martes, 8 de febrero de 2011

Por una cultura de la vida

       Es loable la creciente sensibilidad en los cristianos en la defensa de la vida. Es importante también recordar que es igualmente esencial la defensa de la justicia social y la ayuda a los más necesitados. Este artículo del Dr. Pellitero nos lo recuerda. 

       Muchos que defienden la vida en sus inicios y en su final, y se preocupan, con razón, del terreno que van ganando el aborto y la eutanasia en muchos países, sin embargo no son conocidos por su defenAlmudi.org - sa de la justicia social o por su compromiso a favor de los pobres y necesitados
   La vida, toda vida, es un don precioso de Dios, que es amor. Especialmente es un don precioso la vida de los hijos en el matrimonio. La fe cristiana enseña que, al crear al varón y la mujer, Dios los ha llamado —de una manera general— al matrimonio, para formar “una sola carne” (Mt 19, 6); y les ha otorgado la capacidad de colaborar con su amor creador en la procreación de nuevos seres humanos, encargándoles: “Creced y multiplicaos” (Gn 1, 28). Por eso la Biblia considera siempre la vida como una bendición de Dios. En esta perspectiva, el Concilio Vaticano II quiso destacar que la generación de un hijo es un acontecimiento profundamente humano y altamente religioso.
   La vida humana: un don grande y bello de Dios
      Juan Pablo II, en su encíclica sobre El Evangelio de la vida (n. 43), explicó que dar la vida a un hijo es para los esposos colaborar con Dios, de una manera única, grande y bella; hasta el punto que «cuando de la unión conyugal de los dos nace un nuevo hombre, éste trae consigo al mundo una particular imagen y semejanza de Dios mismo».
      Con otras palabras, «en la procreación, al comunicar los padres la vida al hijo, se transmite la imagen y la semejanza de Dios mismo, por la creación del alma inmortal», que Dios hace inmediatamente. En consecuencia, «precisamente en esta función suya como colaboradores de Dios que transmiten su imagen a la nueva criatura, está la grandeza de los esposos dispuestos a cooperar con el amor del Creador y Salvador, que por medio de ellos aumenta y enriquece su propia familia cada día más».
      De este modo, «el hombre y la mujer unidos en matrimonio son asociados a una obra divina: mediante el acto de la procreación, se acoge el don de Dios y se abre al futuro una nueva vida».
      Y añadía algo de suma importancia: «Más allá de la misión específica de los padres, el deber de acoger y servir la vida incumbe a todos y ha de manifestarse principalmente con la vida que se encuentra en condiciones de mayor debilidad. Es el mismo Cristo quien nos lo recuerda, pidiendo ser amado y servido en los hermanos probados por cualquier tipo de sufrimiento: hambrientos, sedientos, forasteros, desnudos, enfermos, encarcelados... Todo lo que se hace a uno de ellos se hace a Cristo mismo» (cf. Mt 25, 31-46).
      ¡Gracias a la vida!, cantaron Mercedes Sosa, Joan Baez, Mª Dolores Pradera... la composición de Violeta Parra.
 LEER MÁS
Ramiro Pellitero, Universidad de Navarra

No hay comentarios:

Publicar un comentario