domingo, 12 de diciembre de 2010

LA FÁBULA DEL REY DESNUDO

   Jose Luis Restán resume, con acierto, el libro Libelo contra la secta, de Hermann Tertsch  

El libro que Hermann Tersch acaba de publicar se define a sí mismo como un "libelo", para que no quepa duda: se trata de un libro de lucha, de ataque, de indignación. Su título completo, Libelo contra la secta, es decir, Rodríguez Zapatero y su pequeña camarilla, apunta al objetivo sin titubear. Según informa el subtítulo, se trata de un repaso a los "años negros del zapaterismo" desde la perspectiva personal del autor. Y lo es. Pero además de ser una crítica del peor presidente de gobierno de la democracia española, es también una crítica de nuestra sociedad, de su indolencia y mediocridad. 

   Estas páginas apasionantes, esclarecedoras, impetuosas y divertidas, son ante todo el testimonio de un hombre libre. Aparece este Libelo, en un momento en que el proyecto de Zapatero parece empezar a declinar hacia un fracaso estrepitoso. Aunque Tertsch no lo tiene nada claro. Pero si felizmente Tertsch no tuviera razón en esta ocasión y Zapatero desapareciera de nuestra historia pronto y por la puerta de atrás, estas páginas seguirían teniendo un ingente valor histórico y humano.

    Cuando Tertsch afirma que en España lo que se necesita es "romper el miedo a decir la verdad", y que eso implica ahora mismo perder el miedo a ser calumniado y perseguido, lo dice porque lo sabe en carne propia. De hecho comienza narrando su salida en 2007 del diario El País, donde lo fue casi todo durante 22 años: desde corresponsal en Bonn y para toda Europa central en la época de la caída del comunismo, hasta llegar a ser subdirector de Opinión y, por tanto, responsable de las que fueron durante muchos años las páginas diarias más influyentes en la España democrática. La descripción con pelos y señales de su salida de El País constituyen el síntoma de la España que Zapatero empezaba a modelar a su antojo. Luego nos cuenta agradecido su paso a las páginas de ABC y su azarosa llegada a la dirección del informativo de Telemadrid.

    El autor se pone tan en primera persona, que se desgasta a lo largo de estas páginas. De principio a fin estamos ante un hombre que afirma sin miedo lo que ve, asumiendo conscientemente los riesgos que eso le ha supuesto. Hermann Tertsch nunca habla desde prejuicios, y su aparente desmesura nace de una mirada limpia.

    Contienen estas páginas un auténtico arsenal de datos y juicios sobre los años de presidencia de Rodríguez Zapatero, contados con la agudeza y perspicacia de un gran periodista, pero con una proyección histórica y un despliegue de referencias culturales que enganchan con la tradición del mejor periodismo español.

    Para Tertsch el presidente Zapatero no es sólo un mal gobernante, sino un "eterno adolescente" que no ha tenido la preocupación de mejorar las condiciones de vida y ampliar la libertad y las posibilidades de los ciudadanos españoles, sino que está pretendiendo cambiar de hecho nuestro sistema político nacido en la Constitución del 78 y, aún más, tiene la pretensión totalitaria de cambiar la mentalidad y la cultura de los españoles desde el poder político.

PaginasDigital, Análisis digital
Javier Restán

sábado, 11 de diciembre de 2010

Santidad y mundo


   La solucíón de esta crisis mundial de valores pasa por la santidad de los cristianos. Os recomiendo este artículo del profesor Pellitero.

   Para que se reconozca a Cristo como presente y como futuro del mundo, ante todo tiene que haber muchos “cristianos de la calle” que se tomen en serio la santidad, también “en” y “por” las cosas del mundo: en las familias y a través del trabajo, de las tareas culturales, sociales y políticas, en el ocio y el deporte, en todas las etapas y condiciones de la existencia humana.

   ¿No es verdad que el mensaje cristiano proviene del futuro —no pertenece al pasado— y por eso interesa mucho en el presente? ¿Acaso el mundo no se encuentra sólo en la época Almudi.org - "Santidad y mundo"“después de Cristo” sino, y sobre todo, en el “tiempo antes de Cristo”? Esto es lo que le plantean a Benedicto XVI en un pasaje central del libro-entrevista Luz del mundo (pp. 76-77). 

Sí, dice el Papa. Y por eso los cristianos —como ya hizo Juan Pablo II— debemos ser capaces de exponer nuevamente «el mensaje de la fe desde la perspectiva de Cristo que viene». Debemos hacerlo de una manera en cierto sentido original, puesto que «a menudo, esa condición de Cristo que viene se ha proclamado en fórmulas que, si bien son verdaderas, al mismo tiempo han envejecido». Han perdido su significado o éste ha sido falseado. Por eso, y se refiere a una expresión de Jürgen Habermas, es importante que haya teólogos que puedan traducir el tesoro de la fe de tal modo que «sea una palabra para este mundo». Le da la razón en que «el proceso interior de traducción de las grandes palabras a la imagen verbal y conceptual de nuestro tiempo está avanzando, pero aún no se ha logrado realmente». 

¿Cómo lograr traducir las verdades de la fe a la cultura de nuestro tiempo? Entiende Benedicto XVI que «esto sólo puede conseguirse si los hombres viven el cristianismo desde Aquel que vendrá». Es decir, si la “traducción existencial” (en la vida) antecede a la “traducción intelectual”. 

He aquí lo decisivo que señala el Papa, recogiendo una idea que desarrolla la Exhortación Verbum Domini (los santos son los más perfectos intérpretes de la Escritura, cf. n. 48). Aquí lo dice en la perspectiva de Cristo: «Son los santos los que viven el ser cristiano en el presente y en el futuro, y a partir de su existencia, el Cristo que viene puede también traducirse, de modo que se haga presente en el horizonte de la comprensión del mundo secular». «Ésta es —subraya con fuerza— la gran tarea frente a la cual nos encontramos». 

Y es verdad. Para que se reconozca a Cristo como presente y como futuro del mundo, ante todo tiene que haber muchos “cristianos de la calle” (fieles laicos) —y no sólo clérigos o personas consagradas en el sentido canónico— que se tomen en serio la santidad, también “en” y “por” las cosas del mundo: en las familias y a través del trabajo, de las tareas culturales, sociales y políticas, en el ocio y el deporte, en todas las etapas y condiciones de la existencia humana. ¿Cómo, si no, podrá mostrarse que sólo en Cristo se encuentra la respuesta a tantas cuestiones vitales como la primacía del amor, la bondad originaria del mundo, la validez de la razón, el atractivo de la belleza que conduce a la verdad, la estrecha conexión entre culto a Dios y compromiso social, la esperanza en un progreso auténtico…?

Aquí habría que preguntarse por el “cómo” de la santidad en medio del mundo. Ya se ve que en esto se juegan cuestiones no sólo de método teológico, sino de evangelización e incluso de supervivencia para la humanidad. Para ello es preciso dejarse iluminar por Dios, “Luz del mundo” y, a la vez, Palabra y Vida para el mundo. 

Ramiro Pellitero, Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra
ReligionConfidencial.com

viernes, 10 de diciembre de 2010

Religión y Psiquiatria, ¿un cambio de perspectiva?

   Hace apenas un mes ha tenido lugar en Ávila, el primer Simposio Internacional sobre Psiquiatría y Experiencia religiosa, impulsado, entre otras instituciones,  por la Fundación Juan José López-Ibor. El Confidencial Digital ya recogió en su día la noticia. Pienso que vale la pena volver sobre ella.

  Juan José López-Ibor, hijo,  responde a una cuestión que le plantea un periodista
“Hay quien dice que mejor que ir a un psiquiatra es ir a un confesor”
-“Yo le diría que vaya a ver al confesor y que, una vez libre de sus pecados, luego vaya a ver a un psiquiatra para que le libre de sus enfermedades. Los psiquiatras no liberamos de sus pecados a nadie, igual que un confesor no cura a nadie de sus enfermedades”.

   Desde hace algún tiempo,  algunas corrientes de opinión se inclinan por analizar la vivencia y experiencia  religiosa, la pregunta sobre el sentido de la vida y de la totalidad de la existencia humana, con una perspectiva exclusivamente  psicológica y biológica.

   Frente a esta tendencia, que pretende dar una explicación del ser humano sencillamente materialista; se está desarrollando, y cada vez con más consistencia en el ámbito médico, la perspectiva psicológica clínica postmaterialista. En esta perspectiva, la conciencia humana, los sentimientos, los pensamientos, la relación con Dios –la religión-, el amor, etc. juegan un importante papel rehabilitador de la persona, y se incorporan al proceso terapéutico.

   O sea, el ser humano no cabe en una explicación exclusivamente  psicológica, biológica; y por consiguiente, para curarse de enfermedades psíquicas, considerar sus vivencias religiosas puede ser un factor importante para recuperar su salud.

   Religión y psiquiatría. Los campos no se mezclan, aunque sea el mismo “yo”, quien viva la religión y la enfermedad psíquica, en el núcleo vital más íntimo.

   Juan José López-Ibor lo subraya con claridad: “El psiquiatra no debe convertir al pagano; lo que debe hacer es considerar que los aspectos religiosos en los enfermos son importantes y deben estar dentro del científico, por un lado, y del cultural, por el otro”.

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ERNESTO JULIÁ
RELIGIÓN CONFIDENCIAL

jueves, 9 de diciembre de 2010

LIBERTAD Y PROGRESO


¿Qué es progreso? ¿Es progreso si puedo destruir? ¿Es progreso si puedo hacer, seleccionar y eliminar seres humanos por mí mismo? ¿Cómo puede lograrse un dominio ético y humano del progreso? 

El reciente libro-entrevista de Peter Seewald a Benedicto XVI da para muchos temas interesantes. Voy Almudi.org - a tratar de fijar mi atención solamente en las ideas que dan título a estas líneas. Es posible que haya temas más interesantes en esta obra, pero no hay duda de que libertad y progreso son cuestiones actuales y atrayentes, además de prácticas, porque la libertad es comúnmente apreciada y el progreso universalmente deseado. 

          La Iglesia ama los avances de la humanidad en cualquier campo. En la mente de todos está la encíclica "Populorum progressio" o el comienzo de la Constitución "Gaudium et Spes" donde se dice que los gozos, las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres lo son de los discípulos de Cristo; y, más específicamente, algo después se lee que, bajo las reivindicaciones políticas, sociales, económicas o culturales, se oculta una aspiración más profunda y universal: las personas y los grupos sociales están sedientos de una vida plena, libre, digna del hombre, a cuyo servicio deben ponerse las inmensas posibilidades que ofrece el mundo actual.

          Se ha hablado mucho de la sociedad del conocimiento, lo que tiene mucha relación con lo que va escrito. El conocimiento —afirma el Papa en la citada entrevista— es poder, que puede utilizarse en la dirección anteriormente apuntada o emplearse en destruir el mundo que creemos haber descubierto por completo. Benedicto XVI se interroga: ¿Qué es progreso? ¿Es progreso si puedo destruir? ¿Es progreso si puedo hacer, seleccionar y eliminar seres humanos por mí mismo? ¿Cómo puede lograrse un dominio ético y humano del progreso?

          Y ahí aparece la libertad, un concepto muy frecuentemente entendido como la capacidad para poder hacerlo todo. Ahí se une con la reivindicación del propio conocimiento, de que la ciencia es indivisible y, por tanto, todo lo que se puede hacer, hay que poder hacerlo. Se piensa que otra cosa no sería libertad. El Papa afirma que tales ideas de progreso y libertad son erróneas. Basta considerar a qué ha conducido, en muchas ocasiones, el progreso no pensado en clave moral. Basta recordar las guerras y el armamento, el uso de los conocimientos genéticos —fantásticos en sí mismos— pero que están conduciendo a una manipulación de la vida y el hombre en proporciones no calculadas, el mal trato a las personas y al planeta, los egoísmos personales o societarios.

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PABLO CABELLOS 
LEVANTE-Emv / ALMUDÍ

martes, 7 de diciembre de 2010

“Lo que define al Papa es su sencillez, inteligencia y buen humor”

Filólogo y doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra, Pablo Blanco Sarto (Zaragoza, 1964) ha publicado la primera gran biografía en castellano de Benedicto XVI (El Papa alemán, Planeta, 550 páginas, 21 euros). Es un “retrato interior” de Ratzinger, que completa la imagen que conocemos en libros como el más reciente, Luz del Mundo.

-¿Qué rasgos definen esa imagen interior?
-En primer lugar, la sencillez de su trato campechano. Cuando llegaba a la oficina de la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo primero que hacía era ir saludando a cada uno de los empleados, preguntándoles algo.

-¿En segundo lugar?
-Su altura intelectual, su capacidad de escuchar, de sacar todo lo positivo que se pueda de una postura no muy favorable a lo cristiano. Es emblemático el diálogo con Habermas en 2004, cuando convinieron en que razón y religión debían apoyarse y purificarse mutuamente. El tercer rasgo es su sentido del humor; la tranquilidad interior, la esperanza y alegría que le da saber que la Iglesia es de Jesucristo y no nuestra.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Cuando nos amordazan, la belleza del cristianismo se hace más elocuente

   Chesterton lo hubiese tenido claro. Habría propuesto que, para evitar los robos, entregáramos el dinero a los ladrones, de buen rollo, así se solucionarían gran parte de los delitos contra la propiedad. La delegada del Gobierno en Madrid, Amparo Valcarce, ha convertido la que hubiera sido una ironía del autor de El napoleón de Notting Hill en una filosofía de la seguridad. Como había un puñado de estudiantes que no quería que el cardenal Rouco fuera a la Universidad Autónoma de Madrid a pronunciar una conferencia, ha recomendado que se suprimiera esa conferencia. Y Rouco no ha podido hablar.

    En realidad la solución es la que está en el origen de una vieja perversión de la democracia: se suprime la libertad y, de este modo, se garantiza la seguridad. El Estado abdica de una de sus funciones primordiales y les da la razón a los enemigos de la libertad. El agravante es que todo esto se produce en un espacio como la Universidad, que por vocación es el espacio para la razón, para el diálogo, para la búsqueda de la verdad. De un tiempo a esta parte las universidades madrileñas se han convertido en un lugar dominado por la intolerancia. Reducidos grupos de estudiantes radicales, apoyados por algunos profesores anclados en la intransigencia sesentayochista, boicotean cualquier manifestación pública que no esté dentro de ciertos esquemas progresistas. La ideología se convierte así en violencia.

    La Universidad necesita abrir espacios de libertad. Pero no será con una dinámica ideológica, aunque sea de "una ideología buena", como se consiga ese propósito. El cardenal Rouco iba a hablar a la Autónoma de cristianismo. Y el cristianismo, cuando ha sido fiel a sus orígenes, ha sido capaz de romper esa dialéctica que ya estaba presente en el Imperio Romano. Ha generado lugares de libertad de la que han gozado todos, también sus enemigos. Y lo ha hecho proponiendo esa frescura, esa fiebre de vida que hace 2.000 años sacudió a un puñado de pescadores de Galilea. Esta pretensión de hacer callar a los cristianos es vieja, es la pretensión del poder. Ya la tenían el Sanedrín y los emperadores, la heredaron los totalitarismos del siglo XX. Y cuanto más intensa ha sido la pretensión de silenciarlos más se ha difundido la vida bella de los que siguen a Cristo. Esa pretensión les ha hecho más conscientes de su valor.

    Así sigue siendo. Ahora que han pretendido amordazar a un sucesor de los apóstoles, los varios centenares de alumnos y profesores que querían escucharlo han encontrado una razón más profunda, más llena de afecto, para proponer a todos, también a los que se manifestaban en contra del cardenal, lo que para ellos es irrenunciable. Ahora el cielo está más limpio, ahora se hace más evidente que la Universidad, para ser libre, necesita que el cristianismo esté presente no como un conjunto de ideas o de valores sino como un acontecimiento que sorprende porque hace la vida más grande. Las autoridades no han cumplido su tarea, pero eso no va a impedir que haya hombres libres que reconozcan libremente la conveniencia humana de la fe. Esa es la tarea de los cristianos. 

PaginasDigital

domingo, 5 de diciembre de 2010

Es el momento de la Universidad

    Es la hora de la acción: hay que conseguir que la universidad recupere su sentido. No estaría mal que se pusieran los medios para que el cardenal Rouco pudiera finalmente pronunciar su conferencia.  Os invito a leer este artículo.
 
No es más el discípulo que el maestro. Quienes consiguieron que Benedicto XVI no pronunciara su conferencia en la Universidad de La Sapienza han aprendido la lección; el mal también es difusivo de sui por el empeño de los suyos. Los hijos de las tinieblas han tomado la Universidad. Ahora ha sido la Autónoma, acunada en los brazos del hoy Ministro de Educación, Ángel Gabilondo, que calla torticeramente, la que no ha garantizado una anunciada conferencia del arzobispo de Madrid sobre el cristianismo en nuestro tiempo.

    La Universidad ha caído en el desprestigio de sí misma, en el desprecio de lo que la constituye como tal. Una sociedad que pervierte a su Universidad, y una Universidad que pervierte a la sociedad, que son sus alumnos, está condenada a la extinción. Lo que ha ocurrido es un síntoma más de la necesaria reconversión industrial de las Universidades españolas, es decir, de un proceso de desaparición de algunas Universidades en orden a reducir ese déficit público, que es moral, y que está hundiendo el sistema universitario. Recomiendo a los lectores muy vivamente el segundo volumen de las memorias del maestro Alejandro Llano, “Segunda Navegación” (Editorial Encuentro), dado  qué no ayudará a saber a qué atenernos con la Universidad española y en la Universidad Española.
    Nada de lamentos. Es la hora de la acción. Es el momento de que el grupo de profesores católicos que se reúnen todos los finales de curso con el cardenal Rouco elaboren un manifiesto en contra del laicismo agresivo que impide que lo que hace que la Universidad sea Universidad desaparezca, la búsqueda conjunta de la verdad, la capacidad de escucha y de diálogo. Es el momento de organizar en la Universidad Complutense, o en cualesquiera de las Universidades madrileñas, una gran conferencia del cardenal Rouco en la que pueda pronunciar el texto que tenía preparado y que, hasta ahora, es inédito. Es el momento de que la Delegación de Gobierno se deje de subterfugios y de falsos trueques y se preocupe por la seguridad de las capillas en los centros universitarios y por los actos que organiza la Pastoral Universitaria y cualesquiera grupos que se confiesan cristianos.

    Es el momento de que los Rectores de las Universidades de Madrid, responsables del buen nombre de la Universidad, hagan pública una declaración en la que confiesen que sus centros académicos están abiertos y son lugares privilegiados para la palabra esencial sobre el hombre, que tiene allí su hogar. Es el momento de enarbolar el orgullo de una Universidad, ejemplar en muchos ámbitos, pero que no puede más tiempo padecer el secuestro de un radicalismo laicista que impida el ejercicio de los derechos fundamentales. Es el momento de la Universidad.

José Francisco Serrano Oceja

sábado, 4 de diciembre de 2010

"Nadie puede obligarme a actuar contra mi conciencia"


   En la actualidad, hay cuatro cuestiones principales donde los españoles están invocando la objeción de conciencia: la asignatura de Educación para la Ciudadanía; la venta de la píldora del día después; las uniones de parejas del mismo sexo; y el aborto. El Consejo de Europa acaba de ratificar el derecho a la objeción de conciencia de los sanitarios ante el aborto. El Tribunal Superior de Castilla La Mancha también ha reconocido la objeción. Y en Andalucía se amontonan —sin resolver— las Almudi.org - Objeción de concienciapeticiones de objeción ante el aborto. Sobre estas cuestiones hablamos con José Antonio Díez, Coordinador General de Asociación Nacional de Defensa de la Objeción de Conciencia (ANDOC).
   Con la aprobación de la ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo de marzo pasado, la batalla por la objeción de conciencia tomó un cariz distinto, ya que, aunque esta ley admite, en términos muy genéricos, este derecho de los profesionales "directamente implicados en esa práctica", les obliga "a manifestar su objeción de anticipadamente y por escrito". E indica que "el ejercicio de la objeción de conciencia no debe impedir que el acceso y la calidad asistencial" del derecho a solicitar el aborto, haciendo primar este sobre la libertad de los profesionales sanitarios.

   Según José Antonio Díez, coordinador general de ANDOC (Asociación Nacional para la Defensa de la Objeción de Conciencia) «entre el 90 y el 98% de los profesionales que trabajan en la Sanidad Pública son contrarios al aborto. En muchos casos, hacen pública su objeción de conciencia; en otros, simplemente, se niegan en la práctica». Entre los que están a favor de la objeción, algunos se oponen a que se regule por ley y otros no. 
   Para aclarar algunos conceptos hemos recurrido a este abogado, portavoz de unas de las plataformas más importantes en España que están defendiendo este derecho reconocido por nuestra Constitución. 


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Agea.net (Entrevista de Darío Chimeno)
Publicado originariamente en “Mundo Cristiano” Almudí

viernes, 3 de diciembre de 2010

Rigor intelectual


Quienes han objetado que en su Viaje Benedicto XVI “arremetió contra” (verbo recurrente en numerosos titulares que parecían clonados por 'copy paste'), pasaron por alto el tono de voz pacífico, humilde, sabio y cercano al pronunciar homilías y discursos.

   Después de seguir en tiempo real a través de la televisión el último viaje papal a España he Almudi.org - "Rigor intelectual"releído sus homilías y discursos con el placer intelectual que proporciona a cualquier profesor universitario la altura de un personaje mundialmente escuchado y reconocido en los foros del pensamiento contemporáneo. Desde entonces, al repasar los artículos en varios medios he podido contrastar muchas de las afirmaciones críticas contra Benedicto XVI con datos que —sin prejuzgar intenciones— las desmienten.

      En algunos análisis se ha llegado a considerar exiguo el número de peregrinos presenciales en las dos visitas. Sin embargo el interés de su visita pastoral lo confirman las más de 500.000 personas que en total acudieron a Santiago y a Barcelona, con presencia mayoritaria de jóvenes, y los altos índices de audiencia a través de las cadenas de televisión. El 34,8% de los españoles, unos 16,4 millones espectadores mayores de cuatro años, contactaron al menos un minuto con la programación especial que prepararon las cadenas de televisión con motivo de la visita del Papa a Santiago de Compostela y Barcelona (Fuente: Kantar Media).

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RAFAEL HERNÁNDEZ URIGUEN
DIARIO VASCO / ALMUDÍ

jueves, 2 de diciembre de 2010

La fe cristiana no es una "religión del libro"

   La trepidante densidad del pontificado de Benedicto XVI se esconde en formas apacibles distintas a las de Juan Pablo II. Quizá esto explica el menor eco mediático que pueden tener hechos o documentos de máxima importancia. Así me lo parece, en concreto, respecto de la 'Exhortación Apostólica Verbum Domini', de publicación reciente. Recoge muchas de las sugerencias formuladas en octubre de 2008 durante el Sínodo de Obispos celebrado en Roma sobre la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia. El Papa lo firmó en un día simbólico: el 30 de septiembre, memoria litúrgica de san Jerónimo.

   Al comienzo del documento, en el n. 7, Benedicto XVI recuerda el carácter analógico de la “Palabra de Dios”: “Jesucristo, nacido de María Virgen, es realmente el Verbo de Dios que se hizo consustancial a nosotros. Así pues, la expresión ‘Palabra de Dios’ se refiere aquí a la persona de Jesucristo, Hijo eterno del Padre, hecho hombre”. Se trata de una referencia al prólogo del evangelio de san Juan, bien conocido de la gente mayor, pues esa gran síntesis de la fe católica se leyó durante años al final de la misa.

   Pero, por otra parte, la creación –como recordaba el Pontífice en la dedicación de la Basílica de la Sagrada Familia de Gaudí en Barcelona , el liber naturae “forma parte esencialmente de esta sinfonía a varias voces en que se expresa el único Verbo”. Los creyentes pueden rastrear en ese libro las huellas divinas que el Creador plasma en lo creado.

   Pero, además, la fe cristiana confiesa que “Dios ha comunicado su Palabra en la historia de la salvación, ha dejado oír su voz; con la potencia de su Espíritu, ‘habló por los profetas’”. Como es bien sabido, según el arranque de la epístola a los Hebreos, esa intervención de la providencia llega a su plenitud en el misterio de la encarnación, muerte y resurrección del Hijo de Dios. 

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SALVADOR BERNAL
RELIGIÓN CONFIDENCIAL

miércoles, 1 de diciembre de 2010

La alegría del Adviento


Benedicto XVI ha desgranado en sus discursos y homilías las palabras que caracterizan a este tiempo de Adviento: alegría, espera, conversión, presencia... Esta es una selección de sus reflexiones.

 
«(...) nunca habría imaginado nadie que el Mesías pudiera nacer de una joven humilde como María, esposa prometida del justo José. Ni siquiera ella lo habría pensado nunca, sin Almudi.org - Benedicto XVIembargo en su corazón la espera del Salvador era tan grande, su fe y su esperanza eran tan ardientes que Él encontró en ella una madre digna (...). Hay una misteriosa correspondencia entre la espera de Dios y la de María, la criatura "llena de gracia", totalmente transparente al designio de amor del Altísimo. Aprendamos de Ella, Mujer del Adviento, a vivir los gestos cotidianos con un espíritu nuevo, con el sentimiento de una espera profunda, que solo la venida de Dios puede llenar»".

«Los cristianos adoptaron la palabra “adviento” para expresar su relación con Jesucristo: Jesús es el Rey, que ha entrado en esta pobre “provincia” llamada tierra para visitarnos a todos; hace participar en la fiesta de su adviento a cuantos creen en Él, a cuantos creen en su presencia en la asamblea litúrgica». 

«Con la palabra "adventus" se pretendía sustancialmente decir: Dios está aquí, no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. Aunque no lo podemos ver y tocar como sucede con las realidades sensibles, Él está aquí y viene a visitarnos de múltiples maneras».

«El significado de la expresión “adviento” comprende por tanto también el de visitatio, que quiere decir simple y propiamente "visita"; en este caso se trata de una visita de Dios: Él entra en mi vida y quiere dirigirse a mí. Todos tenemos experiencia, en la existencia cotidiana, de tener poco tiempo para el Señor y poco tiempo también para nosotros. Se acaba por estar absorbidos por el “hacer”. ¿Acaso no es cierto que a menudo es la actividad quien nos posee, la sociedad con sus múltiples intereses la que monopoliza nuestra atención? ¿Acaso no es cierto que dedicamos mucho tiempo a la diversión y a ocios de diverso tipo?».

«El Adviento, este tiempo litúrgico fuerte que estamos empezando, nos invita a detenernos en silencio para captar una presencia. Es una invitación a comprender que cada acontecimiento de la jornada es un gesto que Dios nos dirige, signo de la atención que tiene por cada uno de nosotros. ¡Cuántas veces Dios nos hace percibir algo de su amor!» 

ALMUDÍ / LEER MÁS

martes, 30 de noviembre de 2010

Inteligencia maternal


Es muy sorprendente la fuerza natural interior que se activa en los padres para que se obre el milagro cotidiano de que cuiden de sus hijos. ¿Qué fuerza casi sobrenatural les impulsa a invertir tal cantidad de energía en atender a un ser vivo que en los primeros estadios de su existencia no hace poco más que comer, llorar y ensuciarse?
           Durante décadas se ha extendido el tópico de que la maternidad atonta y alela a las mujeres, centAlmudi.org - Katherine Ellisonrando su vida en un mundo infantil y relegándolas a tareas tediosas y repetitivas. Así lo explica Katherine Ellison, una exitosa periodista de investigación galardonada con el Premio Pulitzer y que considera que todas esas ideas proceden de clichés y trivializaciones que no reflejan la realidad.
En su libro “Inteligencia maternal” muestra, a partir de recientes investigaciones científicas y de su propia experiencia como madre, que, lejos de ese viejo mito, la maternidad contribuye a estimular la inteligencia de las mujeres, al enfrentarlas a nuevos retos y a la necesidad de resolver nuevas situaciones. Su libro, que ha sido un best seller a nivel mundial, está repleto de anécdotas y relatos sobre madres jóvenes que aseguran que la maternidad es un enriquecimiento general para la mujer, acentúa su sensibilidad e incrementa sus capacidades gracias a lo que ha empezado a llamarse inteligencia maternal.
Muchas mujeres son acosadas por reticencias que flotan en el ambiente y que les empujan a postergar la decisión de engendrar un hijo. A su vez, temen que, al ser madres, sufran un declive en sus facultades personales. Está muy presente el tópico de la mujer embarazada agobiada y sensiblera que llora por cualquier tontería, o el de la madre extenuada incapaz de pensar en nada salvo en los horarios de los niños y en la lista de la compra. La angustia que genera esa imagen de la maternidad ha ido en aumento y es sin duda responsable de que muchas mujeres retrasen mucho los embarazos.
Katherine Ellison insiste en primer lugar en el enriquecimiento del repertorio emocional y la gran experiencia que aportan los niños. Remarca también la enorme fuerza natural del vínculo entre madre e hijo como una poderosa fuente de valores para la propia vida de la madre. Contrariamente a lo que ocurre con la amistad o la dedicación profesional, o incluso con el propio matrimonio, el cuidado de un hijo implica una gran capacidad para hacer frente a cualquier desafío, por difícil que este sea, y son desafíos que quizá en otro contexto les harían tirar la toalla pero que ahora les fortalecen y engrandecen como personas.
Hoy también sabemos que el cerebro humano, que antaño se consideraba petrificado en la edad adulta, puede desarrollarse a lo largo de toda la vida en respuesta a nuevos estímulos. Hace unos años, todo parecía indicar que debíamos aceptar el triste destino de ir perdiendo recursos mentales con la madurez, pero ahora sabemos que no paramos de formar nuevas neuronas y nuevas conexiones en respuesta a nuevos apremios. Esto hace que, en contra de la imagen clásica de la madre como víctima del estrés, resulten estar bastante mejor cualificadas para afrontarlo.
Es muy sorprendente la fuerza natural interior que se activa en los padres para que se obre el milagro cotidiano de que cuiden de sus hijos. ¿Qué fuerza casi sobrenatural les impulsa a invertir tal cantidad de energía en atender a un ser vivo que en los primeros estadios de su existencia no hace poco más que comer, llorar y ensuciarse? El sentido personal del confort de los padres se modifica, y viejos paradigmas son reemplazados por otros nuevos que les llevan a volcarse en la preocupación por el bienestar de otro ser humano. Ese compromiso es un factor clave para el desarrollo de cuestiones humanas tan esenciales como el afecto entre las personas, la educación, la transmisión de valores, la sociabilidad y el amor.
El altruismo que despierta y desarrolla la maternidad es uno de los motores más poderosos que sacan adelante cada día a nuestra sociedad. Un altruismo que habitualmente incluye también al padre: la transformación que experimenta un hombre quizá egoísta que se ve de pronto expuesto a un contacto cercano con niños pequeños ha protagonizado el argumento de un sorprendente número de películas producidas por Hollywood en los últimos tiempos. Cuidar de los hijos es una gran fuente de humanidad que nuestro tiempo está empezando a valorar como merece.  
Alfonso Aguiló. Vicepresidente del Instituto Europeo de Estudios de la Educación
ALMUDÍ

lunes, 29 de noviembre de 2010

LA CORONA DE ADVIENTO: signo de una paciente espera.

   La corona de adviento se hace con follaje verde sobre el que se insertan cuatro velas. Tres velas son violeta, una es rosa. El primer domingo de adviento encendemos la primera vela y cada domingo de adviento encendemos una vela mas hastallegar a la Navidad. La vela rosa corresponde al tercer domingo y representa el gozo. Mientras se encienden las velas se hace una oración, utilizando algún pasaje de la Biblia y se entonan cantos. Esto lo hacemos en las misas de adviento y también es recomendable hacerlo en casa, por ejemplo antes o después de la cena. Si no hay velas de esos colores aun se puede hacer la corona ya que lo mas importante es el significado: la luz que aumenta con la proximidad del nacimiento de Jesús quien es la Luz del Mundo. La corona se puede llevar a la iglesia para ser bendecida por el sacerdote.

   Origen: La corona de adviento encuentra sus raíces en las costumbres pre-cristianas de los germanos (Alemania). Durante el frío y la oscuridad de diciembre, colectaban coronas de ramas verdes y encendían fuegos como señal de esperanza en la venida de la primavera. Pero la corona de adviento no representa una concesión al paganismo sino, al contrario, es un ejemplo de la cristianización de la cultura. Lo viejo ahora toma un nuevo y pleno contenido en Cristo. El vino para hacer todas las cosas nuevas.

   Nueva realidad: Los cristianos supieron apreciar la enseñanza de Jesús: Juan 8,12: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.». La luz que prendemos en la oscuridad del invierno nos recuerda a Cristo que vence la oscuridad. Nosotros, unidos a Jesús, también somos luz: Mateo 5,14 «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte."
En el siglo XVI católicos y protestantes alemanes utilizaban este símbolo para celebrar el adviento: Aquellas costumbres primitivas contenían una semilla de verdad que ahora podía expresar la verdad suprema: Jesús es la luz que ha venido, que está con nosotros y que vendrá con gloria. Las velas anticipan la venida de la luz en la Navidad: Jesucristo.
Las ramas de verde perenne recuerdan Jesús es la luz eterna. En los países fríos se escogen ramas de los árboles que no pierden sus hojas en el invierno, para simbolizar que Dios no cambia.
 
   El círculo nos recuerda que Dios no tiene principio ni fin, es eterno.
Recordamos la larga espera de la Humanidad que, cayendo en pecado, vivía en oscuridad. El Pueblo de Israel recibió de Dios la promesa y los profetas la mantenían viva en los corazones. Nosotros, por el bautismo, estamos llamados a ser profetas y anunciar el reino de Dios. Es así que nosotros, en Cristo, somos luz.


domingo, 28 de noviembre de 2010

Muchísimo más que el preservativo

   La conversación de Benedicto XVI con Peter Seewald ha dado lugar a un libro interesantísimo -'Luz del Mundo'-, cuya primera noticia fue su tratamiento acerca del preservativo. No lo obviaré. Después de afirmar que el preservativo banaliza la sexualidad convirtiendo el amor en droga, dice: «Podrá haber casos fundados de carácter aislado, por ejemplo, cuando un prostituido utiliza un preservativo, pudiendo ser esto un primer acto de moralización, un primer tramo de responsabilidad a fin de desarrollar de nuevo una conciencia de que no todo está permitido y de que no se puede hacer todo lo que se quiere». Así que «nihil novum sub sole», nada nuevo bajo el sol: esta práctica de llevar al hombre gradualmente hacia el bien es de siempre.
   Eso es el famoso párrafo de un libro de 227 páginas en las que se abordan mil temas de la Iglesia y del mundo de palpitante actualidad y con visiones vibrantes, profundas, serenas. No trato de resumir porque es mucho mejor leer el libro, sino que destacaré una cuestión.
   Como es habitual en el pensamiento de este Pontífice -y siempre en la doctrina de la Iglesia-, la necesidad de Dios ocupa un primerísimo plano. ¿Desde qué óptica? Desde variados puntos de vista: la purificación de los mismos miembros de la Iglesia, cuyos errores nos llevan a reconocer que la libertad no puede ser arbitrariedad; el poder que otorga el conocimiento, pero que nos hace capaces de destruir nuestro mundo por falta de respuestas a la pregunta: ¿qué es bueno? La contestación a esta cuestión no se ha planteado a fondo, como no se plantea a fondo la libertad -también banalizada-, si consiste simplemente en hacer cualquier cosa de las posibles. Por eso se refiere a la necesaria liberación de pensamientos erróneos que a nada conducen, con una particular referencia al relativismo y laicismo, cuya tolerancia negativa lo arrastra en la práctica a negar o disminuir la carta de ciudadanía al creyente y sus creencias.
   Busca puntos de encuentro con la modernidad, tales como el ecologismo, la solución de la crisis económica, el destierro de la pedofilia o, en otro lugar, al rechazo de ideologías -nazismo, marxismo- que han llevado a una suerte de desprecio y crueldad con el hombre jamás vistas. Esas ideologías basaron buena parte su totalitarismo y persecución en la ausencia total de Dios. Porque desea la presencia necesaria de Dios en el mundo, se plantea hasta los símbolos religiosos vigentes en la sociedad: ¿por qué desterrarlos? El contenido de la cruz es que Dios mismo es un Dios sufriente, que nos quiere a través del sufrimiento, que nos ama, que no agrede a nadie. Dios en la explicación del cosmos y del hombre, Dios en los símbolos, Dios en la identidad cultural de muchos países, Dios en la fe.
   Hay una interesante referencia a una especie de esquizofrenia cristiana muy actual. Ha traído a mi mente una homilía del fundador del Opus Dei en la que afirmaba: «¡Que no, hijos míos! Que no puede haber una doble vida, que no podemos ser como esquizofrénicos si queremos ser cristianos». Eso predicaba para rechazar la tentación de intentar llevar por un lado la vida de relación con Dios, y por otra parte, distinta y separada, la vida familiar, profesional, social. Ser cristiano, declara Benedicto XVI, no debe convertirse en algo así como un estrato arcaico que de alguna manera retengo y que vivo en cierta medida de forma paralela a la modernidad. Ser cristiano es en sí mismo algo vivo, algo moderno, que configura y plasma toda mi modernidad y que, en ese sentido, la abraza en toda regla. La vida paralela -sin encontrarse jamás- entre la fe y una modalidad moderna que se le opone, es -dice el Papa- una suerte de esquizofrenia, una existencia dividida.
   Casi al final, se refiere con vigor al despertar cristiano necesario para que la humanidad camine más segura y certera, aseverando que los procesos de este despertar, en su parte más importante, no surgen porque la Iglesia como institución funde algo -y ha fundado mucho- sino por la fe de los mismos creyentes, que les moverá a tener iniciativas personales de mejora. De ahí que se cuestione por qué falta empuje a los católicos para hacer valer sus ideas cristianas en el ámbito de lo temporal. La respuesta es que debemos intentar que no pierdan de vista a Dios, que reconozcan y utilicen el tesoro que poseen.
   Para que el mundo se convierta y mire a Cristo, al Dios hecho hombre, no ve ese mundo de modo catastrófico, sino escudriñándolo en todas sus oportunidades de bien y buscando la conversión consistente en volver a colocar a Dios en primer término. Hacia la mitad del libro-entrevista dice algo con lo que puedo concluir: Realmente, la pregunta hoy es: ¿Cómo nos manejamos en un mundo que se amenaza a sí mismo, en el que el progreso se convierte en un peligro? ¿No tendremos que empezar de nuevo con Dios? Ser hombre -dice- es algo grande, un gran desafío. La banalidad de dejarse llevar no hace justicia al hombre.
PABLO CABELLOS
LAS PROVINCIAS

sábado, 27 de noviembre de 2010

EL HUEVO DE LA SERPIENTE

   Magistral artículo de De Prada. Los derechos humanos han dejado de ser definiciones objetivas, para convertirse en acuñaciones moldeables según la conveniencia social del momento, según las preferencias ideológicas de una determinada formación política que ostenta coyunturalmente una mayoría parlamentaria  

Al establecer que son 'inherentes' a la persona, los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos quisieron significar que eran derechos de naturaleza prepolítica, constitutivos de la persona , y también apolíticos, porque no son construcciones del poder, que independientemente de su orientación ideológica debe luchar por su preservación. En los últimos años, sin embargo, se está imponiendo una nueva versión de los derechos humanos que no es sino el camuflaje con el que se trata de satisfacer intereses particulares, a veces de naturaleza criminal. Los derechos humanos han dejado de ser definiciones objetivas, para convertirse en acuñacio­nes moldeables según la conveniencia social del momento, según las preferencias ideológicas de una determinada formación política que ostenta coyun­turalmente una mayoría parlamentaria.

   Quienes promueven esta desnaturalización de los derechos humanos actúan de forma muy astuta: su objetivo es crear artificialmente una 'opinión publica' favorable a la que es obligatorio adherirse, si no se quiere ser arrojado al infierno de los réprobos. Para lograrlo desarrollan un activismo incansable en las conferencias internacionales, donde se redactan textos en los que se habla de derechos inexistentes (por ejemplo, el llamado 'derecho a la salud reproductiva y sexual'); tales textos carecen de valor jurídico, pero tienen una gran importancia política, pues por estar bendecidos desde instancias corno la ONU crean un espejismo de 'consenso internacional' y aparecen revestidos de una legitimidad de la que en realidad carecen. Paralelamente, desde organismos internacionales como la turbia organización Mundial de la Salud –especialista en proclamar epidemias fantasmagóricas de gripe- se fabrican argumentos seudocientífico que a fuerza de ser repetidos, se convierten en verdades inatacables.

   Los documentos sin valor legal emanados de las conferencias internacionales y las manipulaciones seudocientíficas son luego esgrimidos por los lobbies promotores de estos 'nuevos derechos que actúan siguiendo un plan conjunto que tiene como objetivo modelar la opinión pública e introducir en el lenguaje político las manipulaciones seudocientíficas mencionadas. Paralelamente, los distintos Gobiernos de los Estados, acogiéndose a la apariencia de legitimi­dad que les proporcionan los documentos sin valor jurídico de los organismos internacionales, promueven legislaciones nacionales que consagran los 'nue­vos derechos', creando el espejismo de que responden a una demanda social. La sociedad, para entonces, ha dejado de resistirse; y a quienes aún se oponen se les considera contrarios al progreso, a la tolerancia y a los derechos humanos. No importa que, en realidad, sean sus únicos defensores, porque los concep­tos de progreso, tolerancia y derechos humanos han sido usurpados. Y todo el que ose discutir tales falsos derechos se convierte de inmediato en un intolerante, en un retrógrado, en un fanático, en un ser asocial... en un delincuente incluso. Porque lo que se pretende es que, de aquí a unos pocos años, todo el que se oponga a esta redefinición de los derechos humanos sea condenado a la muerte civil.

   Quienes promueven la redefinición y desnaturalización de los derechos humanos afirman que no existe otra moral que la que determina la ‘opinión pública’- esa opinión pública que previamente han modelado asu antojo- o las mayorías parlamentarias. Y así por ejemplo, se nos hace creer que el aborto es aceptable por la sencilla razón de que la mayoría vota a su favor, o porque existen partidos que gozando de una abultada representación, defienden que sea lega­lizado. Entonces. hemos de concluir, también que el genocidio debería aceptarse, si quien lo perpetra fuese elegido democráticamente, como los alemanes de los años treinta hicieron con Hitler. ¿Por que no? Es pura lógica.

   Pero es la lógica del mal. Si nos rebelamos contra el genocidio, ¿por qué no lo hacemos contra esta redefinición de derechos que está desarrollándose ante nuestros ojos? Porque hemos sido sobornados; porque el poder ha sabido aprovecharse de nuestras debilidades, de nuestros intereses egoístas, dándoles categoría de derechos. Somos más esclavos que nunca, porque hemos renunciado a nuestra capacidad de discernimiento moral. Éste es el drama de las democracias occidentales, éste es el huevo de la serpiente que están incubando y que acabará destruyéndolas.
 JUAN MANUEL DE PRADA
XLSEMANAL

viernes, 26 de noviembre de 2010

Inquietud por el más allá

   Se ha dicho que en el fondo de todos los miedos está el de morir. Parece que actualmente se plantea la posibilidad de volcar en un ordenador (download) la “configuración” y “preferencias” personales, de modo que quedaran en algún sitio…

   Nos resistimos a desaparecer del mundo y penetrar en lo desconocido. Esto se explica porque, de un lado, la vida nos proporciona la experiencia de que todos morimos, y, por otra parte, nadie ha vuelto del más allá para contarnos qué pasa. Además, está la separación de los seres queridos.

   También el cine actual, como en la película “Más allá de la vida” (Hereafter, Clint Eastwood 2010), se pregunta por lo que hay después y por la comunicación con los que se han muerto, sólo que sin nombrar a Dios; en algún momento se evoca la fe cristiana, pero de un modo desleído y poco convincente. Sin embargo, la inquietud sigue en pie, y toda la película es testimonio de ello.

   “Tal vez –escribe Benedicto XVI en su encíclica sobre la esperanza (2007)– muchas personas rechazan hoy la fe simplemente porque la vida eterna no les parece algo deseable. En modo alguno quieren la vida eterna, sino la presente y, para esto, la fe en la vida eterna les parece más bien un obstáculo”. Querrían –prosigue– aplazar la muerte lo más posible. Pero –argumenta– seguir viviendo sin fin sería más bien una condena o una carga, algo aburrido e insoportable.
   San Agustín, que trató el tema, concluye que en el fondo sólo queremos una cosa, llámese la vida bienaventurada o, simplemente, la felicidad. Con palabras del Papa, “de algún modo deseamos la vida misma, la verdadera, la que no se vea afectada ni siquiera por la muerte”. Querríamos eternizar “el momento pleno de satisfacción, en el cual la totalidad nos abraza y nosotros abrazamos la totalidad.... el momento del sumergirse en el océano del amor infinito, en el cual el tiempo –el antes y el después– ya no existe”. Este momento sería “la vida en sentido pleno, sumergirse siempre de nuevo en la inmensidad del ser, a la vez que estamos desbordados simplemente por la alegría”.

Ramiro Pellitero, Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra
RELIGIÓN CONFIDENCIAL 
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¿Otra polémica evitable?

   ¿En manos de quién está la “comunicación” del Papa?

   Una pregunta quizá osada, pero que uno no puede menos de plantearse,  ante acontecimientos del tipo de los que hemos tenido que soportar este último fin de semana.
 
   El órgano de prensa vaticana –‘L’Osservatore Romano’- habrá tenido, sin la menor duda, muchísimos otros pasajes del libro-entrevista “Luz del mundo”, mejores y más apropiados que las preguntas marginales –que también, en mi opinión se han podido evitar, porque nada añaden a todo lo ya establecido sobre el tema- para dar publicidad a un libro a punto de presentarse al público, ya traducido en diversos idiomas.
 
   “Es verdaderamente necesaria una humanización de la sexualidad”.
 
   Así termina Benedicto XVI el pasaje  “polémico”. Pasaje, por cierto que comienza con estas palabras que muy pocos comentarios han recogido:
 
   “Concentrarse sólo en el preservativo quiere decir banalizar la sexualidad y esta banalización representa precisamente el motivo por el que muchas personas ya no ven en la sexualidad la expresión de su amor, sino sólo una especie de droga, que se suministra por su cuenta. Por este motivo, también la lucha contra la canalización de la sexualidad forma parte del gran esfuerzo para que la sexualidad sea valorada positivamente y pueda ejercer su efecto positivo en el ser humano en su totalidad”.
 
   “Humanización de la sexualidad”. Esa es la clave de la respuesta del Papa; no el preservativo.
 
   Todo el problema moral del uso del preservativo gira siempre en torno a su empleo en la unión sexual  en el matrimonio.  En la unión del hombre y de la mujer en el matrimonio. Porque es en el matrimonio, y sólo en el matrimonio de un hombre y de una mujer –cualquier otra “unión” nada tiene que ver con un matrimonio-, donde la sexualidad puede y debe ser “humanizada”; donde la sexualidad del hombre y de la mujer adquiere su sentido en la unión sexual.
 
   Benedicto XVI es consciente de que la Iglesia tiene que afrontar la gran tarea de conseguir que “la sexualidad sea valorada positivamente y pueda ejercer su efecto positivo en el ser humano en su totalidad”.
 
   En un matrimonio en el que el diálogo sexual del esposo con la esposa, y de la esposa con el esposo, se desarrolla con respeto mutuo, amor, delicadeza, la sexualidad se humaniza, y esta al servicio “del ser humano en su totalidad”.
 
   Obviamente, en la “prostitución”, de hombre o de mujer, que a estos efectos son muy semejantes, no ocurre nada que se le parezca; nada que tenga que ver en absoluto con  la “humanización de la sexualidad”.

   Por todo esto,  la cuestión de la moral del uso del preservativo no tiene relación con la “prostitución”; un mal en sí mismo; y en muchos casos una verdadera “condena” para quien la sufre; y una verdadera manifestación de egoísmo y espíritu vicioso, en quien lo realiza. Y es un mal, un pecado, suficiente grave en sí mismo.

   Benedicto XVI, en una consideración paterna, ve en el gesto de una “prostituta”, hombre o mujer, que se sabe enferma del sida, o de cualquier otro mal contagioso –la sífilis ha vuelto a presentarse en Europa, y en proporciones preocupantes- exige el uso del preservativo para no transmitir esas enfermedades, manifiesta, ciertamente, “un primer acto de responsabilidad para desarrollar de nuevo la conciencia sobre el hecho de que no todo está permitido y de que no se puede hacer todo lo que se quiere”.

   El segundo paso de ese desarrollo de la conciencia, está en conseguir erradicar la “prostitución” y el preservativo, que banaliza la sexualidad; y “prostituye” al hombre, a la mujer.

   ¿Cuántas mujeres, y cuántos hombres, que viven hoy de la “prostitución” darían gracias a Dios si pudieran verse liberados de esa “esclavitud”?

   Sacar del contexto las palabras del Papa,  y hablar de que “la Iglesia comienza a revisar su doctrina”, “que abre etc., etc, no es más que seguir “banalizando” la sexualidad –separando el amor del sexo,  cosa que ocurre cuando la sexualidad no se vive en el matrimonio-, y querer convertir la sexualidad en una “droga”. ¿Se resuelve así el problema del sida? 


ERNESTO JULIÁ
RELIGIÓN CONFIDENCIAL