Está claro que, salvo rarísimas excepciones, no hay lugar en la vida para hazañas deslumbrantes; entre otras razones, porque no suelen presentarse.
Como me gusta ir contra mano, como dicen en la América Hispana, no hablaré de política, ni de famosos, sino de una mujer corriente y moliente, pero singular por la alegría y el buen humor con el que vivió el día a día, desde la capacidad para convivir y ser útil a los demás.
Pues si, para llevar la contraria, una vez más, dedico esta gacetilla −con permiso del amable lector−, a uno de esos “santos de la puerta de al lado”, como llama el Papa Francisco a quienes viven desde el ejemplo de la propia vida, la plenitud del amor de Dios allí donde les toque.



















