lunes, 25 de octubre de 2010

2011, cita en Madrid

Almudi.org - Yago de la Cierva, Director Ejecutivo de la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011
Buenas reflexiones sobre la JMJ 2011

  Este año se han celebrado las bodas de plata de la primera jornada mundial de la juventud (JMJ), que tuvo lugar en Roma en 1985. Juan Pablo II ideó esta iniciativa, reflejo de la confianza que tenía en los jóvenes, a quienes siempre miró con especial predilección. 

  Benedicto XVI, con una mentalidad que en cierto modo está en las antípodas del estilo personal del Papa polaco, ha participado ya en dos JMJ, y se apresta a venir a Madrid el año que viene. ¿Sigue siendo eficaz esta fórmula para presentar el mensaje cristiano a las nuevas generaciones? 

  Hay quienes afirman que en el mundo de los jóvenes se está produciendo una "revolución silenciosa", cuyo potente motor propulsor son las Jornadas Mundiales de la Juventud. Estos encuentros siguen sorprendiendo dentro y fuera de la Iglesia. Y son la fotografía de una juventud, muy distinta de la que proponen algunos medios de comunicación, que está sedienta de valores y en búsqueda del significado más profundo de la vida.

Un mayo del 68 al revés
  Existe una pregunta habitual que surge en cada nueva edición de la Jornada Mundial de la Juventud: la pregunta sobre cuál es el secreto de este sorprendente fenómeno. Algunos expertos han hablado de "revolución silenciosa". Joaquín Navarro-Valls, que fue portavoz de la Santa Sede de 1984 a 2006, describió los actos del hipódromo de Longchamp en laJMJ de París 1997 como "un mayo del 68 al revés". Esos jóvenes de París eran hijos de los jóvenes de mayo del 68, una generación que pretendió liberarse de la tradición, de todo poder establecido y de cualquier límite a la autonomía individual. Pero fueron más hábiles para derribar que para construir.

  Hoy, un importante porcentaje de los participantes de las JMJ se siente como abandonado por sus padres, que no les han transmitido ningún valor objetivo, ninguna certeza, ningún modelo de vida. En esa situación mental y cultural sin puntos de referencia, el Papa se les presenta como la figura del hombre coherente, con respuestas a las preguntas claves que nadie ahora mismo se atreve siquiera a plantearse.
Algo parecido a París ocurrió en la última JMJ, en Sidney 2008. La alegría y la amabilidad de miles de jóvenes católicos «acabaron por fundir el cínico corazón de Sidney» escribió Miranda Devine en The Sunday Morning Herald (24/07/2008). En su artículo resaltaba ejemplos como el de los conductores de autobús, que a pesar de haber acabado su turno recogían a jóvenes que se habían quedado abandonados sin transporte, o a las familias que espontáneamente ofrecían las duchas de sus casas a los visitantes acampados en las escuelas del vecindario.

  «Católicos o no, la gran mayoría de la gente quiere encontrar amor y bondad en sus vidas, y el contraste entre las caras radiantes de los peregrinos y las crispadas máscaras de los detractores que lanzaban preservativos, como gesto en contra de la Iglesia, era muy llamativo», recalcó la periodista australiana.

  Hablar de la juventud en general tiene poco sentido. Muchos expertos han destacado que nos encontramos ante una nueva generación cuya actitud ante la religión es distinta a la de sus padres. Se acercan a las jornadas mundiales de la juventud no con ganas de polémica, sino con actitud de búsqueda. El interés de los cristianos de la generación anterior por cuestiones organizativas e institucionales, por la "estructura" de la Iglesia, ha sido sustituido por un interés vital y personal.

Yago de la Cierva, Director Ejecutivo de la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011
ALMUDÍ
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