He recibido un e-mail, de esos envíos masivos que se mueven a diario
por el ciberespacio, que habla de un tal Jerry. Tiene su gracia, y es
breve, así que lo copio a continuación.
Jerry era director de un restaurante en una pequeña ciudad de Estados
Unidos. Siempre estaba de buen humor y tenía algo positivo que decir.
Era un motivador nato. Por dos veces, cuando cambió de trabajo,
varios de sus empleados se empeñaron en seguirle a donde él fuera a trabajar. Si un trabajador tenía un día malo, Jerry siempre estaba allí, haciéndole ver el lado positivo de la situación.



















