La
semilla de la doctrina estaba ahí, en nuestros orígenes, y a lo largo
de los siglos, a trancas y barrancas, ha dado lugar a una civilización
nunca jamás soñada en la historia
El Secretario para las Relaciones con los Estados de la Unión Europea, Mamberti,
ha dirigido un breve discurso a los embajadores de países de la UE
acreditados ante la Santa Sede el pasado 11 de junio. Europa no se
encuentra a sí misma, les ha dicho, y no se encontrará mientras no sepa
mirar con agradecimiento a sus propios orígenes y los valores que la
caracterizan.
No
ha brotado por generación espontánea el reconocimiento de la dignidad
de la persona humana, o el profundo sentido de la justicia y de la
libertad, el valor de la laboriosidad, el espíritu de iniciativa, el
amor a la familia, el respeto a la vida, el deseo de cooperación y
paz... Todos ellos son valores cristianos, muy alejados de las leyendas
negras que con pasión morbosa nos hemos dedicado a fabricar para
auto-calumniarnos.










