La templanza nos permite disfrutar de los bienes con
libertad, sin permitir que nos dominen ni esclavicen. Todo hombre y mujer se
reconocen frágiles ante los elementos, les resulta imprescindible poseer bienes
con los que resolver la existencia.
Es necesario un mínimo de bienestar para practicar los
valores. También es natural que, como seres vivos, sensibles e inteligentes,
deseemos lo agradable, busquemos lo grato y placentero. Templanza es equilibrio
en esta inclinación a lo agradable.


















