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| El doctor Enrique Ballester |
Esta mañana, de camino al hospital, he visto nacer el sol, y una sensación de tristeza, de honda tristeza, ha calado en mi interior. El recuerdo de nuestros compañeros Vicente y Julio ha empañado ese sol naciente, mi alma y ha ralentizado mi corazón.
La mañana en el servicio de urgencias no ha sido de las peores: hemos tenido tiempo para comentar los casos clínicos, tomar un café y comer un trocito de tarta que un paciente agradecido nos ha regalado, pero no hemos hablado de "lo de anteayer"… Lo de "anteayer por la tarde": las sirenas de ambulancias y bomberos, los policías, médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, administrativos, los pacientes y familiares a la puerta de urgencias. Las lágrimas, un minuto de silencio y sentidas palabras de recuerdo. No han pasado ni dos días del fallecimiento de dos compañeros sanitarios (dos más, entre cientos), y no hemos hablado de ello.



















