viernes, 22 de abril de 2011

VIERNES SANTO

Señor, que a los humanos ofrendaste
tu Vida, tu Pasión y hasta tu muerte,
perdona mis pecados, pues al verte
mis ojos ven lo mucho que me amaste.

Tan grande fue el amor que me tuviste
bajando hasta la tierra como hermano
que solo al bendecirme con tu mano,
a mi alma del pecado redimiste.

¡Tristeza que me embarga al contemplar
lo poco que he seguido tu enseñanza!
¡Angustia al recordar mi mala vida!

¡Cuan fácil se me hizo el olvidar
tu dulce profecía de esperanza!
Perdóname, Señor, ¡cura mi herida!

jueves, 21 de abril de 2011

TRIDUO PASCUAL


Esta catequesis del Papa es una buena pauta para introducirnos en el triduo pascual


Catequesis
del Papa Benedicto XVI
durante la Audiencia General del
miércoles 12 de abril de 2006
El triduo pascual

Queridos hermanos y hermanas: 
Mañana comienza el Triduo pascual, que es el corazón de todo el Año litúrgico. Con la ayuda de los ritos sagrados del Jueves santo, del Viernes santo y de la solemne Vigilia pascual, reviviremos el misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Son días que pueden volver a suscitar en nosotros un deseo más vivo de adherirnos a Cristo y de seguirlo generosamente, conscientes de que él nos ha amado hasta dar su vida por nosotros.

En efecto, los acontecimientos que nos vuelve a proponer el Triduo santo no son sino la manifestación sublime de este amor de Dios al hombre. Por consiguiente, dispongámonos a celebrar el Triduo pascual acogiendo la exhortación de san Agustín:  "Ahora considera atentamente los tres días santos de la crucifixión, la sepultura y la resurrección del Señor. De estos tres misterios realizamos en la vida presente aquello de lo que es símbolo la cruz, mientras que por medio de la fe y de la esperanza realizamos aquello de lo que es símbolo la sepultura y la resurrección" (Epistola 55, 14, 24).

El Triduo pascual comienza mañana, Jueves santo, con la misa vespertina "In cena Domini", aunque por la mañana normalmente se tiene otra significativa celebración litúrgica, la misa Crismal, durante la cual todos los presbíteros de cada diócesis, congregados en torno al obispo, renuevan sus promesas sacerdotales y participan en la bendición de los óleos de los catecúmenos, de los enfermos y del Crisma; eso lo haremos mañana por la mañana también aquí, en San Pedro.

Además de la institución del sacerdocio, en este día santo se conmemora la ofrenda total que Cristo hizo de sí mismo a la humanidad en el sacramento de la Eucaristía. En la misma noche en que fue entregado, como recuerda la sagrada Escritura, nos dejó el "mandamiento nuevo" -"mandatum novum"- del amor fraterno realizando el conmovedor gesto del lavatorio de los pies, que recuerda el humilde servicio de los esclavos.

Este día singular, que evoca grandes misterios, concluye con la Adoración eucarística, en recuerdo de la agonía del Señor en el huerto de Getsemaní. Como narra el evangelio, Jesús, embargado de tristeza y angustia, pidió a sus discípulos que velaran con él permaneciendo en oración:  "Quedaos aquí y velad conmigo" (Mt 26, 38), pero los discípulos se durmieron.

También hoy el Señor nos dice a nosotros:  "Quedaos aquí y velad conmigo". Y también nosotros, discípulos de hoy, a menudo dormimos. Esa fue para Jesús la hora del abandono y de la soledad, a la que siguió, en el corazón de la noche, el prendimiento y el inicio del doloroso camino hacia el Calvario.

El Viernes santo, centrado en el misterio de la Pasión, es un día de ayuno y penitencia, totalmente orientado a la contemplación de Cristo en la cruz. En las iglesias se proclama el relato de la Pasión y resuenan las palabras del profeta Zacarías:  "Mirarán al que traspasaron" (Jn 19, 37). Y durante el Viernes santo también nosotros queremos fijar nuestra mirada en el corazón traspasado del Redentor, en el que, como escribe san Pablo, "están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia" (Col 2, 3), más aún, en el que "reside corporalmente toda la plenitud de la divinidad" (Col 2, 9).
Por eso el Apóstol puede afirmar con decisión que no quiere saber "nada más que a Jesucristo, y este crucificado" (1Co 2, 2). Es verdad:  la cruz revela "la anchura y la longitud, la altura y la profundidad" -las dimensiones cósmicas, este es su sentido- de un amor que supera todo conocimiento -el amor va más allá de todo cuanto se conoce- y nos llena "hasta la total plenitud de Dios" (cf. Ef 3, 18-19).
En el misterio del Crucificado "se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo:  esto es amor en su forma más radical" (Deus caritas est, 12). La cruz de Cristo, escribe en el siglo V el Papa san León Magno, "es fuente de todas las bendiciones y causa de todas las gracias" (Discurso 8 sobre la pasión del Señor, 6-8:  PL 54, 340-342).

En el Sábado santo la Iglesia, uniéndose espiritualmente a María, permanece en oración junto al sepulcro, donde el cuerpo del Hijo de Dios yace inerte como en una condición de descanso después de la obra creadora  de la Redención, realizada con su muerte (cf. Hb 4, 1-13). Ya entrada la noche comenzará la solemne Vigilia pascual, durante la cual en cada Iglesia el canto gozoso del Gloria y del Aleluya pascual se elevará del corazón de los nuevos bautizados y de toda la comunidad cristiana, feliz porque Cristo ha resucitado y ha vencido a la muerte.

Queridos hermanos y hermanas, para una fructuosa celebración de la Pascua, la Iglesia pide a los fieles que se acerquen durante estos días al sacramento de la Penitencia, que es una especie de muerte y resurrección para cada uno de nosotros. En la antigua comunidad cristiana, el Jueves santo se tenía el rito de la Reconciliación de los penitentes, presidido por el obispo. Desde luego, las condiciones históricas han cambiado, pero prepararse para la Pascua con una buena confesión sigue siendo algo que conviene valorizar al máximo, porque nos ofrece la posibilidad de volver a comenzar nuestra vida y tener realmente un nuevo inicio en la alegría del Resucitado y en la comunión del perdón que él nos ha dado.

Conscientes de que somos pecadores, pero confiando en la misericordia divina, dejémonos reconciliar por Cristo para gustar más intensamente la alegría que él nos comunica con su resurrección. El perdón que nos da Cristo en el sacramento de la Penitencia es fuente de paz interior y exterior, y nos hace apóstoles de paz en un mundo donde por desgracia continúan las divisiones, los sufrimientos y los dramas de la injusticia, el odio, la violencia y la incapacidad de reconciliarse para volver a comenzar nuevamente con un perdón sincero.

Sin embargo, sabemos que el mal no tiene la última palabra, porque quien vence es Cristo crucificado y resucitado, y su triunfo se manifiesta con la fuerza del amor misericordioso. Su resurrección nos da esta certeza:  a pesar de toda la oscuridad que existe en el mundo, el mal no tiene la última palabra. Sostenidos por esta certeza, podremos comprometernos con más valentía y entusiasmo para que nazca un mundo más justo.

Formulo de corazón este augurio para todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, deseándoos que os preparéis con fe y devoción para las ya próximas fiestas pascuales. Os acompañe María santísima, que, después de haber seguido a su Hijo divino en la hora de la pasión y de la cruz, compartió el gozo de su resurrección.

ALMUDÍ

miércoles, 20 de abril de 2011

¡CLARO QUE EL AMOR ES «LO QUE IMPORTA»!

Mujer en columpio. Foto de arvo.net 300x199

A modo de introducción: Bodas “de etiqueta” y bodas de “Sí, quiero”
Marta Román nos presenta un buen artículo del Dr. Melendo con reflexiones muy buenas sobre el amor humano

 
Qué manía le ha dado a todo el mundo con poner etiquetas a las bodas y a lo que de ellas se deriva, es decir, a las familias. Hoy en día se reducen a dos: “Tradicional”, que me suena a “aburrimiento”, y “Nueva”, que me suena a “guay”.
En este artículo, Tomás Melendo me rompe ese esquema y me da otra visión más real y, sobre todo, más profunda de lo que supone decir “Sí, quiero” en la vida de dos personas. Lo expresa como un “acto único” que, dicho “en cristiano”, significa lanzarse a la aventura, perder el miedo o algo así. La boda es la acción concreta que marca un antes y un después, y el verdadero “sí, quiero” es el que capacita a dos personas para hacer posible lo imposible.
La verdadera boda no tiene etiqueta y es propia de la gente de hoy o de antes, pero gente lanzada, abierta a nuevas experiencias y aventurera: que apuesta al “todo o nada”, que cree que el amor es lo importante, que arriesga, que desafía miradas de hipocresía ante la llegada de un nuevo hijo y con franca sonrisa dice —y se dice— “a su casa viene”. Gente que lo mismo va vestida de marca, que de Zara, que de hippy. Que lo mismo lleva rastas que se plancha el pelo.
Porque toda ella, con sus variados estilos de vida, se mueve en un plano invisible con una idea común sobre el matrimonio: que la felicidad tiene mucho que ver con encontrar una persona con la que andar la aventura de la vida.
Es verdad que existen bodas de etiqueta o bodas de “mero trámite”, que intentan planificar un futuro en el que todo está predicho y en el que el amor, de haberlo, cuenta lo justo para justificar esa unión. Pero pensar en ellas me parece muy aburrido, tanto si se celebraron hace tres siglos como el sábado pasado.
Qué mala soy...
 
El amor es lo que importa: LEER AQUÍ
Por Marta Román / Tomás Melendo

martes, 19 de abril de 2011

El UNIV acude a su cita con Juan Pablo II

El UNIV acude a su cita con Juan Pablo II

El ‘Forum UNIV’ reunirá en Roma a partir del Domingo de Ramos a miles de universitarios

Durante su pontificado, Juan Pablo II tuvo una cita inaplazable: cada Semana Santa recibía a miles de universitarios. El Forum UNIV regresa de nuevo a Roma para agradecer a Benedicto XVI la beatificación del Papa polaco.
Más de 3.000 universitarios de 200 centros académicos se han inscrito a la 44 edición del Forum Univ 2011. Durante los días de la Semana Santa debatirán en Roma sobre el tema propuesto (“Vivir la libertad con decisión”) y acompañarán a Benedicto XVI en las celebraciones pascuales.

      En esta edición estará especialmente presente el recuerdo de Juan Pablo II, el Papa que recibió en 28 ocasiones a los universitarios y les animó a cambiar el mundo. «Más que hablaros —dijo improvisando en 1980— quiero contemplaros, así, tal como sois: jóvenes que saben amar, espontáneos, auténticos... La Iglesia espera mucho de vosotros!».

Stand del agradecimiento
Para agradecer a Benedicto XVI su cercanía a Juan Pablo II y la próxima beatificación, los universitarios ofrecerán al Santo Padre un libro con millares de firmas dirigidas al futuro Beato. Asimismo, se publicará en YouTube un vídeo en el que decenas de estudiantes resumirán con una frase la huella que el Papa ha dejado en sus vidas. El stand para agradecer ante la cámara se instalará en Via della Conciliazione, en las proximidades de la Plaza de San Pedro.

Actividades del Forum
El Forum, que se celebrará el martes y miércoles santos, desplegará numerosas manifestaciones culturales en diversos lugares de Roma: conferencias, coloquios, conciertos, mesas redondas... Los ponentes destacados de este año son: Alexandre Havard, presidente del Havard Virtuous Leadership Institute (Rusia); Jeffrey J. Langan, profesor de la Holy Cross College en Notre Dame (EE.UU.); Giuseppe Corigliano, escritor (Italia); y Xavier Bosch, director ejecutivo de ReachOut! (Inglaterra), y Ettore Gotti, presidente del Istituto per le Opere di Religione (Ciudad del Vaticano). El acto central será la audiencia con Benedicto XVI el miércoles 20 de abril.

Universitarios solidarios
Una de las citas centrales del Forum UNIV es la presentación de las diferentes actividades solidarias que los universitarios han desarrollado en diversos países. Tareas de reconstrucción, cursos de educación sanitaria o apoyo a personas enfermas son algunas de las iniciativas que se han llevado a cabo en países como Haití, Guatemala, Nicaragua, Camerún, Vietnam, Kenya, Costa de Marfil, México, Sudáfrica o Ecuador. `


ALMUDÍ

lunes, 18 de abril de 2011

Los laicos, el “gigante adormecido” de la Iglesia

Los laicos, el “gigante adormecido” de la Iglesia

   Un laico bien formado y consciente de sus propios deberes con la sociedad es "luz para el mundo"

   El futuro de la Iglesia depende del despertar de su "gigante adormecido", los laicos, ha constatado un congreso organizado entre el 7 y el 8 de abril, en esta ciudad, por la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, con el título "El fiel laico: realidad y perspectiva".

      En este contexto, ZENIT ha entrevistado al decano de esa Facultad, y presidente del comité organizador del encuentro, el profesor Luis Navarro.

¿Por qué un congreso sobre los laicos?
Desde muchas partes se hace evidente el empuje del Concilio Vaticano II sobre el papel de los laicos, como fieles comprometidos en la realidad secular, llamados a la santidad y partícipes en primera persona en la misión de la Iglesia, para revitalizar un mundo que está en un callejón sin salida. 

      Vuelve a actualizarse la expresión de un padre sinodal, en el Sínodo sobre la vocación y la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo, que definía al conjunto de los laicos como un "gigante adormecido". Se trata, sin ir más lejos, de más del 95% del pueblo de Dios, innumerables personas bautizadas que viven en diversos grados de pertenencia y adhesión, de participación y corresponsabilidad, en la vida de la Iglesia. 

      Son, hoy, más de mil cien millones, el 17% de población mundial. Es una cifra impresionante y no obstante esto, es evidente que hay un largo camino que recorrer para llevar a su cumplimiento la propia vocación de cristianos en medio a sus conciudadanos en todo el mundo.

¿Es posible, por tanto, fiarse de los laicos? Incluso, ¿se puede confiar en ellos para que lleven adelante la misión de la Iglesia?
La pregunta es complicada, porque presupone que alguien (no laico) pide responsabilidades a otros. Alguien, que es el "verdadero responsable", que confía a los laicos cierta tarea. No es ésta la perspectiva del Concilio. En los cambios en la teología de los laicos, que se han examinado en nuestro Congreso, ciertamente les ha costado superar esquemas de este tipo, con el resultado de que se ha suavizado el sentido de la misión de los laicos. 

      El Concilio Vaticano II no hizo una elección política o sociológica, afirmó una percepción teológica de lo que es laico y a lo que está llamado: un bautizado que sigue a Cristo desde su vocación humana, llena de responsabilidades y desafíos seculares que constituyen el lugar donde se imita al Señor y donde se invita a otros a seguirlo.

¿Cómo se compatibiliza esta responsabilidad personal con la variedad de nuevas realidades o movimientos o grupos que se dirigen a los laicos? Un laico que no pertenece a estas realidades puede llevar a la plenitud su "ser laico"?
El interés de nuestro Congreso también se ha centrado en escuchar a los representantes de algunas de estas realidades, porque su carisma de origen hace referencia a la condición bautismal como tal. La riqueza que estas realidades han llevado a la Iglesia debe ser retomada desde su raíz, es decir, el dato puro y simple de que estar bautizado conlleva una gran alegría y al mismo tiempo una gran responsabilidad. 

      Además, añadiría desde el punto de vista jurídico, que estas realidades también han traído expresiones de creatividad también a nivel organizativo, que deben ser estudiadas ya que han distorsionado algunos patrones que parecían inmutables.
Del laico se habla en todas partes y a veces de un modo repetitivo: ¿No será que el discurso eclesial está un poco desgastado y que, más bien, debe reflexionar directamente sobre las necesidades de la sociedad en el mundo?
Su pregunta da en el blanco si se refiere al hecho de que el laico tiene como interés primario, y precisamente por la fuerza de su vocación que debe al mismo tiempo encontrar y llevar a Cristo en la vida cotidiana y en las aspiraciones de un mundo más justo. 

      Sería equivocado suponer que esto se puede asumir al margen de la Revelación cristiana y por tanto de su expresión en el magisterio, especialmente en el social: el gran reto es que los laicos lo hagan en primera persona, desde la propia responsabilidad entre los hombres, ciudadanos como ellos. 

      Por esto, estamos seguros de que del Congreso surgirá la idea de que, para "conformar" el mundo según la verdad cristiana, el laico debe, ante todo, "formar" su propia conciencia, para actuar en plena libertad y con plena iniciativa. El núcleo es la actuación libre de los fieles laicos.

      Un laico bien formado y consciente de sus propios deberes con la sociedad es "luz para el mundo".

 LUIS NAVARRO

ZENIT / ALMUDÍ

domingo, 17 de abril de 2011

BUENAS NOTICIAS EN DIÁLOGOS DIFÍCILES

Buenas noticias, en diálogos difíciles

Las conversaciones con las autoridades chinas no es el único diálogo difícil en el que está empeñado el Santo Padre… Ciencia y Fe es otro de los frentes que no podemos olvidar

«Auguramos que el diálogo sincero y respetuoso con las Autoridades civiles ayude a superar las dificultades del momento actual, para que también en las relaciones con la Iglesia católica contribuyan a la armonía de la sociedad». Es el n. 8 del mensaje de la Santa Sede a los católicos chinos. Y, a renglón seguido, añade: «Hemos acogido con alegría la noticia de que la diócesis de Shanghai puede iniciar la causa de beatificación de Pablo Xu Guangqi, que se añade a la del padre Mateo Ricci, sj».

      ¿Quién fue Pablo Xu Guangqi? Uno de los primeros chinos convertidos a la fe en Cristo, científico, como el P. Mateo Ricci, y funcionario de la Corte Imperial. Un católico de gran significación para los católicos chinos que están viviendo estos momentos de incertidumbre y de profunda esperanza.

      El diálogo con las autoridades chinas requiere mucha paciencia y serenidad. La Santa Sede lo sabe, y sabe también la fuerza de la oración. Este proceso de beatificación será de gran ayuda, sin duda, a los católicos chinos. «Para superar estas situaciones difíciles de cada comunidad, la oración será de gran ayuda. Se podrán organizar varias iniciativas, que pos ayudarán a renovar vuestra comunión de fe en Jesús Nuestro Señor y de fidelidad al Papa, para que la unidad entre vosotros sea cada vez más profunda y visible».

      Las conversaciones con las autoridades chinas no es el único diálogo difícil en el que está empeñado el Santo Padre, y con él, el Vaticano. Ciencia y Fe es otro de los frentes que no podemos olvidar. Y también aquí, el Papa ha aprovechado una ocasión verdaderamente propicia e inusitada.

      Al recibir al nuevo embajador de Croacia en el Vaticano, ha dicho: «He sabido con satisfacción que vuestro Parlamento ha proclamado el año en curso como ‘Año Boscovic’. Este jesuita fue físico, astrónomo, matemático, arquitecto, filósofo y diplomático. Su existencia demuestra la posibilidad de hacer vivir en armonía la ciencia y la fe, el servicio a la madre patria y el compromiso en la Iglesia. Viendo esta armonía, los jóvenes estarán orgullosos de su país, de su historia y de su fe, y se sentirán cada vez más herederos de un tesoro que les toca a ellos fructificar».

      En momentos como los actuales, en los que está viva una cierta concepción laica del Gobierno y de la Sociedad, que pretende poner en tela de juicio las raíces religiosas de todas, y de cualquier, de las culturas que se han desarrollado en la tierra por los hombres constituidos en sociedad, y sigue con un cierto temor la presencia de capillas en las universidades, estas noticias son una corriente de aire puro.

      El hecho de que el Parlamento de Croacia haya proclamado un Año semejante; y que las autoridades chinas, hayan permitido una ordenación episcopal al margen de sus maniobras y no se hayan opuesto al comienzo y publicidad del proceso de beatificación de Pablo Xu Guangqi, unido a la noticia reciente del aumento —un 30%— de vocaciones sacerdotales en Asia, China incluida, es un canto de esperanza. 

      Y, a la vez, un reconocimiento agradecido a los Santos —ahora, Boscovic y Pablo Xu Guangqi— que siguen sembrado la semilla de la Fe, desde el Cielo, en los corazones de tantos hombres y mujeres en cualquier rincón del mundo.
Ernesto Juliá DíazReligionConfidencial.com / Almudí

sábado, 16 de abril de 2011

CLAVES PARA LA COMUNICACIÓN DE IDEAS Y VALORES

Valiosa intervención del Dr. Mora sobre la comunicación de ideas y valores.

Claves para la comunicación de ideas y valores
“La comunicación de ideas y valores afecta convicciones y comportamientos que no cambian de la noche a la mañana y tienen tiempos largos de maduración intelectual y existencial”

Lección inaugural del Año Académico de la Universidad de Los Andes (Chile), sobre la comunicación de ideas y valores en una sociedad pluralista, a cargo de Juan Manuel Mora, Vicerrector de Comunicación Institucional. Universidad de Navarra
* * *
Comienzo agradeciendo el honor y la oportunidad de compartir con ustedes este momento solemne de la apertura de curso, en el que se hace memoria de los hitos del curso pasado y se recomienza con brío el año académico en esta universidad joven y pujante.

      Hoy me han invitado a hablar sobre “La comunicación de ideas y valores en una sociedad pluralista”. En el origen de los argumentos que expondré se encuentran dos percepciones que considero muy extendidas.

      La primera es la creciente importancia de la comunicación pública, esa que se produce en el escenario de los viejos y nuevos medios, y que se sustancia en una opinión pública de ámbito local, nacional o internacional. En el planeta interconectado que habitamos tiene lugar una gran conversación en la que participan ciudadanos e instituciones, y en la que se crean tendencias y opiniones compartidas.

      La segunda percepción es que ese mundo de la comunicación pública es una realidad compleja, como un mar proceloso, lleno de peligros. Junto a la frivolidad y ligereza aparentemente inocuas que muchas veces lo caracteriza, se producen crisis de gran dureza, donde entran en conflicto ideas y valores que ocupan un lugar principal en nuestras convicciones más íntimas. Asistimos todos los días a debates sobre la vida, la familia, la educación, la economía, las costumbres, la religión, la política y sobre todos los temas que más nos interesan y nos afectan.

      Con esas percepciones como fondo, en los minutos que siguen intentaré responder brevemente a esta pregunta: ¿es posible comunicar ideas y valores en una sociedad pluralista, global, relativista y compleja? ¿Es posible no ya transmitir esas ideas y valores sino argumentarlos de forma que posean alguna capacidad de convicción?

      La pregunta es particularmente pertinente para quienes nos dedicamos a la universidad, es decir a la generación y transmisión de conocimientos. Pero lo es para muchas otras personas.
      Adelanto la tesis principal de mi intervención. En mi opinión, la comunicación de ideas y valores tiene dos requisitos. Para comunicar bien es necesario tener claros los mensajes que deseamos difundir y es preciso también tener claras las reglas de la comunicación. Así como existen leyes de la economía o de la construcción que se aplican de forma universal, de modo análogo existen reglas de la comunicación pública, que se aplican independientemente de la validez intrínseca de los mensajes que deseo transmitir.

      A lo largo de esta exposición les propondré nueve principios de la actividad de comunicación. Tres se refieren al mensaje que se quiere difundir; tres a la persona que comunica; y tres al modo de transmitir ese mensaje en la opinión pública.

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Juan Manuel Mora. Vicerrector de Comunicación Institucional. Universidad de Navarra
Unav.es / Almudí

viernes, 15 de abril de 2011

EL VALOR EDUCATIVO DE LA CONFESIÓN

El valor educativo de la Confesión

   La acogida de la penitencia, que prescribe el sacerdote, y la escucha de las palabras "Yo te absuelvo de tus pecados" representan una verdadera escuela de amor y de esperanza
     Sin duda por la situación actual de “emergencia (urgencia) educativa”, Benedicto XVI ha querido señalar el valor pedagógico de la Confesión sacramental. Lo hizo en una alocución a los participantes en un curso promovido por la Penitenciaría Apostólica (25-III-2011). Citó varios ejemplos de confesores (San Juan María Vianney, San Juan Bosco, San Josemaría Escrivá, San Pío de Pietralcina, San Giuseppe Cafasso y San Leopoldo Mandić) como testigos de la misericordia divina, que se manifiesta siempre en ese encuentro personal con Jesucristo que es el sacramento de la Confesión. 

      Cabe recordar que el Sacramento de la Penitencia o de la Reconciliación, o sencillamente "la Confesión", es uno de los sacramentos “de curación”, pues lo mismo que la vida humana puede enfermar, esto sucede también con la vida espiritual. Impulsado por Juan Pablo II, el VI Sínodo de los Obispos se ocupó de "La Reconciliación y la Penitencia en la misión de la Iglesia" (1983). Le siguió una magnífica exhortación sobre el mismo tema. En ella se analizaba la pérdida del “sentido del pecado” en nuestro tiempo. Los principales medios para la formación en este ámbito son la educación en la fe con su fundamento bíblico (ver al respecto la Exhortación Verbum Domini, 30-IX-2010), la formación de la conciencia de los fieles y una praxis de los sacramentos atenta y renovada. 

      Todo ello se ofrece en nuestros días como un redescubrimiento para los cristianos y un motivo de interés para muchas otras personas.

Valor pedagógico para el sacerdote
Vengamos ya al reciente discurso de Benedicto XVI. La Confesión tiene un gran valor pedagógico, primero para el sacerdote, hasta el punto de que el confesonario «puede ser un ‘lugar’ real de santificación». De la administración del Sacramento de la Penitencia el sacerdote puede extraer lecciones de fe, de humildad y también sobre la conciencia de su propia identidad. 

      Primero, el sacerdote refuerza su propia fe, al contemplar la “profesión de fe” que supone el hecho de confesarse. El confesor tiene la oportunidad de «palpar los efectos salvadores de la cruz y de la resurrección de Cristo, en todo tiempo y para todo hombre». Con frecuencia se encuentra «ante auténticos dramas existenciales y espirituales, que no hallan respuesta en las palabras de los hombres, pero que son abrazados y asumidos por el Amor divino, que perdona y transforma». Es verdad que conocer los aspectos oscuros del corazón del hombre puede poner a prueba su humanidad y su fe. Pero esto, de otro lado, «alimenta en él la certeza de que la última palabra sobre el mal del hombre y de la historia es de Dios, es de su misericordia, capaz de hacerlo nuevo todo».

      Exclama el Papa: «¡Cuánto puede aprender el sacerdote de penitentes ejemplares por su vida espiritual, por la seriedad con que hacen el examen de conciencia, por la transparencia con que reconocen su pecado y por la docilidad a la enseñanza de la Iglesia y a las indicaciones del confesor!». Un valor pedagógico que se extiende también a «la verdad y pobreza de su persona, y alimenta en él la conciencia de la identidad sacramental». Y es que el sacerdote no escucha a sus hermanos únicamente como hombre: «Si se acercan a nosotros es sólo porque somos sacerdotes, configurados con Cristo sumo y eterno Sacerdote, y hemos sido capacitados para actuar en su nombre y en su persona, para hacer realmente presente a Dios que perdona, renueva y transforma»

Valor pedagógico para los penitentes
¿Y cuál es el valor pedagógico de este sacramento para los penitentes? Se trata ahora de lecciones sobre la acción de Dios y su bondad, la propia libertad y fragilidad, la necesidad de formar la conciencia, y los modos, concretos y personales, de crecer en la fe, la esperanza y el amor.

      Todo ello depende ante todo de la acción de la Gracia y de los efectos objetivos del sacramento. En la confesión se expresa particularmente la libertad personal y la conciencia. Por eso, «el examen de conciencia tiene un valor pedagógico importante: educa a mirar con sinceridad la propia existencia, a confrontarla con la verdad del Evangelio y a valorarla con parámetros no sólo humanos, sino también tomados de la Revelación divina. La confrontación con los Mandamientos, con las Bienaventuranzas y, sobre todo, con el Mandamiento del amor, constituye la primera gran ‘escuela penitencial’».

      A continuación, «en nuestro tiempo, caracterizado por el ruido, por la distracción y por la soledad, el coloquio del penitente con el confesor puede representar una de las pocas ocasiones, por no decir la única, para ser escuchados de verdad y en profundidad». Benedicto XVI anima a los sacerdotes a dedicar tiempo a este ministerio porque «ser acogidos y escuchados constituye también un signo humano de la acogida y de la bondad de Dios hacia sus hijos». Junto con esto, «la confesión íntegra de los pecados educa al penitente en la humildad, en el reconocimiento de su propia fragilidad y, a la vez, en la conciencia de la necesidad del perdón de Dios y en la confianza en que la Gracia divina puede transformar la vida»

      Asimismo «la escucha de las amonestaciones y de los consejos del confesor es importante para el juicio sobre los actos, para el camino espiritual y para la curación interior del penitente». Y añade el Papa: «No olvidemos cuántas conversiones y cuántas existencias realmente santas han comenzado en un confesonario».

      Por último, «la acogida de la penitencia», que prescribe el sacerdote, «y la escucha de las palabras "Yo te absuelvo de tus pecados" representan una verdadera escuela de amor y de esperanza, que guía a la plena confianza en el Dios Amor revelado en Jesucristo, a la responsabilidad y al compromiso de la conversión continua».

      Al final el Papa da a los sacerdotes un consejo de oro, pues la experiencia personal como penitente es también una gran escuela: cuidar la propia confesión, también para aprender a confesar cada vez mejor, al servicio de Dios y de las personas. 

Ramiro Pellitero. Universidad de NavarraCope.es / Almudí

jueves, 14 de abril de 2011

PASIVIDAD DE LOS CATÓLICOS

Pasividad de los católicos
Poco a poco vamos saliendo de la pasividad, pero aún nos falta un largo camino por recorrer. Aquí tenéis un buen artículo que nos habla de ello.

      Es preocupante el aumento de la violencia en España contra los católicos. En algunas Universidades unos pocos han impedido que se celebren misas o actos de otro tipo en capillas universitarias. En Barcelona un conocido grupo ha quemado 5 veces la puerta de la iglesia de Sarriá. Desde hace unas semanas, se está convocando para llevar a cabo en diversas ciudades “procesiones” insultantes y blasfemas en Semana Santa. 

      No pretendo hacer un elenco completo. Todos, en mayor o menor medida, conocemos estos hechos, que como un goteo incomprensible salpican de modo creciente los medios de comunicación, y como mucho se leen o escuchan “quejas”, pero no actuaciones legítimas en defensa del respeto a la libre práctica de la religión. Las autoridades civiles no reaccionan como debieran. Sólo algunos ciudadanos, individualmente o en torno a algunas plataformas, parecen darse cuenta de la gravedad. La pasividad actual puede traernos mayores atropellos.

      La mayoría de los españoles está en contra de esas actuaciones violentas, en buena parte porque la mayoría vive con naturalidad diversas prácticas católicas, con toda libertad. A nadie se obliga a tener en su casa un cuadro o una fotografía de la patrona o patrón de su ciudad o pueblo. Bautizos, Primeras Comuniones o funerales impregnan la vida ordinaria, y en teoría a nadie debería molestar. Como ha señalado recientemente la escritora Mercedes Salisachs, «si no creen en Dios,  ¿por qué lo atacan tanto?». 

      Devociones arraigadas recorrerán en Semana Santa toda nuestra geografía. Pero este año se pretende que haya algunas “procesiones” insultantes. La libertad religiosa ha de defenderse para todos, y todos hemos de defenderla, seamos católicos o no. Pero con mayor motivo hemos de defender los derechos de los católicos los propios católicos, utilizando todos los medios legales que existen. No basta con lamentar esos hechos ni mucho menos ocultarlos, hay que reaccionar con los medios que el sentido común y el Estado de Derecho proporcionan. Algunos de los hechos que he mencionado pueden constituir delito, y por tanto las autoridades deben intervenir. No sólo han de reaccionar más los católicos, porque cuando se impiden los derechos cualquiera puede sufrir el siguiente atropello.

JavierArnal.wordpress.com   / Almudí

miércoles, 13 de abril de 2011

EL PODER DEL PERDÓN EXPLICADO POR ROLAND JOFFÉ

Buenas reflexiones de Roland Joffé sobre su última película

   «Podemos revertir el camino de destrucción y construir la paz practicando el perdón»
     La pregunta que más me han hecho en las últimas dos semanas es qué me motivó a hacer la película Encontrarás dragones, y cuál es mi visión de la Guerra Civil española. Escribí Encontrarás dragones porque no me resigno a vivir en un mundo como el que me ha tocado vivir. Diría que, a mi edad, es una señal de salud mental pensar como el Padre Gabriel —protagonista de mi película La misión—, que «si la fuerza es lo que vale no hay lugar para el amor en el mundo»
      Por eso he vuelto a España, a una historia que me fascina desde hace tiempo y que ejemplifica como pocas la espiral de violencia omnipresente en la Humanidad. Una lucha fratricida, la Guerra Civil española, que cinco años antes de su inicio nadie podía adivinar y que se prolongó en el tiempo, como se ha podido ver por las reacciones de unos y de otros hacia la película, arrastrando sus ecos hasta el debate de la historia, ecos que siguen resonando fuerte, tanto que a veces parecen reproducir las voces de la aquella época, y desde fuera a veces producen miedo. La primera línea del guión de esta película es «Todas las guerras comienzan mucho antes de disparar la primera bala y continúan mucho después del efecto de la última».
      Aunque lo más cómodo sería seguir viviendo en la tranquilidad intelectual de aposentarse entre el rumor y el mito, en una división entre buenos y malos que exonera de mayores esfuerzos, he querido profundizar en lo que sucedió en España durante la Guerra Civil. Sin elegir un bando. Lo que sucedió en España fue una herida que realmente desgarró a familias de la manera más dolorosa y atroz. Hermanos lucharon contra hermanos, ¿pero significa esto que ya no fueran hermanos? Si estamos dispuestos a matar a nuestros hermanos a causa de aquello en lo que creemos, entonces ¿qué dice eso de nosotros, de nuestros valores o principios? 
      Y es aquí donde las historias de los hombres y mujeres que vivieron la Guerra Civil apelan a cualquier persona, en cualquier lugar del mundo.
      Los procesos históricos no son más que el conjunto de opciones personales de cada uno, las decisiones que tomamos ante los retos y decisiones que la vida nos presenta, y que determinan las opciones personales de otros muchos. Esos retos se agrandan en tiempos de guerra. Cómo respondemos al odio y al rechazo, o al deseo de venganza y justicia. Estos dilemas son, en cierto sentido, los dragones de mi nueva película, momentos de inflexión en nuestras vidas en los que afrontamos opciones decisivas. Opciones que afectarán a nuestro futuro y al de muchísimas personas. 
      Encontrarás dragones habla de las diferentes opciones que asumimos las personas en esos momentos de inflexión ¿tentaciones, si usted quiere? y de lo difícil —¿y al mismo tiempo necesario?— que es salir de los círculos viciosos del odio, el resentimiento y la violencia. Al final, todos nos encontramos ante estas opciones. Todos tenemos que elegir entre el amor y el odio. Optar entre dejarnos vencer por nuestros resentimientos o encontrar la manera de conquistarlos, de superarlos. Ver la vida como una serie de injusticias, de rechazos y heridas, o como una serie de oportunidades, para vencer a esos dragones a través del poderoso deseo de sustituir el odio por el amor. 
      En ese Madrid convertido en infierno en 1936, Josemaría Escrivá —como había hecho el ficticio Padre Gabriel en la selva amazónica de 1756— escogió «hablar sólo de amor y de Dios» y así lo recogen sus diarios íntimos a los que he tenido acceso. Elegir el amor, él diría el Amor (con mayúsculas) es comprender que el odio es una prisión, optar por la libertad, por ser libres, por el camino de la libertad. Nadie que odia puede ser libre. 
      Han pasado algunos años de todo eso y las cosas no han cambiado mucho, los conflictos violentos siguen estando presentes en todo el mundo: Israel-Palestina, Coreas, Libia, Uganda. Rene Girard lo expone de forma clara en su teoría mimética. Imitamos los deseos de otros —deseos de poder y riquezas— y eso convierte a los otros en nuestros rivales, en nuestros enemigos. Esa competitividad que reina en nuestra sociedad genera una espiral de violencia omnipresente en la que Ulrich Beck denomina la «sociedad del riesgo», donde el peligro viene sobre todo de los otros, que desean lo mismo que nosotros deseamos. 
      Elegir el amor no es la opción más fácil, no puede serlo. A veces, incluso, puede parecer inhumano. Al final todo se reduce a una pregunta: ¿Este amor es más grande que mi amor propio? Esta es una pregunta importante, y de alguna forma determinó el destino de buena parte de la política de los inicios del siglo XX. A esta pregunta no se puede responder con una actitud de superioridad ni de superficialidad, sólo es posible darle respuesta desde la humildad y la humanidad.
      Junto a ésta se plantea otra cuestión de una gran complejidad. Si este amor apasionado se basa en un ideal, o en una idealización, si consiste en la aceptación de un solo modelo de comportamiento humano, ¿cómo se puede evitar caer en el fanatismo o la demonización? Desde tiempos de la Ilustración, ésta ha sido una cuestión fundamental. ¿Cuántos actos inhumanos, cuántos crímenes se han cometido en nombre del amor por un bien más grande, por un ideal? 
      Me parece que sólo si se comprende la trágica falibilidad de todos los seres humanos y de todos los comportamientos humanos podemos encontrar la senda del entendimiento y de esa profunda empatía, un verdadero sentido de identificación con el otro, que puede liberarnos de la demonización del otro y de las espirales de violencia en las que se encuentran metidos tantos, sin esperanza de salir. Por eso, la escena crucial en Encontrarás dragones es la que sigue a un asesinato atroz. Al instar a sus seguidores a cambiar su ira y su dolor por el amor a cualquier ser humano, Josemaría les permite salir del ciclo de violencia y venganza al que el resto de España está encadenado. 
      La capacidad de perdonar de los demás perdona a uno mismo. Su belleza es poderosa. El perdón deshiela lo que ha quedado congelado. Toca lo humano en el interior de quien pide perdón y de quién perdona. La fortaleza de ser perdonado. El perdón tiene siempre dos caras y quien no ha aprendido a pedir perdón nunca sabrá perdonar. El que renuncia a pedir perdón se convierte en un hombre que huye, un cobarde. A ellos, a los que pensaron alguna vez como Diego Mendoza —en La misión— que «no hay redención posible», a los que piensan que no hay nada en el mundo capaz de perdonar sus atrocidades les diría, con el Padre Gabriel, que «hay vida, hay una salida». Existe siempre un momento clave donde el perdón es posible. Sí, existe espacio para la esperanza, incluso en las circunstancias más dolorosas, trágicas y terribles, en las que la esperanza parece imposible. 
      Con Encontrarás dragones no he querido dar lecciones de moral ni de historia, sólo recordar que frente a los que se escudan bajo el «no teníais elección… Tenemos que trabajar en el mundo y el mundo es así», sigo respondiendo que «no, nosotros lo hemos hecho así, yo lo he hecho así». Basta con no perder de vista que podemos ser protagonistas del mundo en el que nos toca vivir pero sólo cuando seamos conscientes de que también podemos ser responsables de su camino de destrucción. Y que podemos revertir ese ciclo de destrucción y construir la paz, practicando el poderoso y bello arte del perdón.

Roland Joffé
El Mundo / Almudí

martes, 12 de abril de 2011

Laicidad: asignatura pendiente para los musulmanes

Del “mini-debate” sobre laicidad organizado por UMP, el partido de gobierno francés, queda más el ruido que las nueces. El presidente de la República, Nicolas Sarkozy, ha sido criticado por un supuesto deseo de estigmatizar al Islam, en vez de facilitar su integración pacífica en la convivencia ciudadana. Las acusaciones, casi siempre en el ángulo político de la confrontación con la extrema derecha del Frente Nacional, proceden de personalidades de cultura musulmana y, sobre todo, de una paradójica izquierda que parece ignorar la sistemática violación de los derechos humanos que se produce en Repúblicas islámicas gobernadas hasta hace bien poco, incluso, por miembros de la Internacional Socialista.

Los contrastes entre la libertad de expresión en Occidente y las respuestas violentas del islamismo son continuos. La última se ha producido a raíz del insensato auto de fe protagonizada por un desconocido pastor de una minúscula comunidad de Florida, que se atrevió a quemar públicamente un ejemplar del Corán. Pero nadie podía imaginar que la reacción de las turbas en el norte de Afganistán por la profanación del libro sagrado fuera una matanza de empleados de la ONU. Unos días después, al menos dos personas fueron asesinadas y varias iglesias cristianas eran atacadas en diversas ciudades de Pakistán. Barack Obama condenó al pastor como intolerante y sectario. Pero no podrá evitar otros actos, como pretende el presidente de Afganistán, porque no son delito en Estados Unidos. Por su parte, Hamid Karzaï no puede justificar tampoco en modo alguno la reaccion de sus gentes.

En el caso de Francia, ya en tiempos de Chirac, se planteó el problema de la integración republicana de los fieles musulmanes, que iban creciendo en número como consecuencia de la inmigración. La famosa ley de 1905, pensada sobre todo “contra” la Iglesia católica, pero asumida por ésta con el paso del tiempo, presentaba fisuras al aplicarse al Islam, que no reconoce en la práctica la separación de lo religioso y lo político.

Ciertamente, esa separación de esferas –las “dos espadas” de las controversias medievales  procede de la doctrina de Cristo, que afirmó claramente la necesidad de dar a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César. Pero la impregnación de ese principio en la vida social y política ha tenido alternativas, también como consecuencia de valoraciones doctrinales insuficientes, como la que estuvo en boga hasta el Concilio Vaticano II: la confusa teoría de la potestad indirecta. Pero se puede decir que la Constitución Gaudium et Spes zanja el problema, en términos de mutua independencia y cooperación.

Sin embargo, será preciso fijar detalles en textos jurídicos, también en países que profesan constitucionalmente la laicidad, como Francia. La Croix hizo en su edición digital un espléndido resumen (cfr. http://www.la-croix.com/Le-grand-chantier-de-la-laicite/article/2460750/4076), del que Aceprensa dio cumplida noticia: http://www.aceprensa.com/articulos/2011/apr/08/el-estado-de-la-cuestion-de-la-laicidad-en-francia/

Queda claro, por ejemplo, que, según la ley de 1905 "la República no reconoce, ni sufraga, ni subvenciona ningún culto". Pero los gastos relativos a los servicios de capellanía, destinados a asegurar el libre ejercicio de la religión en liceos, colegios, escuelas o prisiones, "pueden incluirse en los presupuestos estatales, de los departamentos o de municipios". En la práctica, ningún lugar de culto de ninguna religión construido después de 1905 recibe financiación pública. Los ayuntamientos colaboran indirectamente, principalmente a favor de los musulmanes. Y la prohibición del burqa, que entra en vigor el 11 de abril, no se basa en criterios religiosos, sino en la consideración de que "ocultar el rostro", es contrario a "las exigencias fundamentales de la convivencia".

En el fondo, se trata de la aplicación de la cláusula de orden público, como límite del derecho a la libertad religiosa. Para algunos musulmanes, ese intervencionismo estatal viola el principio de neutralidad religiosa que debería encarnar el Estado laico. Pero es un criterio reconocido en los convenios internacionales, a diferencia de lo que ocurre en tantas repúblicas islamistas, que niegan simple y llanamente la libertad y reducen la tolerancia a mínimos asfixiantes. Superar esas graves limitaciones será el mejor camino para evitar estigmatizaciones injustas, y superar la identificación que se produce en el imaginario social entre Islam y fanatismo.
SALVADOR BERNAL
RELIGIÓN CONFIDENCIAL

lunes, 11 de abril de 2011

“La gran crisis de nuestra época es que muchos no tienen un proyecto de persona”

   Benigno Blanco, presidente del Foro Español de la Familia, fue el encargado ayer de pronunciar el pregón de Semana Santa. Blanco dijo sentir un gran honor al poder invitar a todos los presentes a asistir de verdad a la Semana Santa, volviendo a vivir con el Señor su Pasión, más este año, en el que se va a celebrar la tan esperada JMJ Madrid 2011 que tendrá un inmenso efecto espiritual.

    Benigno Blanco invitó a recorrer la Pasión de Jesús de la mano del apóstol Juan, quien dijo, hizo una gran labor evangelizadora. “Debemos invitar a todo el mundo a enamorarse del Señor y ser testigos de ese amor todos los días. Que los jóvenes de boca en boca transmitan el mensaje de que vale la pena evangelizar y seguir a Jesús”. 


    El Presidente del Foro Español de la Familia insistió en que las familias tienen un papel muy importante en la sociedad y en la fe, porque deben transmitir a los hijos con naturalidad el amor del Señor. “Educar no es difícil a pesar de las apariencias conflictivas de la sociedad actual, simplemente debe existir una coherencia de las palabras con los hechos. Educar es fácil si somos coherentes”, dijo. “Cuando se siembran ideales nobles, eso fructifica y aflora en la vida”. Blanco dejó claro que la función educadora de la familia ha de se responsable para transmitir la fe.

Desarraigo de la cultura

    Blanco recordó que el problema de la sociedad actual es que hay muchos contemporáneos que están desarraigados de la cultura, porque no han recibido la bendición de la fe y no distinguen lo bueno de lo malo, porque nadie les ha hablado de Jesús. Por eso, denunció que “la gran crisis de nuestra época es que muchos no tienen un proyecto de persona”, y destacó la gran suerte que tenemos los cristianos de poder hacer llegar a las nuevas generaciones las raíces de la fe.


    Así, invitó a los niños a encariñarse de la figura de la Virgen María, porque Ella reforzará su amor a Dios. “Deben llegar al trato personal con Jesús, porque eso es lo que les hará que se mantengan firmes en la fe, lema de la JMJ Madrid 2011”. “En los tiempos difíciles, también hay que ser firmes en la fe y no dejarse arrastrar por la corriente”, subrayó.


    Finalmente recordó la importancia del papel educador de la familia, un papel que dijo ser “irrenunciable”. “Los padres, las familias, debemos estar vigilantes en la sombra para rescatar a los hijos de sus errores, de sus equivocaciones, porque los seres humanos somos libres y siempre podemos rectificar”. “Dios nos quiere con locura y no desconfiar de su amor, porque nos quiere como un padre”. “La vida de un cristiano es intentar parecerse a Cristo”, concluyó. 

ANÁLISIS DIGITAL

domingo, 10 de abril de 2011

El perdón: la voz de Dios

Paul Bhatti
“No he dudado en perdonar a los asesinos. Para un cristiano es un paso necesario, aunque no borra el dolor. Pero pido que se haga justicia”.

Paul Bhatti se refiere a los asesinos de su propio hermano. Y sabe que el perdón es la mejor forma de oponerse a “toda forma de intolerancia, de violencia y de terrorismo”; es el primer paso, y el definitivo, para que se “haga justicia”. Palabras cristianas que han resonado en el mundo desde que Cristo perdonó y rogó a Dios Padre por quienes le estaban matando y clavando en la Cruz.

El perdón seca las raíces del odio. El odio, aun el más diabólico, sólo puede desaparecer, morir, “sepultado” por el perdón: “Debemos combatir este odio. Si no lo hacemos, estas víctimas seguirán existiendo. No se trata sólo de mi hermano; en Pakistán todos los días hay bombas que explotan y personas que son asesinadas”.

El Papa continúa su oración para que la libertad religiosa eche raíces en la cultura de todos los pueblos, y adquiera relevancia legal al quedar inscrita en las leyes de todos los países. El camino es largo e insidioso. Y, a la vez, es el único que conduce a un renacimiento perenne de  la Fe, y a un asentamiento sólido de la paz en el mundo.

De Pakistán a Ucrania. El perdón no tiene fronteras.El nuevo Primado de la Iglesia Greco-católica de Ucrania, Mons. Sviatoslav Shevchuk, tiene grandes planes para resistir el secularismo creciente en su país y asegura que buscará tanto la ayuda de Roma como una "alianza estratégica" con las iglesias ortodoxas.

Mons. Shevchuk visitó al Papa Benedicto XVI el 1 de abril en su primer acto oficial desde que fuera elegido el 23 de marzo pasado para liderar a los 4,3 millones de católicos ucranianos de todo el mundo. El nuevo Primado tendrá a su cargo la Iglesias católica de rito oriental más grande que resurgió en la década de 1990 cuando se desintegró el sistema totalitario de la Unión Soviética, que tanto persiguió a la Iglesia Católica.

Los greco-católicos de Ucrania atravesaron muchos sufrimientos durante el siglo pasado. Sacerdotes y los fieles fueron detenidos de manera rutinaria, muchos martirizados por la fe y por lo general fueron obligados a vivir en la clandestinidad.

¿Recordar el pasado, y mantener grabada a fuego la lista de agravios? No. Para el arzobispo Shevchuk, la "sangre de los mártires... es la razón principal para que con nuestros jóvenes, haya renacido la Iglesia". La sangre de los mártires genera  fuerza para perdonar y volver a construir. Agranda el corazón, y hace posible que el cristiano acoja a todos.

El cristiano paquistaní, ucraniano, español, japonés, nigeriano…perdona porque tiene presente la Resurrección de Cristo; porque tiene presente a Cristo Resucitado, vivo en el Sacramento de la Eucaristía.

El Arzobispo Shevchuk ya ha tenido conversaciones con otros líderes católicos y ortodoxos para llegar a una sólida construcción de una "alianza estratégica para un testimonio armonioso y único de los cristianos", que podría ayudar a evangelizar la cultura ucraniana, y todas las culturas del mundo. Una “alianza” que sólo puede encontrar un fundamento firme en la vivencia común y fraterna del perdón.

¿Existe acaso un hombre, una mujer, que no tenga nada de lo que ser perdonado? ¿Existe mujer o hombre que no tenga nada que perdonar a nadie?

“Perdono de corazón  al hermano que me ha herido”. Juan Pablo II pronunció estas palabras después de recibir los disparos que estuvieron a punto de acabar con su vida. El perdón convirtió la bala en el mejor regalo de la corona de la Virgen de Fátima.

Ernesto Juliá
Religión Confidencial

sábado, 9 de abril de 2011

'No se puede ser simplemente reactivos en la dinámica de las comunicaciones sociales'

'No se puede ser simplemente reactivos en la dinámica de las comunicaciones sociales'
Todo se puede comunicar y mucho se debe comunicar; también el dolor, la enfermedad e incluso las dudas. «Lo único que no es comunicable es la mentira, ni siquiera para quedar bien y mejorar la imagen»

A un mes exacto de la beatificación del pontífice polaco, esta mañana, en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, tiene lugar una jornada especial titulada: “Beatificación de Juan Pablo II: opinión pública y sentido de la fe”. Además del prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Angelo Amato, interviene el ex director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls.

      El purpurado italiano hablará del sentido de la fe y las beatificaciones y se referirá al caso de Juan Pablo II. Por su parte, Navarro-Valls, que durante 22 años dirigió la Oficina de Prensa de la Santa Sede, afrontará el tema de la hermenéutica de la comunicación del Papa polaco.

      Precisamente hablando de la comunicación, y en concreto de la idea que tenía Karol Wojtyla de los periodistas, Navarro-Valls señalaba recientemente en una entrevista que Juan Pablo II «no veía los medios de comunicación como una categoría abstracta, sino que pensaba en los periodistas como personas. Cuando podía, trataba de establecer un contacto personal con ellos».

      Preguntado por lo que ha cambiado tras Juan Pablo II en la comunicación vaticana y de la Iglesia, Navarro-Valls señala que sobre todo ha cambiado la mentalidad. Si se parte de la idea de que “es mejor que hablen poco de nosotros” y que “sólo reaccionamos si dicen algo equivocado”, esta mentalidad es perdedora desde el principio. 

      En este contexto subraya que «no se puede ser simplemente reactivos en la dinámica de las comunicaciones sociales, que se pueden comparar con un gran recipiente vacío: el primero que echa una idea dentro, es seguido por todos los demás. Hay que saber proponer temas y Juan Pablo II lo entendió. No iba detrás de la agenda de la opinión pública. Proponía los temas y los valores de los que se sentía depositario como Papa».

      Navarro-Valls asegura haber aprendido del próximo beato que todo se puede comunicar y mucho se debe comunicar; también el dolor, la enfermedad e incluso las dudas. «Lo único que no es comunicable es la mentira, ni siquiera para quedar bien y mejorar la imagen».

Alfonso Bailly-Bailliére
ReligionConfidencial.com