20-VIII-2011).

La voz del sucesor de Pedro les conforta y anima: "Que ninguna adversidad os paralice. No tengáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad. El Señor os ha otorgado vivir en este momento de la historia, para que gracias a vuestra fe siga resonando su Nombre en toda la tierra". Y aún añade: "No os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios" (Homilía en la Misa de clausura, 21-VIII-2011). Necesita de los jóvenes profesores universitarios, para que encarnen la fe en su vida y en la inteligencia. Necesita de los ministros ordenados y de las personas consagradas, para que se den generosamente a todos. Necesita de muchos "voluntarios" en todos los ámbitos de la vida ordinaria, al servicio de la misión de la Iglesia, pues "amar es servir y el servicio acrecienta el amor" (Discurso a los voluntarios, 21-VIII-2011).

Amistad, universalidad, responsabilidad; seguimiento de Cristo, amor a la Iglesia, testimonio de la fe y del amor. Por ahí comenzó a concretarse y en esa dirección ha ido desembocando el lema de estos días: "Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe". Ésas son, por tanto, las raíces, los cimientos y las alas que permiten al Espíritu Santo hacer su obra en cada cristiano y en la historia de la salvación.

Una vez más se ha manifestado la gracia que puede "hacer de todos los hombres una sola familia". Y a los jóvenes les corresponde esta tarea: "Con vuestra cercanía y testimonio, ayudad a vuestros amigos y compañeros a descubrir que amar a Cristo es vivir en plenitud" (Discurso de despedida, 21-VIII-2011).

El día después de la JMJ-Madrid-2011 se abre una etapa nueva que va, desde el corazón de cada uno y de la Iglesia, hacia Dios y hacia los demás.

Ramiro Pellitero, Universidad de Navarra
iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com

lunes, 5 de septiembre de 2011

Francia: La jurisprudencia confirma una laicidad positiva

Francia: La jurisprudencia confirma una laicidad positiva
La laicidad de las instituciones públicas debe contribuir a garantizar la libertad de las conciencias y de los cultos, con el respeto a las creencias personales

      En Francia se producen con frecuencia incidentes en relación con temas de laicidad. A veces, se llega a situaciones grotescas, como la sucedida a comienzos de junio entre el juez Marcel Foulon y la abogada Christian Charrière-Bournazel. El juez expulsó de la sala a su cliente, el rabino Raphaël Banon, porque no quiso prescindir de su kipá.

      Una cosa es que a los funcionarios públicos, en nombre de la neutralidad, se les impida llevar signos religiosos externos, y otra cosa son los ciudadanos, libres de vestir como deseen en los espacios públicos, incluidos los tribunales.

      Probablemente este caso llegará al Consejo de Estado de París. Este organismo, la máxima instancia jurisdiccional francesa en asuntos administrativos (muy distinto de sus homónimos en otros países, como España), acaba de dilucidar otros, de porte muy diverso, con un denominador común positivo. Tiene pendientes otros doce. Pero las decisiones adoptadas ahora, a juicio del profesor Philippe Portier, harán historia (cfr. Le Monde 21-7-2011).

      El caso del rabino de Toulouse muestra también que no está en juego sólo la integración en la República francesa del Islam, la segunda religión del país, como consecuencia de conocidos movimientos migratorios. En la práctica, las últimas propuestas sobre laicidad de UMP, el partido del gobierno —incluida la promesa del pasado abril de elaborar una especie de código de laicidad y libertad religiosa— celarían para muchos una carga de fondo contra el Islam. Los musulmanes no distinguen suficientemente entre religión y política. De ahí que tantos franceses vean en ellos una amenaza para la República, definida en el artículo 1º de la Constitución, de 4 de octubre de 1958, como "indivisible, laica, democrática y social".

      Esa definición incluye el principio de neutralidad del Estado en materia religiosa, con una clara distinción de esferas vitales que lleva necesariamente al principio de separación de Iglesia y Estado. Pero —idea cada vez más clara, también por la presencia islámica en Francia—, el principio de laicidad no es negativo respecto de las religiones, ni implica combate alguno contra ellas. La laicidad de las instituciones públicas debe contribuir a garantizar la libertad de las conciencias y de los cultos, con el respeto a las creencias personales.

      La apelación al Consejo de Estado deriva casi siempre de acuerdos de los Ayuntamientos, sobre problemas reales, aparentemente en contra de lo previsto en la ley de 1905 sobre separación de la Iglesia y el Estado. El Consejo insiste en que las corporaciones municipales tienen prohibido ayudar en sentido estricto a las confesiones religiosas. Pero, como señala Jean-Marc Sauvé, vicepresidente del Consejo, «en un contexto en el que los nuevos cultos necesitan construir edificios y a las colectividades locales les interesa revalorizar los lugares de culto, hemos dado nuevas soluciones, conciliando la ley de 1905 con otras disposiciones vigentes».

      Concede especial relieve al "interés público local", para permitir que los municipios contribuyan a financiar instalaciones destinadas a edificios religiosos y a la práctica del culto, o cedan solares, mediante figuras como la enfiteusis o el derecho de superficie: a modo de arrendamientos a largo plazo, con un precio casi simbólico, a favor de asociaciones religiosas. O admite ayudas para mejorar las instalaciones de lugares de culto —un órgano en Trélazé (Maine-et-Loire), un ascensor en la Basílica de Fourvière de Lyon— porque, además de su función religiosa, contribuyen al desarrollo de la enseñanza artística, a la organización de eventos culturales en la ciudad, o al desarrollo cultural, turístico y económico de la ciudad."

      En otro supuesto se ha aplicado el concepto jurídico clásico del "orden público", para rechazar la demanda de un contribuyente de Le Mans. La comunidad local había financiado la instalación de un matadero temporal ante la festividad musulmana del Aid-al-Adha. Para los magistrados, la decisión municipal está justificada, por «la necesidad de que las prácticas rituales se ejerzan en condiciones compatibles con los imperativos del orden público, en particular, de la seguridad alimentaria y la salud pública».

      En definitiva, para resolver esas necesidades prácticas, las soluciones adoptadas —confirmadas ahora por el Consejo de Estado— reflejan una concepción de la laicidad positiva, integradora, liberal. No tiene nada que ver con laicismos arcaicos, aunque ahora se beneficien, sobre todo, las comunidades musulmanas.
Salvador Bernal
Religión Confidencial / Almudí

domingo, 4 de septiembre de 2011

SORPRESAS PARA TODOS

   Para Ferrara los ataques coordinados contra el celibato, la moral sexual, la definición del ministerio sacerdotal y la autoridad del Papa, obedecen a ese designio de remover el último obstáculo que impide la dictadura de un nuevo poder post-ideológico

La vida está siempre llena de sorpresas. Antes de emprender las vacaciones, el panorama informativo sobre la Iglesia parecía de nuevo dominado por una de esas recurrentes fases depresivas. Se aventaba el desafío de centenares de párrocos austriacos a la autoridad de Roma, despuntaba de nuevo en algunos centros académicos el viejo disenso teológico que algunos consideraban ya prescrito, y sobre todo soplaba de nuevo el huracán de los abusos sexuales a causa de un nuevo informe sobre el modo en que se afrontaron en Irlanda estos trágicos sucesos. Esta vez, además, se colocaba directamente a la Santa Sede en el ojo del ciclón, tras un brutal y sorprendente ataque del premier irlandés. Después llegó el largo y cálido verano, y con él la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. De nuevo la sorpresa. Aquella Iglesia renqueante y tocada del ala, que aparecía en los grandes medios de comunicación al borde del naufragio, congregaba a casi dos millones de jóvenes en torno al Papa. Más de uno hubo de restregarse los ojos.

Al hilo de la estación plomiza que precedió al evento de Madrid, el siempre brillante y batallador Giuliano Ferrara es una rara avis, bastante incomprensible para el público español. Es un agnóstico liberal llegado de los mares de la izquierda revolucionaria, convencido de que el futuro de las libertades de Occidente depende fundamentalmente de la salud y el protagonismo de la Iglesia católica. Se trata de un "laico" que se bate en la escena pública a favor de la Iglesia con mayor denuedo que la mayoría de los propios católicos, y aunque no se compartan algunos de sus puntos de vista, es admirable la perspicacia de sus análisis y la acidez de sus acometidas contra el stablishment de la cultura nihilista.

Pues bien, Ferrara volvía a su tesis de que el acoso mediático y cultural contra la Iglesia responde a la pretensión de que ésta acepte su definitiva reducción a organismo cívico-filantrópico bien encajado en la cultura postmoderna, y abandone toda oposición a los dictados del siglo. Para Ferrara los ataques coordinados contra el celibato, la moral sexual, la definición del ministerio sacerdotal y la autoridad del Papa, obedecen a ese designio de remover el último obstáculo que impide la dictadura de un nuevo poder post-ideológico. Es una perspectiva fascinante a la que el mundo católico debiera prestar más atención, sin que eso signifique abrazar por entero las tesis del genial periodista italiano.

Porque en este artículo de Il Foglio, tan profundo y devastador en su análisis, se condensa tal nivel de amargura que apenas queda un resquicio para una esperanza razonable. Y aunque es cierto que a uno como Ferrara no podemos venirle con cantinelas piadosas o voluntarismos espirituales, también lo es que hay factores que se le escapan. Dicho sea desde la máxima simpatía y amistad. Por otra parte es lógico que quien ame verdaderamente la libertad y la razón sienta un escalofrío ante la batalla en curso. Y quizás nosotros, los católicos, abrazados a una especie de escatologismo banal, lo sentimos demasiado poco.

Pero en esas estábamos cuando llegó la JMJ. Y desde el New York Times a Le Monde, pasando por El País, los grandes opinion-makers del planeta han debido hacer cuentas con el acontecimiento. Por supuesto han tratado de ningunearlo (aunque era difícil hacerlo sin mentir descaradamente), naturalmente han intentado reducir su significado y alcance, y claro está, se han blindado ante las grandes preguntas para las que no encuentran respuesta. Pero el hecho incontestable es que han debido rendirse a la evidencia. Y es que en la JMJ de Madrid ha aflorado algo que no se podía deducir de los meros análisis sociológicos y culturales, ya sean torpes y mezquinos como los habituales en esos medios, o brillantes y sinceros como el de Ferrara en Il Foglio.

De esos análisis se deduciría la derrota imparable de todo lo que el catolicismo significa, su incapacidad absoluta para ser una fuerza propositiva en la historia del siglo XXI, su irremediable anclaje en fórmulas no sólo superadas sino arrasadas. O bien (en el caso de Ferrara) una debilidad que haría imposible a la Iglesia sobrevivir siendo fiel a sí misma, o por lo menos, mantener un mínimo de incidencia histórica. Eppure si muove, decía también yo, encantado y sorprendido a la vez. Porque además el "éxito" (palabra ambigua y peligrosa, que sin embargo no puedo dejar de usar) ha tenido lugar en la franja social más difícil, aquella que muchos (dentro y fuera) consideraban ya irremediablemente perdida. Los jóvenes llegados a Madrid de los cinco continentes han crecido en el clima surgido del 68, han sufrido el escarnio cultural denunciado por Benedicto XVI, se mueven ya sin las protecciones sociales y políticas a los grandes valores del cristianismo. Saben que no se mueven con la ola de la costumbre, que no reman a favor de la corriente, que su posición en la universidad, en la empresa o en la vida social, será todo menos cómoda. Eso que ya intuíamos los de mi generación es ya experiencia vivida para ellos. Ahí está lo interesante.

La novedad radica en que existe una nueva forma tranquila y valerosa, libre y desacomplejada, de estar en una sociedad en la que el cristianismo no es ya la fuerza dominante, aunque pueda seguir siendo una presencia significativa, como lo es en España. Estos jóvenes son fruto del verdadero Concilio, cuya aplicación han guiado con sabiduría y sufrimiento los cuatro últimos papas. La novedad (¡para todos, eclesiásticos incluidos!) es que estos jóvenes ya no piensan en la resistencia, en sostener a duras penas un mundo que se derrumba, sino en la nueva evangelización. Por eso han conectado inmediatamente con un Papa que les propone ser testigos valientes en medio de la ciudad común; testigos llenos de simpatía hacia el corazón del hombre que busca, respetuosos de los que son diferentes y conscientes de su propio derecho como ciudadanos.

En su diálogo con Peter Seewald, Luz del mundo, Benedicto XVI reconoció que el cristianismo puede asumir en el futuro otro rostro, otra figura cultural. Y advirtió que en muchos lugares de la tierra, seguramente la Iglesia no será la fuerza que determine la opinión dominante, pero seguirá siendo la fuerza vital sin la cual el resto de las cosas no se mantendrían en pie. Y esa fuerza vital, como se ha visto, no depende principalmente del contexto histórico, ni siquiera de la habilidad de sus miembros. Lo cual debería ser una esperanza también para el amigo Ferrara.


JOSE LUIS RESTÁN
Religión en libertad

www.paginasdigital.es

viernes, 2 de septiembre de 2011

‘Dinero y conciencia. ¿A quién sirve mi dinero?’

‘Dinero y conciencia. ¿A quién sirve mi dinero?’

Conferencia de Joan Melé en la EOI (Escuela de Organización Industrial) en Madrid, el 6 de Mayo de 2010, con el título: “Dinero y conciencia. ¿A quién sirve mi dinero?”

      ¿Tenéis 50 minutos para escuchar a este conferenciante?
      Os aseguro que vale la pena. Sentaos. Poned el vídeo a toda pantalla. Es una buena forma de terminar el mes y quizá las vacaciones.


Enrique MonasterioPensarPorLibre.blogspot.com / Almudí

La Universidad, ante una sociedad quebradiza e inestable


La Universidad, ante una sociedad quebradiza e inestable
Un horizonte de trabajo capaz de fortalecer una sociedad que indudablemente aparece hoy en día como quebradiza e inestable. El Dr. García Noblejas reflexiona sobre el encuentro del Papa con profesores universitarios en la JMJ

      Benedicto XVI, tengo experiencia personal de esto, no habla de un asunto si no lo ha experimentado personalmente y lo ha pensado de modo suficiente.

      El pasado día 19 de agosto, en El Escorial (Madrid), hablando ante un nutrido grupo de profesores universitarios, planteó una síntesis (ver texto completo) de su larga y profunda experiencia como universitario, estudiante, y luego profesor, investigador, y desde luego maestro.

      El profesor Ratzinger entiende la Universidad como lugar en el que estudiantes y profesores pueden conseguir fundamentos sólidos para la vida. Para referirlo, se hace una pregunta que sirve para resumir lo que se propone decir a continuación: ¿dónde encontrarán los jóvenes esos puntos de referencia en una sociedad quebradiza e inestable?

      La respuesta, entresacada del texto completo, esclarece el papel del oficio universitario, precisamente en nuestros días:
    A veces se piensa que la misión de un profesor universitario sea hoy exclusivamente la de formar profesionales competentes y eficaces que satisfagan la demanda laboral en cada preciso momento.
    También se dice que lo único que se debe privilegiar en la presente coyuntura es la mera capacitación técnica.
    Ciertamente, cunde en la actualidad esa visión utilitarista de la educación, también la universitaria, difundida especialmente desde ámbitos extrauniversitarios.
    Sin embargo, vosotros que habéis vivido como yo la Universidad, y que la vivís ahora como docentes, sentís sin duda el anhelo de algo más elevado que corresponda a todas las dimensiones que constituyen al hombre.
    Sabemos que cuando [en la educación] la sola utilidad y el pragmatismo inmediato se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas:
    desde los abusos de una ciencia sin límites, más allá de ella misma,
    hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo de poder.
    En cambio, la genuina idea de Universidad es precisamente lo que nos preserva de esa visión reduccionista y sesgada de lo humano. (…)
    La Universidad ha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana. (…)
    La Universidad encarna, pues, un ideal que no debe desvirtuarse ni por ideologías cerradas al diálogo racional, ni por servilismos a una lógica utilitarista de simple mercado, que ve al hombre como mero consumidor

      Todo un panorama que —si no quiere dejarse en el olvido, una vez escuchado— sin duda pide un programa de acción regenerativa: es patente que no coincide ni con los actuales planteamientos europeos de "Bolonia", ni con las pretensiones y los afanes de no pocos administradores, profesores y estudiantes que ahora están en las universidades de casi todo el mundo.

      Es —en todo caso— un horizonte de trabajo capaz de fortalecer una sociedad que indudablemente aparece hoy en día como quebradiza e inestable.
Juan José García-NoblejasScriptor.org

jueves, 1 de septiembre de 2011

Jornada Mundial de la Juventud: ‘We are family’

Jornada Mundial de la Juventud: ‘We are family’
   La JMJ Madrid 2011 ha sabido mezclar en una fórmula magistral, estos tres ingredientes: la “verdad” como búsqueda, la alegría y el sentido de familia. El resultado ha sido óptimo

      Esta Jornada Mundial de la Juventud que acaba de concluir — y que mira ya a la que se celebrará en 2013 en Río de Janeiro—, ha tenido como protagonista una simple palabra, que ha dividido a los espíritus durante siglos: “verdad”. En todos los discursos de Benedicto XVI, de una u otra forma, ha sido citada. Recuérdese que, precisamente es el menosprecio de la verdad quien llevó a Cristo a la cruz, esa cruz que portaron los jóvenes en el Vía Crucis celebrado en la madrileña calle de la Castellana. Ante el requerimiento de Pilatos: “¿Qué es la verdad?”, Benedicto XVI recuerda en su Jesús de Nazaret que no ha sido el procurador romano «el único que ha dejado al margen esta cuestión como insoluble y, para sus propósitos, impracticable. También hoy se considera molesta, tanto en la contienda política como en la discusión sobre la formación del derecho».

      En la JMJ que ha concluido hace unos días en Madrid, la expresión de Pilatos en su diálogo con Jesús, no ha sido un punto y aparte, sino un punto y seguido. Es decir, no el fin de la cuestión sino el principio. El tema de fondo que ha sobrevolado el entusiasmo y la alegría de esos centenares de miles de jóvenes, ha sido la búsqueda del concepto de verdad. Inicialmente un tema filosófico, pero que ha terminado por ser un encuentro no con una cosa, sino con Alguien: Cristo. Por ese Alguien el Papa ha pedido, por ejemplo, «sufrir por el amor a la verdad», y sobre la difusión de la verdad como misión de los profesores se ha concentrado Benedicto XVI con la intensidad de un rayo láser. En fin, ha recordado, como buen intelectual, la famosa frase de Platón: «Busca la verdad mientras eres joven, pues si no lo haces, luego se te escapará de las manos».

      Desde mi punto de vista, una modesta pancarta —que ondeaba en medio de la multitud concentrada en Cibeles— marcó otra de las claves de estas Jornadas Me refiero a la que, escrita a mano, decía “We are family”. Efectivamente, esos dos millones de jóvenes eran una gran familia multiétnica y multirracial que se reunía en torno a un padre común: Benedicto XVI. De ahí el “ambiente de familia” que se respiraba por Madrid durante esos días.

      ¿Cómo reaccionó el anciano papa Ratzinger ante esta avalancha, que se le ha venido encima en el otoño de su vida? El “panzer-cardenal” (como algunos lo llamaban cuando estaba al frente de la Congregación para la Fe) se ha asemejado mucho más a un sencillo arado que a una máquina de guerra, como diría Messori. También en Madrid, en sus discursos, no ha calcinado la tierra como una apisonadora, más bien la ha removido para la siembra. Ha ido dejando caer la semilla de la buena doctrina en una tierra joven. Una multitud de gentes con el sol de cara —cuando ya a muchos el sol nos da por la espalda— que te decía: «No sé si podré estar a la altura de lo que me pide el Papa. Pueda o no hacerlo, él tiene razón: nadie nunca me había hablado así».

      En un momento de “insurrección social” de la juventud (Londres, Oslo, la “primavera árabe”, los “indignados”) el Papa ha hecho llamadas continuas a no perder la esperanza, al optimismo, a descubrir la fuerza de Dios en la historia, al sentido del dolor, a detenerse ante el “sufrimiento del mundo”… Ha pedido “radicalidad evangélica” ante el compromiso personal, ha sido exigente sin una frase de adulación y, al tiempo, a derecha e izquierda ha repartido afabilidad y sonrisas. Incluido el momento en que, literalmente, el diluvio cayó sobre él en la inmensa explanada de Cuatro Vientos. Su respuesta ante el incidente: serenidad, buen humor y esta consigna para los centenares de miles de asistentes: «¡Gracias por vuestra resistencia! ¡Vuestra fuerza es mayor que la lluvia!».

      La única sombra de esta semana ha sido una anécdota que los media —sobre todo los extranjeros— transformaron en un drama. Me refiero a la mini-manifestación de unos centenares de “anti-papas”. No hubiera tenido mayor trascendencia, si no hubiera sido por la lamentable agresión de que fueron objeto algunos chicos —sobre todo, chicas— peregrinos que coincidieron con los manifestantes. Para cualquier demócrata, fue bochornoso observar como los representantes de unos grupúsculos agonizantes maltrataban de palabra y de obra a unos adolescentes, profiriendo gritos contra su invitado de honor: el líder espiritual de mil millones de católicos. Un líder que encarna «la primera autoridad moral de la Tierra», como lo calificó Gorbachov, cuando presentó a su mujer Raisa a Juan Pablo II en Roma. Era penoso contemplar —ya se encargó la BBC de amplificarlo, para confusión de los españoles— los gritos, gestos y expresiones de unos energúmenos ante la serenidad pacífica y algo atemorizada de unos casi niños.

      Pero nada ni nadie ha podido disminuir lo que ha sido otra coordenada de esta JMJ: la alegría de los asistentes. Una alegría ruidosa, pero con raíces profundas. De ahí que Benedicto XVI en la homilía de la Misa de Cuatro Vientos les diera esta misión: «Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe». Alguien ha calificado a las Jornadas Mundiales de la Juventud como “laboratorios de la fe”. La JMJ Madrid 2011 ha sabido mezclar en una fórmula magistral, estos tres ingredientes: la “verdad” como búsqueda, la alegría y el sentido de familia. El resultado ha sido óptimo.

Rafael Navarro-Valls, catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, y secretario general de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España
ZENIT.org / Almudí