jueves, 19 de febrero de 2026

Los silencios de Severo Ochoa

 
Severo Ochoa
Entrevistaba a Severo Ochoa, el  Premio Nobel español ya fallecido, la periodista Pilar Urbano ("El Mundo", 4-IX-1993), y el sabio hizo al final una interesante confesión. Porque la periodista se decidió a preguntar sobre cuestiones últimas: ¿qué es la vida?, ¿cuál es su origen?, 

¿qué es la muerte?, ¿qué hay después?, ¿sabe usted dónde está el amor de su esposa?, ¿me podría explicar sobre una pizarra por qué, al atardecer, se pone usted tan triste? Y Severo Ochoa escuchaba, pensaba, no respondía, o sólo decía: no lo sé. 
Refiere la entrevistadora: "Al fin, se puso en pie, altísimo como era. Dio una vuelta por la sala. Volvió. Me miró desde arriba, en contrapicado. Y soltó una tremenda confesión: No tengo ni una sola respuesta para nada de lo que de verdad me interesa. Puedes escribir bien grande que te he dicho que soy un extraño sabio... un sabio que no sabe nada".
Los silencios de Severo Ochoa son explicables porque las cuestiones últimas escapan al conocimiento humano. Las respuestas definitivas se encuentran en el Evangelio y la garantía de las respuestas que Jesucristo formuló en su vida pública vienen reselladas por su Resurrección.

Es oportuno recordar la resistencia de sus discípulos a creer en ese acontecimiento extraordinario. Los judíos solo creían en la resurrección al final de los tiempos. Por eso Jesús se les apareció repetidamente. Les mostró las huellas de la crucifixión en las manos, pies y costado, pruebas irrefutables de que era el mismo cuerpo crucificado, le tocaron y palparon, comió con ellos.... y aparecía entre ellos en un recinto con las puertas cerradas. Señal de que el cuerpo resucitado estaba ya fuera de esta vida.

Durante los cuarenta días que transcurrieron hasta su Ascensión a los Cielos subrayó que su resurrección era la señal que garantizaba la verdad de sus enseñanzas. Os resumo algunas que explicaremos en sucesivas clases: 

-Dios ha creado nuestro espíritu (nuestra alma) y lo ha infundido en el cuerpo generado por nuestros padres. Nos regala día a día nuestra vida.
-Con su vida nos ha enseñado a vivir nuestra vida ordinaria: familia, trabajo, amigos, compañeros, descanso. Siguiendo su Evangelio encontraremos ahí la felicidad.
-El mal existente en la humanidad y en nuestros corazones son consecuencia de la debilidad heredada de nuestros primeros padres: Adán y Eva. Con su muerte en la Cruz vence al mal con el bien. Esa es la fuente infinita de perdón y de misericordia.
-Nos deja su Palabra en el Evangelio, sus enseñanzas, en el catecismo de la Iglesia Católica, su perdón en la confesión y el Pan de la Eucaristía para que recorramos con alegría y esperanza nuestro camino en la tierra.
-Vendrá al final de los tiempos para juzgar a la humanidad resucitada y llevarnos a la vida eterna. Cumplirá sus palabras: "Quien cree en Mi tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día"

El Apocalipsis recoge la revelación final de Jesucristo resucitado a San Juan apóstol. Le mostró el Cielo con el estado final de la humanidad. Recojo sus palabras: 

9Después de esto, en la visión, apareció una gran multitud que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie ante el trono y ante el Cordero, vestidos con túnicas blancas, y con palmas en las manos, 10que gritaban con fuerte voz: —¡La salvación viene de nuestro Dios, que se sienta sobre el trono, y del Cordero! (Apocalipsis cap. 7)

San Juan vio una multitud inmensa que llenará el Cielo (vio un cielo nuevo y una tierra nueva). Las vestiduras blancas y las palmas son signos de triunfo, plenitud y perfección. La felicidad es tanta que la expresan a gritos. El Cordero es Jesucristo, que entregó su vida en la tierra para salvarnos.

Recordad que la lectura del Evangelio y las enseñanzas de Jesús que he destacado no dan la fe en El. Pero su resurrección nos impulsa a dirigirnos a El y a pedirle que nos dé la fe.

La fe cristiana es un don de Dios, una luz extraordinaria que nos la concede si la pedimos con humildad






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