A menudo, los problemas de la vida cotidiana nos hacen descuidar las relaciones con las personas que más amamos.
¿Os pasa a veces que os dejáis superar por la rutina y los problemas, habláis con el piloto automático puesto con el cónyuge o con los hijos, o, descuidando a las personas que viven con vosotros, pensáis solo en los grupos de whatsapp?
Si la respuesta es sí, os ofrecemos a continuación un “decálogo” para mejorar vuestra comunicación con la familia, y unos consejos para mantener –o poner en marcha- la comunicación dentro de las paredes domésticas.
Cuando comunicamos, hacemos partícipes a otros de aquello en lo que pensamos, lo que tenemos; en última instancia, lo que somos.


















