Ignaz Semmelweis fue un médico húngaro especializado en cirugía y obstetricia, que trabajó en el Hospital General de Viena entre 1844 y 1849. Por entonces apareció una infección poco conocida a la que llamaron «fiebre puerperal» o «fiebre de las parturientas», que elevó considerablemente los fallecimientos como consecuencia del parto en toda Europa. Los médicos lo achacaban a diversas causas, como la humedad, el frío, falta de ventilación, pero lo cierto es que no se lograban frenar esas infecciones.
Aquel hospital tenía dos grandes salas de maternidad. En la primera de ellas, atendida por matronas, la tasa de mortalidad era del 3,6%, mientras que en la segunda, atendida por médicos y estudiantes de medicina, alcanzaba el 9,8%. Semmelweis empezó a analizar posibles diferencias entre ambas salas, al principio sin éxito.



















