jueves, 18 de noviembre de 2010

José Luis González Quirós: ‘España y el Tea Party’

Tea Party   La viabilidad en España de un movimiento ciudadano similar al Tea Party norteamericano es ya objeto de debate. José Luis González Quirós, investigador y analista politico, se ha acercado también al tema en el diario La Gaceta, dirigiendo su atención hacia lo que, a su juicio, constituye la verdadera cuestión a plantear: si es posible que en España pueden llegar a prosperar procesos sociales que se inicien desde abajo.

   Nuestra Historia patria indica, según González Quirós, todo lo contrario. Pero a día de hoy, apunta, ’se ha roto el hechizo’ y se está creando el caldo de cultivo imprescindible para que las cosas puedan empezar a cambiar‘. ‘Entre nosotros está cambiando el clima social con el que se asiste a la política y, se parezca o no al Tea Party, que se puede discutir, esta situación es completamente nueva’.
Reproducimos seguidamente el texto completo de este interesante análisis del profesor González Quirós.
PROFESIONALES POR LA ÉTICA

La ética no es estética ni cosmética

   Me preocupa el nivel de crispación y la capacidad de insulto que está alcanzando la vida pública española. Ciertamente, no es un problema religioso, pero hunde sus raíces en el sentido de la dignidad humana y del respeto a la libertad y la buena fama de los demás, sean o no adversarios.
   Se acercan consultas electorales, y es lógico que se afilen las armas. Solía decirse que, en las guerras, la primera baja es la verdad. En las contiendas electorales hispanas  en general, en las batallas políticas  tampoco brilla a gran altura la veracidad.
   Ese tono agrio, compartido por demasiados, permite la pervivencia de situaciones que no se mantendrían en esa cultura democrática anglosajona que aquí se desprecia tachándola de puritanismo, cuando debería ser  envidiada. En esos países del norte, primero se dimite, y luego vienen los procesos políticos dentro y fuera de los partidos. En España falla de raíz la democracia interna de las formaciones políticas.
   Me admiran estos días los debates sobre transfuguismo. Recuerdan aquellas peleas infantiles del “da tú”… Y como no se cumplen los pactos, quieren imponerlo por ley votada en Cortes. Hasta podría acabar en el Código penal… Pero, con la lentitud de la justicia, ¿qué más da? Porque, al cabo, una norma no puede preverlo todo, menos aún si falta voluntad ética en los ciudadanos y en sus dirigentes.
Sopesando pros y contras, mi personal balanza se inclina a favor del transfuguismo, aunque sólo sea como espita de liberación de la asfixiante partitocracia, que está castrando la democracia española. Envidio las votaciones de los Comunes en el Reino Unido o del Congreso de EEUU, e incluso de la Asamblea Nacional francesa, en las que hay continuos trasvases, y nadie se escandaliza.
   La corrupción, especialmente en el plano municipal, puede y debe atajarse con otros enfoques. El más importante, a mi juicio, es la fuerza expansiva de la cultura de la dimisión. Líderes, militantes y ciudadanos deberíamos quizá concordar que dimitir no equivale a aceptar responsabilidades jurídicas, porque también los profesionales de la vida pública tienen derecho a la presunción de inocencia. Pero sólo después de presentar la dimisión y de evitar tantos espectáculos grotescos.

SALVADOR BERNAL
RELIGIÓN CONFIDENCIAL
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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Hablar con la vida


        En uno de los documentos más importantes —y el más extenso— de su pontificado (exhortación “Verbum Domini”, sobre la Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia, 30-IX-2010), Benedicto XVI ha dicho que la interpretación más completa de la Biblia es el Evangelio vivido en plenitud, como han hecho los santos: «La interpretación más profunda de la Almudi.org - Jutta BurggrafEscritura proviene precisamente de los que se han dejado plasmar por la Palabra de Dios a través de la escucha, la lectura y la meditación asidua» (n. 48).

De hecho —añade el Papa— las grandes espiritualidades que han marcado la historia de la Iglesia han surgido «de una explícita referencia a la Escritura»; Y «cada santo es como un rayo de luz que sale de la Palabra de Dios». Así han servido a esta Palabra haciéndola vida, y, al mismo tiempo, han prestado a sus contemporáneos el mejor servicio: llevarles a Dios.   

Lo ha recordado de nuevo en un discurso al Pontifico Consejo de la Cultura (13-XI-2010), a propósito del lenguaje requerido por la nueva evangelización. Ciertamente, el arte y la imagen —evocaba la consagración de la basílica de la Sagrada Familia, en Barcelona— son lenguajes incisivos, aptos para transmitir la fe. Pero más aún lo es "la belleza de la vida cristiana". Y el motivo es claro: «Al final, sólo el amor es digno de fe y resulta creíble. La vida de los santos, de los mártires, muestra una singular belleza que fascina y atrae, porque una vida cristiana vivida en plenitud habla sin palabras». Por eso «necesitamos hombres y mujeres que hablen con su vida, que sepan comunicar el Evangelio, con claridad y valor, con la transparencia de las acciones, con la pasión gloriosa de la caridad».

Y así es. Cuando los cristianos escuchan la Palabra de Dios —sobre todo en la oración y en la liturgia— y la llevan a la práctica, convierten su vida en una obra de arte, una alabanza a Dios hecha vida y un servicio espléndido a los demás, al mismo tiempo que contribuyen a construir el mundo: desde las familias y las profesiones, las actividades culturales y políticas, el ocio y el deporte, la salud y la enfermedad. Esa es la mejor imagen, la más significativa, la más fascinante y atractiva, porque es el reflejo auténtico de la Palabra hecha carne (Cristo) en la vida de los suyos.

Así ha sucedido con Jutta Burggraf. Ella lo hacía con su tarea pedagógica y teológica. Lo enseñaba día a día con sus clases y conferencias, con libros como "Conocerse y comprenderse, una introducción al ecumenismo" y "Libertad vivida con la fuerza de la fe". Pero, ante todo, lo enseñó con su vida hasta el final, iluminando los caminos de la tierra con la luminaria de la fe y del amor (cf. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 1).

Ramiro Pellitero, Profesor de Teología pastoral, Universidad de Navarra (Cope / Almudí)

La fachada (II)

   Os ofrezco la segunda parte de las reflexiones de Enrique Monasterio sobre las costumbres de los jóvenes.

   Los diez o doce lectores que aún me quedan quizá recuerden que en la entrada anterior comencé a escribir una moderada defensa de la "buena pinta", es decir, de la fachada con que nos presentamos ante los demás. Todo vino a propósito de un chaval a quien cambié de nombre pero no de atuendo, que se presentó en mi despacho de la capellanía vestido de mendigo o de prisionero en Auschwitz. y salió camino de su casa a bordo de un imponente automóvil azul metalizado.

   Ya me temía yo que estaba metiéndome en un peligroso jardín, sobre todo cuando hablé de "feísmo" y descalifiqué la moda del pantalón corto y las chancletas.
-Ni feísmo ni "guapismo" -me increpó Luis-. Lo que a usted le parece feo a mí me mola. Y sobre gustos no hay nada escrito.

-Te equivocas, amigo. Sobre gustos se han escrito bibliotecas enteras. Y no todo es subjetivo si hablamos de belleza o fealdad. Lo que pasa, en mi opinión, es que la sociedad se nos ha vuelto del revés, y, en cuestiones de fachada, es decir, de indumentaria, de lenguaje, de trato social etc., los valores de la elegancia y la pulcritud han dejado su puesto a otros más mezquinos.
A ver si soy capaz de explicarme recurriendo a la historia.

   Hace cincuenta años el nivel económico del personal se notaba al primer golpe de vista, de nariz y de oído: los pobres vestían de pobre, olían a pobre y hablaban como pobres. Los ricos, por el contrario, vestían de rico, es decir, con ropa de confección, zapatos importados y corbatas de seda. También olían a rico, y su lenguaje almidonado estaba en consonancia con la blancura de sus puñetas y el brillo de sus gemelos de oro.

   Todo eso, gracias a Dios, desapareció hace varias décadas. El desarrollo económico y El Corte Inglés hicieron su benéfica tarea homogeneizadora, y el buen gusto dejó de ser patrimonio de los más privilegiados. Ya no era preciso tener una cuenta corriente poco corriente para vestir razonablemente bien.
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martes, 16 de noviembre de 2010

Fanatismo contra la Cruz

    Una de las consecuencias del auge del radicalismo islamista encuentra algunas de sus aristas más sangrantes en la persecución que están sufriendo las minorías cristianas en algunos países. No sólo son amenazados por profesar su fe, también sus vidas corren peligro ante la mirada complaciente de algunos estados que amparan y avalan con sus leyes cualquier tipo de represión, incluida la pena de muerte si es necesario. Durante estos días, LA RAZÓN está publicando el testimonio de Asia Bibi, una cristiana de 45 años que ha sido sentenciada a la horca en Pakistán porque, según el mulá Muhammed Saalam, había «blasfemado» contra el Profeta y el Corán. De más está decir que este proceso judicial se ha desarrollado sin unas mínimas garantías judiciales. 

   Éste es sólo uno de los ejemplos de cómo los cristianos están siendo acorralados con saña, hasta lograr su desaparición en muchos rincones del mundo. Ser cristiano en muchos estados es vivir en una situación de extremo riesgo. El pasado 31 de octubre, en Bagdad, Al Qaida realizó un ataque contra la Iglesia Católica Siria con el balance de 52 muertos. En países como el citado Pakistán, Irán, Irak, Egipto, Somalia, Nigeria, Sudán, Indonesia o China, por citar sólo algunos, malviven por profesar su fe tanto en el ámbito público como en el privado. En el informe sobre libertad religiosa publicado por la Comisión de Conferencias Episcopales (COMECE) se denuncia que al menos cien millones de cristianos son perseguidos en el mundo. En las sociedades de los citados estados son considerados ciudadanos de segunda, a los que se les niega unas condiciones de vida y un trabajo digno sólo por vivir con coherencia y sin ocultar sus convicciones religiosas.

    Articular una respuesta eficaz y coordinada para atajar esta violación sistemática de los derechos humanos no es fácil. Los asesinatos y las vejaciones a los cristianos se suelen producir en países con un déficit endémico de democracia y, como consecuencia, con un desprecio absoluto a los principios más elementales y a la libertad religiosa. Esta situación se agudiza si, como en el caso de Asia Bibi, se vive en una sociedad donde una confesión mayoritaria doblega al resto, como ocurre en Pakistán.

    Ante esta situación la comunidad internacional debe expresar una condena contundente además de hacer saber a los estados que estas prácticas que ellos mismos amparan no pueden quedar impunes. Es difícil asumir que la publicación de unas viñetas sobre Mahoma provoquen un desencuentro virulento entre Occidente y los países musulmanes y que la matanza de cristianos no merezcan ni siquiera una protesta formal, salvo en el caso de El Vaticano. La represión y la intolerancia religiosa, en especial hacia las comunidades cristianas, está alcanzando unas cotas que no pueden ser asumibles por parte de las naciones democráticas. Si la única acción es mirar hacia otro lado, con nuestro silencio estaremos alentando y legitimando al fanatismo islámico con las trágicas consecuencias ya conocidas.

LA RAZÓN

La Iglesia afronta el reto de transmitir valores enormes en “pequeñas píldoras”

   “Cultura de la comunicación y nuevos lenguajes” ha sido el tema que han afrontado estos días en Roma los participantes en la asamblea plenaria del Pontificio Consejo de la Cultura, cuyo presidente es el arzobispo Gianfranco Ravasi.

   El uso de nuevos lenguajes es uno de los desafíos que debe afrontar la Iglesia en nuestro tiempo; un desafío “muy difícil”, afirma monseñor Ravasi, porque debe transmitir valores enormes en “pequeñas píldoras”, como son los sms, símbolo por excelencia del nuevo modo de comunicar, sobre todo entre los jóvenes.

   La Iglesia se enfrenta a un doble problema, según Ravasi. “Por un lado, debe ser capaz de encontrar un lenguaje nuevo que sea capaz de estar en sintonía con los lenguajes actuales que han cambiado por completo y no son inmediatamente descifrables. Basta pensar en Internet”.

   En segundo lugar, continúa el prelado, “hay que tratar de todas las maneras posibles que el lenguaje nuevo no apague el contenido, porque hay valores grandísimos que si se reducen a un “molde” demasiado frío, también pueden evaporarse”.

   Por este motivo, “el reto es muy complicado; existe todavía un largo camino por recorrer”. Refiriéndose en concreto al “entendimiento” por medio del lenguaje hablado entre los sacerdotes y los fieles, por ejemplo en la predicación, asegura que “existe un vacío que hay que llenar tras el divorcio que ha habido entre el lenguaje de unos y de otros”.

   En este contexto, son actuales las recomendaciones de Benedicto XVI en la exhortación apostólica “Verbum Domini”, publicada ayer, en la que entre otras cosas, exhorta a los predicadores a tomarse muy en serio esta tarea, “evitando homilías genéricas y abstractas, así como inútiles divagaciones que acaban por atraer la atención más sobre el predicador que sobre el corazón del mensaje evangélico”.

Por Alfonso Bailly-Bailliére

"Ofreced alivio en el nombre de Jesús"


Publico la homilía de Mons. Javier Echevarría, al conferir el diaconado a 34 fieles del Opus Dei en la basílica de San Eugenio (Roma), el pasado sábado día 13.
*
Queridos hermanos y hermanas.
Queridísimos hijos que vais a ser ordenados diáconos.
1. Llenos de agradecimiento a la Santísima Trinidad, asistimos a la ordenación diaconal de estos treinta y cuatro hombres, fieles del Opus Dei. Entre las variadas ceremonias litúrgicas de la Almuí.org - Imposición de las manos del Prelado del Opus DeiIglesia, la administración de las Órdenes Sagradas —además de producir gran alegría al pueblo cristiano— es una celebración que tiene una belleza especial, llena de simbolismo y de significado. Mediante los gestos que realizaré como Obispo, como instrumento vivo de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, el misterio de Dios penetra con mayor fuerza e incisividad en nuestros corazones.
Como ha escrito el Santo Padre Benedicto XVI, «la belleza de la liturgia es parte de este misterio; es expresión eminente de la gloria de Dios y, en cierto sentido, un asomarse del Cielo sobre la tierra»[1]. Hemos, pues, de participar en este rito con la mayor piedad y con el gozo de llevar a cabo un acto de culto querido por Nuestro Señor.
Se trata de un acontecimiento muy sobrenatural, que sólo se puede percibir con los ojos de la fe; y, al mismo tiempo, está lleno de humanidad, porque comprobamos que el único sacerdocio, el sacerdocio de Jesucristo, continúa en el tiempo a través de sus ministros.
Mediante la imposición de las manos por parte del Obispo y la oración consagratoria, Dios Padre enviará sobre estos hermanos nuestros al Espíritu Santo, que «los marca con un sello ("carácter") que nadie puede hacer desaparecer y que los configura con Cristo, que se hizo "diácono", es decir, el servidor de todos»[2]. Pidamos a la Santísima Trinidad que acreciente en nosotros, durante esta celebración eucarística, las virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad.
Al mismo tiempo, consideremos que no sólo los nuevos diáconos, sino todos nosotros, en cuanto cristianos, hemos recibido la misión de servir a los demás, siguiendo el ejemplo del Maestro, que no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en redención de muchos (Mt 20,28). 
 ALMUDÍ
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lunes, 15 de noviembre de 2010

Claves del documento “Verbum Domini”


Almudi.org -

Benedicto XVI ha publicado el documento sobre la Biblia más importante desde el Concilio Vaticano II. Se titula "Verbum Domini" (La Palabra del Señor), y será también uno de los textos más importantes de su pontificado
Recordad que el formato pdb es reducido y se puede leer con el programa isilo en el ordenador o en las agendas y móviles. Los que no lo conocéis podéis conseguirlo con las indicaciones del menú del blog


     Benedicto XVI ha publicado el documento sobre la Biblia más importante desde el Concilio Vaticano II. Se titula "Verbum Domini" (La Palabra del Señor), y será también uno de los textos más importantes de su pontificado. Se trata de una extensa exhortación apostólica que recoge las ideas del Sínodo sobre la Palabra de Dios celebrado en octubre de 2008. Por eso, presentaron el documento tres de los principales protagonistas del sínodo.

     En línea con su libro Jesús de Nazaret, el Papa promueve una interpretación de la Sagrada Escritura completa, que no se limite a los aspectos histórico-críticos ni a los aspectos meramente espirituales, sino que integre fe y ciencia.
Card. Marc Ouellet - Relator General, Sínodo sobre la Palabra de Dios
«Para entender el valor científico de la Biblia hace falta la fe: es lo que caracteriza a la Biblia, su misma naturaleza. En la fe se capta su valor científico porque es el libro de la fe».

Mons. Gianfranco Ravasi - Presidente, Comisión para el mensaje del Sínodo
«Hay que evitar el peligro del dualismo. No se puede considerar la Biblia un libro de la literatura del antiguo Oriente y analizarlo sólo con los cánones de la filología; ni pensar que es un texto que es sólo espíritu, y que sigue sólo los cánones de la teología. Es a la vez una cosa y la otra»
.
Mons. Nikola Eteroviƒ - Secretario General, Sínodo de Obispos
«Es un documento que se sitúa en continuidad con los anteriores, pero que incluye aspectos innovativos para las personas y la sociedad contemporánea».
     Benedicto XVI recuerda que la Biblia responde a los problemas de la persona de nuestros días. Y advierte del peligro de interpretaciones extremistas, que usan sólo pequeños textos de la Biblia sin tener en cuenta todo su contenido o la intención de su autor.
     En concreto, recuerda que la religión no puede justificar jamás la intolerancia o las guerras y que jamás se puede usar la violencia en nombre de Dios. 

Mons. Gianfranco Ravasi - Presidente, Comisión para el mensaje del Sínodo
«Es curioso que la primera y la última palabra de este documento son la misma: la alegría. Pretende eso mismo, que las personas encuentren con la lectura de la Biblia la alegría perdida, un sentimiento que hoy está en crisis».
     En el documento no faltan indicaciones prácticas: el Papa pide que todas las familias tengan una Biblia en casa y que la lean y recen con ella. Y pide a los sacerdotes que hagan homilías a partir de la Biblia, y eviten «divagaciones que sirven para atraer la atención sobre el predicador y no sobre el mensaje del Evangelio».
     Además, el Papa recuerda el vínculo especial entre cristianos y judíos, ya que tienen en común gran parte del Antiguo Testamento; y recuerda también la estima con que la Iglesia católica ve a los musulmanes.
     Benedicto XVI concluye este documento recordando a los cristianos perseguidos por leer o difundir la Biblia, especialmente en Asia y África, y pide a las Naciones que garanticen el derecho a testimoniar públicamente la propia fe.

ALMUDÍ

El feminismo radical y el marxismo


TemesD´Avui.org
El feminiAlmudi.org - "El feminismo radical"smo radical no busca la igualdad o equidad entre los sexos, sino una confrontación lo más exacerbada posible. El método es atacar la familia de todas las formas posibles. La base intelectual de esta ideología es el marxismo más antiguo, pues aunque económica y políticamente ha sido vencido, no ocurre igual en la tardomodernidad que lo usa de un modo muy consciente.
     Cito del libro Del sexo al género de Isabel Llanes, publicado recientemente en la editorial Eunsa, lo siguiente.
«Para Marx toda la historia es una lucha de clases, de opresor contra oprimido; es una batalla que sólo podrá resolverse cuando los oprimidos se percaten de su situación, se alcen en revolución e impongan una dictadura de los oprimidos. En su visión de futuro creía que la sociedad debía ser totalmente reconstruida para emerger una sociedad sin clases, libre de conflictos, que aseguraría para todos una paz y una prosperidad plenas, utópicas…».
     Engels relata la historia de la mujer y dice que la primera opresión se dio contra ella por el matrimonio, el hombre se hace propietario de la mujer. La liberación de la mujer pasa por la destrucción de la familia.
     En esta línea, la feminista Sulamith Firestone, declara que eso se consigue cuando la mujer se apodera del control de la reproducción, el control sobre su propio cuerpo. Incluyendo, claro está, la anticoncepción y el aborto.
     El uso sexual será indiferente y polimorfo, heterosexual, homosexual, bisexual, travestido, lo importante es la igualdad total entre hombre y mujer y se debe superar la barrera reproductiva como sea. Son muchas mujeres, desde Simone de Bauvoir hasta las más recientes, las que aborrecen la maternidad.
     El fin de esos feminismos no es una vida mejor de la mujer sino deconstruir la sociedad, usando el famosos verbo del posmoderno Derrida. Esto se consigue a través del lenguaje, de la educación, de la propaganda, de los cambios de leyes. El enemigo ya no es la discriminación (no defendida hoy por nadie) sino la misma distinción de sexos, pues si no hubiera hombres y mujeres no existiría la subordinación.
     Como lo biológico se puede cambiar muy poco, se tiende a cambiar lo cultural que rodea al sexo. Así se tratará de desmaternizar a las mujeres, pues la maternidad sería una alienación y una esclavitud femenina. El término ‘familia’ se deconstruye, llamando con ese nombre a cualquier relación sexual o reproductiva.
     Es posible seguir, pero sugiero leer el libro de Llanes que detalla este feminismo radical.
     Los marxismos económico y político fueron vencidos en su mismo terreno al generar pobreza y miseria y destruir la vida social. El feminismo radical seguirá desgraciadamente el mismo camino: frustración de la mujer, esterilidad, enfermedades mentales crecientes, suicidios, pobreza.
     Cabe decir, que si fueron suficientes setenta años para desvelar la mentira económica y política del marxismo, es muy posible que dure menos este engaño renovado, pues la familia es mucho más fuerte que los problemas económicos, y el amor interpersonal entre hombre y mujer más poderoso que la separación entre amor y sexo. 
ENRIQUE CASES
ALMUDÍ
 

11 ideas de Benedicto XVI en España

Madrid11.com
Almudi.org - Ideas

El Santo Padre acaba de estar en España y nos ha dejado numerosos mensajes hasta su próxima visita con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Agrupado en 11 ideas, se pueden ampliar en los enlaces correspondientes.

1. El hombre está siempre en camino
    En lo más íntimo de su ser, el hombre está siempre en camino, está en busca de la verdad. Vengo como peregrino en este Año Santo Compostelano y traigo en el corazón el mismo amor a Cristo que movía al Apóstol Pablo a emprender sus viajes, ansiando llegar también a España (cfr. Rm 15,22-29). Deseo unirme así a esa larga hilera de hombres y mujeres que, a lo largo de los siglos, han llegado a Compostela desde todos los rincones de la Península y de Europa, e incluso del mundo entero, para ponerse a los pies de Santiago y dejarse transformar por el testimonio de su fe. Ellos, con la huella de sus pasos y llenos de esperanza, fueron creando una vía de cultura, de oración, de misericordia y conversión, que se ha plasmado en iglesias y hospitales, en albergues, puentes y monasterios. De esta manera, España y Europa fueron desarrollando una fisonomía espiritual marcada de modo indeleble por el Evangelio.
2. Grandes santos de España
    Siento una profunda alegría al estar de nuevo en España, que ha dado al mundo una pléyade de grandes santos, fundadores y poetas, como Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Francisco Javier, entre otros muchos; la que en el siglo XX ha suscitado nuevas instituciones, grupos y comunidades de vida cristiana y de acción apostólica y, en los últimos decenios, camina en concordia y unidad, en libertad y paz, mirando al futuro con esperanza y responsabilidad. Movida por su rico patrimonio de valores humanos y espirituales, busca asimismo superarse en medio de las dificultades y ofrecer su solidaridad a la comunidad internacional.
ALMUDÍ
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domingo, 14 de noviembre de 2010

Vente pá Alemania, tío

   EN la Transición, el humorista Josele, el hermano de Benito Moreno el del lobito de la música de sintonía de «El larguero», cuando los monólogos humorísticos no eran aún un género de moda, que tiene más mérito, alcanzó notable éxito con su soliloquio «Antonio, vente pá España, tío», donde por el teléfono de Gila le contaba a un emigrante español las excelencias de las nuevas libertades patrias, a fin de que regresara cuanto antes de aquella Alemania donde nuestros compatriotas llegaron con una maleta de cartón amarrada con guita y una dirección de Düsseldorf apuntada en una libreta.
   Tengo que llamar a Josele Moreno y decirle que si su trabajo en «El Pelotazo» de Canal Sur Radio se lo permite, debe crear urgentemente una reescritura de aquel monólogo de éxito, pero en dirección contraria. Que ahora sea Antonio, asfixiado, el que llame a Pepe, un coleguilla que se quedó allí en Alemania, y le diga que le vaya buscando sitio, porque aquí su empresa presentó concurso de acreedores, se le ha terminado el cobro de la prestación por desempleo, no encuentra trabajo alguno y el banco le va a quitar el piso, porque no puede pagar la hipoteca. Es que estoy oyendo a Josele: «Pepe, quillo, que he leído en el ABC que las empresas alemanas necesitan más de 800.000 trabajadores para poder ocupar las vacantes laborales del tercer trimestre de 2010. Y oye, Pepe, ¿es verdad que ahí en Alemania buscan sobre todo ingenieros, para los que hay más de 34.000 vacantes, y conductores profesionales (30.000 plazas), y cocineros (28.000), y personal sanitario de geriátricos (21.000) y personal administrativo (20.000)? Búscame lo que sea, Pepe de mi alma, aunque sea de ingeniero técnico en mojones, vamos, de varillero, para desatrancar los husillos. O di que soy el mejor conductor profesional del mundo, que Fernando Alonso a mi lado es una mierda pinchá en un palo. 
   Pepe, hijo, tú di que como cocinero no hay quien me gane, que Arzak viene a preguntarme a mí cómo se hacen las papas aliñás. Y que de cuidar viejos sé más que nadie, tú di que yo soy el que cuida al presidente de RTVE y ahí está el tío, hecho un chaval. Pero por la salud de mis niños, Pepe, búscame algo, que no te puedes imaginar lo achuchado que está esto, bendita la hora en que no le hiciste caso a Josele y te quedaste ahí en Alemania, tío».
   La ficción humorística de Josele, empero, no será ahora así. Frente a la España de los «ninis», de los licenciados en paro y de las Universidades como fábricas de creación masiva de desempleados, en Alemania necesitan 34.000 ingenieros. Como ya no hay No-Do, no salen las escenas actuales de los trenes de las lágrimas. Que ya no son de braceros andaluces camino de la emigración, con su maleta amarrada con guita. Los trenes de la emigración llevan ahora a Europa a nuestros jóvenes licenciados e ingenieros que aquí no encuentran más que desesperación y en el mejor de los casos mileurismo. 
   Del dinero que nos costó formar a esos técnicos se van a lucrar Alemania y la Europa que ha levantado cabeza, mientras nosotros estamos cada vez más hundidos en la miseria. Nuestros nuevos emigrantes ya no llevan maletas de cartón amarradas con tomiza, sino sus paquetones de títulos universitarios y de másteres, sus conocimientos en nuevas tecnologías. Estoy oyendo la voz de Josele, con la contestación del amigo que no se vino: «Vente pá Alemania, tío, que como aquí no está Zapatero, sino la Merkel, ya no hay crisis y en vez de 4 millones de parados lo que hay son 4 millones de tíos buscando quién quiera trabajar para ellos, porque no se encuentra gente...»
ANTONIO BURGOS
ABC

Gaudí: ciencia y conciencia


         Ante la afirmación de que la fe construyó las grandes catedrales europeas, Étienne Gilson respondió que ciertamente la fe hizo posible esas bellas realidades en piedra, pero también las Almudi.org - Gaudímatemáticas. Unía así dos elementos capitales en el obrar de un cristiano: contar con Dios y con su ciencia profesional, cualquiera que sea.
He recordado esta idea con la homilía del Papa en la dedicación de la basílica de la Sagrada Familia. En su parlamento, basado muy especialmente en las ideas del genial arquitecto catalán, Benedicto XVI dijo que Antoni Gaudí hizo algo que es una de las tareas más importantes de hoy: superar la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna, entre belleza de las cosas y Dios como belleza.
Se refirió mucho más ampliamente a la labor del arquitecto, pero me voy a quedar en esta idea, que tanto tiene que ver con la afirmación de Gilson, porque Gaudí expresó su fe con piedras, trazos, planos y cumbres, es decir, mostró la grandeza de aquello que creyó a través de su quehacer profesional. Ya en el aeropuerto de Santiago de Compostela se refirió al templo barcelonés como un reflejo de la grandeza del espíritu humano que se abre a Dios. Y despidiéndose en El Prat, todavía hablaba de la basílica de la Sagrada Familia como algo «que Gaudí va concebre com una lloança en pedra a Déu».
Es bien sabido que el Papa puede estimar grandemente una obra como ésta porque es una expresión plástica y monumental de algo que, como he recordado en el párrafo anterior, es superador de un tema al que se refirió igualmente en su charla con los periodistas que viajaban en el avión papal, en un contexto claro, aunque no bien entendido por todos. Me refiero a sus palabras sobre los desencuentros entre fe y modernidad, y su alusión a España con el deseo de buscar el encuentro entre fe y laicidad. Esa concordia es lo que observa en Gaudí y es el deseo de este Papa mil veces expresado. Su referencia a nuestros años treinta y a la actualidad no manifiesta ninguna identidad entre momentos, sino dos situaciones de desencuentro que es necesario superar.
Conciencia humana y conciencia cristiana. No es necesario destruir ninguna de ellas porque en el cristiano son una sola conciencia, que no puede matar lo humano para vivir la fe, ni ha de destruir la fe para vivir la modernidad; nada de eso es necesario si hay un diálogo fructífero entre fe y razón, entre ciencia y teología, entre arte y la Belleza que es Dios. No es preciso obligar a creer a nadie, pero tampoco es necesario obligar a esconder sus creencias al que las posee, es más, debe ponerlas al servicio del bien común.
Un Estado aconfesional —o la vivencia de una sana laicidad, en expresión del presidente de la República francesa— no necesita del laicismo excluyente de Dios. El creyente tiene el grato deber de amar a todos y de servir a su país con lo mejor de sí mismo, lo que, en muchas ocasiones, procede de su fe. Pero eso no puede ser reprochable, como si fuera malo a priori porque si verdaderamente fuera un mal, no sería cristiano. 

PABLO CABELLOS
Levante-Emv / Almudí 

sábado, 13 de noviembre de 2010

El peligro de un humanismo secular

Interesante entrada de Joan Figuerola que os reproduzco.




   En la sociedad existe una especie de sucedáneo del humanismo, de corte materialista, que tiende a configurar una cosmovisión en la que el ser humano no sólo es independiente de Dios, sino que es totalmente antagónico. Este humanismo, que algunos denominan secular, se encuentra arraigado en el naturalismo filosófico cuyos postulados son la no existencia de Dios a partir de ideas estrictamente ideológicas o filosóficas, como en el caso del señor del video, Richard Dawkins, para quien sólo existe la materia física – en este sentido sería interesante un debate con el señor Gustavo Bueno, autor de Ensayos materialistas –; que la vida es producto de una combinación azarosa de factores a partir de una célula primordial; que el ser humano es un producto de la evolución que puede explicarse exclusivamente a partir de las leyes físico-químicas que reinan en el sistema biológico; que el ser humano carece de sentido y propósito, sino que su existencia es un mero acontecer, y con ello, que la moral es una realidad simplemente socio-cultural construida por el hombre que se modifica arbitrariamente porque carece de fundamento último.    

   Esta tarde leía en un blog más que recomendable una entrada titulada El antipapa y la finesse que me ha hecho pensar, de nuevo, en todos los comportamientos contrarios a la visita del Papa a Barcelona. Desde aquellos que simplemente se muestran contrarios intelectualmente hasta aquellos que expresan su repulsa de manera más virulenta. Si analizamos bien dichos comportamientos observamos que se sustentan en la no razón o en el uso indebido de los límites de cada conocimiento. Como siempre, la que sale perdiendo es la ciencia, a la que recurrentemente se manipula para hacerle decir aquello que no puede afirmar mediante su método. Cuando los señores Dawkins y Harris, por citar algunos ejemplos, se oponen íntegramente a la existencia de Dios no lo hacen desde una razón científica, sino desde una perspectiva filosófica anclada en el naturalismo o el materialismo. Sus palabras no son científicas, tampoco producto del raciocinio, sino que se edifican sobre fundamentos antirreligiosos.

   Estas personas no hablan desde la ciencia, sino desde una postura atea, respetable, pero alejada de toda rigurosidad académica. Como vemos en el video, el señor Dawkins se deja llevar por el fanatismo, acusando a la Iglesia con los mismos ejemplos de siempre, como si la petición de perdón tuviera que ser diaria. Este señor, que busca el fervor de la turba, olvida que en el siglo XX fueron asesinados por su fe más de 69 millones de cristianos y que cada año, desde inicios del siglo XXI, perecen 169.000 cristianos por el simple hecho de serlo (World Christian Encyclopedia). Este señor considera que la religión, especialmente la cristiana, es una mera droga para amortizar la hostilidad de una existencia sin propósito o, aún peor, una especie de herramienta de dominación para controlar a la humanidad. Estas palabras, sin duda, proceden del rencor y la ira. El ateismo no ofrece ningún servicio a la humanidad, al contrario. Cuando no se tienen respuestas, esta pseudociencia y este pseudohumanismo construyen hipótesis incoherentes cuando no trágicas al considerar que no existe la Verdad.   

   Notable paradoja, no existe la Verdad pero el conocimiento tiende a ella; se tilda a la religión de supersticiosa y fanática, pero se afirma desde esta perspectiva que no hay sentido, propósito ni verdad a alcanzar, que el único conocimiento existente es el conocimiento humano sin más. Sin duda, como humilde buscador de la verdad, como amante del conocimiento, me quedo con él “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6) que con el “no existe la verdad”. El peligro, no obstante, no está en el señor Hawkins o el señor Hitchens, pues estos son sujetos estimables, sino con sus palabras, con la asimilación de éstas por parte una turba exaltada. Repito, son personas altamente morales, pero venden una moralidad subjetiva desconectada de un fundamento, de un principio último a la que se sujeta; en consecuencia, tampoco existe una base real para el valor único de cada existencia humana. El ser humano, al margen de sus accidentes, no es más que una ameba o una bacteria. El ser humano pierde su singularidad al no ser obra de Dios, sino una mera combinación azarosa.

   Esta cosmovisión es impracticable, es más, poca gente puede mantener estos postulados activos en su existencia; sin embargo ejerce una gran influencia en la sociedad, y estos días lo vimos con la visita del Papa. Hay mucha gente, lamentablemente, que hace suyo el “comamos y bebamos, que mañana moriremos”. Sólo se busca el placer y la consecución de bienes materiales a partir de un relativismo moral que llega a despreciar la vida humana misma. Estos días el Papa nos ha mostrado la necesidad de huir de filosofías huecas y alienadoras como la que aquí abordamos para redescubrir el verdadero sentido del hombre y su realización.   

JOAN FIGUEROLA

Europa está en Emaús

   Me ha gustado esta entrada de Rafa Monterde y os la reproduzco.

   La visita del Papa a España me ha hecho pensar en Europa, en sus raíces y en su situación actual. ¿Dónde está Europa? Podemos contestar: al Oeste de Asia y al Norte de África. Pero bueno, eso no es suficiente. Me refiero a los fundamentos de Europa como cultura, como sociedad. Ya que, siendo sinceros y un poco objetivos, Europa es fundamental para todas las culturas. A mi parecer, se la podría denominar cultura de culturas.

   No obstante, la cultura europea está en el banquillo. Ahora no parece que sea buena. Según nos dicen, la cultura europea es conflictiva y dominadora. Creo que estas consideraciones son inadecuadas. Ni es conflictiva ni dominadora. Es más, los europeos se caracterizan por ser capaces de innovar ante los problemas y ser capaces de unificar posiciones contrarias. Por eso es posible que en ocasiones sea “conflictiva”, porque es capaz de abarcar mucho entre sus brazos…

Hay actitudes en Europa que tienden a mirar hacia fuera, buscando la verdad en otras culturas. Como si en oriente o en las culturas indígenas se encontrase la razón pura e intacta, que aún no se ha enfrentado a las verdades científicas ni hace uso de la técnica. Me parece curioso. El sábado pasado estuve en Barcelona. Fui a ver al Papa. Pero antes de verlo tuve la ocasión de escuchar a un artista. Se llama Etsuro Scotoo. Es un escultor japonés que se está encargando de las esculturas de la Sagrada Familia, el famoso templo de Gaudí. Etsuro nos habló de su búsqueda de la verdad y de la belleza en el arte. Curiosamente, encontró esa verdad en Europa. Concretamente en el arte cristiano. Afirmó que se fue de Japón con las manos vacías y en Europa lo ha encontrado todo. Según parece, tenemos más de lo que nos merecemos. Los europeos nos valoramos poco, una pena.

Etsuro habló de la libertad. Se refirió a ella con dos términos: 1.Libertad horizontal; 2.Libertad vertical. La primera es la libertad común, la que nos encontramos cualquiera de nosotros. Es libertad de elección, simple elección, con la que no podemos llegar a mucho más, sólo podemos disponer de lo que nos es dado. En cambio, la libertad vertical es una libertad superior, no nos hace mirar hacia abajo, como la libertad horizontal, sino hacia arriba, hacia el cielo. Etsuro se refiere a la libertad de Dios. Dijo que las agujas de la Sagrada Familia le ayudaron a comprender esto. La Sagrada Familia es un templo que te hace mirar hacia el cielo, te ayuda a ver la luz entre las sombras. Los colores de las vidrieras se combinan como una sinfonía de estrellas, que resplandecen todas a la vez. Es la alegría de la verdad, la paz de la belleza.

   Estas afirmaciones me ayudaron a pensar. Me pregunté qué pasaba en Europa. Llegué a la conclusión de que Europa está mirando al suelo, sin ser capaz de ver todas las riquezas que tiene a su alrededor. Riquezas espirituales, mucho más importantes que las materiales, y que esperan la atención de nuestra mirada para dársenos a nosotros de una vez por todas. Creo que es una situación similar a la de los discípulos de Emaús.

   Los discípulos de Emaús estaban cansados, desencantados, como los europeos. Los discípulos “iban conversando entre sí de todo lo que había acontecido” (Lc 24, 14). Sin embargo, “mientras comentaban y discutían, el propio Jesús se acercó y se puso a caminar con ellos (…)” (Lc 24, 15). La belleza está en Europa y nosotros no la miramos, como los de Emaús que “(…) sus ojos eran incapaces de reconocerle (a Jesús)” (Lc 24, 16). Jesús se puso a hablar con ellos, escuchando sus preocupaciones por todos los hechos. Ellos le contaban sus desesperanzas por tan grandes expectativas. Ya que pensaban que, por fin, iba a venir el Reino de Dios. “Entonces Jesús les dijo: -¡Necios y torpes de corazón para creer todo lo que anunciaron los Profetas! ¿No era preciso que el Cristo padeciera estas cosas y así entrara en su gloria?” (Lc 24, 25-26). Esto le pasa a Europa, no tiene fuerzas para escuchar ni mirar a su alrededor. Ni siquiera puede ver el rostro de Cristo, que nunca ha apartado su mirada de ella, como una primogénita de su Iglesia.

   Por eso tengo esperanza en Europa. Sólo hay que dejar que recupere fuerzas, que se le caigan, como a Pablo, las escamas de los ojos. Está confundida: Europa está en Emaús. Y Cristo camina junto a ella hasta que sea capaz de verle de nuevo. Nada está perdido y todo está ganado.

RAFAEL MONTERDE

viernes, 12 de noviembre de 2010

¡Qué cosas consigue el Papa!

    Hace unos días, Benedicto XVI ha denunciado el laicismo fuerte y agresivo que hoy padece España, y que ello es similar a lo que se observó en los años treinta. No se trata de un análisis histórico. Lo que ha hecho es constatar que hoy existe una confrontación del laicismo contra la fe, en Europa, y especialmente desde que gobierna Rodríguez Zapatero, en España. Además, el Papa habla de lo que conoce. No olvidemos que el niño Joseph Ratzinger creció bajo un régimen-estado no ya laicista, sino abiertamente pagano y perseguidor de la religión: el nazismo. Y éste se da en una Europa donde el sectarismo antirreligioso es una realidad a la que España no es ajena.

    Quienes traen nuestra Segunda República anuncian en seguida que pretenden construir un sistema de escuelas laicas, introducir el divorcio, secularizar los cementerios y hospitales o hacer de los españoles de condición religiosa, ciudadanos de segunda. Y pronto lo ponen negro sobre blanco en la Constitución. En ella se prohíbe a los religiosos la enseñanza o se abre la puerta a la expulsión de los jesuitas (art. 26); también se excluye a la Iglesia de la posibilidad de gestionar los cementerios (art. 27), o se priva a los eclesiásticos o cualquier religioso del derecho, que sí ostenta cualquier otro español, de ser candidato en unas elecciones (art. 70).

En plena discusión constitucional el diputado Rodríguez Arévalo acusa de iniquidad y sectarismo anticatólico “a algunos miembros del Gobierno”. ¿No suena esto muy actual? De hecho, hace unos días, en Badajoz, un juez ha obligado a retirar los crucifijos de las aulas donde acuden a clase dos niños porque así lo han exigido los padres y de nada han servido las protestas de otros padres que sí querían esas imágenes religiosas en las clases de sus hijos. ¿No es esto laicismo extremo?

En los años treinta era el divorcio; hoy es equiparar las uniones homosexuales al matrimonio y el consiguiente ataque a la institución de la familia –así a secas, sin el absurdo adjetivo de tradicional– Después, ya en plena guerra, la República aprueba la primera ley del aborto de la Historia de España; este año en España se han ampliado las posibilidades de este genocidio infantil. No parece, pues, que el Papa ande muy desencaminado en su recuerdo de la España de los años treinta al contemplar nuestro presente.

Pero en aquella República no eran sólo las decisiones políticas. En los años treinta se observan cambios en el ambiente, en el clima social en relación con el hecho religioso. Durante la monarquía, el catolicismo vivía una situación cómoda. Sacerdotes, obispos y religiosos en general eran personas respetadas: insultar a alguno de ellos, por ejemplo, era motivo hasta de sanción gubernativa.

La práctica religiosa –acudir a misa, a los sacramentos…– era para no pocos, y especialmente en pequeñas comunidades, un acto social: ¿cómo no se va a acudir a la misa dominical? (Conviene apuntar que, también es verdad que la práctica religiosa de muchísimos es sincera y convencida). Pero todo ello cambiará. Desde abril de 1931, ofender o incluso apedrear a un sacerdote por la calle, especialmente en barriadas populares u obreras, no es, y cada vez más, motivo de reprimenda ni, mucho menos, de sanción.
Abandonar la práctica religiosa empieza a dejar de ser, cada vez en más casos, motivo de censura por parte del resto de la sociedad, especialmente en el medio urbano. Recordemos, además, que al poco de iniciarse la República, un enfrentamiento con unos monárquicos en la madrileña calle de Alcalá termina con la quema de templos en Madrid y otras capitales. Aquella España de los treinta asiste a un proceso de secularización, o al menos una aceleración del mismo, como hasta entonces no había conocido. Y no otra cosa ha afirmado el Santo Padre.

Y acierta el Papa cuando propone como camino de encuentro entre fe y laicidad la apelación a la cultura española. Porque, en aquellos años treinta en plena Edad de Plata, si en algún ámbito el laicismo y el enfrentamiento con lo religioso fue menor tuvo lugar en el mundo intelectual. Entre los hombres de la cultura los había alejados de la fe, pero también católicos y el respeto e incluso la amistad entre ambos grupos no fue cosa rara.

Y no perdamos de vista que en esta reacción –a veces airada– de esa progresía contra las palabras de Benedicto XVI se les ha visto el plumero. Nos dicen que el Papa se ha excedido por aludir a los años treinta, o sea, a la República, al ser ésta muy laica. Curioso. Ahora resulta que no les vale su propia (y recreada) “memoria histórica”. Porque, vamos a ver, ¿no nos querían presentar la Segunda República como un régimen idílico, ejemplo de Estado de derecho democrático, y quienes se levantaron contra ella como unos rebeldes ignominiosos?

Desde esa visión, que el Papa compare la situación actual con la de entonces sería algo no digno de crítica, sino de elogio y felicidad para ellos. Cuando la alusión a la España de los treinta es considerada improcedente se reconoce implícitamente que la auténtica verdad es que aquel régimen republicano, en su proclamada laicidad, no fue tan bondadoso como nos han querido presentar ¡Qué cosas consigue el Papa!

LA GACETA

La fachada (I)

Enrique Monasterio comenta, con su peculiar gracejo, las costumbres y modos de vestir de los jóvenes.

   Apunto ya de volver a casa, Jorge (pongamos que se llama así) llamó a la puerta de mi despacho. Estábamos en junio, esa atribulada etapa de exámenes en la que el capellán se dedica, sobre todo, a las obras de misericordia propias de su oficio: consolar al afligido, animar al cateado, aplacar al furioso y escuchar..., sobre todo escuchar.

   Jorge caminaba arrastrando unas chanclas sin calcetines, como las que yo mismo uso para ir a la ducha. Un pantalón de camuflaje, lleno de bolsillos, arrugas y churretes, le cubría media pantorrilla. La camisa era beige, amplia, cuatro o cinco tallas más grande de lo necesario y con botones que no parecían haberse abrochado jamás. La barba de tres días resplandecía grasienta e impregnada de esos sudores fríos previos a los exámenes que se mezclan con los cálidos sudores del verano. El pelo, prieto y frondoso, no había visto un peine en los últimos meses.

   Estuvimos charlando un rato. A pesar de la apariencia, se percibía cierto aroma a lavanda cara. Sin embargo, como el chaval estaba nervioso, se rascaba una y otra vez el tórax y sus arrabales abrazándose con ambas manos.

   Al final salimos juntos a la calle.
-¿Te acerco a algún sitio? -le pregunté-.
-No, gracias. Tengo coche.
Y se subió a un reluciente BMW nuevo motor sonaba como una orquesta sinfónica.
Camino de casa recordé la historia que Pemán contaba hace muchos años:
En pueblo andaluz alguien llama a la puerta de su vecino:
-Perdone que le moleste: ¿sería usted tan amable de decirme de qué color prefiere que pinte la fachada de mi casa?

   El vecino le mira con asombro.
-¿Por qué me lo pregunta a mí? La casa es suya.
-En efecto. Pero será usted el que la vea todas las mañanas.
verano y es tiempo de tertulia, quizá valga la pena dedicar un par de artículos o tres a reflexionar sobre el tema.

   No pretendo redactar un manual de buenas maneras. Lo mío no es la estética sino la ética. Pero ya escribí hace años en esta misma página que la mugre puede ser el espejo del alma: toda la mugre: la de la pellejo, la del vestido, la del lenguaje, la de los gestos...

   Es cierto que la moda es despótica y no parece fácil oponerse a sus dictados. Pero, ¿es sólo una moda llevar los pantalones cortos y arrugados, enseñar las espinillas lanudas, despeinarse frenéticamente al amanecer o lucir unos tejanos andrajosos, que son "lo más de lo más" y valen una pasta? Por otra parte, ¿hay algo más allá de la moda? ¿Es indiferente desde el punto de vista moral ese aparente descrédito de la belleza en el que ahora nos encontramos? ¿Significa también un cierto desprecio hacia el que contempla nuestro aspecto? Si aquella mañana de junio hubiese preguntado a Jorge por su atuendo, probablemente me habría respondido: -Es cómodo.

   Y si hubiera insistido un poco, seguramente habría reconocido que sus pantalones le gustaban más que nada porque se llevan y porque son caros; y la camisa también; y que las chancletas las ha comprado no sé donde.

   Me temo que no habríamos pasado de ahí. El feísmo se lleva. Y tengo la sospecha de que se trata de un mal síntoma. A muchos les avergüenza hablar de belleza. Y, por supuesto, resulta anacrónico, a estas alturas del siglo, predicar que el respeto, el señorío, el amor al prójimo y hasta la propia dignidad quizá tienen algo que ver con la fachada que uno presente a su vecino. Me dice Luis que hablo como un viejo gruñón. -No te quemes con este asunto -insiste-. Quizá tenga razón, pero me propongo seguir cavilando sobre el tema. Hoy hace fresco en la Sierra de Segovia. 

   Está amaneciendo en Riaza un día luminoso y magnífico, que me trae a la memoria el comienzo de un poema de Juan Ramón Jiménez: "Dios está azul".
A Dios sí le parece importante renovar cada mañana su fachada.

jueves, 11 de noviembre de 2010

EL BUENISMO SUICIDA

    Este neologismo viene asimilándose a una determinada manera de gobernar desde políticas de buen talante, condescendientes, de apaciguamiento como fin en sí mismo. En definitiva, débiles. Poner la otra mejilla al recibir una bofetada es cristiano pero nada aconsejable a la hora de gobernar a los pueblos. En vísperas de la Segunda Guerra Mundial algunos países que luego fueron aliados ejercieron con el régimen nazi un buenismo avant la lettre. El mundo sufrió el resultado. Churchill fue una de las pocas voces que anunciaron la inutilidad del buen rollito. En España la quintaesencia del buenismo tiene a Zapatero como portaestandarte. Su política exterior, desde la Alianza de Civilizaciones al frustrado intento de cambiar la Posición Común de la Unión Europea respecto a Cuba, es buenismo. Y su política interna está impregnada también de ese buenismo.

    Este dogma ideológico buenismo considera que la mano tendida soluciona los conflictos, pero es falso. La debilidad de una parte fortalece y amplía las demandas de la otra. Todos no somos justos y benéficos aunque lo proclamase bondadosamente la Constitución de Cádiz.

    Elena Valenciano, la voz del PSOE en política exterior, declaró que el buenismo es su “apuesta de futuro”, y Moratinos se mostró encantado de que los socialistas tuviesen por esos mundos fama de ser “tan buenos”. Pero es un espejismo. La fama del Gobierno no es de bueno sino de débil. Igual que es un espejismo creer que hay unos terroristas mejores que otros. Abrir diálogo con el terrorismo es otro error buenista. Compartí durante dos años tertulia semanal en la SER con Ernest Lluch, una gran persona, y le escuché muchas veces defender con ahínco el diálogo para salir de la violencia. Era puro buenismo. Acabó recibiendo un tiro en la nuca como ejemplo de diálogo.

    Creer a pie juntillas que el diálogo y el buen talante todo lo arreglan es una ingenuidad que no se puede permitir un político con responsabilidad de gobierno. El diálogo es un medio pero no un fin y, en todo caso, tiene sus límites. Hay asuntos sobre los que no se debe dialogar y también hay interlocutores imposibles. La España de Zapatero, en la vía del apaciguamiento, ha hecho repetidamente el ridículo. El colmo es que ha recibido bofetadas incluso del Gobierno colonial de Gibraltar porque el buenismo de Zapatero decidió encuentros a tres bandas: España, Gran Bretaña y Gibraltar, de igual a igual, rompiendo una política española que no se había interrumpido con régimen alguno desde 1704.

Juan Van-Halen, (LA GACETA)
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