El desprecio por el ser humano, por su dignidad, era el clima ambiente que reinaba cuando el cristianismo echó a andar y acabó venciendo sin armas ni insultos la contracultura de esclavitud y de muerte que campaba por sus fueros en pleno apogeo del imperio romano
Sorprende la elección tan certera para cargos ministeriales de gran importancia humana si observamos las oscuridades intelectuales que demuestran tener en otros temas. El odio parece aguzar la inteligencia e incluso generarla un poco. Al fin y al cabo el odio diabólico corresponde al trueque de amor en odio de seres espirituales inteligentísimos como son los ángeles. Pero en el caso de los hombres y más si éstos tienen una inteligencia menor a la media, llama la atención. Claro que Hitler era un gran actor e intuía qué quería oír un pueblo con nueve millones de parados, con una depresión económica y sin un sentido de unidad patriótica que les hiciera sentirse orgullosos de su pasado. Y así fueron las cosas luego.




