viernes, 21 de octubre de 2011

Entretejer biografías: la tarea del orientador

Tras acudir a un mediador familiar, muchos esposos han encontrado el camino para superar las dificultades y salvar su matrimonio

         Ana y Pedro, Pepa y Diego, Asun y Javier, Carmen y Alfredo decidieron un día acudir a la consulta de un experto en orientación familiar para contar sus problemas conyugales y desde ese momento comenzaron a ayudarse a sí mismos en la superación de sus dificultades. En efecto, el 80% de los matrimonios que acuden a los COF de la Iglesia logran salir adelante.  

      Los profesionales de la orientación procuramos contribuir a sanar y reforzar el vínculo conyugal, tratamos de tejer la trama y la urdimbre del matrimonio, intentamos entrelazar de nuevo aquellas dos biografías con el hilo conductor que da sentido a la vida de la pareja: el amor esponsal. 
Marta Pedraz. Médico Experto en Psicoterapia Breve.
Orientadora familiar y de pareja, mediadora familiar y de pareja
y orientadora del COF Boadilla de la Fundación COF Getafe

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PALABRA / Almudí

jueves, 20 de octubre de 2011

El lado oscuro de los adultos emergentes

   Debido a una serie de transformaciones socioculturales, el paso de la juventud a la madurez se ha vuelto más complejo que antes. Procurar hacerse cargo de la amalgama de conflictos que viven los jóvenes es ya un primer paso para ayudarles a buscar un sentido vital.

   Ante los dilemas éticos planteados por los investigadores, abundan las respuestas basadas en un subjetivismo sentimental que evita chocar con las opiniones de los demás

   Cuando se habla de los “jóvenes de hoy”, algunos adultos tienden a quejarse de un retroceso respecto a los de la generación anterior (bien en lo académico o bien en terrenos más amplios como la cultura, el civismo o la moral). Los más optimistas suelen salvarles con el argumento “nada nuevo bajo el sol”.

   Pero para Christian Smith, profesor de Sociología y director del departamento de investigación social de la Universidad de Notre Dame, este último argumento a veces esconde comodidad antes que optimismo.

   Sería como decir: ya se sabe que, a su edad, todos hemos tenido dificultades. Pero cuando se incorporen al mundo laboral, formen una familia y afronten una hipoteca, entonces maduraran. En cualquier caso, no podemos hacer nada por ellos.

   A juicio de Smith, el argumento “nada nuevo bajo el sol” olvida un dato básico: que los jóvenes de ahora son distintos a los de antes, pues las condiciones sociales, culturales, demográficas y económicas en que han crecido son diferentes.

   Los jóvenes se han acostumbrado a pensar la ética en función de sus sentimientos, en lugar de elaborar sus posiciones a partir de principios objetivos

Seis tendencias que los hacen distintos
   Smith es el investigador principal de Lost in Transition (1), un estudio recién publicado que combina técnicas cuantitativas y cualitativas para analizar cómo se comportan y cómo argumentan en el terreno moral los llamados “adultos emergentes”: o sea, jóvenes de 18 a 23 años. Una fuente de información muy valiosa en este estudio son las entrevistas en profundidad que hicieron Smith y su equipo en 2008 a una muestra de estos jóvenes, procedentes de distintos lugares de Estados Unidos.

   Para comprender las dificultades que afrontan los jóvenes del siglo XXI, Smith y su equipo identifican seis cambios socioculturales que –junto a otros que no pueden abarcar– han dejado huella en esta generación.

Juan Meseguer
ACEPRENSA
El artículo completo lo tenéis en la web de Aceprensa. Podéis acudir también a mi página en Facebook

miércoles, 19 de octubre de 2011

Una evangelización siempre nueva

Una evangelización siempre nueva
      Los grandes objetivos siguen vigentes, como muestra la creación de un dicasterio pontificio dedicado expresamente a impulsar esa nueva tarea apostólica de la nueva evangelización

      Escribo estas líneas en la tarde del domingo 16, cuando se cumplen 33 años de la elección de Juan Pablo II.

      Mucho se ha escrito sobre este pontífice excepcional desde tantos puntos de vista. Pero hoy lo recuerdo como promotor infatigable de la nueva evangelización de los países de raigambre cristiana que sufrieron la secularización en el siglo XX. Arrancó unos días después su pontificado con aquella memorable homilía, de la que tantas veces se citó su gran grito de esperanza: «¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!»

      Hace poco, el día de su beatificación, Benedicto XVI sintetizaba que «aquello que el Papa recién elegido pedía a todos, él mismo lo llevó a cabo en primera persona: abrió a Cristo la sociedad, la cultura, los sistemas políticos y económicos, invirtiendo con la fuerza de un gigante, fuerza que le venía de Dios, una tendencia que podía parecer irreversible».

      Esa misma tenacidad pedía el Papa en la JMJ. No se puede olvidar que la inmensa mayoría de los jóvenes que acudieron a Madrid no habían nacido en 1978. Muchas cosas han cambiado desde entonces, especialmente en el marco de tecnologías y comunicación. Pero los grandes objetivos siguen vigentes, como muestra la creación de un dicasterio pontificio dedicado expresamente a impulsar esa nueva tarea apostólica. Justo este último fin de semana se celebraba en Roma el primer simposio organizado por ese consejo.

      Por mi parte, al resumir las líneas de fuerza de la JMJ, puse en primer lugar esta idea: nueva evangelización, sin miedo. Ya en el vuelo hacia Madrid, Benedicto XVI lo comentaba a los periodistas. Después de haber presidido dos Jornadas, concluía que Juan Pablo II había recibido una gran inspiración. Las JMJ son «una cascada de luz; dan visibilidad a la fe, a la presencia de Dios en el mundo, y confirman el coraje de ser creyentes». Frente a posibles aislamientos, aquí se palpa la universalidad, la existencia de una «red universal de amistad, que une al mundo con Dios, y que es una realidad importante para el futuro de la humanidad, para la vida de la humanidad de hoy».

      A la vez, la experiencia ha confirmado que la JMJ es un acontecimiento de libertad. Frente a posibles excesos históricos, la realidad es que la verdad es accesible sólo en la libertad. «Se pueden imponer por la fuerza comportamientos, normas, actividades, ¡pero no la verdad! La verdad se abre sólo a la libertad, al consentimiento libre, y por lo tanto, la libertad y la verdad están íntimamente unidas: una es condición de la otra». De ahí la crítica del Papa a la imposición de valores desde una razón positivista. Y su convicción de que «la verdad como tal, es dialógica, porque trata de comprender y entender mejor, y lo hace en el diálogo con los demás. Por tanto, buscar la verdad y la dignidad humana es la mayor defensa de la libertad».

      Desde el primer día de la JMJ, en la plaza de Cibeles, planteó la cuestión radical: «Sí, hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. Desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias; dar en cada instante un paso al azar, sin rumbo fijo, dejándose llevar por el impulso de cada momento. Estas tentaciones siempre están al acecho. Es importante no sucumbir a ellas, porque, en realidad, conducen a algo tan evanescente como una existencia sin horizontes, una libertad sin Dios».

      Pero la fe no se confunde con ideologías. En el texto preparado para la vigilia en Cuatro Vientos, decía: «Sí, queridos amigos, Dios nos ama. Ésta es la gran verdad de nuestra vida y que da sentido a todo lo demás. No somos fruto de la casualidad o la irracionalidad, sino que en el origen de nuestra existencia hay un proyecto de amor de Dios. (...) Queridos jóvenes, no os conforméis con menos que la Verdad y el Amor, no os conforméis con menos que Cristo.

      «Precisamente ahora, en que la cultura relativista dominante renuncia y desprecia la búsqueda de la verdad, que es la aspiración más alta del espíritu humano, debemos proponer con coraje y humildad el valor universal de Cristo, como salvador de todos los hombres y fuente de esperanza para nuestra vida».

      En definitiva, «no tengáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad. El Señor os ha otorgado vivir en este momento de la historia, para que gracias a vuestra fe siga resonando su Nombre en toda la tierra».

      Al despedirse en Barajas, prevenía a todos ante las dificultades que se presentan en algunos países: «más fuerte que todas ellas es el anhelo de Dios». Con esa certeza, aseguraba a los pastores: «no temáis presentar a los jóvenes el mensaje de Jesucristo en toda su integridad e invitarlos a los sacramentos, por los cuales nos hace partícipes de su propia vida». La metodología no puede ser más clara y convincente, para llevar adelante una tarea que se transmitirá desde generación en generación, en la estela de los primeros cristianos.

Salvador Bernal

Religión Confidencial / Almudí

martes, 18 de octubre de 2011

¿Aniquilación o mejoramiento de la imperfección?

¿Aniquilación o mejoramiento de la imperfección?
   Esta aniquilación de la vida se puede extender, como una mancha de aceite, con la aceptación de la eutanasia cuando con el tiempo nos encontramos ante personas que ya han alcanzado la ‘imperfección vital’ por diversas causas…

      Ante la perfección —bondad, verdad, belleza, salud, trabajo bien hecho,...— uno se puede preguntar qué hacer con todo aquello que creemos imperfecto, defectuoso, feo, engañoso, enfermo. ¿Lo hemos de hacer desaparecer o lo debemos sanar o perfeccionar en la medida que podemos?

      Un amigo mío me hacía ver como ya desde antes del nacimiento —en la actual sociedad de bienestar— los imperfectos y aún no nacidos se les aniquila, se les quita la vida para que no molesten nuestra pacífica convivencia. Y me hacía leer un artículo donde se mostraba como la detectación, en los fetos, de enfermedades congénitas (enanismo, síndrome de Down, deficiencia mental, espina bífida, etc.), llevaba a plantearse, en seguida, la interrupción del embarazo, el aborto de ese ser humano vivo, pero imperfecto según los criterios que no tienen en cuenta la sacralidad de la vida humana. 

      Se ha de afirmar, sin embargo, que una minusvalía previsible no es motivo para destruir una vida...; además, ¿quién nos puede asegurar que alguien nunca sufrirá un futuro imperfecto (esquizofrenia, paranoia, algún otro tipo de locura, rotura de la médula ósea, etc.), con limitaciones corporales, espirituales o intelectuales? ¿Quién nos puede garantizar la perfección física o psíquica a lo largo de toda una vida?

      Un niño o niña imperfecto desde el nacimiento puede disfrutar, en cambio, de una perfección más alta que muchos de los nacidos aparentemente sanos. Un enfermo con síndrome de Down desarrolla un amor y un afecto mucho más alto que los llamados perfectos. ¿Sabemos bien cuál es su felicidad interior? ¿Cuál es su gozo de vivir y cuál es su perfecto futuro? Mostraba mi amigo que la decisión de aniquilar la imperfección en estos casos bloquea la búsqueda de terapias curativas intrauterinas, ya que las enfermedades genéticas también podrían ser curadas a tiempo con más investigación científica. 

      Por otra parte, esta aniquilación de la vida se puede extender, como una mancha de aceite, con la aceptación de la eutanasia cuando con el tiempo nos encontramos ante personas que ya han alcanzado la imperfección vital por diversas causas: vejez, enfermedades incurables, discapacidades, demencias seniles, moribundos, etc. También una visión estrecha de lo que es la vida humana, de las imperfecciones que puede comportar —la imperfección moral de un asesino, un corrupto pedófilo, etc.—, nos podría llevar a la defensa de la pena de muerte y a rechazar todo tipo de terapias de reinserción social, laboral y de curación moral.

      No sabemos, tal vez, que la imperfección incluye nuestra "contingencia desde que nacemos": no somos seres necesarios y desde este punto de vista ya no valdría la pena vivir. También existe la contingencia temporal de los que son bellos, inteligentes o triunfadores, por un tiempo determinado... ya que pueden llegar a ser feos o unos estúpidos y unos fracasados. ¿Hay que eliminarlos, porque nos estorba su incompetencia debida a la contingencia creada, en el tiempo, por diversos factores? ¿No les ofreceremos un camino, otro tiempo de reparación y de cambio para volver a la perfección perdida? Descubrir la imperfección y la fragilidad humana es también una buena senda para poner todos los medios para embellecernos, renovarnos y mejorarnos.

      En una sociedad egoísta, materialista y hedonista la fealdad, la enfermedad, el fracaso son molestos. En cambio desde una óptica personalista cristiana debemos afirmar que todo ser humano tiene, desde el mismo comienzo de la vida, una dignidad inviolable. Desde el principio, el ser humano que ha de nacer será persona, siempre con toda la dignidad que le ha dado el creador. Es una persona independiente, el ámbito de sus derechos no puede ser invadido por nadie externo a él: ni el Estado, ni un médico, ni siquiera la madre. Por lo tanto, debe ser protegido, y en caso de que se pueda, debe ser curado; si no se puede hay que tener con él todo cariño y espíritu de servicio porque es "uno de los nuestros". Es un ser querido por sí mismo y destinado a lograr la gran Perfección final después de haber conocido todo tipo de imperfecciones. Si la dignidad humana tuviera su origen únicamente en las realizaciones que los hombres llevamos a cabo con éxito, entonces los débiles, los enfermos y los indefensos estarían privados de la esencial dignidad humana.

      Teresa de Calcuta, premio Nobel, afirmaba que «muy pobre es el país donde se tolera privar de vida a un niño no nacido... creado para vivir y amar. Su vida no está para ser destruida, sino para que la viva... a pesar de todo».

Josep Vall i Mundó
TemesD´Avui.org / Almudí

lunes, 17 de octubre de 2011

Formación en los valores

Formación en los valores
   Los valores se captan en la medida en que se aprende a objetivar intereses, a tener intereses más allá del mero interés por uno mismo, que no lleva a una vida lograda

      Hay quien piensa que los jóvenes no escuchan porque no quieren, no les interesa complicarse la vida, van a lo suyo. Y no es verdad. Con frecuencia lo que pasa es que no saben, o no pueden, por lo que sea, escuchar. Quizá una voz les susurra por dentro que, a pesar de las dificultades, pueden. Y hay que decirles que escuchen esa voz, que no se dejen recortar sus alas demasiado pronto por el ambiente, que aspiren a todo lo que sean capaces, como los artistas. 

      Durante su encuentro con los profesores universitarios en la JMJ de Madrid, 2011, Benedicto XVI caracterizó así la tarea educativa: «Un ideal que no debe desvirtuarse ni por ideologías cerradas al diálogo racional, ni por servilismos a una lógica utilitarista de simple mercado, que ve al hombre como mero consumidor» (Discurso en San Lorenzo de El Escorial, 19-VIII-2011). Así es, porque educar no es ante todo "enseñar", sino "formar" no se trata solo de que el alumno aprenda, sino de que llegue a ser más o mejor persona. 

      Por eso el mero utilitarismo o el placer, hoy con frecuencia fusionados en la oferta “cultural”, no dan respuesta al sentido de la vida. Se precisa una educación en los auténticos valores. Es lo que aborda R. Spaemann en uno de los capítulos de su libro Ética: Cuestiones Fundamentales.

La captación de los valores
      El filósofo alemán muestra primero qué son los valores: contenidos valiosos que captamos en la realidad, motivados por nuestros intereses. Ya el uso lingüístico diferencia entre “alegría” y “placer”. Y en un caso problemático, nadie dudará de cuál de los dos es un “bienestar” más alto. Lo más valioso es aquello frente a lo cual se puede prescindir de otra cosa, incluso del placer (porque, decimos, “vale la pena”). Los valores se captan en la medida en que se aprende a objetivar intereses, a tener intereses más allá del mero interés por uno mismo, que no lleva a una vida lograda. 

      Dando un paso más, observa Spaemann que se captan en su relación u ordenación mutua: decimos que algo vale más que otra cosa. Una vez más hablamos de valores y no sólo de gustos, y una persona madura los distingue, sabe que vale más atender a un accidentado que pasar sin complicarse la vida. Acierta quien tiene formación.

La formación en los valores
      Para formar en los valores, este profesor se fija en algunas condiciones interconectadas: fomentar el conocimiento de un “orden objetivo” que haga posible llegar a la armonía con uno mismo y con los demás; abrir a la jerarquía de los valores por encima de los simples “gustos”; comparar la diferencia que existe entre lo que es menos y lo que es más valioso, aunque esto segundo exija más atención y esfuerzo. 

      Finalmente, señala dos obstáculos para la captación de los valores: la apatía y la ceguera de la pasión. La apatía (la falta de pasión) hizo que Esaú escogiera un plato de lentejas, a cambio de la herencia que le correspondía como primogénito de Isaac. Por otra parte, la pasión hizo que el rey David quedara seducido por la belleza de Betsabé hasta el punto de cometer un gran crimen. 

      Las pasiones orientan hacia los valores (como la belleza), pero al mismo tiempo desfiguran las proporciones en que deben ser contemplados; nos descubren valores, pero no su jerarquía. Y no vale como disculpa invocar la pasión, porque no somos animales. 

      Además, las pasiones son transitorias. Y cuando la ira, la compasión de un momento, o el enamoramiento (la fase primera del amor) desaparecen, todavía se requiere la prueba de la fidelidad, para hacer justicia a la realidad de las cosas y al valor de los compromisos. (De ahí la diferencia entre las pasiones y las virtudes que son ya los “hábitos buenos”). De otra manera, los enamorados estarían siempre abocados a la angustia de perder su amor. Si al ir madurando ese amor, saben que no ocurrirá, es porque «el amor se ha apoderado de su libre querer, o porque su libre querer ha captado el amor»

      Spaemann tiene toda la razón, pues educar es ayudar a comprometerse. Y esto exige formar para ser libres. A su vez, la libertad pide escuchar la realidad sobre uno mismo, los demás y el mundo.

Saber escuchar la realidad
      En la película Cielo de octubre (J. Johnston, 1999), la profesora le da al desanimado Homer el consejo decisivo: «No siempre está uno en condiciones de hacer caso de lo que le dicen. Tienes que escucharte a ti mismo». Para dar ese consejo, ella tuvo que escucharse antes a sí misma, para ser creativamente fiel a su tarea. 

      Educar es más que preparar a los alumnos (escolares o universitarios) para lo que suele entenderse como “triunfo” en la vida (con esa mentalidad, se puede llevar a la persona más seguramente hacia el fracaso de su vida y de su tarea en la sociedad).  

      Por eso, decía Benedicto XVI: «Los jóvenes necesitan auténticos maestros; personas abiertas a la verdad total en las diferentes ramas del saber, sabiendo escuchar y viviendo en su propio interior ese diálogo interdisciplinar; personas convencidas, sobre todo, de la capacidad humana de avanzar en el camino hacia la verdad».  

      Es cierto. Sólo así podrán preparar a sus alumnos para que extraigan todo el jugo del “Carpe diem”, haciendo caso a Platón: «Busca la verdad –que para él estaba unida al bien y a la belleza– mientras eres joven, pues si no lo haces, después se te escapará de entre las manos».

Ramiro Pellitero. Universidad de Navarra
Cope.es / Almudí

domingo, 16 de octubre de 2011

Dos caras del capitalismo: Steve Jobs y Wall Street

Steve Jobs
   El mundo ha despedido a Steve Jobs como al empresario más admirado en esta época de la sociedad de la información. El hombre que sabe abrirse paso empezando en un garaje y que encandila al mundo con su capacidad para crear productos innovadores que responden a necesidades del público y se adelantan a sus gustos. El jefe con el que muchos querrían trabajar. Con empresarios como él, el capitalismo despliega su fuerza de innovación, el mercado consagra los productos de más calidad y la libertad de empresa se utiliza para establecer una sintonía con los clientes como pocos lo lograron antes de Apple.

   En cambio, los congregados por “Ocupa Wall Street” y los indignados de otros países protestan contra los desmanes del capitalismo financiero que están en el origen de la crisis económica. Amparado en una creciente desregulación, el sector financiero asumió riesgos crediticios cada vez mayores, con “inventos” que aumentaron enormemente el volumen de transacciones con el que los bancos podían hacer dinero. No era el riesgo del empresario que apuesta por un producto innovador. Era el riesgo del especulador, del que busca una ganancia máxima a corto plazo sin preocuparse de lo que vendrá después.

   Steve Jobs ha sabido ofrecer al público productos que respondían con nuevas soluciones a necesidades reales, instrumentos fiables, bien hechos. Y logró que esos productos fueran sencillos de utilizar, una tecnología “con rostro humano” y atractivo diseño.

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ACEPRENSA

sábado, 15 de octubre de 2011

¡Ya soñaba antes de nacer!

¡Ya soñaba antes de nacer!
¿No os parece que, igual que el buen poema renace cada vez que se lee, el buen ejemplo deja una estela inmortal en la memoria, una renovación de lo bueno en el tiempo? 

      Es una gran noticia saber de iniciativas que contrarresten legislaciones de diversos países en materias que implican la vida misma, en los que se legaliza el aborto, la eutanasia o las manipulaciones genéticas. Por eso, cuando en Asturias me hablaron este verano del Centro Internacional para la Defensa de la Vida Humana –CIDEVIDA–, con sede en Tordesillas, constaté una vez más que la tarea divulgativa de una cultura de la vida entre la gente joven es imprescindible. Y allí es un tema que lo bordan.

      Pienso que es infumable que las decisiones que tienen por objeto la vida humana se confíen al cálculo de los votos, pues con ello la obligatoriedad de las leyes se resquebraja: ninguna conciencia siente el deber de someterse a simples números.

      También es verdad que, de las amistades veraniegas, una vez más me ha vuelto a impresionar mi amigo Juan. Junto a su esposa, está feliz e ilusionado, con el mayor reto que hubiera imaginado tener en su vida profesional, familiar o de relaciones sociales. Están esperando una hija con síndrome de Down y, aun sabedores de las dificultades futuras, preparan con gran alegría el próximo nacimiento de la que será su tercera hija, sin ceder a las "facilidades" que les daban para "prescindir" de la pequeña.

      ¿No les parece a ustedes que, igual que el buen poema renace cada vez que se lee, el buen ejemplo deja una estela inmortal en la memoria, una renovación de lo bueno en el tiempo? Pues, especialmente en épocas de adversidad hemos de atender primorosamente a quienes más lo necesiten y las pre-mamás deberían ser objeto de los desvelos de todos, con mayor motivo si las circunstancias no les facilitan su maternidad.

      Es claro que hay mucha cosa buena que ocurre y de la que no se habla, entre tanta precampaña y tanto vedetismo. Es claro que la belleza y el amor son puertas principales de la verdad. Pues a abrir bien los ojos: los más jovencillos se van a fijar en nosotros y son ellos quienes van a determinar los verdaderos cambios de rumbo en las crisis de todo tipo, de ahora o de las que nos puedan venir más adelante.

      Y para muestra un botón: junto a tanta memez y pese al paqueo de los guerrilleros del laicismo irracional y decimonónico, mis colegas de Bachillerato me dan una nueva alegría al ver que recomiendan, y con gran éxito, el ensayo de José Ramón Ayllón, Tal vez soñar, editado por Planeta. En él, se desgrana la paz junto a la rebeldía en el pensamiento: desde El Quijote y sus verdades, hasta Delibes en familia, pasando por el cinismo que pretende estar por encima de la moral que encarna el Iván Karamazov de Dostoievski, o el amor de El principito. Amueblar razón y sensibilidad, construir afecto y la lógica del amor, esa es la receta.

      Sí, nos urge un baño de sensatez, ser conscientes que tal vez ya soñábamos antes de nacer. Y, en todo caso, no podemos callar cuando a la vez que se recorta en servicios sociales y sanitarios básicos se derrocha en barbaridades. Por ejemplo, el Servicio Catalán de Salud acaba de comprometer más de 14 millones de euros en los próximos 5 años para la financiación pública de unos 13.000 abortos anuales.

Emili Avilés es especialista en educación familiar
ElConfidencialDigital.com /Almudí

viernes, 14 de octubre de 2011

¿Las reformas en la Iglesia? Sin fe son un activismo vacío

¿Las reformas en la Iglesia? Sin fe son un activismo vacío
Las reformas externas que no tengan su fundamento en la fe y que no estén sostenidas en un entusiasmo por la fe son un ‘accionismo’ ciego e histérico, carente de sentido y a la deriva

      Entrevista al cardenal Walter Kasper —desde el 2001 y hasta el 2010 presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos—, quien formó parte de la delegación vaticana que acompañó a Benedicto XVI en su viaje por Alemania.

      En la entrevista, el cardenal esboza un balance sobre la visita del Pontífice que, a su parecer, ha llevado al Papa no solo a la tierra de Martín Lutero, sino al centro de las problemáticas más cruciales de la Iglesia universal 

Probablemente deberán pasar decenios y decenios, si no siglos, antes de que un papa alemán visite su patria, Alemania. Lo que sucedió en Berlín, Erfurt y Friburgo, ¿fue un acontecimiento de envergadura histórica?
Determinar si la visita de un pontífice oriundo de Alemania a su tierra natal alemana será la última por mucho tiempo se lo dejaría francamente al curso de la historia. A posteriori, la visita de Benedicto XVI ha sido un acontecimiento histórico. He vivido lo suficiente como para conservar bien vívidas en la memoria las imágenes del Reichstag alemán en la época en que los nazis pisoteaban con satisfacción el derecho y la justicia y sancionaban leyes antisemitas, o incluso las imágenes del Estadio Olímpico de Berlín en 1936 cuando otro personaje muy distinto ingresó para hacerse vitorear. 

Si ahora, luego de tres cuartos de siglo, en el mismo edificio, hoy sede de un Parlamento democrático, un papa alemán pronuncia un discurso en el que afirma que el derecho y la justicia son el fundamento y el presupuesto de las decisiones mayoritarias de cualquier asamblea que represente al pueblo; si hoy él se reúne con delegados de la comunidad hebrea y expresa su satisfacción por el hecho de que la vida de los hebreos en Alemania haya retomado su curso; si se dirige al Estado Olímpico atestado de gente para celebrar una liturgia en la que también han tenido una participación emblemática exponentes de diferente proveniencia (para expresarlo en la jerga nazi, "no arios") de la comunidad católica de Berlín, todo esto no puede más que ser definido como un acontecimiento histórico. Cuando, luego, en Erfurt y en Eischfeld, visitando a los nuevos Länder federales, el Papa agradece a la gente por haber resistido, animada por el coraje y una fe vigorosa, a dos regímenes totalitarios, todo da esperanza y muestra cuánto la historia cambia y puede cambiar también para bien. Debemos ser gratos por todo esto. 

Vayamos ahora a los puntos cardinales de la visita del Papa. Benedicto XVI dejó en Alemania, aunque seguramente no solo allí, un lema singular: "Entweltlichung der Kirche" (separación de la Iglesia del mundo). En alemán se trata de una palabra acuñada, no recogida en el diccionario. ¿Qué significa?
El concepto de Entwltlichung (precisamente, "separación del mundo") introducido en el discurso del Papa me ha sorprendido incluso a mí; deriva de la teología de Rudolf Bultmann, que precisamente en este tema no coincidía en los más mínimo con la doctrina católica. Pero el Papa aclaró inequívocamente lo que quería decir con ese concepto, que lo entendía en el sentido del Evangelio según san Juan, que dice que nosotros los cristianos vivimos "en este mundo", ciertamente, pero no somos "de este mundo"; "en este mundo" significa que la Iglesia no es una jauja, sino que tiene un misión propia "en este mundo" y significa también que el cumplimiento de su misión está subordinado a medios terrenos. 

Por lo tanto, no se pretende en absoluto aludir a un retiro, a tomar distancia del mundo. Pero, al mismo tiempo, la Iglesia no es "de este mundo", y entonces no debe adecuarse a cualquier coste, y los medios y las instituciones del mundo no deben elevarse a fines supremos que todo lo determinan y lo condicionan. Sabiendo que la Iglesia en Alemania está más estructurada, institucionalizada y establecida que otras Iglesias locales, el Pontífice señaló que sería oportuno verificar si en ciertos aspectos no se encuentra demasiado asimilada a las instituciones terrenas, si no ha acogido demasiado la lógica, si las estructuras se encuentran aún subordinadas a su misión originaria o si, en cambio, se han convertido en una especie de obstáculo para escuchar y actuar lo que hoy nos dice el Espíritu Santo. Son cuestiones extremadamente actuales para Alemania, y también un poco para toda la Iglesia universal. 

¿No es que la Iglesia católica en Alemania tiene demasiado dinero?
El dinero no es malo en sí mismo, el problema es que constituye una tentación para el hombre. Depende de la relación que se tenga con él y el fin para el que se lo utilice. La Iglesia en Alemania hace mucho y hace el bien, si se piensa en las mucha instituciones asistenciales y de beneficencia o en las escuelas, todos entes que no pueden subsistir sin financiaciones. Además, la Iglesia alemana hace mucho por los más pobres de los países en dificultad, y percibe gratitud y reconocimiento a nivel mundial. Pero no podemos negar que el dinero se ha convertido en una tentación también dentro de la Iglesia, y que incluso en este ámbito a veces logra hacer mella.
Si el servicio eclesiástico se equipara a una especie de aparato burocrático, se puede generar confusión y ofuscación, induciendo a cultivar una mentalidad de esperas y pretensiones egoístas que exceden completamente el sentido del estilo de vida apostólico simple, como aquel que el Concilio exigió del clero precisamente por una cuestión de credibilidad. Si la Iglesia dispone de medios financieros, ciertamente no los posee para mantenerse y mucho menos para sacar provecho de ellos, sino para donarlos a los pobres y a los necesitados. Sobre este punto sería necesario reflexionar seriamente

Usted lleva claros dentro de sí los contenidos de la fe católica. Pero para muchos católicos en Alemania, incluso entre los practicantes, en lugar de una sólida conciencia de la fe hay un sentimiento religioso, a menudo más bien débil, que tiende a exteriorizarse en los actos de culto de la Iglesia. ¿Qué se debe hacer si los vehículos de transmisión de una fe clara en sus contenidos vacilan peligrosamente?
Y aquí llegamos justamente a la cuestión central de la visita del Pontífice a Alemania. Lo que más le urgía y le urge es la renovación y la profundización de la fe. Estos objetivos frente a la ruptura con la tradición, a un quiebre aterrador así como a la solidez de la fe y a la disminución de la fe hacia un sentimiento a menudo vago e indefinido son el gran desafío. He tenido la sensación de que el Papa quería, sobre todo, despertar la conciencia de esto y devolver la justa posición a estos criterios. Las reformas externas que no tengan su fundamento en la fe y que no estén sostenidas en un entusiasmo por la fe son un accionismo ciego e histérico, carente de sentido y a la deriva. 

Vayamos a la ‘Ecúmene’, un punto saliente de la estadía de Benedicto XVI en Erfurt. No ha habido concesiones ni obsequios de cortesía, ni "progresos" concretos... Usted, en cuanto ex "ministro de la Ecúmene" del Vaticano, ¿se sintió desilusionado por esta etapa de la visita del Papa?
Uno puede sentirse desilusionado solo si tenía expectativas equivocadas o completamente irreales. Ninguna persona dotada de raciocinio podría haberse esperado que el Papa, con ocasión de su visita, renunciara a posiciones fundamentales para la Iglesia católica en lo que hace a la comprensión de la fe solo por ofrecer un "obsequio, un acto de cortesía", o que dijera: "A partir de mañana cambia todo". Tales expectativas se instilan solo para preparar el terreno a la desilusión y generar malhumor hacia el Papa y la Iglesia católica.
De este modo, se perdió de vista el verdadero obsequio del Papa a Erfurt: su visita al ex-convento agustino en el que Martín Lutero vivió de joven, allí donde Lutero, alejado de la antigua polémica católica y de la teología de la controversia, obró como cristiano que tenía como prioridad a Dios y su Gracia; además, el Pontífice se expresó con gratitud por los resultados del diálogo y, por último, junto con los altos exponentes de la Iglesia protestante, celebró una Liturgia de la Palabra, plenamente válida también de acuerdo con la comprensión evangélica, todas cosas que hasta hace pocos decenios eran completamente inimaginables. Sobre todo este último acontecimiento supera el encuentro de Juan Pablo II con los representantes del Consejo de la Iglesia evangélica en Magonza en 1980. Todo esto pone en evidencia, confirma e impulsa el progreso ecuménico. 

Con ocasión de la reunión del Papa con los exponentes de la Iglesia evangélica en Alemania, se volvió varias veces sobre el tema del 500º aniversario de la Reforma en el 2017. También la Iglesia católica desea expresarse al respecto, lo ha dicho el Papa mismo. ¿De qué modo?
El 2017 no será un momento importante solo para los cristianos evangélicos, sino también para los católicos. Si, de hecho, no celebramos la Reforma, sí podemos conmemorarla, teniendo en cuenta que ésta ha representado una pausa histórica y fatal para las dos Iglesias y para nuestro país, que incide aún hoy en la vida en común. Tanto en Alemania como a nivel internacional, los expertos desde hace años trabajan para la predisposición de una declaración común de intención. En ella, sin pretender enmascarar las diferencias existentes, podremos afirmar que en el siglo XVI ha habido culpa de ambas partes, pero que estamos complacidos de que haya habido un acercamiento concreto, que estamos decididos a continuar el camino ecuménico y que rezamos para que se dispense generosamente la gracia de la unión. Y, personalmente, siento que estamos en un buen punto en esa dirección.

Tanto en la vigilia como durante la visita del Pontífice hubo algunos "temas candentes" que han tenido su peso. Entre estos, por ejemplo, la escasez de sacerdotes en Alemania por un lado y la confirmación del celibato de los sacerdotes por el otro. Los llamados ‘viri probati’ (hombres probados), ¿serían verdaderamente una solución al problema del déficit de las comunidades sacerdotales?
La falta de vocaciones para emprender la vida religiosa o sacerdotal es obviamente un problema pastoral serio que no incumbe solo a Alemania, sino, con las oportunas diferencias, a casi todos los países del mundo occidental. Las causas son múltiples y sería superficial postular el problema solo con relación prevalente a la cuestión del celibato. Hay menos niños y menos jóvenes, y de estos solo una pequeña parte está comprometida en el ámbito de la Iglesia; hay también menos familias con un sólido compromiso cristiano y eran precisamente éstas las que constituían en el pasado el primer y más prolífico "seminario sacerdotal". Los ‘viri probati’ en una situación de este tipo son solo una solución aparente, que ofuscaría la realidad de los hechos de que precisamente en el contexto actual necesitamos sacerdotes que estén tan "locamente enamorados" de Dios y de la Iglesia que sean capaces de sacrificarlo todo por ellos. 

Se oye siempre que en la praxis se es extremamente generoso cuando se trata de dispensar la Comunión a los divorciados vueltos a casar. ¿Hasta qué punto un sacerdote puede complacer el deseo de estas personas de recibir la Comunión?
Que el problema existe y que no existe solo en Alemania es un hecho que ha emergido en las últimas semanas en una serie de encuentros, incluso casuales, que he tenido con párrocos y sacerdotes romanos, que han advertido la exigencia de hablar del tema, confirmando y renovando lo que yo sabía al respecto. La cuestión es compleja, también porque tiene que ver con situaciones muy diferentes entre sí, que no pueden enmarcarse en categorías definidas. Por esta razón, es necesario excluir una solución generalizada y aproximada. No es posible agotar el argumento en modo responsable y satisfactorio y aclarar en qué excepciones o casos es posible encontrar soluciones en el poco tiempo y espacio de una entrevista. En mi opinión, lo que cuenta es que acompañemos en el plano pastoral con comprensión y participación a aquellos que se encuentran en una determinada situación y sufren, sin desmentir la palabra de Jesús sobre la indisolubilidad del matrimonio y sin quitarle importancia a la Eucaristía equiparándola a algo de poca monta, a una mercancía de bajo coste.
Ante la presencia de los representantes del Comité Central de Católicos alemanes, el Papa habló de «exceso de las estructuras con respecto al Espíritu», refiriéndose concretamente también a la Iglesia en Alemania, y exhortó a tomar «nuevos caminos de evangelización». ¿Cuáles, por ejemplo?
La neoevangelización en nuestra situación actual es un punto de partida fundamental a nivel pastoral. En este contexto, solo puedo esbozar a grandes rasgos algunas observaciones. No debemos depositar tanta confianza en los acontecimientos especiales que luego, en su mayoría, se traducen en entusiasmo pasajero. La nueva evangelización comienza por cada cristiano, que debe salir al descubierto y profesarse en su entorno social, donde debe dar testimonio y decir que es feliz de ser cristiano y por qué lo es. Y no debe decirlo solo en palabras, sino demostrar con su vida y su comportamiento que ser cristianos es un don magnífico y fascinante. La tarea de la Iglesia es la de dar a los jóvenes y adultos cristianos los instrumentos informativos, argumentativos y de oratoria necesarios. 

Entonces, debemos reflexionar sobre cómo reorganizar hoy la puesta en marcha de la fe y la tramitación formativa de la fe (desde siempre tareas fundamentales de la Iglesia) con los medios actualmente disponibles. Evidentemente, la hora de religión en la escuela o la catequesis en la parroquia para el acceso a los Sacramentos ya no es suficiente. Es importantísimo revalorizar la prédica, gracias a la cual de domingo en domingo tenemos la posibilidad de dirigirnos a miles de personas. ¿Qué otra institución tiene una oportunidad semejante? Deberíamos optimizar la prédica. 

Aunque sean pocos aquellos que se dejan "contagiar" por el amor divino a nivel más íntimo e interior, el efecto se produce y es de todos modos el de un "contagio" expansivo. En síntesis: la nueva evangelización no es una tarea más que se agrega a tantas otras obligaciones, ni es una tarea extraordinaria, sino un impulso que debe expresarse en la vida cotidiana de los cristianos y de la comunidad. Espero que la visita del Papa haya sido un importante estímulo en este sentido. El año próximo, el Sínodo Mundial de los Obispos constituirá un primer intercambio de experiencias sobre este tema y proporcionará nuevos impulsos.

VaticanInsider.LaStampa.it (Entrevista de Guido Horst)
Almudí

jueves, 13 de octubre de 2011

La verdadera pureza

La verdadera pureza
Durante la ‘JMJ’ de Madrid 2011, Benedicto XVI aconsejó a los jóvenes que hicieran crecer la vida en plenitud por medio de la gracia divina, que se plantearan la santidad generosamente y sin mediocridad

      El Lavatorio de Tintoretto es un cuadro de escuela veneciana, pintado hacia 1547, que se puede contemplar en el Museo del Prado. Representa la escena que narra San Juan (13, 3 ss.), cuando Jesús lava los pies a sus discípulos, también a Pedro. Éste se resiste al principio, pero enseguida rectifica. Después el Señor les propone que sigan ese ejemplo, y se laven los pies entre ellos. Esto suele interpretarse diciendo que el lavatorio, en primer lugar, expresa la purificación que necesitaban los discípulos, realizada por el misterio de la muerte de Jesús. En segundo lugar, expresa el ejemplo de humildad que Jesús propone a los discípulos. Algunos autores dicen que lo segundo sería una añadidura “moral” a lo primero, e incluso podría oscurecerlo. 

      En realidad se trata de dos aspectos muy unidos. Y esto se ve cuando Jesús enuncia su mandamiento nuevo: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado» (v. 34). Pero ¿qué quieren decir propiamente estas palabras? 

La purificación que necesitamos
      Comencemos con la purificación o la pureza. Hay dos modos de entender reductivamente la pureza que necesitamos los hombres para unirnos a Dios. Primero, el camino que tomaron las religiones antiguas: habían sentido vivamente la necesidad de purificarse y la resolvieron por medio de una serie de ritos (en la religión judía, por medio de sacrificios de animales). Segundo, para Plotino y después muchos de sus seguidores filósofos (lo que queda en buena parte de la ética oriental), la purificación del hombre consistiría más bien en irse separando de las realidades materiales de este mundo, considerándolas inferiores y despreciables, para ir ascendiendo hasta la unión con el espíritu absoluto. 

      Esto lo desarrolla Benedicto XVI en el volumen segundo de su libro Jesús de Nazaret (cap. 3). Sostiene que, según la fe cristiana, lo que nos purifica es el amor de Jesús, que supera los sacrificios de los animales. Además, Jesús no renuncia en modo alguno a su cuerpo, sino que realiza su obra redentora precisamente como Dios encarnado. 

      Todo ello, por cierto, tiene una gran importancia para comprender en qué consiste la vida cristiana (vivir la misma vida de Cristo) y cómo la santidad se lleva a cabo en y por medio de las tareas ordinarias familiares, profesionales, culturales. 

      Sin embargo, incluso dentro del cristianismo se han dado malentendidos, como señala el Papa: «La espiritualidad del siglo XIX ha vuelto a convertir en unilateral el concepto de pureza, reduciéndolo cada vez más a la cuestión del orden en el ámbito sexual, contaminándolo también nuevamente con la desconfianza respecto a la esfera material y al cuerpo». Y aquí viene lo importante: en la gran aspiración de la humanidad a la pureza, afirma, «lo esencial es estar en su Cuerpo [de Jesús], estar penetrados por su presencia» (pp. 76s). 

      Esta perspectiva termina por esclarecer el sentido del lavatorio de los pies de los discípulos, también respecto a la segunda significación: el ejemplo de humildad y entrega que Jesús da a sus discípulos. Porque ¿qué significa «amaos como yo os he amado»

El significado del "mandamiento nuevo"
      Apunta Joseph Ratzinger: «La exigencia de hacer lo que Jesús hizo no es un apéndice moral al misterio y, menos aún, algo en contraste con él» (p. 80). No significa simplemente «amar hasta estar dispuestos a sacrificar la propia vida por el otro» (p. 81). La verdadera novedad se refiere «al nuevo fundamento del ser que se nos ha dado». Dicho de otro modo: «La novedad solamente puede venir del don de la comunión con Cristo, del vivir en Él» (p. 82). En efecto: esto es lo que Cristo nos da con la Eucaristía: la unión con Él y todos los que están con Él. Por eso el “mandamiento nuevo” sólo puede ser entendido y vivido “en” la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo.
      Benedicto XVI cita a San Agustín cuando éste explica que Jesús, al proponer en el Sermón de la Montaña la limpieza de corazón (cf. Mt 5, 8), está hablando de ese “corazón puro” que es la unión con Él y que nos va purificando, a medida que nos dejamos sumergir en su misericordia. 

      Por eso —prosigue el Papa— Tomás de Aquino escribió que la nueva Ley (la Ley del amor cristiano o de la vida de la gracia) no es una norma nueva, sino la nueva interioridad dada por el mismo Espíritu de Dios. (Es decir: es el Espíritu Santo el que nos hace ser miembros de ese mismo Cuerpo que formamos con Jesús, y nos hace vivir no ya individualmente, sino en la familia de Dios que es la Iglesia, al servicio de las necesidades de los demás). 

      De esta manera Benedicto XVI entiende que el lavatorio de los pies «significa la totalidad del servicio salvador de Jesús»: ese amor suyo en el que nos sumerge, y que es «el verdadero lavatorio de purificación para el hombre» (p. 92). 

La verdadera pureza: el amor a Dios y a los demás
      En definitiva, como hemos visto, su argumentación es que la verdadera pureza que trae el cristianismo va más allá de una mera “pureza ritual”, y también de una mera exigencia para la voluntad (una suprema exigencia moral). La verdadera pureza es la del amor a Dios y a los demás, en identificación con Cristo, y por tanto vivido en la Iglesia con todas las consecuencias. Entre ellas está la santificación del propio cuerpo y de las demás nobles realidades humanas, para que ahí se encarne la vida divina, que la recibimos para darla. 

      Pues bien, esto se realiza concretamente gracias al el sacramento del Bautismo, y por ese segundo bautismo que es la Confesión de los pecados (cf. 1 Jn 8, ss; St 5, 16): «En la confesión el Señor vuelve a lavar siempre nuestros pies sucios y nos prepara para la comunión de mesa con Él» (p. 93). 

      Durante la JMJ de Madrid 2011, Benedicto XVI aconsejó a los jóvenes que hicieran crecer la vida en plenitud por medio de la gracia divina. Que se plantearan la santidad generosamente y sin mediocridad. Y que tuvieran presente que «ante nuestras flaquezas, que a veces nos abruman, contamos también con la misericordia del Señor, siempre dispuesto a darnos de nuevo la mano, y que nos ofrece el perdón en el sacramento de la Penitencia» (Discurso en la plaza de Cibeles, 18-VIII-2011). 

      De hecho hubo esos días muchos miles de confesiones, y sigue habiéndolas, porque la verdadera pureza de corazón sólo se alcanza dejándose sumergir en el Cuerpo de Cristo, para vivir con Él por los demás. 

Ramiro Pellitero. Universidad de Navarra
ReligionConfidencial.com / Almudí

miércoles, 12 de octubre de 2011

‘Cuando el Estado se convierte en una cuadrilla de bandidos’

‘Cuando el Estado se convierte en una cuadrilla de bandidos’
Os presento las reflexiones del Dr. Navarro-Valls sobre el viaje del Papa a Alemania
 
Probablemente sea el reconocimiento de una ley natural la mejor protección de los ciudadanos frente a esa destrucción de la justicia , que inevitablemente ocurre –a la larga o a la corta– cuando el derecho es manipulado por quienes buscan tan sólo su interés o su enriquecimiento

      La importancia del viaje del Papa por Alemania no ha estribado solamente en la carga sentimental de un reencuentro entre compatriotas, radica sobre todo en la posición central que ese país tiene en la realidad histórica y actual. Repárese que es la nación más poblada de Europa, con notable influencia sobre sus vecinos de las fronteras del Este y del Oeste, durante mucho tiempo la locomotora intelectual de Occidente, y, ahora, uno de sus puntos de referencia económica. Por lo demás, ha sido —y sigue siendo— una potencia del pensamiento jurídico.
      Se entiende así que, el momento más importante de la visita de Benedicto XVI, fuera su discurso en el Reichstag (el Parlamento federal alemán). El propio Papa lo reconocía cuando volvió a Italia, y añadió: «En esa ocasión quise exponer el fundamento del derecho y del libre estado de derecho, es decir, la medida de todo Derecho, inscrito por el Creador en el mismo ser de su creación». Permítaseme glosarlo desde el punto de vista de un jurista.

El discurso en el Reichstag
      Se ha dicho que la oración de Salomón con la que el Papa inició su discurso «es la oración de un jurista». En efecto esa oración —"Da, pues, a tu siervo un corazón dócil para que sepa hacer justicia y discernir entre lo bueno y lo malo" (Libro I de los Reyes)— es la súplica de alguien que pide la sabiduría necesaria para decir el Derecho. Benedicto XVI ve en este relato, no solamente la oración de un jurista, sino también la de un político. Es decir, la de alguien cuyo criterio último, «no debe ser el éxito y mucho menos el beneficio material», sino «un compromiso por la justicia y por la paz».

      Ahora bien, para que esa aspiración del Papa se cumpla, es necesario que en las relaciones sociales domine la verdadera justicia, cuya misión no es otra que imponer el orden de la razón en los asuntos humanos. Tal vez por eso, hace siglos, Plutarco observaba que la justicia solamente es posible cumplirla «cuando tan imposible llega a hacerse que gobiernen los injustos como que no gobiernen los justos». Yo creo que, consciente de ello, las más duras palabras de Benedicto XVI en Alemania han sido contra lo que podríamos llamar “el gobierno de los injustos”. Es decir, parafraseando a San Agustin, el de aquellos políticos que, separando el poder del derecho, convierten el Estado «en una cuadrilla de bandidos muy bien organizada».

      ¿Pero de donde extrae un político y un jurista occidental la noción de justicia que ha de orientar sus pasos? El Papa lo explicó así a los políticos alemanes: «La cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma —del encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma. Este encuentro configura la íntima identidad de Europa. Con la certeza de la responsabilidad del hombre ante Dios y reconociendo la dignidad inviolable del hombre, de cada hombre, este encuentro ha fijado los criterios del derecho; defenderlos es nuestro deber en este momento histórico».

Las tres colinas sobre las que nace Europa
      Efectivamente, las tres colinas sobre las que nace Europa (Acrópolis, Capitolio y Gólgota) dieron luz a lo que se ha llamado la filosofía del sentido común, ese milagro natural griego, fecundado por la revelación judeocristiana, que aportó a Europa las ideas básicas que durante siglos han nutrido sus raíces. Me refiero a la libertad y dignidad de la persona humana, la instauración de un orden laico de la vida en el cual todos los hombres puedan vivir y buscar la verdad, la valoración del trabajo, el sentido de la trascendencia, el monoteísmo que, al eliminar del cosmos a los dioses, dio vía libre a la empresa de su conocimiento científico. Además, todas las conquistas jurídicas modernas identificadas con la regla áurea «considera al otro como fin y no como medio», son de matriz cristiana auténtica, desde los principios de respeto a cada hombre singular que están en la base del liberalismo hasta la inspiración solidaria que late en los socialismos modernos, siempre que se los considere purificados de sus desviaciones colectivistas o totalitarias.

      El menosprecio de esta cultura cristiana, es más, la tendencia del relativismo positivista a verla como subcultura, fue brillantemente criticada por el Papa comparándola con «los edificios de cemento armado sin ventanas, en los que logramos el clima y la luz por nosotros mismos, y sin querer recibir ya ambas cosas del gran mundo de Dios… Es necesario volver a abrir las ventanas, hemos de ver nuevamente la inmensidad del mundo, el cielo y la tierra, y aprender a usar todo esto de modo justo».

Hacia una ecología moral
      Ciertamente en estas palabras se adivina una velada llamada a la ecología moral, que conecta la realidad del hombre con la realidad de Dios, es decir, que contempla al hombre y su entorno en su verdadera condición de criatura. Lo que en ese frase se adivina, se torna en certeza cuando el Pontífice de 84 años a renglón seguido se refiere directamente al movimiento ecologista —naturalmente, dirá con buen humor, «sin querer aquí hacer propaganda de un movimiento político determinado» —como «un grito que anhela aire fresco». El mismo aire fresco que respira un país cuando en él impera la justicia.

      Recuerdo que hace unos años, paseando por Washingthon, reparé en una frase inscrita en la fachada del Departamento de Justicia de Estados Unidos que me hizo pensar. En su traducción castellana dice algo así: "Para que la justicia reine en el estado, antes es necesario que reine en el corazón y en las almas de los ciudadanos". Esa reconversión, primero individual y luego social, reclama una exigente labor pedagógica de un derecho que ha de ser más de convicción que de simple gestión, cuyo fruto sea más una legislación de modelos o ideales que de remedios o parches. De esta forma lo expresaba Benedicto XVI: «Donde rige el dominio exclusivo de la razón positivista —y este es en gran parte el caso de nuestra conciencia pública— las fuentes clásicas de conocimiento del ‘ethos’ y del derecho quedan fuera de juego. Ésta es una situación dramática que interesa a todos y sobre la cual es necesaria una discusión pública; una intención esencial de este discurso es invitar urgentemente a ella».

      Tal vez la primera base de ese debate sea reconocer con T. S. Eliot que «la fuerza dominante en la creación de una cultura común para distintos pueblos es la religión… Un europeo puede dudar de la verdad de la fe cristiana, pero todo lo que dice, crea y hace, surge de una herencia cultural que es cristiana». Lo que se trataría es transfundir a los individuos lo que está en el código genético de la civilización en que viven. Cuando un grupo audaz se apodera del poder y comienza a legislar contra la ley natural para obtener un lucro económico o político, comienza un proceso de erosión social producido, precisamente, porque las leyes morales son la estrella polar que permite al hombre ser lo que es y llegar a un destino cierto. Ignorarlas una y otra vez supone ignorar lo que es la naturaleza del hombre. Es decir, ignorar sus instrucciones de uso.

      Por eso, se está comenzando a difundir en la filosofía política la idea de que una acción social basada en el compromiso moral no es solamente un ideal que entusiasma más que una política de simples intereses. Es también "un fundamento más prometedor de una sociedad justa" (Michael J. Sandel). Lo expresaba así Benedicto XVI al final de su discurso: «¿Carece verdaderamente de sentido reflexionar sobre si la razón objetiva que se manifiesta en la naturaleza no presuponga una razón creativa, un ‘Creator Spiritus’?».

      Probablemente sea el reconocimiento de una ley natural la mejor protección de los ciudadanos frente a esa destrucción de la justicia, que inevitablemente ocurre —a la larga o a la corta— cuando el derecho es manipulado por quienes buscan tan sólo su interés o su enriquecimiento.

Rafael Navarro-Valls, catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, y secretario general de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España

ZENIT.org / Almudí