Querer libremente el bien es ejercer el auténtico sentido de la libertad
Hay una doble libertad: el hombre se mueve libremente para amar a Dios; pero Dios también libremente le proporciona antes su ayuda para que pueda obrar el bien.
“La auténtica libertad es una espléndida señal de la divina imagen en el hombre, ya que Dios quiso dejar al hombre en manos de su propia decisión, de modo que espontáneamente sepa buscar a su Creador, y llegar libremente a la plena y feliz perfección, por la adhesión a Él” (Conc. Vaticano II. Const. Gaudium et spes, n. 17).
Dios es el autor del don de la libertad y nos enseña cuál es el camino de su ejercicio, a salvo de esclavitudes y cadenas: “Si permanecéis en mi palabra, seréis en verdad discípulos míos, conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.