En las últimas semanas se han recibido noticias variadas sobre la toma de posición de alcaldes, concejales, y otros miembros de corporaciones municipales y autonómicas, etc, acerca de su participación, o no participación, en la celebración religiosa de las fiestas populares.
Una larga tradición de siglos, en no pocas ocasiones, ha llevado a habitantes de no pocos pueblos y ciudades a vivir esos días de los Santos, de las Santas Patronas, en buena unión y armonía.
Lógicamente, la celebración presuponía una unión en la Fe que todos, más o menos, procuraban vivir públicamente al menos unos cuantos días al año. Y en la celebración, los representantes populares de las diferentes congregaciones participaban quizá más por costumbre que por convicción religiosa, en todos los actos que se organizaban, desde la Santa Misa, hasta la tirada de cohetes en un lugar escogido de la ciudad, del pueblo.








