Mi impresión es que, si no se abordan los problemas desde su raíz, existe el riesgo de enredarse con cuestiones pragmáticas y con casuísticas morales
Mis amigos conocen mi poca afición a las reuniones, menos aún para tratar cuestiones de fondo. Prefiero leer a escuchar, quizá porque tengo más capacidad de asimilar a través de la lectura que de la palabra oral: un detalle temperamental tantas veces olvidado por teorías pedagógicas, que no tienen en cuenta la realidad de cada persona.
Se comprenderá mi poco entusiasmo ante sínodos como el que acaba de clausurarse en Roma. Tras ver con detenimiento la relatio final, he decidido releer algunos textos del Concilio Vaticano II. Aunque han cumplido ya cincuenta años, conservan la juventud y la fuerza con que se elaboraron, después de estudios mucho más detenidos que los recientes.







