lunes, 28 de junio de 2010

George Weigel: "El Papa no es un monarca absoluto"

          A la revista Time (7-06-2010) le disgusta profundamente la forma en que Benedicto XVI está afrontando el escándalo de los abusos sexuales: en un reportaje exige menos teología y más golpes de pecho. A esta crítica responde George Weigel, con su habitual tono mordaz, en un artículo publicado en National Review (4-06-2010). 


Benedicto XVI
El reportaje de Time se titula “Por qué ser Papa significa no tener que decir nunca ‘lo siento’”. Retoma la polémica sobre la época en que Joseph Ratzinger era arzobispo de Múnich (cfr. Aceprensa, 16-03-2010), trae a colación algunos testimonios y termina sentando al Papa en el banquillo. 

No obstante, dice Weigel, al reportaje de Time todavía se le puede sacar algún provecho. “En tan sólo diez páginas, logra sintetizar la visión distorsionada que los medios siguen teniendo sobre la Iglesia católica”. 

¿Un monarca absoluto?
 
Para quienes tiene una visión política de la Iglesia, el primado del Papa es una especie de privilegio monárquico que le permite interpretar de forma arbitraria la Voluntad de Dios. Así lo entiende el reportaje de Time

Pero Weigel, en cambio, ve las cosas de otra manera. Cada pontífice está al servicio de la tradición apostólica que ha recibido. De ahí que Benedicto XVI hable de los abusos sexuales en los términos que tanto desagradan a Time: “El demonio, el pecado, la penitencia y el perdón es el lenguaje propio de la Iglesia y no de lo políticamente correcto”. 

Por otra parte, Weigel recuerda que la potestad universal del Papa no va en menoscabo del colegio episcopal. “Los obispos no son simples consejeros delegados de una empresa llamada Iglesia católica. Más bien, son las cabezas de sus iglesias locales y gobiernan sobre ellas con autoridad y responsabilidad”.
Weigel aclara este punto para que nadie piense que el Papa debe responder por los desmanes cometidos en la diócesis más perdida del mundo. “En las últimas décadas, la irresponsabilidad de algunos obispos locales ha hecho mucho más daño a la Iglesia que la supuesta autocracia del Papa”. 

Además, la capacidad de gobernar que tiene el Papa se encuentra limitada en la práctica por sus colaboradores. Weigel pone como ejemplo el caso de la nunciatura apostólica de Washington, que informó con tres meses de retraso a Juan Pablo II sobre algunos aspectos de la crisis de los abusos en Estados Unidos. 

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