Amar la tierra supone conocer mejor el valor del esfuerzo, sin el cual resulta complicado crecer por dentro; y sobra decir que la alegría, en el medio ambiente, nos invade de forma espontánea
El concepto «felicidad» a menudo suele encontrarse entre los ideales prioritarios de las personas. Intentar avanzar hacia ella, hacia esa idea, generalmente se convierte en un objetivo permanente. Posiblemente este ideal de ser felices se va configurando como consecuencia de nuestras vivencias en diferentes contextos, como el familiar, el social o el escolar. Y estas vivencias van a depender de nuestra forma de relacionarnos y tomar decisiones en las múltiples situaciones que se nos van presentando.
Entre los aspectos radicales de la existencia que pueden influir en nuestra felicidad se encuentra, sin duda, nuestra relación con el medio ambiente, la naturaleza, la Creación. Para comunicarnos con la creación de una forma adecuada, para entender las ventajas que puede proporcionarnos en el camino hacia la felicidad, es conveniente ayudarnos de la educación. A través de la educación podemos descubrir todas las posibilidades que la creación nos proporciona. La naturaleza es buena educadora, posee un gran poder educador. Posibilita el aprendizaje de una serie de valores y estrategias educativas que allanan el camino.






