Las personas con espíritu de receptividad hacia las razones de los demás tienen más sentido de la medida, y no abordan los problemas en clave de todo o nada, ni dividen las cosas entre blanco y negro, ni el mundo entre buenos y malos.
Platón, para pensar y para explicarse mejor, imaginaba personajes cuyas ideas eran opuestas a las suyas, tanto para plantear réplicas a sus afirmaciones como para exigir que las expusiera de otra manera y así las mejorara.

















